MEDMED II FINALMENTE ES EXTERMINADO

Castillo de Drácula, monte de los Cárpatos

-Mi señor al fin se ha vengado de Cyrano por la muerte de Sara. –Belmont le dice a Drácula.

-He vengado pero eso no me hará volver del más allá a Sara. –Drácula contesta apenado.

-Siempre después de la muerte hay una nueva vida mi señor. –Belmont le replicó.

-¿Qué quieres decirme con esas palabras mi querido amigo? –Drácula le preguntó con asombro.

-Elizabeth tu verdadero amor dio a luz un hijo, ellos esperan por ti. –Le dice Belmont apretándole las manos a Drácula.

Drácula no podía creer la inesperada noticia al saber que su hijo había nacido. Estuvo tan ocupado en buscar al duque Cyrano que se olvidó casi por completo del embarazo de Elizabeth.

La rabia y amargura por la trágica muerte de Sara lo cegó por todo ese tiempo, pero cuando Belmont le hizo acuerdo del embarazo de Elizabeth su rostro cambió y se tornó aliviado.

Elizabeth lo esperaba con su pequeño hijo en brazos, todos los días espiaba por la ventana de la cabaña del bosque para ver llegar a su amado vampiro. No perdía la esperanza de verle llegar y correr a sus brazos dándole la buena noticia del nacimiento del pequeño Adrían.

-¿Elizabeta dio a luz? –Dijo con emoción.

-Si mi señor hace varias semanas atrás nació, usted estaba ocupado durante todo ese tiempo tratando de buscar a Cyrano. –Le dijo Belmont.

Drácula se sentó en el trono mirando para el cielo, la emoción que sentía en ese momento solo fue comparada cuando Elizabeth se entregó por amor. La tristeza que sentía aún por la muerte de Sara disminuyó considerablemente al enterarse del nacimiento de su retoño.

Él abrazó con todas sus fuerzas a Belmont, la sonrisa en el rostro irradiaba bondad. Increíblemente el príncipe de las tinieblas tenía bondad en el corazón.

Antes de ir a la cabaña del bosque Drácula pasó por unos momentos por la tumba de Sara, él se puso de rodillas para besar la lápida, luego fue con Belmont a la residencia donde moraba ella y la prendió con fuego, no quería tener recuerdos porque esto lo devastaba.

Luego de quedar contemplando el lugar por varias horas recordando los mejores momentos con Sara, Drácula se dirigió a ver a su amada y retoño.

Drácula sentía el espíritu de Sara cerca de él, el olor a jazmín era inconfundible, ella siempre usaba ese perfume. Sabía con certeza que cuidaría de él desde el más allá.

Cabaña Azul, bosques desconocidos de Transilvania

Drácula tan pronto llegó miró de lejos a Elizabeth teniendo el bebé en brazos, él no tardó en ir corriendo a abrazar a su familia.

-¡Mi amor!, ¡mi vida! te he extrañado tanto. –Drácula la besa sin cesar.

-Yo también te he extrañado mucho mi dulce príncipe, aquí esta nuestro niño, ¡Míralo! ¿No es hermoso? –Elizabeth besa al bebé y a Drácula.

-¡Es agraciado Elizabeta!, el universo ha formado una criatura tan perfecta, su rostro es tan fino que es la cúspide de la creación. –Drácula exclama mientras pasa los dedos por el rostro del pequeño.

-¿Ya no vas a partir mi amor? Tenemos a nuestro hijo y debemos cuidar de él. –Elizabeth le mira a los ojos de Drácula.

-Voy a preparar un lugar especial para nosotros en Transilvania para criar a nuestro bebé mi princesa. –Drácula le contesta con palabras de amor.

Por algunos días los tres pasaron unidos en completa paz, Cyrano ni la inquisición ya no perseguían a Elizabeth tampoco a Drácula, eso si nadie tenía que enterarse de la criatura. Belmont advirtió a Drácula que ocultara la existencia del pequeño hasta saber cómo iba evolucionando a medida que siga creciendo.

Sería muy imprudente de su parte juntarlo con los niños mortales, su instinto de vampiro los podría aniquilar a todos, eso llamara la atención de la Iglesia y ellos sin duda alguna fueran a la caza de los vampiros.

Tampoco convenía a los vampiros saber de la existencia de un híbrido, para ellos era algo antinatural y aberrante que un no-muerto de la jerarquía de Drácula, haya engendrado un hijo con una simple mortal.

Este secreto lo tenían guardado para mantener en paz el mundo de los humanos con el de los vampiros.

Elizabeth plenamente consciente que su hijo era un ser especial lo cuidó con todo su amor, era la única que lo atendía en todo. Ella le daba de amantar y también permitía que le absorbiera un poco de su sangre.

Era tan grande el amor de Elizabeth por su pequeño Adrían que lo consentía en todo y le enseñaba las virtudes del amor. Adrían en cuestión de semanas creció promiscuamente.

Drácula y Belmont observaban de lejos su comportamiento, lo más sorprendente fue que Adrían podía comer tranquilamente el alimento de los humanos. Su atracción por la sangre era escasa a excepción por la de su madre.

Elizabeth estaba muy feliz, siempre daba gracias a Dios por tener aquella familia. Ella enseñó por primera vez a Drácula a invocar al Señor.

Belmont y Haquim algo inquietos por la seguridad de su señor, le hicieron acuerdo que había un último enemigo por vencer este era, el sultán Medmed II. Tenían que actuar rápido antes que él sospechara que Drácula engendró un hijo con Elizabeth.

Si se llegaba a enterar seguramente vendría por el niño para asesinarlo. Belmont apartó a Drácula por un momento para hablar acerca de la pronta destrucción del sultán.

-Mi señor es momento de dejar por un corto tiempo a Elizabeth y tu hijo, es necesario ir ahora mismo y sin perder tiempo aniquilar al sultán. –El rostro de Belmont denotaba preocupación.

-Es verdad amigo voy a despedirme de mi familia para ir contigo y a la caza de mi más impecable enemigo. –Le dijo Drácula.

Los tres emprendieron el viaje a Londres para acabar definitivamente con el tirano sultán.

Castillo del clan Baal Londres, Inglaterra

Desde la destrucción de Klaus por la mano divina al querer desafiar a una verdadera santa, los Antiguos y el sultán Medmed II perdieron poder. Ha pasado mucho tiempo que no sabían nada de Drácula.

Parecía que le tan temida “Yihad” no se iba a concretar finalmente, eso los aliviaba ya que nadie quería esa guerra porque al final casi toda la raza de los vampiros quedarían en cenizas, además también hubiera sido el fin de los tiempos para la humanidad.

El sultán Medmed II confiando al no saber nada de Drácula salió del castillo del clan Baal para ir de casa a la ciudad de Londres, tenía sed y hambre de sangre de vírgenes.

Sin la compañía de nadie llegó a la ciudad y observando a sus posibles víctimas, merodeaba por las calles hasta que esperó escondido en un callejón a tres hermosas doncellas.

Él con la velocidad del rayo las rodeo mientras gritaban con espanto:

-¡Ayuda por favor! ¡Ayuda! Un monstruo nos está atacando.

-¡Cállense estúpidas mortales que son mi cena el día de hoy! –Los ojos del sultán se pusieron negros y sus colmillos crecieron enormemente.

Las doncellas al ver el inmenso tamaño del vampiro quisieron salir corriendo pero no pudieron, él se abalanzó al cuello de una de ellas hasta que una voz desafiante de lejos le dijo:

-Eres tan patético Medmed II que abusar de mortales débiles. ¡Ponte con alguien de su fuerza y poder! –Era la voz tenebrosa de Drácula.

Medmed soltó enseguida a su presa, ellas salieron espantadas huyendo del callejón.

-¡Vlad el empalador! ¿Qué diablos haces aquí? –El sultán le responde enérgicamente.

-Vengo a acabar contigo de una vez por todas Medmed. –Le contesta con potente voz Drácula.

Ambos se pusieron frente a frente la batalla final comenzó, ellos se movían a una increíble velocidad esquivando todos los golpes, así pasaron por varios minutos.

Medmed de un movimiento astuto tumbó al suelo a Drácula, enseguida se trepó encima de él para propinarle varios golpes en el rostro, luego le apretó el cuello con toda su fuerza, pero el príncipe de las tinieblas en su desesperación sacó la daga de plata con que mató a Cyrano.

Él le clavó en una de las piernas haciendo que lo soltara del cuello, el chillido del sultán fue aterrador. Drácula aprovechando ese momento le dio varios golpes en las piernas hasta que el inmenso vampiro cayó al suelo.

Drácula sin darle oportunidad alguna de reaccionar le clavó la daga en el corazón, los ojos de Medmed tornaron a la normalidad, paulatinamente se fue desvaneciendo hasta que Drácula le cogió de la cabeza para decapitarlo.

Él alzando la cabeza del sultán exclamó a gran voz diciendo:

-¡Al fin te he vencido Medmed II!

Luego dirigiéndose a Belmont y Haquim que estaban escondidos en secreto, fueron a prender fuego para incinerar por completo al más grande enemigo de Drácula.

El fin del sultán Medmed fue igual que el duque Cyrano, ambos en su loca obsesión por conquistar a la mujer de Drácula quedaron convertidos en cenizas.

-Mi señor todo está consumado es hora de regresar a casa, toda amenaza ha sido destruida puede vivir en paz con su esposa e hijo. –Le dijo Belmont apretándole la las manos a Drácula.

Drácula al estar completamente seguro que toda amenaza fue destruida, enseguida mandó a sus sirvientes a construir una pequeña casa en la esquina de una empedrada calle de Transilvania, este será el hogar de Elizabeth y el pequeño Adrían.

Ciudad de Hunedoara, Transilvania

Drácula fue a la ciudad de Hunedoara para supervisar personalmente la casa construida tal y como lo planificó. Era sencilla tenía dos cuartos, sala, cocina, un cuarto de estudio pequeño, cocina y una jardín.

Elizabeth quería un lugar sencillo y simple sin llamar la atención de nadie, temía por su hijo que alguien llegase a descubrir que era semi-vampiro.

Ellos viajaron desde la cabaña del bosque hasta su nuevo hogar, Drácula y Elizabeth estaban felices, tantas cosas que sufrieron los dos y no solo en esta vida sino desde una anterior cuando Cnaejna murió tirándose de la torre.

Drácula quedó maldecido al ser convertido en vampiro viviendo décadas en absoluta soledad hasta que Elizabeth apareció y todo cambió en su vida.

El sabio “Saulot” y la princesa “Sara” fueron una pieza clave para la transformación paulatina del príncipe de las tinieblas.

He aquí todas las cosas son hechas nuevas todo lo pasado ha dejado de existir.