EL FIN DE LA MARQUESA
-¡TE AMO ELIZABETA! He atravesado océanos del tiempo para tenerte entre mis brazos nuevamente. –La mirada de Drácula refleja un intenso brillo por el inmenso amor que tiene en esos momentos.
-Mi dulce príncipe también TE AMO con todas las fuerzas de mi alma, me siento tan bien que deseo eternizar estos momentos contigo. –Elizabeth acaricia las mejillas de Drácula dulcemente.
Ambos se quedaron dormidos por varias horas, en esos momentos se sentían como que fueran las dos únicas personas en el mundo viviendo en completa paz y dicha. Todos los sufrimientos, tristezas, desamores, momentos de soledad y tantas guerras eran como si nada les hubiera afectado, el amor fue tan intenso que perdieron la noción del tiempo.
En la mañana del siguiente día Elizabeth le preparó un delicioso desayuno como le habían enseñado las venerables ancianas, para Drácula era el momento de decirle la verdad.
Él le iba a confesar a cerca de su transformación en vampiro y todo lo que tuvo que padecer después de la muerte de la princesa Cnaejna.
-Mi amor te agradezco por el sabroso desayuno que me has preparado pero es el momento de confesarte toda mi verdad. –El rostro de Drácula se puso cabizbajo.
-¿Qué tienes que confesarme mi dulce príncipe? –Elizabeth le pregunta con curiosidad.
-¡TU ERES MI AMADA PRINCESA CNAEJNA! Estas encarnada en esta vida con el nombre de Elizabeth. Te perdí hace décadas atrás cuando por el engaño te arrebataron de mi vida, yo quedé completamente devastado por tu pérdida y fue tanto mi dolor que me convertí en un ser rechazado por los hombres y por dios. –Los ojos de Drácula se tornaron tristes y lágrimas de sangre rodaban por sus pálidas mejillas.
Elizabeth se levantó mirando a la ventana contemplando la hermosa mañana, por unos instantes se quedó en silencio hasta que se expresó:
-Entonces es verdad las visiones que tuve de mi vida pasada, me vi en otro cuerpo y alguien me llamaba Cnaejna, ¡ahora entiendo cuál es el sentido de este nombre! –El rostro de Elizabeth era de asombro y nostalgia al mismo tiempo.
-Elizabeta si esos sueños se te revelaron a cerca de nuestro pasado, es porque existe alguna razón que el destino nos puso nuevamente en el camino. –Le respondió Drácula secando sus lágrimas y a la vez acariciando el rostro de Elizabeth.
-Es Dios quien nos volvió a unir mi amor, de eso no cabe duda. La razón por la cual nos volvió a unir lo sabremos a su debido tiempo mientras tanto sigue confesándome tu verdad. –Le dijo Elizabeth.
-El dios a quien amas fue el que me traicionó, yo di mi vida por defender la Cruz ante los infieles. Gané batallas para él y al final me pagó abandonándote mi amor en la torre del castillo donde en tu desesperación por no dejarte atrapar por los musulmanes, te tiraste al río. En honor a tu nombre se lo llamó “el rio de la princesa”. –Nuevamente el rostro de Drácula se volvió al llenar de lágrimas recordando la trágica muerte de la princesa Cnaejna.
-Drácula aunque sea cierto lo que me dices, Dios en su infinita misericordia nos ha vuelto a unir demostrando que la fuerza del verdadero amor lo trasciende todo aún al poder de la misma muerte. –Elizabeth le consuela acariciando los cabellos del conde.
-Elizabeta no soy humano sino un vampiro, un no-muerto que regresó a la vida para consumar una venganza contra el sultán Medmed II, mi hermano Radu y el rey Matías Corvino que fueron los culpables de nuestras desgracias. Le dijo Drácula tornando la expresión de su rostro con enojo.
-¿Existen los vampiros mi amor? ¿No solo son leyendas rurales de Transilvania? –Le pregunta Elizabeth asombrada por la confesión de Drácula.
-Existimos y somos reales, no tienes idea cuando he sufrido por llevar este sufrimiento, es una terrible maldición no poder tener vida en el corazón y no ver la luz del día. Vives en tinieblas en la más absoluta soledad y tus inclinaciones son solo para el mal. –Drácula le sigue expresando con la voz quebrantada.
Elizabeth sin importar la confesión de Drácula le abraza y le dice estás palabras llenas de amor.
-Conviérteme en lo que tú eres ver lo que tú ves, amar lo que tú amas. -Le dijo Elizabeth suplicándole.
-Elizabeta, para caminar conmigo, debes morir en tu respirante vida y renacer, vida mía.-Drácula le responde.
-Tú eres mi amor y mi vida para siempre. -Le dijo Elizabeth mirándole a los ojos.
-Entonces, te doy la vida eterna, el amor imperecedero, el poder de la tormenta y de las bestias de la tierra. Camina conmigo para ser mi amada esposa para siempre. -Le dijo Drácula.
-Lo haré, sí. –Responde Elizabeth.
-Ahhhh, Ahhhhh ¡Noooooo!, ¡No puedo permitirlo! Elizabeth, estarás condenada como yo a caminar por las sombras de la muerte para toda la eternidad. ¡Yo te amo demasiado para condenarte! –Drácula le suplica para evitarla convertir en un monstruo como él.
-¡Por favor, no me importa! ¡Hazme tuya! -Elizabeth le muestra su cuello para esperar ser clavada con los colmillos de Drácula.
Él estuvo a punto de hacerlo hasta que Elizabeth se desmayó, cayó entre sus brazos. Drácula se desesperó al pensar que algo malo le había sucedido.
Lo que sucedió fue que estaba embarazada, esperaba un hijo de Drácula. Las ancianas que fueron llamadas por él le confirmaron. Al escuchar aquella inesperada noticia no podía creer que pudiera engendrar un niño siendo un no-muerto. Su esperma estaba muerta ya que no tenía tejidos ni fluidos vivos en su cuerpo.
Siendo testigo de aquel milagro de amor, se puso de rodillas pidiendo perdón a Dios y dándole gracias por tener un hijo con el gran amor de su vida.
¡Dios mío perdóname por haber renegado de ti!, nunca me imaginé que me devolvieras a Cnaejna trayéndola de nuevo a la vida en Elizabeth y además me has obsequiado tener un hijo con ella.
Mi Dios reconozco que tienes el poder de dar vida, quitarla y volverla a dar. ¡Te alabo Señor por ser tan misericordioso con esta criatura de la oscuridad!
Me has llenado de Tu admirable Luz a través de tu hija Elizabeth, ella ha iluminado mi vida de no-muerto. ¡Gracias! En verdad muchas gracias.
Drácula fue al castillo lleno gozo y alegría, pero había una gran duda en él
“¿Y mi otro amor Sara? ¿No puedo estar con las dos al mismo tiempo? Tengo que elegir entre una de ellas”.
La marquesa Margarita que no dejaba de vigilar a Elizabeth fue a la cabaña del bosque a constatar su embarazo, desde la ventana al contemplaba con odio mientras las ancianas la atendían con mucho cuidado.
Margarita pensaba en sus adentros:
“¡Maldita mortal! Tú y tu hijo perecerán bajo mi poder, no voy a permitir que me arrebates el amor de Drácula”.
Margarita esperó el momento oportuno para entrar a la habitación. Las ancianas salieron para comprar algunas cosas en la ciudad, los gitanos estaban distraídos bebiendo vino.
Era el momento para que la marquesa actuara en silencio, ella entró por la ventana agresivamente dispuesta a asesinar a Elizabeth y a la criatura que llevaba en el vientre.
-¡Asquerosa y vulgar campesina no podrás arrebatarme a mi príncipe! Tu junto con el ser que llevas en tu interior serán destruidos por mi poder. –Margarita exclamaba a gran voz y su rostro era de terror.
Elizabeth sintiéndose confundida por ver a la vampiresa mostrando sus colmillos para clavarle en el cuello, gritó pidiendo auxilio.
-¡Dios mío ayúdame! ¡Auxilio! ¡Auxilio! –Elizabeth estaba realmente aterrorizada.
Los gitanos llegaron a auxiliarla pero la furia de la vampiresa los decapitó a todos.
-Jaja jaja jaja, no hay nadie quien te ayude Cnaejna en tu anterior vida me arrebataste a Vlad y ahora intentas hacer lo mismo. Jaja, jaja, jaja. ¡Te destruiré! –Los ojos de Margarita se pusieron negros y tenía su mandíbula manchada de sangre al haber absorbido la sangre de los gitanos.
-¡No por favor ten misericordia de mí y mi hijo!, ¡no! –Suplicaba Elizabeth con desesperación.
Margarita se acercó al cuello de Elizabeth para absorber el tan preciado líquido vital pero la sombra de alguien se manifestó por detrás, ¡Era Belmont! Con la fuerza brutal del vampiro arrastró a Margarita por el suelo, ella enloquecida lo hizo frente forcejeando con él hasta tumbarlo en el rincón de la habitación.
Margarita volvió a Elizabeth para asesinarla de una vez por todas, sin embargo, Belmont reaccionó a tiempo y cogiéndole del cuello no le quedó otro remedio que decapitarla.
Elizabeth gritaba desesperadamente al ver la pelea de los dos vampiros. Drácula se enteró de la desgracia y entrando por la puerta de la habitación consoló a Elizabeth.
-¡Tranquila mi amor!, estas a salvo ella ya no te puede hace daño. ¡Juro por mi inmortal vida cuidarte todos los días hasta el fin de los tiempos! –Drácula la abrazaba fuertemente sin dejar de besarla.
-Ella quiso asesinarlos Drácula, mató a varios gitanos y estuvo a punto de hacer daño también a la persona que me defendió. Ella estaba llena de ira y odio. –Le decía Elizabeth con su voz temblorosa.
El fin de la marquesa Margarita llegó aquel día que por la obsesión enfermiza por Drácula, fue eliminada por Belmont la mano derecha del príncipe de las tinieblas.