SABIDURÍA ANTE LA CRISIS

CAPITULO XIII.

SABIDURÍA ANTE LA CRISIS.

Aquel suceso prodigio cambió la forma de pensar de Marco Antonio. Se prometió hacer todo lo posible por salir nuevamente adelante, volver a reinventarse y dar lo mejor de sí.

Se fue donde Albert y su esposa con la idea de proponerles que ellos invirtieran en la compra de los materiales necesarios para él realizar algunas obras de arte. Luego de venderlas, compartiría con ellos las ganancias.

Albert le recibió muy afectuoso. Le dijo que le veía muy alegre. Que ahora era el momento de hablar de muchas cosas que él debería saber.

Lo invitó a que siguieran a la cabaña de la reserva natural para hacerle entrega de un obsequio. Cuando estaban en el pórtico observó que había cuatro bastidores con lienzo sobre la mesa, algunos óleos y pinceles de diversos tamaños. Albert le dijo que esperaba que con aquellos implementos pudiera encaminar de nuevo su mente hacia la pintura y dejara surgir nuevas ideas de su talentosa creatividad.

También le enseñó tres cajas de cartón junto a la puerta de la cocina. Contenían víveres para varios días. Quedó sin palabras ante la generosidad de aquel hombre. Le agradeció su enorme gesto de bondad y quiso saber el motivo de su comportamiento generoso.

Albert le dijo que la vida se construye de varios eslabones y si uno de ellos se suelta toda la cadena se puede desbaratar. También le explicó que cuando se ayuda al prójimo, esa persona que recibió la ayuda la multiplica muchas veces con otras personas y esas gentes se encargan de ser nuevos multiplicadores de buenas acciones, lo que se transforma en una gran cadena que fortalece la energía del universo.

Como correspondencia a su acto le pidió a cambio, que diariamente, antes de sus sesiones de pintura en la playa, pasara por su casa y le dedicara una hora a la lectura de los libros que le ayudarían a sanar el alma. Le dijo también que tuviera la seguridad de que el destino estaba confabulado para ayudarle a lograr el propósito de su vida y que aún no poseía la preparación para conocerlo.

Solo debía dejarse llevar por las señales que el cosmos le entregaría en el camino. Le comentó que el gato blanco que tenía como acompañante, era ya muy viejo, pues había vivido hacía tiempo en la reserva natural y fue la mascota del maestro budista. Cuando el monje regresó al oriente, el gato desapareció y no se volvió a ver, únicamente ahora que había llegado hasta él.

Fueron a la vivienda donde vivía Marco Antonio y aseguraron las provisiones en los cajones de la alacena y le pusieron un candado, para que no volviera a ocurrir lo mismo con los animales de la selva. Lo invitó a almorzar donde Angelita en compañía de "Chonguito".

Luego del almuerzo Albert le invitó a que le acompañara a la desembocadura del río Palomino cuando se acercara el atardecer. Allá en ese lugar le tenía una sorpresa. -Le dijo-.

Se fueron al sitio que indicaba Albert, y cuando se encontraban frente a la desembocadura del río, él sacó de su mochila una hoja que tenía escrito un poema y se lo obsequió a Marco Antonio, diciéndole que era de su autoría; que mirara el sol, el cielo, la Sierra Nevada, el río, el verde bosque, el mar, la playa y las aves, que leyera el poema en voz alta, como si fuera una canción salida de su corazón.

Aquellos versos lograrían que Marco Antonio enterrara en aquellas playas doradas, algunos demonios que lo atormentaban y volviera a resurgir al verdadero propósito de su vida. Tomó la hoja y leyó en voz alta las estrofas:

Quiero saber

La vida navega

En una gota de agua

Por la eternidad...

Y yo frente al mar,

En la desembocadura del río,

Entierro en la playa dorada

Del antiguo imperio Tayrona

Los rojos desvaríos

De tus noches de lujuria.

Aquí me quedaré...

Quiero saber,

Que gota de rocío

Recogerá el naufragio.

Después de leer el poema se prometió, en aquel magnifico atardecer, dejar enterrados en la playa del río Palomino y el mar caribe, los recuerdos de todo lo que vivió con Anna, ya que cada vez que aquellos llegaban a su mente le atormentaban nuevamente al revivir los momentos en que había sido burlado y engañado tan vilmente por ella.

En adelante seguiría las señales que le mostrara el destino sin ningún afán, con paciencia y calma, pues la paz interior se consigue cultivando estas grandes virtudes. Agradeció nuevamente a Albert los gestos de bondad y le dijo que por siempre lo consideraría un gran amigo.

Al día siguiente, muy temprano, salió de la cabaña directo a la reserva natural para leer alguno de los libros. Cuando terminó el tiempo dedicado a la lectura, Albert lo llevó a que conociera un lugar sagrado que tenía en el centro de la reserva natural frente a la Sierra Nevada. Era un gran círculo compuesto por varios asientos hechos de tres piedras planas de treinta centímetros cuadrados aproximadamente, colocadas una encima de la otra, con una gran piedra de cincuenta centímetros de alto que servía como espaldar. Los asientos estaban ubicados a una distancia de un metro entre cada uno siguiendo la línea del círculo. Según las culturas indígenas de la Sierra Nevada su territorio es un círculo sagrado demarcado por la "línea negra" y protegido por los "Mamos”, las autoridades espirituales.

Le dijo que ese era el círculo de la existencia, un "símbolo sagrado y divino", y que en ocasiones allí se reunían algunos indígenas de las culturas existentes en la Sierra Nevada. Es una tradición ancestral sentarse en un círculo construido en piedras y en el centro una fogata demarcada con varias apachetas, que son montículos de piedras apiladas una encima de otra. -Le explicó-. Parar algunas culturas indígenas esto representa el equilibrio interior, convirtiéndose en monumentos indígenas de inmenso valor sagrado.

El círculo es una figura geométrica muy importante como línea infinita de tiempo y eternidad. No es principio ni fin. No tiene dirección ni orientación. Los círculos céntricos son el mayor grado de iluminación, es lo absoluto, la unidad y perfección; su imagen proviene del sol, esencial para la vida en la tierra. Es la rueda de la vida, es el punto extendido, y usado desde la antigüedad en ritos como protector, estabilizador, unificador, sellador, cohesionador del cuerpo y alma. La forma del universo es un círculo, igualmente los planetas, soles, lunas, estrellas y los elementos que lo componen como el átomo y la célula.

Es el universo que muere y renace, el eterno círculo de morir, nacer, morir de nuevo y volver a nacer. En el círculo de la naturaleza todos son necesarios, pero nadie es imprescindible, no existe el "Ego", pues es energía de la unión de las esencias, de partículas divinas que navegan en el universo, fortaleciéndose en una energía circular creciente que genera cambios y sanación.

Albert le recomendó que cada vez que terminara la lectura, los días que pudiera ir a la reserva natural, se sentara en uno de esos asientos de piedra mirando hacia la “Sierra Nevada” y dedicara unos minutos a la meditación para que sanara su alma y su cuerpo de las cosas que lo atormentaban.

Aquella mañana meditaron durante unos minutos. Albert aprovechó para contarle sobre algo que había visto durante una de sus meditaciones. Le dijo que en un futuro no muy lejano Marco Antonio, sería un artista reconocido mundialmente por sus obras; sin embargo, dejaría un gran legado en la historia de la humanidad como un admirado gestor cultural y ambiental.

Marco Antonio le preguntó a Albert que si sabía cómo lograría hacer lo que él decía. Le respondió que todo se le revelaría a su debido tiempo, solo debería seguir las señales que el universo le entregaría durante su recorrido por la existencia. Luego cada uno tomó su camino rumbo a casa.

Marco Antonio se fue a la playa con uno de los bastidores, pinceles y óleos. Llegó a su mente la idea de pintar uno de aquellos cangrejos, que eran tan comunes en la playa para recordar siempre que no debería dar ni un paso atrás tal como lo hacían los cangrejos.

A medida que aplicaba las diferentes tonalidades de color, algunos turistas se acercaban a mirarlo trabajar y les llamaba la atención que usaba colores psicodélicos, con iluminaciones conseguidas por la acción del difuminado del blanco. Casi siempre alguna persona se quedaba horas viéndole pintar en aquel paisaje tropical y paradisíaco.

Durante el tiempo que se dedicaba a pintar se alimentaba de frutas y agua, al finalizar su labor artística se desplazaba hasta el río Palomino para refrescarse en sus aguas claras y dulces, esperando aquellos maravillosos atardeceres y luego emprendía el camino hacia la cabaña donde lo esperaba su amigo y compañero "Chonguito".

Aquella semana realizó la misma rutina. Cuando terminó la obra se fue a la reserva natural para enseñarles a Albert y Angelita el resultado final de su trabajo. Recibió elogiosos comentarios por la pintura. Marco Antonio se las obsequió. “Un pequeño detalle en agradecimiento a tanto y porque les considero como mi familia”. -Les dijo-. Ambos manifestaron agrado por el excepcional regalo.

Volvió a la playa a pintar. Quería regalarle a Federico una obra de su autoría. Pintó a un hombre con una botella de licor a punto de terminar. En el cuerpo de la botella se podía adivinar la silueta de una mujer. Era un mensaje subliminal sobre el gusto de su amigo por el "Chirrinchi" y la admiración que profesaba hacia la belleza de la mujer.

Tres días tardó en hacer el cuadro para Federico, quien pasó por la playa para recibir la obra. Fue acompañado de dos amigas argentinas. Ellas eran artistas de la danza llamada “Hula Hula”.

Federico sacó de su mochila una botella de "Chirrinchi" y ofreció a todos los presentes en esa reunión una copa del licor, con el fin de celebrar aquel momento y juntos disfrutar del atardecer. Después de que el sol se ocultó, se quedaron allí escuchando música reggae, en una antigua grabadora de casete que conservaba Federico.

Cuando la oscuridad se instaló en el lugar, encendieron una fogata. Los colores del fuego crearon un ambiente mágico. Las chicas vestían diminutos trajes de baño.

Marco Antonio entabló amistad con la joven que acompañaba a la amiga de Federico. La chica le contó que llevaban casi dos años viajando por Suramérica, realizando la danza de colores, disfrutando los lugares y haciendo muchos amigos en su recorrido.

El licor y la música ayudaban a la alegría. La música ponía en el ambiente sonidos que invitaban al baile. Entonces cada una de ellas tomó el "Hula Hula" de luces LED, y lo colocaron en sus cinturas. Los LED, producían un efecto visual increíble de destellos y movimientos. En aquel ambiente de oscuridad y conjugados con el fuego, los colores creaban una atmósfera espectacular de efectos psicodélicos, estableciendo una original coreografía llena de sensualidad y erotismo.

Se notaba que las chicas eran expertas bailarinas, pues realizaban eróticos pasos de baile con similitud a la danza del vientre en el que las caderas son protagonistas y con un valor agregado: hacían girar los aros a velocidad de vértigo.

Marco Antonio estaba extasiado con los efectos vibratorios de las luces y los cuerpos de las jóvenes durante la danza. Les felicitó con un gran aplauso y les dijo que lo que había visto en ese instante, era lo que veía cuando se adentraba en el mundo mágico de la pintura que él realizaba.

Continuaron bebiendo y cada vez era más evidente la atracción que sentía Marco Antonio por la bailarina.

La mujer tomó un trago de "Chirrinchi" diciendo que estaba muy fuerte, que le había quemado sus labios e invitó a Marco Antonio a que verificara lo dicho por ella, probando el licor en sus labios carnosos y provocativos.

El resultado fue un beso de pasión y deseo. Marco Antonio tomó unos preservativos de la mochila de Federico y se fue hacía el río con ella a cumplir con el ritual del sexo que la chica le ofreció.

El sol sorprendió al grupo aún en la playa, luego de una noche inolvidable. Las chicas se despidieron para regresar a sus hoteles, pues debían de prepararse porque aquella tarde viajaban para Venezuela.

Marco Antonio volvió a su cabaña, y durmió hasta casi el medio día. Tomó sus herramientas para pintar y se fue donde Albert. Le contó lo sucedido la noche anterior y le dijo que la vida nuevamente había empezado a sonreírle.

Realizó la lectura diaria, luego meditó en el círculo sagrado y después se fue rumbo a la playa a pintar.

Puesto el lienzo en el caballete, vino a su mente la imagen de un hombre con una mula que cargaba algunos garrafones y mochilas por la playa. Era una imagen inspirada por la historia que días antes le contara Albert, sobre el hombre que le cambio por un carro los terrenos de los que hoy era propietario.

Al día siguiente a punto de terminar el cuadro, se acercó un anciano y le dijo que le encantaba la escena que había pintado. Que le recordaba una mula que tuvo durante años y con ella, todas las mañanas, iba hasta el río Palomino para recoger agua en garrafones parecidos a los que había pintado.

Sin averiguar por el precio del cuadro le hizo una inusual propuesta: le daría diez veces más los materiales que había gastado elaborando la obra pictórica. Que le hacía esa oferta, porque no realizaba negocios con dinero, sino que siempre usaba el trueque como moneda para sus adquisiciones, y que el cuadro, era para hacerle un obsequio a su nieto para que recordara su pasado de cargador de agua, pues hoy era una historia que contaba a los suyos.

Marco Antonio aceptó la propuesta y le dijo al hombre, que al día siguiente podía pasar por la obra ya terminada.

Al otro día en horas de la tarde, llegó el anciano con diez bastidores de lienzo templado, varios óleos y pinceles, acompañado de un niño de doce años al que presentó muy orgulloso diciéndole que él era su nieto.

El muchacho observó la pintura y dijo que su abuelo le había descrito la mula que había tenido durante años para cargar el agua, tal como él veía en ese cuadro que contenía el mismo tema. Solamente, -dijo-, esa obra era como un luminoso cuento de hadas, pues el animal se veía inmerso en un aura de luz rodeada de colores intensos que contrastaban con el entorno del mar, la playa y las palmeras.

Marco Antonio le contó al muchacho que aquella pintura, estaba inspirada en un antiguo cuento que había escuchado y que se refería a un señor que todos los días en la mañana cargaba agua en garrafones sobre una mula por la playa de Palomino.

Que el hombre había sido dueño de todas esas tierras y que en una ocasión cambió uno de esos terrenos por un automóvil. Que era una historia de muchos años atrás. El muchacho le dijo que ese cuento era verdadero, pues su abuelo, era el protagonista de aquel relato y que todavía era dueño de varias propiedades, entre ellas, del más grande hotel que había en las playas de ese lugar.

El anciano le dijo, que aquel negocio del intercambio del carro por esos terrenos, había sido para él, uno de los mejores que hizo en su vida, pues las tierras canjeadas se habían convertido en una hermosa reserva natural y uno de los mejores lugares para el avistamiento de aves en La Guajira, y que ojalá, muchos sitios similares como aquel existieran en el planeta.

Antes de partir, el viejo le comentó a Marco Antonio, que también con él había logrado realizar un buen negocio, pues se había llevado en una obra de arte, el símbolo de una tradición en su familia y que ahora esa historia sería testimoniada en una magnífica pintura. Y que la misma, seguiría contando a las generaciones futuras en su familia aquella historia de la época de carguero de agua. Además, que con los materiales que le había entregado, aseguraba que él continuara pintando otras obras, que seguramente proporcionarían hermosas sensaciones y emociones en otras personas. Celebró su talento, le felicitó por sus magníficas pinceladas y le deseó éxitos futuros.

Marco Antonio recibió los materiales ofrecidos por el hombre a cambio del cuadro y vio cómo se fueron desvaneciendo el viejo y el joven en el horizonte.