La Recuperación Capitulo 1
Samuel
Estaba seguro que las preguntas llegaron, así que tenía que adelantarme o al menos parecer que el indignado fuera yo. No quería que me viera, estaba molesto, mis mejillas habían cambiado de color cuando ese borracho de pacotilla había revelado el secreto mejor guardado. Dios, casi veintiún años de esconderme, veintiún años de una vida paralela y con ella ocho años para que no supiera que el hombre que amaba era mi hermanastro. Había sido un arduo trabajo esconder todas las evidencias, ocultar cualquier detalle que le pudiera dar indicio alguno de que conocía más a Carlos que ella misma.
Ahí de pie con ella, con mi mano derecha rodeando su hombro, me sentí desnudo. Sin embargo, ella solamente con lágrimas en sus ojos me abrazó y la besé en la cabeza para que supiera que estaba con ella sin reclamo alguno. ¿Qué podía decirle? No vi ninguna demostración de afecto, solo su mirada triste como despidiéndose de él, mientras que Carlos estaba sentado en su silla de ruedas a unos pasos de la entrada. ¿De qué hablaron? o ¿Qué dijeron? Eso jamás lo sabré.
Respire profundo varias veces porque sabía que las preguntas vendrían una primero y luego las demás. Creo que mejor inicio las explicaciones de rigor, eso me dejaría mejor puesto que reclamar algo de lo que no estaba seguro. Siempre tendría la duda, siempre ella me acompañaría porque sabía que Inés lo amaba y aún así la hice mi esposa, aún a sabiendas que dentro de ella él seguía oculto, pero con ella a todos lados, esperando solo volverlo a ver para aparecer en su vida y por ende en la mía de nuevo.
Levanté su rostro para besarle y rodeándola por los hombros la hice girar para ver hacia el jardín, una briza fría nos acarició el rostro, secando las lágrimas de sus mejillas mientras Inés respiraba despacio para que el dolor se disipara.
Después de unos minutos de silencio la miré de nuevo al rostro para decirle, tomándola de la mano: ─ Nunca te dije que Carlos, tu paciente, era mi hermano. Fue muy duro para mi aceptar que era a él a quien amabas, en lugar de a mi quien te idolatraba desde que te conocí. Era como repetir la historia, primero mi padre y luego tú. No quería que te enteraras. Manejé las cosas lo mejor que pude para que no supieras que era su hermano, bueno su medio hermano. ¿Sabías que él era el hijo más amado de mi padre?
─ Eso decía mi padre sobre él ─ respondió bajando la mirada
─ Tal vez el dolor, que a Carlos le había llevado al alcohol, me había hecho un hombre muy duro, alguien que solo se sentía satisfecho luego de lograr la meta más difícil y el reconocimiento de los demás. El vacío del padre me había convertido en su ser insatisfecho e inseguro sobre los afectos que otros profesaban. Eso lo comprendí después de casarme contigo.
Si en algún momento te he hecho daño, o haz sentido que te presiono con mi afecto hacia ti, disculpa ya sabes la razón. Temo que me abandones para irte con él.
Durante toda mi vida, antes de encontrarlos. a tu padre y a ti, hice esfuerzos, no sabes cuántos, por complacerlo, por ser merecedor de su amor, pero nunca llegó a casa con nosotros, nunca fuimos una familia, siempre estuvimos ocultos de todos y de todo. Mi madre al menos no me ocultó que mi padre tenía otra familia pero que igual nos amaba como a ellos, aunque nunca eso fue verdad.
Fue doloroso para mí ver cómo mi madre lloraba en las noches cuando el conductor la dejaba en la casa, cuando en mi cumpleaños no aparecía sino el Doctor Miguel para traerme un regalo de mi padre, ese padre que nunca tuvo tiempo para mí. Esperé que apareciera desde los seis años hasta que cumpliera quince años, comprendí que nunca lo haría así que dejé de esperar por él.
─ Lo siento amor. Ambos han sufrido tanto por sus errores. Recuerdo que mi padre decía que su amigo tenía una pena, un dolor muy fuerte, una carga muy pesada en su corazón, muchas veces me dijo que ese dolor lo llevaría a la tumba, quien no sabía que lo carcomía por dentro era él. Bien sabes que esos pesares y dolores solo generan cáncer en nuestro cuerpo. Siempre tuvo miedo a enfrentarse con su destino, reconocer que había hecho daño a los que más amaba: a Carlos porque era su hijo menor, su vivo retrato, su orgullo y a su madre por ser la mujer de su vida.
─ ¿Eso se los dijo? ─ dije con los ojos llenos de lágrimas, sin pestañear para evitar que salieran desesperadas a recorrer mi rostro, pero sin ver el de ella, mantenía la mirada fija en el jardín desde el balcón.
─ No nunca me habló de ti o de algún hijo no reconocido, de eso tal vez no se enteró o nunca lo comentó conmigo, pero con lo que me has dicho comprendo que debió ser muy duro para él y fue más fácil ocultarlo que enfrentarlo. Ellos se querían mucho, solo supe de su dolor por Carlos y el de su madre, la señora Isabel.
Debo reconocer que mantuviste en secreto toda información acerca de tu padre y debió ser una carga muy pesada para ti, sin embargo, para mi padre eras un hombre a quien admirar por tu esfuerzo y tu dedicación a ser el mejor siempre.
─ ¿Y para ti? cariño ─ le pregunté sin verla mantuve la mirada sobre la copa de los árboles que se movían por la briza.
─ Sigues siendo un buen hombre, el buen hombre con el que decidí casarme
─ Espero que todo esto no cambie tu opinión sobre mi ─ le respondí viéndola a los ojos esta vez. Estaba tranquila, lo reconocí en su mirada continúe desahogándome ─ Tu padre me ayudó a superar muchas cosas y se lo agradezco. Aunque nunca supo que yo era el hijo ilegítimo de su mejor amigo porque no se lo dije, siempre manejé la idea después de cumplir quince años que mi padre estaba muerto y cuando pensé en contarle al Doctor lo sorprendió la muerte. El día del entierro de tu padre lo vi con mi madre, ella siempre pendiente de cualquier gesto, detalle, evento para decirle lo que había logrado, pero él nunca aparecía quien lo hacía era su abogado el Doctor Miguel.
Su esposa había fallecido y estaba solo entonces acercándose a nosotros nos dijo que quería que nos viéramos en su casa, que necesitaba hablarnos. Mi madre emocionada aceptó que fuéramos, pero yo no quería.
Después de la última misa de tu padre fuimos a su casa, como lo prometió mi madre, y en una cena nos dijo que estaba enfermo y que reconocía que se había equivocado, que le diéramos una oportunidad para corregir sus errores.
Mi madre me rogó que lo aceptara porque ella no lo dejaría solo, ahora que más la necesitaba. Ella se fue a vivir con él pero el acuerdo fue el siguiente: Primero no acepté su apellido porque ya estaba graduado y tenía que cambiar todos los documentos, así que me convertí en el albacea de los bienes de la familia Villalobos, sin embargo para tener derecho a la herencia se redactó un documento de enmienda para mi partida de nacimiento donde me reconocía como hijo y permitiendo que siguiera usando los apellidos de mi madre puesto que ya tenía una carrera donde me conocían por ellos. Segundo, nadie se enteraría de que era su hijo y mi madre aceptó no decirlo. De hecho, te dijimos a ti que mi padre había fallecido mucho antes de conocernos al igual que a tu familia. Cuando te pedí que te casaras conmigo ya tu padre había fallecido por lo que mi secreto siguió vivo, que era el hijo bastardo de su amigo Carlos, hasta hoy que te lo revelaron.
Le debo mucho a tu padre, me ayudó en la universidad para graduarme y luego cuando empecé aquí con las prácticas. Sé que Carlos le comentó que había tenido un hijo con su secretaria Martha, pero no supo que era yo. Me ayudó a manejar mis miedos, mis dudas, mis desilusiones y mi rabia por mi padre que negó mi existencia toda mi vida. No me convertí en un Carlos gracias a tu padre.
─ Sé que hizo un buen trabajo contigo porque en realidad te amaba mucho. ¿Antes de lo que pasó conmigo lo conocías, sabías cómo era Carlos?
─ No, bueno en realidad nosotros no nos conocíamos. No sabía que era él hasta que vi al Doctor Miguel Rendueles una tarde en la recepción firmando los papeles para internar a Carlos. La primera vez que estuve aquí.
Ese día Carlos estaba borracho sentado en las sillas de la recepción, hecho un desastre, luego apareciste tú con los enfermeros para llevarlo adentro sentado en la silla de ruedas. Cuando desaparecieron en el ascensor me acerqué a Miguel y me contó entonces que ese chico que llevaban era Carlos, mi hermano.
─ ¿Tú sabías que era él desde entonces? ─ me miró con tristeza con lágrimas en los ojos.
─ Si, lo supe. En ese entonces mis sentimientos aún no estaban tan claros eso ocurrió después. Viviste con él tres años cariño y durante ese tiempo solo me dispuse a ofrecerte mi apoyo, mis cuidados desinteresados y luego cuando tuvieron esa discusión te confesé que te amaba.
─ Si lo recuerdo bien, cuando me trajiste al hospital después de la discusión en la casa de la playa.
─ Nadie sabía que era hijo de Carlos Villalobos. Qué ironía del destino. Fuimos muy cercanos, debo reconocerlo, cuánto me hubiese gustado tener un padre como el tuyo. Ese fue mi único secreto que no le compartí, aún en ese tiempo era muy duro para mi conversar sobre él, había decidido darlo por muerto, por lo menos en mi vida. Pero a pesar de todo y gracias al apoyo de ustedes aprendí a manejar la situación porque sinceramente quiero que se recupere y que pueda superar lo que le ha tocado vivir. Debí aprender a perdonar y a perdonarme, solo que me cuesta hacerlo con Carlos porque tú estás de por medio.
─ No debe ser así, ayúdale amor, deben arreglar las cosas, limar las asperezas solo se tienen ustedes — colocando sus manos sobre las mías que se apoyaban en la baranda.
─ No me pidas más por ahora. Ha sido un gran paso llegar hasta este punto. Déjame digerirlo por favor. Te prometo que voy a intentarlo.
─ Eso espero, amor.
Nos miramos con tristeza mientras observábamos tomados de las manos cómo la tarde se desprendía de sus vestidos y el sol comenzaba a ocultarse, entonces me acerqué a ella para abrazarla mirando al horizonte que se vestía de amarillo y azul.