EL ÚLTIMO FÜHRER II
Carolina se dio cuenta de que esa era la primera parte del rompecabezas. Suspendió sus estudios universitarios e hizo viaje a Costa Rica.
Tras llegar en avión hasta el Aeropuerto Internacional Max Effinger, nombrado así en honor al presidente del Partido Nazi de Costa Rica y luego presidente del país, transitó las calles de San José. La población mestiza era muy poca, en parte por las cuidadosas medidas de inmigración selectiva que aplicaba el gobierno y por la promoción de inmigración europea que se aplicó en toda América Latina.
Llegó en un automóvil alquilado a Limón, otrora provincia de mayoría afrocaribeña, pero donde actualmente no había un solo negro (como no lo había en todo el país), sino al contrario, la provincia había sido entregada para su colonización a emigrantes europeos mayormente suizos y alemanes, y ahora parecía un extracto de Europa. En la hermosa hacienda que había sido propiedad del Dr. Rauff y en ese momento le pertenecía, encontró en la vieja bóveda una serie de libros, diarios personales y anotaciones con ecuaciones matemáticas, teorías científicas y postulados hipotéticos muy extraños. Buena parte de la obra de Einstein, que era casi imposible de conseguir, junto a anotaciones de un científico judío americano que escapando de Estados Unidos se refugió inútilmente en Costa Rica donde lo encontró la SS comandada por Rauff. No obstante, Rauff, que además era científico, no destruyó sus documentos sino que los conservó.
Por lo que pudo dilucidar, aquellos documentos mencionaban dos proyectos ultrasecretos del gobierno estadounidense bajo el presidente Henry Ford, que incluía un llamado Experimento Filadelfia y el choque de una aeronave misteriosa en Roswell, Nuevo México.
Carolina releyó de nuevo el diario de Rauff.
Recuerdo que en 1978 fui a Rusia. Las cosas no estaban saliendo bien. Rusia occidental estaba bajo control alemán mientras Rusia oriental estaba bajo el japonés. El Zar de Rusia era considerado básicamente un títere y fue rápidamente derrocado por fuerzas rebeldes, pero eso sólo sirvió para que Bormann reforzara la ocupación y recrudeciera la represión de los elementos eslavos hostiles. Por aquella época el presidente de Estados Unidos era George Lincoln Rockwell y asistió a los alemanes en el envío de tropas para reprimir a los eslavos.
Mientras los japoneses mantenían férreo control sobre la Confederación Mongólica. El monarca de la misma es el Khan Demchugdongrub, un aristócrata mongol que fue elegido por los japoneses para que tomara el trono de Mongolia, pero tuvo disputas con el Dalai Lama, Tensin Gyatso, que había sido nombrado Primer Ministro y ministro de Religión y Educación ya que gozaba de mucha influencia, pues el lamaísmo es la religión oficial de la Confederación Mongólica. El Dalai Lama criticó las políticas imperialistas de Japón y de Alemania y lo obligaron a renunciar a su cargo, aunque continuó siendo líder espiritual. Los japoneses no se atrevían a tocarlo pues era una figura sagrada. Para esta época la Guerra Fría estaba en sus niveles más tensos.
En India desde los años cuarenta llegó al gobierno el líder nacionalista Shubra Chandra Bose, quien se reunió con Hitler como jefes de Estado en 1949 y que tenía como su mano derecha a la filósofa nacionalsocialista Savitri Devi. Bose logró evitar la creación de un estado islámico separado de India como pretendían los musulmanes, pero esto llevó a violentos enfrentamientos entre hindúes y musulmanes, en los cuales Alemania no podía tomar partido ante ninguna de las dos facciones. Sin embargo, para los años setenta y tras la muerte de Bose, movimientos nacionalistas hindúes llegaron al poder en India, restauraron el sistema de castas rígidamente y aplicaron el sistema legal hindú tradicional, pero además, exterminaron a todos los cristianos y musulmanes de India. Alemania, que en los años setenta era aliada de Irán y el mundo árabe, quiso intervenir en defensa de los mahometanos pero Japón dejó claro que India estaba bajo su esfera de influencia y que cualquier intervención sería considerada un acto de guerra. Se dice que algunos grupos guerrilleros islámicos mantuvieron focos de rebelión en las montañas, donde eran cazados por el ejército indio y japonés.
Como parte de estas divisiones entre Oriente y Occidente estaba Rusia, dividida en dos estados bajo influencia de las dos potencias. En un viejo chateu que adquirí en el norte, cerca de la frontera con Rusia Oriental, fue donde resguardé nueva información increíble.
Carolina llegó a Moscú, Rusia. La ciudad estaba siendo asediada por una densa nevada. Las iglesias ortodoxas habían sido transformadas en iglesias católicas o luteranas y la arquitectura tradicional rusa ya casi desaparecía frente a la arquitectura germana. El alemán se hablaba en lugar del ruso y la colonización alemana era verdaderamente perceptible.
Tras descubrir donde se localizaba la Casa Rauff decidió emprender el camino y habló con las autoridades alemanas locales. Le indicaron que el viaje era peligroso porque en esa zona había aún grupos de eslavos salvajes que vivían en la montaña y atacaban a los colonos alemanes, pero Carolina estaba empecinada a ir a pesar del riesgo. Los SS se ofrecieron a llevarla.
Atravesado las carreteras desoladas de la Taiga rusa, Carolina llegó dentro de un vehículo militar a las cercanías de la Casa Rauff, vieja finca que perteneció a aristócratas zaristas, que había sido confiscada por los soviéticos y sus dueños murieron en un Gulag, y que había sido adquirido por el científico tras la guerra.
Súbitamente, ráfagas de bala salieron de la arboleda y obligaron al jeep militar a detenerse de golpe. Los SS contestaron el fuego y una bomba molotov cayó cerca del jeep causando un estallido incendiario.
De la foresta emergieron guerrilleros eslavos de rostros turbios, barbas crecidas y miradas repletas de odio y rencor. Parecía que tenían años de ocultarse en las montañas y encararon a los alemanes con ira. Sin dejar de apuntar a los soldados algunos extrajeron sus cuchillos listos para asesinarlos o quizás cosas peores.
Un helicóptero militar de alta tecnología que estaba siguiendo al jeep de la SS a la distancia hizo su aparición sorpresiva en el cielo. Era de color negro y tenía la omnipresente esvástica pintada en los lados. Abrió fuego de metralleta acribillando a la mayoría de eslavos. Los pocos sobrevivientes se introdujeron en la selva y el helicóptero disparó un proyectil que convirtió en escombros incendiados esa área del bosque, probablemente matándolos a todos.
Mientras, en la carretera, oculta tras el jeep debido a la explosión del misil, junto a los SS que estaban casi ilesos, se encontraba Carolina Rivaldi, aturdida.
—¿Pasa esto todo el tiempo? —preguntó.
—Tuvimos que evacuar a los alemanes de esta zona. Los eslavos los atacaban a cada rato y cometían toda clase de crímenes con ellos. Pero el Führer ya dio la orden…
—¿Cuál orden?
—Exterminar a los eslavos. No debe quedar uno solo. Polonia y Rusia pertenecen legítimamente al Tercer Reich y los eslavos deben ser aniquilados. Nos puso el ejemplo de los ustachi en Croacia y como eliminaron a los serbios.
—Pero ¿no son eslavos los croatas?
—La política oficial del Tercer Reich es que los croatas, al igual que los bosnios, son de origen germánico. Por eso estamos unidos en la lucha contra los enemigos tradicionales de los germanos; los rusos, polacos, serbios y otros eslavos (o lo que queda de ellos).
Carolina llegó con sus acompañantes al chateau y les dio todas las comodidades para que descansaran y se pusieran cómodos. Estuvieron ahí dos días, durante los cuales cocinaron y conversaron un poco, siempre alertas a los ataques eslavos. El lugar no lucía sucio o abandonado, sin duda los rusos lo habían estado utilizando. Carolina encontró evidencias de que niños pequeños habían estado ahí, así como mujeres jóvenes y madres con lactantes gracias a las huellas de juguetes usados, pañales sucios, biberones y objetos propios de la higiene femenina, y se dio cuenta que no solo había hombres entre los guerrilleros eslavos.
Nuevamente encontró los papeles justo donde el diario indicó; en una apertura secreta ubicada tras un ladrillo flojo en la pared de la biblioteca. Ahí encontró unos misteriosos planos de ingeniería que mostraban el detallado diseño de una máquina esférica que no había visto nunca y cuya naturaleza y funcionamiento no fue capaz de dilucidar. Las indicaciones estaban escritas en un lenguaje matemático codificado hecho de complejos criptogramas.
Ya solo faltaba una pieza más en el rompecabezas, quizás la más difícil de conseguir.
Ahora me dirijo al África. El Imperio Británico fue abolido en 1945 y casi todos sus territorios en África son ahora alemanes. Italia controla Libia, Etiopía y Somalia, mientras la España franquista tiene Marruecos. La Francia de nuestro aliado Petain mantendrá sus dominios coloniales.
El plan era simple, enviar a los judíos del mundo a Madagascar, donde vivirán en una reservación autónoma separada de la población nativa malgache. Ahí podrán seguir sus vidas, pero no podrán tener armas ni salir del Guetto por ningún motivo. Hemos colocado una custodia de soldados SS de la más alta confianza, con las indicaciones de que no deben interactuar con los judíos por ninguna razón. El Judenrat, o gobierno judío, será el único intermediario y solo podrá hablar con los dirigentes de la SS.
Para 1965 ya toda la población judía del mundo había sido enviada a Madagascar. La que sobrevivió, al menos… En fin, lo cierto es que la última pieza clave de la información que he recopilado la tiene un científico americano judío que debe de estar en Madagascar.
Hemos tenido cinco Führer hasta la fecha; Adolf Hitler que ejerció hasta su muerte por causas naturales en 1962, Martin Bormann quien ejerció hasta su retiro por vejez en 1984, Thorsson Hitler, el hijo primogénito de Adolf Hitler y Eva Braun quien ejerció como Führer y digno representante de su padre hasta su retiro en 1992, Kurt Waldheim quien ejerció como Führer hasta ser derrocado en el 2000, y el actual Jörg W. Bush. Soy un buen juez de carácter y mi intuición me dice que Bush es una persona con fines muy oscuros.
El profesor Spengler, devoto nacionalsocialista, siempre había hablado en las clases en contra del denominado genocidio judío. No tenía un nombre concreto aunque se escucharon rumores de que lo llamaban Shóa, en hebreo, pero casi nadie hablaba hebreo así que nadie sabía que significaba. En todo caso, la política oficial del Tercer Reich y todos sus gobiernos aliados era negar que hubiera existido algún genocidio. En cambio, las masacres contra alemanes del Volga y el Homodor o genocidio ucraniano por parte de Stalin, que según la historiografía oficial era judío, eran enseñadas en todas las escuelas y hasta había incontables películas al respecto. También las atrocidades en los campos de concentración de japoneses en territorio estadounidense eran parte de la historia oficial, pero declarar o incluso insinuar que hubo un genocidio judío durante la Segunda Guerra Mundial era ilegal y penalizado con cárcel bajo los muy peligrosos cargos de traición y disidencia.
Lo que se sabía, oficialmente, es que todos los judíos del mundo fueron enviados a Madagascar. El régimen aceptaba que muchos murieron ya sea por resistirse durante la aprensión, durante el transporte o por enfermedades, pero se negaba que hubiese un deliberado exterminio en ello. Todas las muertes fueron o accidentales o producto de combates de guerra.
Similarmente todos los negros del mundo fueron enviados a África. Muchos ya no sentían arraigo hacia esta tierra tras generaciones fuera, y esto provocó conflictos interétnicos e intertribales, especialmente por la lucha por los recursos en el ahora sobrepoblado continente.
El control colonial de África de parte de las potencias europeas tenía poco o ningún interés en los pobladores nativos más allá de extraer sus recursos. Alemania, receptora del antiguo Imperio Británico, le concedió la autonomía total a la Sudáfrica de los bóers nacionalistas en 1954 y les entregó bastas extensiones de territorio, tomando casi toda el África meridional. Esto hacinó aún más a los africanos nativos pues, entre los territorios dados a colonos europeos y el tomado por los bóers sudafricanos, se arrinconó más y más profundamente a los negros en zonas más y más inhóspitas con consecuencias humanitarias graves.
Pero el gobierno de Bush había establecido políticas mucho más duras contra los africanos que las que aplicó el mismo Hitler. Bush, en cambio, presionó a Italia para que iniciara una limpieza étnica de somalíes y etíopes y luego colonizara el territorio con italianos, y había iniciado una agresiva campaña antiárabe en Medio Oriente con el apoyo del sucesor de Franco, José María Aznar en España, país que controlaba buena parte del norte de África.
El ingreso a Madagascar era tremendamente restringido, pero Carolina consiguió sobornar a las autoridades francesas (que seguían teniendo control sobre la isla) para que le concedieran el viaje por razones científicas. Los SS eran insobornables así que en territorio malgache solo podía orar para que lograra convencerlos.
Ahí se reunió con Arthur Jansen, el Oberstgruppenführer, el comandante general de la SS en Madagascar, en su enorme oficina dentro de la ominosa fortaleza militar que era la sede de la Orden en la isla. Ahí, a espaldas de una foto gigantesca de Heinrich Himmler, Jansen, hombre de edad madura, con su impecable uniforme negro característico, le preguntó la razón de su visita.
—Razones científicas —explicó ella.
Jansen sonrió… no le creía.
—Conocí al Dr. Rauff, él y su padre son tenidos en buena estima por la Orden. Se les conoce como hombres de honor.
Carolina decidió entonces revelarle todo a Jansen.
—Venga conmigo —le dijo. Jansen llevó a Carolina hasta el área militarmente acordonada que circundaba el Guetto. Rodeados por las aldeas de los nativos malgaches y supervisados en entradas y salidas por los SS, los judíos vivían detrás de un territorio amurallado en condiciones bastante precarias. No podían portar armas, ni tenían acceso a Internet, además la tecnología era muy limitada pues no querían que tuviesen acceso a formas de comunicarse con el exterior. Dentro del Guetto había tierras de cultivo administradas por el Judenrat que gobernaba el territorio. Los SS sabían que habían luchas intestinas entre facciones hebreas enemigas pero les importaba poco, y jamás intervenían ni siquiera cuando la violencia se volvía grotesca. Las salidas del Guetto eran permitidas pero muy controladas, seguidas por registros exhaustivos y requisas, se requería un papeleo especial y difícil de conseguir emitido por el Judenrat con aprobación de las oficinas del Reich, y siempre por tiempo limitado. Excederse en el tiempo designado para el regreso podía ser muy riesgoso, y usualmente las salidas eran para comerciar con los malgaches, especialmente intercambiando productos agrícolas por medicamentos y artesanías.
Los SS tenían absoluta autoridad para detener a cualquier judío, llevarlo a interrogatorios o asignarle cualquier tarea o labor, y nadie se atrevía a desobedecer. También podían establecer toque de queda si lo consideraban pertinente, aunque en general dentro del Guetto los judíos hacían lo que querían. Los SS aseguraban que dentro del Guetto había orgías, prostitución infantil, rituales sangrientos, frecuentes luchas violentas y enfrentamientos sangrientos entre pandillas judías que incluían torturas y matanzas, pero Carolina dudaba que eso fuera cierto. Los japoneses, en cambio, en su empeño por demonizar la imagen de los alemanes, aseguraban que los soldados que custodiaban a los judíos con frecuencia los torturaban y golpeaban, y que abusaban de las mujeres jóvenes, acusaciones categóricamente negadas por Berlín.
—La SS ha recopilado documentación detallada sobre la ascendencia de familias judías como parte de nuestra labor purificadora del mundo. Casi todo ha sido sistematizado y guardado en archivos virtuales, pero los documentos originales se guardaron en tres lugares; la Biblioteca del Vaticano, Berlín y aquí. No me cabe duda de los archivos berlineses han sido ya alterados.
—¿Alterados? ¿Con que propósito?
—La Gestapo vino acá hace unos años. La Gestapo está totalmente controlada por Bush, no así la Orden SS que siempre ha mantenido una estricta pureza en su liderazgo, tanto racial como espiritual e ideológico. Cuando el Primer Führer murió hubo luchas por el poder entre Bormann, Goering y Goebbels, pero en cambio Rudolf Hess se retiró de la política, fortaleció la Sociedad Thule y creó una religión gnóstica, esotérica e iniciática de la cual la mayoría de los SS somos adherentes.
—¿¡Como el credo de Bush!? Digo… del Führer —se corrigió Carolina recordando el respeto que debía guardarle.
—No. Bush sigue una versión degenerada de la Gnosis, de la cual nosotros somos los verdaderos guardianes. A pesar de los esfuerzos de la Gestapo por destruir las evidencias, nosotros sabemos la verdad, y sin duda no podrán alterar la Biblioteca del Vaticano tan fácilmente pues, en la actualidad, el Papa es enemigo de Bush y el Estado Vaticano no es, al menos formalmente, territorio del Tercer Reich. Pero eso puede cambiar y Bush no temerá en usar la fuerza e invadir la Santa Sede.
—Todo esto que usted me dice me extraña sobremanera. ¿Qué sucederá realmente?
—Un secreto que estremecerá al Tercer Reich y amenaza con destruirlo, pero esperemos que sirva para reencausarlo correctamente. Ahora, Srta. Rivaldi, le entregaré los documentos que requiere para finalizar su rompecabezas y luego le pediré que se retire. Lo que sucederá en los próximos días no será agradable y no debería ser presenciado por una joven mujer como usted.
—¿Sucederá? ¿Qué?
—Bush ha girado la orden de exterminio. Nos ha dicho que no debemos dejar un solo judío vivo en Madagascar. Y para asegurarse, la Wermacht bombardeará la isla.
—¡Eso es horrible!
—Tenemos órdenes de no dejarlos escapar al bombardeo, pero eso es todo. Bush considera que consume demasiados recursos tener apostado personal de custodia aquí en Madagascar y, además, aduce que los judíos deben ser borrados del mapa.
—¿Y que pasará con los malgaches?
—Eso pregunté yo. La respuesta fue “¿Qué me importan esos negros?”.
Carolina recibió los documentos prometidos. Rauff se había comprometido por su honor a la SS que cuidarán ciertos diarios decomisados a científicos judíos llevados al Guetto en los años cincuenta y la SS había cumplido la palabra. En dichos diarios apergaminados Carolina encontró el código para descifrar el criptograma y la información final clasificada del Evento Roswell y el Proyecto Filadelfia…
Corría el año 2015.
Bush había iniciado una campaña contra cristianos y musulmanes en Occidente, con un resultado variado. La guerra en Medio Oriente había sido particularmente cruenta y desgastante. Bush, a diferencia de todos sus sucesores que habían sido amistosos con los árabes, los había declarado “primos de los judíos” y “basura semita” e inició una campaña violenta contra ellos. Japón ya no era un imperio pero seguía siendo poderoso e influyente, especialmente entre sus ex provincias, así que encontró un nicho para recuperar poder y debilitar a su enemigo tradicional, aliándose a los países islámicos en guerra con el Tercer Reich, y tal parecía que la Tercera Guerra Mundial iniciaría pronto.
Carolina Rivaldi escapó a Japón, como muchos otros refugiados cristianos que huían de Occidente, asediados por los fanáticos hitlerianos. En el Tercer Reich se adoraba a Hitler como a un dios, se le colocaban altares con su foto y toda una liturgia especialmente diseñada. Cristianos y, sobretodo, musulmanes habían sido prácticamente purgados de Occidente salvo algunos reductos y otros que se escondían. Bush invadió el Vaticano y depuso al Papa.
Los paganos, que se habían mantenido neutrales en el conflicto entre gnósticos y abrahámicos y que tenían sus propios reinos organizados y basados en las costumbres reconstruidos de las culturas vikingas y celtas, siguieron como nuevo foco del odio de Bush, quien quería obligarlos a adorar a Hitler como una emanación de Wotan, a lo que la gran mayoría de negaron y todo parecía indicar que una nueva guerra se avecinaba…
Pero antes de ser destruida la Biblioteca del Vaticano, el Papa y la Orden Negra SS aseguraron tener evidencias documentales de que Jörg W. Bush era judío por parte de madre, cosa que él negó como una mentira, poco antes de abolir la SS. Quien afirmara tal cosa en territorio del Reich era ejecutado de inmediato, pero el rumor se difundió, los gobiernos títeres de Europa como el de Francia e Italia empezaron a cuestionar su apoyo a Alemania y todo parecía indicar que el Reich se desmembraba.
Pero ¿Qué había sido el Evento Roswell y que relación tenía con el Experimento Filadelfia?
Se dice que en 1943, antes del final de la guerra, el gobierno estadounidense había probado un dispositivo para la invisibilidad en un buque militar, el USS Eldridge, usando campos electromagnéticos y gravitacionales de acuerdo a las teorías de Nicola Tesla. El resultado fue la producción accidental de un agujero de gusano artificial. Este fue el comienzo de las investigaciones estadounidenses en el viaje en el tiempo, las cuales no fueron interrumpidas ni siquiera durante la ocupación alemana tras la Segunda Guerra Mundial ni durante el nuevo gobierno de Ford y del Ku Klux Klan. El choque de una nave espacial extraterrestre que se mantuvo ultrasecreto en Roswell, Nuevo México, en 1948 trajo consigo el acceso a nueva tecnología.
Ahora, grupos de disidentes estadounidenses y japoneses, aprovechando el cambio de régimen en Japón tras el colapso del Imperio Japonés, la nueva apertura política en el lado japonés, la guerra contra Alemania por el gobierno de Bush y, sobre todo, la llegada de la documentación clave para el diseño de la Máquina suministrada por Carolina Rivaldi cuando escapó junto a otros refugiados cristianos a Japón, y que era el legado del Dr. Rauff, permitieron la creación de un nuevo proyecto.
—El gobierno japonés no va a estar a favor de que viajemos en el tiempo a alterar el pasado y provoquemos la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial —le explicaba el director del Proyecto Welles, el científico alemán exiliado y reconocido genio Dr. Arthur Krass, a Carolina— por eso es que esta misión es secreta, aún para el mismo gobierno. Temo que mucho mal puede producirse a nuestros países si pierden la guerra, pero no creo que tengamos otra opción ante el daño que está haciéndole Bush y sus secuaces al mundo entero.
En las instalaciones científico—militares de Tokio donde se realizaba el Proyecto Welles podía observarse un hangar de unos 10 por 20 rodeado por tres paredes de concreto y un vidrio blindado perfectamente translúcido desde el cual los científicos monitoreaban todo a través de cámaras de video desde todos los ángulos y unas complicadas consolas. Dentro del hangar había una extraña esfera como de seis o siete metros de diámetro. Carolina estaba lista para realizar un salto en el tiempo.
Su tarea era simple; asesinar al espía o agente doble que había filtrado información sobre el Proyecto Manhattan para crear la bomba atómica y así permitir que los estadounidenses la desarrollaran, de la misma manera que se asesinaría a figuras claves del gobierno y el ejército italiano y alemán, debilitando su postura, colocando a ciertos traidores en altos cargos estratégicos, comprometiendo así las filas del Eje. Si todo salía bien, Italia estaría débil, Alemania debería reforzar el Frente Italiano, lo que retrasaría su ataque a Rusia con la terrible consecuencia de tener que librar la guerra durante el cruel invierno ruso, y desgastando el poder alemán al enfrentarse a dos frentes.
Carolina se esfumó ante los ojos de Arthur Krass desvaneciéndose en medio de ases luminosos dentro de la Esfera que servía como Máquina del Tiempo, controlando su viaje en todo momento por las consolas de navegación. Dos segundos después regresó, aunque para Carolina habían pasado varios años.
Su misión fue un éxito. Mató el General de la SS Reinhard Heydrich en un atentado terrorista que fue inculpado a los partisanos y ese fue el último de los asesinatos selectivos que llevarían a la derrota del Eje y el triunfo de los Aliados en la Segunda Guerra Mundial.
Existen verdades que es mejor mantener en secreto. Verdades enloquecedoras…
Carolina pronto se vio carcomida por la culpa. Asqueada por la triste realidad, la ironía de saber que su labor no contrajo grandes diferencias entre una realidad y otra, al menos en lo que a menos atrocidades se refiere. Siempre pensó que la derrota del Reich hubiera traído un mundo paradisíaco… que equivocada estaba. Sus acciones habían cambiado el pasado y detenido la maldad de Hitler y sus sucesores a partir de 1945 pero ¿había sido regido el planeta por hombres mejores?
Los bombardeos sobre Hiroshima y Nagasaki caerían sobre su responsabilidad, así como los millones de personas muertas bajo el régimen de Stalin y los cientos de miles de secuestrados, desaparecidos, torturados y ejecutados que fueron la consecuencia del Plan Cóndor aplicado por los Estados Unidos en Sudamérica. Carolina había regresado a un mundo donde Estados Unidos y la Unión Soviética, y luego su heredera Rusia, o sus aliados, habían perpetrado innumerables atrocidades por codicia, poder político y fanatismo ideológico. Un mundo con diversas masacres de palestinos, iraquíes, vietnamitas, centroamericanos, chechenos, bosnios, georgianos y tibetanos, entre otros. Un mundo donde el Guetto no estaba en Madagascar sino en Gaza, pero era igualmente cruel.
En síntesis, un mundo que no era muy diferente del otro.