Capítulo 31

Hoy es el último día de clases antes de las vacaciones de invierno. Dos semanas de vagancia porque por suerte no nos dieron tareas o algo para estudiar, después de ese periodo nos quedan unos cuatro meses antes de las verdaderas vacaciones; bueno, para el que no se lleva ninguna materia.

Todo el mundo ya no presta atención a nada de lo que dicen los profesores y hasta los aliens se relajaron un poco. A nadie parece importarle nada, lo que es gracioso porque así estaba yo durante todo el año, pero ahora tengo más pensamientos y molestias que tranquilidad.

Como solo teníamos que venir al acto del nueve de julio, aparecimos en la escuela a eso de las diez de la mañana. Podría haber dormido como tronco, pero pensar que no podré disfrutar de las vacaciones con Ángel por mi maldita imprudencia me está matando.

Al mirar hacia el lado de atrás, reconozco al señor Gauna. Está cruzado de brazos y apoyado en uno de los pilares del tinglado. Ángel está a su lado, deprimido y vestido de punta en blanco como siempre que hay actos importantes. Al ver hacia mi derecha, Benja habla con la frijól y la Juli. Esta vez le toca a los de cuarto llevar la bandera por eso es que mi novio y el ruiseñor no deben estar en los puestos de abanderados.

El acto comienza con las palabras de introducción del director Gómez que ahora no está acompañado del alien. Es raro ver ese escenario, ya me estaba acostumbrando un poco al panorama aliens-docentes.

Salen las banderas de ceremonia, cantamos el himno y vemos las presentaciones de los nenes de jardín, y de los de primaria. Las típicas representaciones de la firma de la independencia, algo parecido al veinticinco de mayo, solo que ya no es un grito de libertad, sino una realidad.

Después del acto, sí o sí tengo que hablar con Ángel y ver si puedo lograr que Benjamín me explique el porqué de repente todo terminó. Lo extraño y pensé que podríamos ser, aunque sea amigos; eso suponiendo que logre enterrar los sentimientos que todavía rasguñan y quieren salir a toda costa.

Cuando el acto llega a su fin, todos se dispersan y me dan oportunidad de ir tras Benja.

—¡Benjamín! —lo llamo, pero ni siquiera se da vuelta—. ¡Por favor, hablemos un poco!

Él no se molesta en parar.

—¡Dijiste que era muy insensible con mis amigos, pero vo so peor!

Eso hace que se quede quieto. Se de vuelta y por fin veo una expresión nueva en su cara siempre seria. Todo el tiempo me miraba con bronca, pero ahora parece reconocer que tengo razón y también que tiene que darme explicaciones.

—¿Qué te pasa? ¿Por qué no me decís qué es lo que pasó entre los dos?

Benja iba a decir algo, pero en eso siento que alguien me abraza por detrás.

—No tengo mucho tiempo —dice mi novio—. Mi papá se fue al baño y antes de que salga quiero decirte que me quedé sin celular, pero cuando mis papás se vayan, voy a ir a tu casa.

Sostengo las manos que rodean mi cintura, y miro hacia Benja que niega con la cabeza y frunce el ceño.

—Si realmente no te acordás de lo que pasó, vamos a hablar, pero después de eso no esperés que lo hagamos de nuevo.

Benja se va apenas da ese anuncio y yo me quedo en el lugar, más confundido que antes. Ángel me rodea, mirándome un poco sorprendido, pero de todos modos recibo un beso de su parte y una pequeña sonrisa.

—¿Cuál es el problema ahora?

—No sé —le digo, rodeando sus hombros y poniéndolo a mi lado—. Quiero arreglar las cosas con Benja, ¿podés venir a mi casa mañana?

A Ángel se le desliza la sonrisa.

—Mi papá me dijo ayer que la vez que llovió a cántaros te vio entrar a la casa con un chico. ¿Fue Benjamín?

Rasco mi nuca.

—Sí, igual no es como si eso fuera raro… O sea, podría haber refugiado a cualquier amigo de la lluvia, ¿no?

Ángel se encoge de hombros.

—Supongo, pero solo quiero saber si andabas con él.

Chasqueo la lengua, mirando para todos lados.

—¿Y por qué me preguntás a mí si le crees a tu papá?

Mi novio mira hacia un lado del patio, después vuelve a mirarme.

—Me tengo que ir, él saldrá en seguida del baño. —Quiere darme un beso, pero lo esquivo—. ¿En serio? ¿Tan malo es que quiera saber eso?

—Le estás creyendo a tu papá.

Ángel suspira, yéndose rápido de mi lado.

De repente siento que estoy haciendo de todo para que la gente me abandone.

Salgo de la escuela y miro para todos lados. No veo a Benja por ningún lado, tal vez se arrepintió de querer hablar conmigo o era una excusa para que dejara de molestar y pudiera seguir con su tranquilidad.

Si él no me dice qué pasó, nunca entenderé porqué quiere poner distancia. No sé si fue algo que hice en la fiesta de Carla, si de repente se dio cuenta también que no soy alguien bueno y decidió descartarme por esa razón; pero es injusto y frustrante que no sepa por qué.

No seré un chico ejemplar, no tendré las notas que mi mamá quiere que tenga, no soy el novio que alguien querría pasa su hijo, pero sigo teniendo sentimientos y no puede ser que todo el mundo piense que por ser despreocupado también me vaya y me venga lo que me hagan.

—León.

—¡Bueno! ¡Aleluya! —Me doy vuelta y enfrento a Benjamín—. Pensé que me ibas a dejar en ascuas para siempre. La verdad, ya me estoy cansando de esa actitud tuya.

—Vamos a mi casa.

No dice nada más y se dirige hacia la vía. Ni siquiera mira para atrás como para saber si lo sigo o no… o quizás no le importa.

Quiero saber qué es lo que pasó, así que camino detrás del que antes era un ruiseñor, alguien que jamás daba la espalda a un amigo, alguien que antes era mucho mejor que ahora.

¿Será que este es el verdadero Benjamín?

Hacemos el mismo camino que siempre hacíamos para ir a su casa: vamos derecho por la vía del tren hasta el puente del terror. Sigue habiendo yuyos en el fondo del río, los durmientes siguen tan separados y enclenques como antes y Benjamín sigue caminando como si fuera una calle cualquiera hasta llegar al otro lado.

Estiro un pie y el otro, los nervios me ponen duras las extremidades y es un poco complicado maniobrar un cuerpo así, pero me tengo que obligar a apresurarme porque el insensible no me espera. Apenas llego al otro lado, tengo que correr detrás del chico de piedra.

—¡Al menos esperame! —exijo, frenando mis pies—. ¡No sé qué hice, te lo juro! ¡no me despreciés tanto!

Benjamín se da vuelta y no hay ni siquiera una mirada suavizada. Retrocedo un poco por la impresión. Es la misma mirada que le dio a Sebastián en el velorio de su papá.

—Ahora que lo pienso, tal vez así es como so realmente —murmuro.

—Ya sabés que soy muy directo y cortante con la gente que hizo algo malo. Viste como fui con Sebastián, con Bautista; no sé por qué te sorprendés tanto.

Es cierto… Con nadie parece tener piedad, ni siquiera consigo mismo. Quizás es muy duro y hasta un poco cruel, pero Benjamín es así, su carácter, su determinación, sus ideales, todo es poderoso y es obvio que cuando algo malo le hacen, una sola cosa, él no querrá saber nada de ese infeliz.

Sigo a Benjamín hasta que estamos en su casa. No hay nadie, sus papás trabajan, seguramente, y no pudieron ni asistir al acto de clausura de mitad de año.

Benjamín se saca la mochila y el delantal y los deja en una silla, después toma una respiración profunda.

—En estos días, ¿no has tenido imágenes raras dando vuelta por tu cabeza?

Me saco el delantal y lo dejo sobre mi hombro, apoyándome en el marco de la puerta.

Imágenes raras en mi cabeza… Supongo que podrían ser lo sueños en los que él y yo…

—No.

Benjamín suelta un suspiro profundo, frotándose los ojos con los dedos.

—Por favor, sé sincero.

—Te dijo que no.

De repente estamos mirándonos. Pasó tanto tiempo desde la última vez que lo vi a los ojos, que lo vi tan cerca en realidad; y aun siento que algo aprieta mi pecho y no puedo controlar las cosquillas en mi panza.

Todo lo que él me provoca, sin importar que ahora esté enojado, se revuelve en mi interior. No dejé de lado nada de lo que siento, solo estuve redirigiéndolo a otra persona.

—Hacé un esfuerzo por ser sincero conmigo y contigo mismo, León.

—¿Qué querés que te diga? —Esquivo la mirada—. No sé de qué me hablás.

—Pongámoslo así: quizás tenés sueños o imágenes sin sentido. Cosas como que de repente estamos afuera de mi pieza, por la puerta de contrabando que tanto te gusta, es de noche, no hay nadie mirando, solo nosotros…

—No sé a lo que te referís.

—¡Dejá de mentir! ¡Sabés de lo que hablo! —Se da vuelta y de nuevo quedamos enfrentados—. Dale, sí sabés de lo que estoy hablando.

No puede ser posible que Benjamín sepa sobre lo que sueño, entonces, lo que estuve soñando estos días es en realidad…

—¿Ahora sí te acordás de lo que hablo?

—La fiesta de Carla —susurro—. Pensé que eso que pasó había sido un sueño, como siempre estuve… Ah, nada.

—Ya está, León, pará de negar las cosas que son obvias. —Benjamín se cruza de brazos—. Si soñaste más de una vez con esas cosas… Bueno, ya está, ya no hace falta que mientás sobre eso.

—Si ya sabías, ¿por qué no me hablaste de eso?

—¿Qué iba a decirte? —Él baja de golpe los brazos—. León, ya sé que gustás de mí, pero no sé qué hacer con tu novio, ¿no deshacemos de él? ¡¿Eso querías escuchar?!

Tengo que tomar una respiración profunda porque sé que todo se irá a la mierda. Ni siquiera podría preguntar si yo también le gusto viendo cómo van las cosas.

—Perdón.

—A mí no me tenés que decir eso. —Benjamín sacude su cabeza, manteniendo el ceño fruncido—. La verdad, creo que también tengo algo de culpa en esto. Tal vez hubo veces en las que me di cuenta de lo que pasaba entre nosotros, pero me dije a mí mismo que estaba haciéndome la cabeza.

Me acerco hasta donde está, aunque él retrocede dos pasos por las dudas.

—Lo peor de todo es que, a pesar de todo lo que pensaste e hiciste, seguís teniendo novio.

—No pasó nada más allá de un beso, según parece, así que no veo por qué tenga que cortar con Ángel. —Relamo mis labios, negando con la cabeza—. Igual, no sé por qué te molestás tanto si el problema es entre Ángel y yo.

Muerdo mis labios apenas termino de decir eso. Benjamín tiene la misma mirada asesina que el papá de Ángel cuando pierde la paciencia.

—¿Sí?, ¿no? ¿Por qué me enojo? —Arruga la frente, asintiendo despacio—. Tal vez no me tenga que enojar porque me metí en una relación, tampoco tenga que quejarme porque alguien me vio la cara y fingió querer ser mi amigo cuando en realidad deseaba otra cosa. No, sí, no me tengo que enojar porque mi primer beso fue con un imbécil borracho.

Benjamín muerde sus labios y en su cara hay un poco de preocupación, pero ya es tarde, ya recibí la herida y casi suelto una lágrima.

Por supuesto que Benjamín nunca podría estar con alguien que engañó a su novio, menos con alguien que podría haber terminado con un chico por estar con otro.

Soy malo.

—No es que quiera ser cruel —susurra—. Solo… No me gusta, ¿sabés? No me gusta pensar y tener culpa porque un chico quiso jugar al amante conmigo y por eso engañó a otro, aunque haya sido un beso. Y me da más bronca todavía porque yo sé cómo es tu novio con vo, y aun así quisiste algo conmigo.

Alzo la mirada y encuentro a alguien que en serio desprecia ese tipo de errores.

—¿Entonces lo dejamos hasta acá? ¿Ni siquiera te gusto un poco como para hacer un esfuerzo y ver qué pasa en el futuro?

—¡¿Qué?! ¿En serio? ¿Vas a cortar con tu novio porque ahora te gusta otro? —Benjamín se queda sin reaccionar por un segundo—. ¡¿Cómo podés flashear tanto?! ¡Yo no quiero estar con alguien así!

Me quedo unos segundos sin decir nada. Necesito escuchar esas cosas, que me ayuden a acabar con estos sentimientos imposibles.

Sonrío, asintiendo.

—Estaba pensando que ya había muchas personas que me describían con más cosas malas que buenas, pero tengo intención de cambiar eso.

Benjamín niega con la cabeza, despeinándose un poco.

—No sé. Lo único que te digo es que ya no quiero estar metido en medio. Ya está, León, no va a ser fácil que me olvide de todo esto y dudo mucho que vuelva a querer ser tu amigo o confíe en que realmente vamos a ser amigos una próxima vez.

—No hay problema —digo, sintiendo que mi cuerpo tiembla y mi energía se evapora—. Pero, si hago las cosas bien, ponele, cortar con Ángel porque le puse los cuernos, de alguna forma, y después de un tiempo… No sé, quizás podríamos…

—Hacé lo que quierás, León. —Benjamín no me escucha, solo se apresura a abrirme la puerta—. Lo único que te digo es que ya no quiero más líos. Además, no voy a ser cómplice con mi silencio.

Paro mis pies antes de terminar de salir por la puerta.

—¿Qué querés decir con eso?

Benjamín mira hacia afuera, no a mí.

Como veo que no tiene intención de aclarar nada más, me voy. Habrá querido decir que por eso tampoco quiere andar conmigo, porque es como que, aun sabiendo que me gusta, él sigue a mi lado como alguien que se hace el que no sabe qué pasa.

Por suerte hoy no nos vemos con Ángel, no podría ni mirarlo a los ojos.

Apenas abro la puerta de mi casa, alguien me jala para adentro.

—¡Ay! ¡Má!

—¡Vení para acá y explícame que mierda es esto!

¿Dejé a Pili adentro? ¿No limpié algo?

Me tira en la cocina y ahí veo a mi hermano con la libreta sobre la mesa.

¡¿Cómo puede ser?!

¡Me acuerdo de que la escondí abajo del colchón de mi cama!

—¡Todo lo que tenías que hacé era esforzarte! —La mami sacude la libreta — ¡Mirá! ¡mirá con lo que nos salí ahora!

—¡Soy el esclavo de la casa! ¡¿En qué momento quieren que me esfuerce?!

La mami me amenaza con una mirada, pero después se compone y niega con la cabeza.

—No, no voy a gastar saliva en vo. —Ella mira la libreta, después a mí—. Hacé lo que quierás, León. Yo ya me cansé de andar renegando. Si queré estudiá, hacelo, si queré trabajá, trabaje, no sé. Yo ya te dije lo que tenías que hacer, no me hicite caso, bueno, haga lo que quiera.

La mami se va a la pieza donde se escuchan los dibujitos que ven mis hermanitos.

Miro a mi hermano.

—Fran…

—Tuviste oportunidad, no la aprovechaste. —Él se levanta y alcanza su celular en la mesa—. Ya sabés ahora, hacé lo que se te dé la gana.

Yo me quedo solo en la cocina con la libreta en el centro de la mesa y una sentencia sobre mis hombros.