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Capítulo 36 – en busca de él.

Annabelle.

No he podido pegar el ojo en toda la noche, he estado en vela pensando que es lo que debo y lo que en realidad quiero hacer, miles de posibilidades se han pasado por mi cabeza, miles de escenarios en donde a pesar de todo, él y yo logramos salir adelante, incluso con nuestras diferencias abismales y cada una de las cosas en nuestra contra.

Ya ha amanecido, el sol se pone al horizonte de Londres, lo cual es muy raro teniendo en cuenta que aquí llueve la mayor parte del año. Yo suelto un suspiro y miro por la ventana de mi habitación, afuera todo parece estar en calma, pero sobre todo, en orden, la imagen me hace sentir extraña por dentro, y no sé que es lo que me obliga, pero sin darle demasiadas vueltas al asunto, voy al baño de mi habitación, me quito la ropa y me meto bajo el caudal del agua tibia.

Me unto el cuerpo de cremas, jabones y exfoliantes y me enjuago perfectamente, incluido el shampoo que me he echado en el pelo, salgo de la ducha, me visto con unos simples jeans flojos de color oscuro, una camiseta de mangas largas purpura y unos tenis sencillos.

Miro a mi armario una vez que estoy lista y que me he peinado el cabello mojado, agarro el bolso más grande que tengo, lo pongo en la cama y como si alguien me estuviera diciendo que hacer, meto ropa en la maleta, de todo tipo, un par de camisetas, algunos jeans, uno que otro pantalón, y otros zapatos, no me molesto en empacar cosas de aseo personal como desodorante o cremas, porque estoy segura de que en Irlanda voy a poder encontrar una tienda donde comprar todo eso.

Cierro el bolso, me lo cuelgo al hombro y salgo de la habitación, el doy un ultimo vistazo antes de cerrar la puerta porque algo me dice que no voy a volver a pisar este lugar dentro de mucho tiempo. Tengo la leve impresión de que mi casa ya no será esta, o un lugar en particular.

Bastián se convertirá en mi hogar, y no sé a dónde nos llevará la vida o mejor dicho, nosotros mismos, no sé si acaso acabaremos en un punto peor que en el que estamos, pero estoy dispuesta a averiguarlo.

Incluso aunque me rompa el corazón.

Bajo las escaleras de casa y voy directo a la puerta.

–¿Vas a irte sin decir adiós? – me pregunta mi tío Macon mientras sostiene una taza de café en sus manos.

¡Joder! El tío Macon, pienso para mis adentros, ¿Cómo demonios iba a irme sin avisarle?

– Por supuesto que no – yo dejo caer la maleta al suelo y me acerco a donde él que está recostado contra la entrada de la cocina.

–¿Segura? – me mira de forma suspicaz.

– Yo no sería capaz de irme sin despedirme de ti, tío – le miento y le doy un fuerte abrazo.

– No me engañas, Annabelle Maxwell, prácticamente te vi saliendo por esa puerta – suelta con fingido enfado.

– Lo lamento – le digo al oído.

–¿Vamos por un te?

– Ya estas tomando uno – le recuerdo alejándome lo suficiente para poder verlo a los ojos.

– Quiero tomarme un último te contigo – él me sonríe y yo siento que no podría estar mas agradecida con este hombre que está delante de mí.

Sé que muchas de las cosas que mi tío hace por mi es porque se siente culpable por no haber podido salvar a mi madre del hueco negro en el que estaba metida, sé que de alguna u otra forma se siente responsable de su muerte, pero eso no hace que yo me sienta menos agradecida, después de todo, él me ha dado la vida completa, me ha dado todo aquello que mi madre nunca quiso darme, y yo estaré eternamente agradecida con él por eso.

Él pasa su mano por mi hombro y me lleva hasta la cocina, donde últimamente pasamos demasiado tiempo, nos sentamos en la silla de la isla, y Macon me sirve una taza pequeña de té, sabe que no soy muy fan de la bebida.

–¿Sabías que iba a irme? – le pregunto.

– Tenía el leve presentimiento, si – asiente con la cabeza.

–¿Cómo sabias?

– Porque ayer que llegaste tan inestable a casa, yo te vi a los ojos y supe que no tenias miedo por el daño que ese hombre pudiera hacerte, si no por lo mucho que querías irte con él.

Yo sonrió, ¿Cómo es posible que mi tío haya sabido algo como eso solo con mirarme?

– Pero, como…

– Tienes los mismos ojos de tu madre, Annabelle, la misma mirada sincera que no es capaz de ocultar nada, y ayer yo vi a una niña aterrorizada porque está enamorada – responde, y me agarra de la mano, su contacto es cálido – y porque por primera vez, quieres correr el riego.

–¿A qué te refieres? – frunzo el ceño y le doy un sorbo al te que en realidad no sabe tan mal.

– Toda tu vida has estado intentando ocultarte, no quisiste ir al colegio, asi que estudiaste con una institutriz, después no quisiste ir a la universidad, si no meterte al noviciado, y aunque yo siempre respeté cada una de tus decisiones, nunca estuve de acuerdo con ellas, porque sabia que no las estabas tomando por convicción si no porque tenias miedo de salir al mundo y explorarlo. Estabas aterrada y no fuiste capaz de hacerle frente.

– Si, creo que si – suelto un suspiro y pienso en sus palabras. Siempre creí que mi tío era un hombre demasiado ocupado como para prestar atención a lo que yo hacía, pero tal parece que viví engañada durante mucho tiempo.

– Ya eres una mujer, una muy inteligente, además de todo, ya es momento de que salgas de ese caparazón y te des cuenta de que no todo el mundo quiere hacerte daño, y si ese tal Bastián hizo eso por ti, entonces yo debo agradecérselo – él frunce los labios y sé que no ha terminado de hablar, asi que me quedo en silencio – pero quiero que me digas que estás segura de que esto es lo que quieres.

– Creo que sí.

– No, Annabelle, no me sirve un creo, quiero que me mires a los ojos y me digas que quieres irte a Irlanda con él porque es lo que verdaderamente deseas.

Levanto la vista, miro a mi tío y asiento – sí, es lo que quiero.

–¿Estás enamorada de él?

– Si.

–¿Confías en él?

– Increíblemente si, aunque no debería – suspiro.

– Eso me deja más tranquilo – él se pone en pie y yo hago lo mismo, Macon me envuelve entre sus brazos y me habla al oído – no olvides nunca el camino de regreso a esta casa, quiero que tengas en cuenta que siempre eres bienvenida aquí, y mas que todo quiero que siempre recuerdes que eres mi familia. Te amo, Annabelle, y si en cualquier momento necesitas algo, lo que sea, dinero, un lugar donde quedarte, e incluso que yo vaya a buscarte, solo es que me llames, ¿Está bien?

– Si.

– Ahora ve en busca de él.

Macon me sonríe y yo guardo cada parte de su rostro en mi memoria. Puede que nunca haya tenido una madre, pero por como yo veo las cosas, si tuve un padre, tuve a mi tío.

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