Epílogo
Diana
Respiro varias veces, pues mi nivel de estrés ha subido últimamente con tanta demanda. A nuestro segundo año de poner el restaurante de comidas dulces en Zafiro, ya tenemos sucursal en Met. Inspecciono por última vez el lugar y suspiro satisfecha. Ha sido un arduo trabajo, pérdida de sueño, días sin tener tiempo ni para comer, mucho estrés y viajes inesperados; hemos tenido que sacrificar muchas cosas, pero ha valido la pena. Cierro la puerta, saludo a los guardias y miro por todos lados. Creí que Lían ya estaba aquí; hago una mueca y frunzo el ceño.
—¡Para qué me dice que ya llegó si no es cierto! —espeto con enojo, tal vez exagero, pero recuerden que tengo mucho estrés.
—Hola, chica preciosa. ¿Por qué tan solita? ¿Quieres que te haga compañía?
Sí, ese es mi amado esposo tratando de ser gracioso. Le manoteo el hombro y él me atrae hacia su cuerpo tomándome por la cintura y me besa con esa pasión que me enloquece. Mis ojos brillan al ver que extiende una rosa roja a mi dirección, mi chico sí que sabe cómo alegrarme.
Nos dirigimos a nuestro nido de amor; es una casa pequeña en el centro de la ciudad que compramos antes de casarnos. Por cierto, deben saber qué hace un mes fue nuestro aniversario de boda y nuestro cumpleaños veinticinco, sí, nos casamos el día que cumplimos años, dado que ambos naciéramos el mismo día es algo muy peculiar y especial.
—Tú sí sabes cómo acabar con mi estrés... —Me retuerzo en la cama mientras aprieto las sábanas con mis puños; Lían sí sabe cómo utilizar su linda boca y llevarme a la luna con sus caricias. Un delicioso orgasmo me transporta lejos de la realidad y cuando regreso en sí, ya Lían me está embistiendo con fiereza. Me abrazo a él disfrutando de todas esas placenteras sensaciones y beso sus labios que saben a mí. Su sudor se mezcla con el mío y ambos danzamos con gemidos y palabras no muy castas. Temblores sacuden mi cuerpo y respiro ante lo relajada que me siento, por su parte, Lían se recuesta sobre mi pecho y su respiración sobre mi piel es muy agradable. Siento su semilla recorrer mi pierna y sonrío porque eso embellece mi piel y da la posibilidad de que quedemos embarazados. Sí, estamos buscando un bebé. Lían besa mi frente y se posiciona detrás de mí, abrazado a mi cintura. Pronto ambos nos quedamos dormidos.
Lían
Me despierto y lo primero que veo es a mi hermosa estrella plateada abierta en la cama y con toda la sábana sobre ella. Mi amada esposa termina con toda la tela para ella sola y rompe nuestra romántica y cariñosa posición. Después de desayunar nos dirigimos al palacio a visitar a Nancy y Nikaus, pues después de su embarazo se ha antojado de los postres de Diana. En estos días no ha visitado el restaurante porque ya está casi pariendo y la barriga está tan grande que no puede ni caminar.
—Nancy es tan chillona que me vuelve loco. —Mi amigo se queja resoplando. Todavía se me hace increíble que haya formado una familia.
—Eso es normal, debes tenerle paciencia.
—Solo te lo advierto, tú qué quieres tener un hijo, las mujeres embarazadas son un desastre.
—Créeme que lo sé. —Sonrío—. Mi papá padeció mucho cuando mami quedó embarazada de Layla, bueno, todos padecimos ese embarazo.
—Y este anda todo idiotizado con su nueva novia, hasta piensa irse a vivir a Lucero Verde. Nunca imaginé que existiera otro mundo y que el tonto de Otelo se iba a enamorar de una Luceriana. —Nikaus mira a Otelo con malicia
Cierto, se me había olvidado ese detalle. Otelo y Eliana se enamoraron y él ya habló con sus padres para irse a vivir para allá. Todo empezó cuando Diana y yo anunciamos nuestra boda. —Por cierto, me llevé un gran susto; pues su padre me recibió con espada en manos y la puso en mi cuello, luego me dijo que, si no cuidaba y respetaba a su polilla, su espada bebería mi sangre—. El caso es que, Diana y yo tuvimos que celebrar dos bodas, una en Destello y otra en Lucero Verde porque él señor Pavlosky se puso de terco y difícil. El día de nuestros cumpleaños nos casamos en Destello y los familiares de Lucero Verde viajaron a este mundo, una semana después, fuimos a celebrar la segunda boda allá. Fue así como Nikaus, Beka, Nancy y Otelo supieron de aquel mundo y mi querido amigo de ojos pardos se enamoró de Eliana. Él la visita cada cierto tiempo, ah... pero no les he contado la travesura de Dan. El chico se prendió de Beka y no la dejaba en paz. Una noche ella se estaba bañando en un estanque de agua termales que hay en los terrenos de mi tío y él se escondió y le tiró un insecto encima. Ella salió del estanque gritando como loca sin importarle que estuviera desnuda; entonces mi primo fue a su “rescate” y bueno, bastó un beso para que ellos se calentaran... Lo que sucedió allí es privado, sin embargo, mi tío Bruno los encontró uno encima del otro y por poco, mata a Dan.
Beka fue la madrina de mi boda y somos muy buenos amigos. Ella me dijo que está conociendo a un príncipe de la ciudad Diamante y que piensa darle una oportunidad. Beka nos pidió perdón a Diana y a mí, tiempo después del incidente con aquel asesino y ya no hay tensión entre nosotros.
Bien, cada quien ha hecho su vida y ha tomado su propio camino, mis padres viven con la pequeña Layla en la mansión y Odiel tiene un hijo con Kaina.
***
Lían había ido a cenar con sus padres, pues por causa del trabajo en el restaurante tenía mucho que no los veía. Por su parte, Diana se había quedado en la casa, puesto que en esos días se sentía muy cansada. Lían abrió la puerta y sonrió emocionado al percatarse de que su esposa quería jugar. Las luces estaban apagadas y había velas aromáticas que brindaban una luz tenue y música suave llenaba el lugar. Caminó hasta la habitación donde Diana lo abrazó emocionada y besó sus labios con fervor. Lían la cargó entre sus brazos y la puso sobre la cama, se quedó admirándola un rato y lamió sus labios. Ella llevaba solo ropa interior con encajes de color rojo. Él empezó a desnudarse con ansias mientras ella lo observaba a la expectativa. Una vez libre de ropa, se lanzó a la cama, pero ella se posicionó sobre él y besó cada parte de su cuerpo.
Ambos yacían abrazados y sudorosos sobre la cama con una sonrisa de satisfacción. Diana se levantó y buscó una cajita, se sentó al lado de Lían y le pasó la caja. Él la abrió y la miró como esperando su asentimiento.
—¡Sí! —Ella confirmó con lágrimas en los ojos y Lían la abrazó con fervor, se separaron y el rizado abrazó los zapatitos blancos sin todavía creer que era real.
—¡Vamos a ser papás! —Lían gritó con entusiasmo y Diana lo abrazó. Ambos empezaron a saltar sobre la cama celebrando que estaban embarazados—. Espera, tranquila. —Él la ayudó a sentarse con delicadeza—. No creo que debas saltar, puede ser peligroso. —Acarició su cabello y ella se recostó sobre su torso, ambos estaban desnudos, apegados al calor del otro.
—¡Estoy tan feliz, Leoncito! Vamos a tener un bebé al fin.
—Sí, mi chica de los ojos plateados, gracias por tanta felicidad.
—Que gracias ni que nada, quiero que me pagues. —Ella sonrió maliciosa.
—Ummm... ¿Qué deseas? —Él se acercó seductor.
—Tú haces el té y yo sirvo el pastel —dijo divertida y él estalló de la risa. Ambos se dirigieron a la cocina entre jugueteos y carcajadas.
Fin del epílogo
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