Capítulo 25

Diana

Cepillo mi cabello lentamente con la angustia helando mis huesos. Los recuerdos vienen a mí tan claros, ahora. Lágrimas de impotencia nublan mi vista y el miedo se apodera de mí.

Esa noche Lían me invitó a cenar y yo estaba muy feliz. Me gustaba tanto, pero él no sentía lo mismo por mí, o al menos eso pensaba. Yo no podía olvidar aquel beso delicioso que nos dimos, nunca nadie me había besado con tanta delicadeza y deseo al mismo tiempo, definitivamente, Lían es un buen besador. ¡Vaya! Mis mejillas arden al recordar que no es lo único que sabe hacer bien.

La amargura cubre mi pecho acabando con mi pequeña felicidad al recordar todo lo que Lían y yo hicimos anoche. Ambos tememos, no sabemos qué va a pasar con nosotros cuando logremos hacer una conexión con Destello, es por esto que anoche lo hicimos con mucha intensidad y hasta repetimos. Miro mi rostro en el espejo y los recuerdos me azotan otra vez. Esa noche fui al baño antes de que llegara nuestro pedido, me encontré con Darina quien se veía muy mal. Me entristeció mucho su estado y quería ayudarla, no sé, tal vez me sentí identificada. Fui muy estúpida al dejarme engatusar cuando sus intenciones eran obvias, ¿por qué irnos por la parte de atrás? Yo me preocupé mucho cuando ella salió corriendo y la seguí por instinto. Entonces verla allí sentada, llorando desconsolada, fue muy desconcertante. Me acerqué a ella, pero algo me debilitó, me sostuve de sus hombros y ella se puso de pies con una mirada totalmente diferente a la de mi amiga. Estaba desorbitada, me sentía en un sueño y perdí la noción de la realidad; ella repetía cosas extrañas y mis ojos se cerraron. Entonces estaba en Lucero Verde, ya no tenía recuerdos de la Tierra ni de Lían. Cuando toqué aquella flor volví a la realidad, Darina y María sonreían triunfantes mientras mis recuerdos se desordenaban. Entonces desaparecí, ya no era Diana, era Aleksandra.

Respiro varias veces para no llorar, esa debe ser la razón por la que Lían me dio esta joya. Debo ser fuerte ahora y ayudarlo, solo temo salir de mi habitación. María es una Sapria, estoy segura, ella me hizo esto. Mi padre me enseñó a defenderme en la batalla, pero no sé cómo hacerlo con una Sapria. Un último suspiro y lo decido.

Abro la puerta lentamente y miro por todos lados, temo encontrarme con María. Camino por el pasillo con cautela, mis pasos son lentos y sin sonidos, no escucho a María ni los ruidos que provoca cuando está haciendo su trabajo. Estoy cerca de la sala y el nudo en el pecho no me deja respirar con normalidad.

—¿Vas a salir, niña? —Doy un salto del espanto y temo girarme. Siento su presencia detrás de mí y mis vellos se erizan. Asiento sin decir palabras ni mirar a su dirección, temo que note que la he descubierto—. ¿No me esperarás? Yo estoy de salida también —dice con serenidad y yo siento un frío extraño recorrerme. No sé si fueron las defensas de mi sexto sentido, pero me volteé y casi grito al ver la cara de María, tenebrosa y espeluznante. Sus ojos están llenos de un líquido negro que los cubren, su sonrisa es retorcida y malvada y energía oscura la rodea; parece un demonio de esos que salen en las películas de exorcismo.

Retrocedo por inercia y ella me sonríe de una forma que hela mis huesos. Quiero correr, pero mis músculos están tan tensos que no me ayudan. Es en este momento que mi corazón duele mucho por la ausencia de Lían, lo necesito conmigo, que venga a mi rescate. Estoy segura que él sabría qué hacer. Tengo la necesidad de gritar su nombre, pero no lo hago, en realidad, no emito ningún sonido. Solo la confronto con la mirada, quien me viera creyera que soy valiente y no le temo, pero la verdad es que estoy temblando del miedo.

—Me serás muy útil, chiquilla. El guardián ya ha demostrado que daría cualquier cosa por tu protección.

Ella ríe como una loca desquiciada y yo recupero mis movimientos. Me muevo rápido, pero ella aparece frente a mí. No sé de dónde saco tanta valentía, pero decido luchar para sobrevivir, claro, mi lucha es inútil porque ella utiliza sus poderes. Lanza un rayo oscuro sobre mí, todo pasa en cuestión de segundos. Aprieto la gargantilla pensando en Lían y de esta emana una gran luz que me transporta fuera de allí.

Caigo de golpe en un lugar rodeado de árboles, debe ser un bosque o algo así. Esto es demasiado desconcertante y frustrante. ¿Dónde estoy? Camino buscando una salida o una pista de dónde me encuentro, pero solo hay árboles y más árboles.

El sudor corre por mi frente provocando una insoportable picazón e incomodidad. Paso mi mano por mi piel y el escozor en los ojos me indica que estoy a punto de llorar. Se supone que debo encontrarme con Lían en Vitosha, pero no tengo idea de dónde estoy ahora. Una sonrisa se dibuja en mi rostro al ver un llano, por lo menos dejaré de ver tantos árboles y sentirme insegura de ser sorprendida por María. Corro, esperanzada de encontrar una salida, pero una voz conocida me hace parar en seco.

—Hola, Diana. —La rubia dice con una sonrisa retorcida—. ¿Vas a alguna parte?

***

Lían

Camino detrás del gran hombre que dice ser mi padre; Georgie es muy alto y su pecho es ancho y fuerte. Llegamos a un lugar solitario y él se arranca un cabello y lo tira a la nada, un hueco se abre y lo traspasamos, una vez adentro, el hueco se cierra detrás de nosotros. Camino observando todo a mi alrededor, aunque no hay mucho que apreciar, pues nos conducimos por un túnel oscuro que Georgie ilumina con una pequeña linterna. Minutos después una luz láser lo recorre y abre una puerta de hierro redonda. La traspasamos en silencio y una luz dorada abre un hueco. Entorno los ojos ante la exageración y lo sigo.

Estamos en otra dimensión, estoy muy seguro porque yo solía hacerlo para proteger las lágrimas. Esa es la razón por la que nunca pude rastrear el Zafiro azul. Él me mira con una sonrisa de suficiencia y orgullo y una lágrima recorre su mejilla, me siento extraño, como si esa lágrima significara más que un logro familiar o la felicidad de ver a tu hijo realizado; esa lágrima es de un objetivo que nunca se cumplió, de algo incompleto y de arrepentimiento. De culpa y dolor. Mis ojos se cristalizan y quiero maldecir, no entiendo por qué demonios tengo ganas de llorar, ¿desde cuándo actúo como niña?

—Algo no está bien… —Georgie rompe el silencio con palabras temblorosas—. No lo siento real, Andrey. Algo no encaja, siento el mismo vacío de hace tres años, siento la misma tristeza, aunque estés delante de mí. ¿Qué sucede hijo? ¿Por qué se siente tan irreal? ¿Por qué me da la impresión de que ya no estás?

Miro a Georgie desorbitado. ¿De qué rayos está hablando?

***

Corro desesperado y espero que Diana esté a salvo. ¿Cómo no pude notarlo antes? Siempre tuve mis reservas con esa señora porque no me inspiraba confianza.

Llego a la casa y mi corazón se aprieta dentro de mí. Diana no está, tampoco la desgraciada de María. Solo espero que Diana esté en Vitosha como quedamos y no que...

Sacudo mi cabeza negando con agitación; no, ella está bien y nos encontraremos en la montaña para enviar una señal a casa.

***

Horas antes...

—¡Desgraciada! No escaparás por mucho tiempo. —María se quitó el broche y la apariencia de Aurora hizo presencia, desapareciendo María por completo.

—¿No eres mi mamá? —La voz desconcertada de Darina la sorprendió—. Eres Aurora, si tienes su broche significa... —Dos lágrimas rodaron por sus mejillas y Aurora hizo una mueca. La chica la había descubierto, por lo tanto, ella tendría que matarla.

***

Anka flotaba por encima del suelo mientras sonreía como psicópata. Diana abría y cerraba los ojos con sorpresa. ¿Anka era una Sapria? Al parecer, Lían y ella estuvieron rodeados del enemigo todo el tiempo.

—¿Sorprendida? —La rubia dijo con sorna.

—¿Qué quieres? —Diana la confrontó tratando de no temblar.

—Yo... —Puso un dedo sobre sus labios como si considerara algo muy difícil—. Pues quiero a Lían y tú me estorbas. Perdí mi primer amor por no acabar con el problema de raíz, esta vez será diferente. Te mataré y luego atraparé a Lían, y él será mi marido.

—¡Estás loca! —Diana escupió con ira—. ¡Él nunca será tu marido!

Anka rio como loca y Diana apretó los puños. Estaba cansada de todas esas malditas Saprias y sus obsesiones.

—Eres muy graciosa, vaquita. No perderé mi tiempo contigo, estoy ansiosa por ver a mi amado Lían. Morirás, desgraciada.

Anka movió sus manos y sus ojos se tornaron rojos. Lanzó rayos negros sobre Diana, quien saltaba de un lado a otro para esquivarlos. Un alarido de frustración salió de la boca de la rubia y reunió tanta energía como pudo, pero antes se aseguró de inmovilizar a Diana, quien flotaba por los aires. Le lanzó toda la energía y Diana cerró sus ojos con resignación.

—¡Maldita! —El chillido de Anka hizo que Diana abriera los ojos. Cayó en seco al polvoriento suelo y se quedó pasmada al ver a Darina y Anka luchando. La pelirroja era mucho más fuerte e hirió a su prima. La rubia desapareció al instante, escapando de su verdugo, quien no le daba tregua con los ataques. Diana empezó a temblar al ver que Darina caminaba en su dirección. Trató de moverse, pero ella la tenía paralizada. Su gargantilla brilló y Darina no pudo acercarse.

—¡No te haré daño! —Darina exclamó a gran voz al ver qué no se podía acercar.

Diana temblaba y las lágrimas salían sin control. Estaba asustada y no sabía en quien confiar, siempre admiró a Darina y se encariñó mucho con ella, no podía asimilar que ella era una de esas malvadas.

—Confía en mí, Diana. Quiero ayudarte, fui engañada por Aurora. Ella mató a mi madre y se hizo pasar por ella. Por favor, déjame mostrarte la verdad. Te llevaré a la realidad y te haré saber qué fue lo que realmente sucedió. —Darina rogó y Diana se relajó, pues se veía sincera. El brillo desapareció y Darina ayudó a Diana a levantarse. La miró a los ojos y la pelinegra se sintió mareada, sus fuerzas la abandonaron y ella ya no estaba en aquel lugar. Lágrimas mojaron sus mejillas por haber sido tan ingenua, otra vez.