Capítulo 46
—Entonces... —Leela lo miraba cruzada de brazos, moviendo un dedo sobre uno de estos al compás de su pie derecho, esperando una explicación.
—Bien... —El chico respiró resignado—. Quédate conmigo un tiempo. Nos ayudaremos mutuamente —sonrió malicioso.
—Me lo imaginé. Me estás usando como guardaespaldas —Leela lo miró molesta—. ¿Por qué te persiguen?
—Quieren esto —dijo enseñándole una memoria USB.
—¿Qué es eso?
—Es un dispositivo donde almacenas información.
—Oh... —Leela miró la memoria con curiosidad—. Se ve anticuada. En Zafiro usamos otro tipo de almacenamiento más avanzado.
—Entonces, tienen tecnología de dónde vienes —dijo con sarcasmo.
—Sí, mucho mejor que la que tienen aquí. Y el medio ambiente es sano. Nuestras ciudades son limpias y rodeadas de la naturaleza, no tenemos problemas con el tráfico ni con la basura. Reutilizamos y aprovechamos los desechos orgánicos para hacer energía. No existen los automóviles, como ustedes los llaman. Usamos el tren y las naves flotantes, pero nuestro medio de transporte principal son los caballos.
—¡Vaya! Entonces... ¿Vienes de Wakanda?
—¿Ah? —Lo miró confundida.
—¿No has visto a Avengers? Para qué pregunto —se auto contestó con sarcasmo.
—¿Qué información tienes ahí? ¿Y por qué ellos dicen que les pertenece? —Leela lo abordó con reclamo y sospecha en sus palabras.
—No les pertenece —respondió mirando el artefacto—. Es información confidencial de muchas empresas. Digamos que soy un genio cibernético y entro a lugares donde no debo por dinero.
—Lo que me estás diciendo es que eres un ladrón de información. —Lo confrontó con la mirada.
—Yo no lo llamaría robar... Esos hombres son mafiosos y a los caza fortunas les interesa mucho ese tipo de data, ellos me pagan y la policía les paga a ellos.
—Pero, dijiste empresas —Leela cuestionó con recelo.
—Empresas fraudulentas. —Sonrió—. Y es aquí donde nos ayudaremos mutuamente. Esta información es muy importante porque pertenece al lavado de dinero más grande de la ciudad. Lo único que debo hacer es entregarla al detective Queen sin que me maten. Créeme que lo he intentado varias veces, pero esos mafiosos me han puesto trampas y nunca doy con el detective. Entonces, tú me proteges hasta que yo termine este trabajito y me vaya del país y yo te ayudo con tu problemita. Es posible que no estés tan loca como pareces y haya algo oculto que te ayude a recuperar tu vida. Yo soy un artista en descubrir lo oculto. Te daré toda la información que necesitas y tú me cuidas. ¿Qué dices Supergirl? ¿Tenemos un trato? —La escudriñaba con una sonrisa mientras extendía su mano para cerrar su propuesta. Leela lo miró con sospecha, pero hasta el momento era su única opción. Y fue así como un apretón de manos cerró el acuerdo entre ellos.
***
Un mes después...
Una pelirroja embarazada entró a una empresa y fue se paró frente a la recepcionista respirando con agitación. La chica rubia y bien vestida la miraba con extrañeza y de mala gana le preguntó si tenía una cita. La pelirroja arrugó el rostro y lágrimas empezaron a salir de sus ojos, al mismo tiempo en que su respiración se volvía más agitada.
—¿Está bien, señora? —La chica se levantó de su asiento con preocupación.
—Creo... —Respiró con dificultad—. Creo... que ya viene… —La recepcionista miró por todos lados como buscando a alguien.
—¿Quién viene?
—¡Mi bebé! —dijo alterada para luego quejarse del dolor y encorvarse con las manos sobre su gran barriga. La recepcionista gritó por ayuda y al instante la mujer fue rodeada por todos los presentes y los aparecidos.
—¡Llamen al 911! —gritó un chico bien vestido mientras interceptaba a uno de los empresarios del lugar que venía saliendo—. ¡Va a tener a su bebé! —Volvió a gritar y el empresario corrió hacia la mujer. El chico aprovechó el caos para accesar al edificio con el carnet que le había quitado al hombre que interceptó, tuvo acceso a varios departamentos hasta que por fin llegó hasta su objetivo.
Sacó un celular y se apresuró a teclear unos números que desconectaron las cámaras del lugar. Se sentó en un computador y empezó su arte.
El chico salió del lugar y dejó el carnet sobre la recepción sin que nadie lo notara. Todo eso le tomó diez minutos. Llegó una ambulancia y la pelirroja dejó de llorar y removerse, se puso sobre sus pies y dijo:
—Falsa alarma. —Todos la miraron atónitos por unos segundos y empezaron a reclamarle. Ella se fue alejando lentamente y emprendió la huida. Nadie entendía qué sucedía y la confusión llenó el lugar.
Leela se quitó la peluca y la barriga falsa, acto seguido dejó salir un suspiro. Estaba en la habitación de un hotel sentada sobre la cama cuando escuchó la puerta abrirse. Jeff entró vestido de ejecutivo y con una sonrisa de satisfacción en la cara.
—Estás loca. —Rio divertido—. Pudiste dejarte subir a la ambulancia y no dejar aquel caos.
—Fue más divertido ver la cara de horror y sorpresa de aquellas personas —dijo maliciosa—. Bien, muéstrame lo que encontraste.
Él se sentó en un escritorio y encendió una laptop, conectó la memoria USB y abrió unos archivos.
—Esto te va gustar, Supergirl. —Leela se acercó a él y observó atenta la información frente a sus ojos.
—Eso es un diamante... —masculló como si tratara de recordar algo.
—¿Lo recuerdas? —El chico la miró a la expectativa.
—No...
—Creo que está relacionado contigo de alguna forma porque al parecer tiene que ver con la joya que llevas puesta. Dice que controla las llaves. Mira —apuntó hacia la pantalla—, según las instrucciones esa piedra es la tercera pieza utilizada por el maestro guía y que se utiliza en caso de que algo suceda con las joyas.
—¡Vaya! —Leela miraba la pantalla sorprendida—. Al parecer ellos la tienen en sus manos —suspiró—. Entonces, no solo debemos buscar la joya de Jing, ahora se sumó este diamante.
—¿Crees que él la tiene? —La miró con pesar.
—No lo sé. A veces no sé qué pensar. —Se sentó sobre la cama con tristeza—. Él... actúa como el enemigo.
—Tal vez él sea el enemigo... —El chico la miró con malicia.
—No, él no es el enemigo —negó como tratando de convencerse a ella misma—. Es solo que le borraron sus recuerdos y lo tienen manipulado. Yo voy a descubrir la verdad y lo voy a rescatar, entonces, regresaremos a Destello.
—Me gustaría que me llevarás contigo a tu mundo Wakanda, si es que en realidad existe —se burló.
—No quiero a un loco como tú en mi mundo. —Leela sonrió.
—Esa chica... ¿Cómo se llama? Ah... Diana Lawson —se acercó a ella—, parece ser tu reemplazo, todos dicen que es la nueva novia del CEO.
—Ella no es nadie —respondió con ira en los ojos—. Yo soy su esposa.
—Sí, como digas —respondió con sarcasmo—. Bueno yo cumplí con traerte la información de tus enemigos. Nos vemos luego, Supergirl. Trata de no meterte en problemas y sigue oculta.
—En todo este mes es lo que he hecho. Ni siquiera he buscado a Jing. No hay necesidad de que lo digas, imbécil.
—No te enojes, preciosa. —Meneó la cabeza con diversión—. Siempre te pones irritable cuando hablamos de tu rival.
—¿Podrías dejar de hablar de esa mujer? Jing es mi hombre, así que ni ella ni nadie es mi rival —dijo echando chispas.
—Como digas, Supergirl. —Sonrió malicioso—. Me voy antes de que me mates —dicho esto salió de la habitación.
Dos lágrimas rodaron por el rostro de Leela, las cuales secó al instante tratando de recuperar la compostura. Trataba de ser fuerte, tenía que serlo por ella y por él. Entendía que Jing estaba engañado por ellos, por eso no lo había buscado. Él siempre se encontraba rodeado de esas personas y los espías lo mantenían vigilado. Todo ese mes había estado huyendo y colectando información. Sabía que había un jefe principal que pertenecía a Destello y fue quien provocó todo ese caos, pero aún no había descubierto quien era. Él tenía control sobre gran parte de la ciudad, siendo el que manejaba las mayorías de las empresas, incluyendo aquella donde ellos habían irrumpido y encontrado la información del diamante. Al principio, ella pensó que Dimitri era el causante de todo, pero al parecer, Dimitri estaba en Destello y ya no tenía lazos con Petra. Aquel mes había sido difícil, no obstante, estaba aprendiendo a moverse en ese mundo. Le fue difícil entender que aquel lugar no era Destello, pero más difícil le era no saber cómo llegaron allí ni de qué manera regresar a casa.
En todos los medios de comunicación hablaban sobre la relación de Edward Anderson y su nueva editora, Diana Lawson; una mestiza de cabello rizado que no se le despegaba de al lado. Aquello tenía a Leela desubicada y nerviosa. Ella miró una foto que Jeff le sacó al CEO en un evento y se la regaló para calmar sus ansias. Secó sus lágrimas y se acostó a dormir con la foto en el pecho.
***
—Aquí está la información que colecté hoy. —Jeff pasó una memoria a un hombre alto y de cabello castaño.
—Gracias. —Palmó su hombro—. Esto nos será de mucha utilidad —sonrió.
—Por cierto, la chica está más irritable que nunca. Nuestro jefe está siendo cruel. ¿Por qué no le dice la verdad y trabajan juntos en esto?
—Porque él quiere accesar a ellos. Por ahora es mejor así —sonrió y luego sacó dos sobres.
—Ésta es tu paga y esto es...
—Lo sé —lo interrumpió—, es la manutención de la chica —dijo con burla.
—Como sea que lo llames, a ella no le puede faltar nada. Él no quiere que tenga carencias. Se preocupa mucho por esa mujer.
—¿Qué insinúas? —preguntó haciéndose el ofendido—. Siempre le doy todo su dinero. Bueno, esperaré tus instrucciones. —El hombre asintió y cada quien tomó su camino.
***
Leela estaba caminando por las soleadas calles entretenida con las personas de la ciudad. Llevaba una peluca rubia y vestido estampado floral de silueta fluida con mangas largas y hombros descubiertos. Se sentó sobre un banco que había en un parque y alguien tomó asiento a su lado.
—Hola, Nora. —El mestizo la saludó con una sonrisa en la cara.
—Te he dicho que no me llames así, Marcos.
—Lo siento..., Leela. Es la costumbre.
—Ya han pasado tres semanas, deberías acostumbrarte.
—Está bien, discúlpame.
—¿Has encontrado algo? —Lo miró ansiosa.
— Sí —contestó sacando un papel brillante de su portafolio, luego se lo pasó a Leela, quien empezó a leerlo.
«Leela, estamos buscando la forma de accesar a aquel mundo. Como ya sabes quién eres es más fácil comunicarnos contigo. Dimitri logró abrir un espacio, otra vez. Sé que será extraño para ti, porque no has recuperado todos tus recuerdos, pero él nos está ayudando para que podamos accesar y ayudarte. No puedo darte más información. La energía de la fuente no me lo permite. Debes ir a las cercanías de las montañas. Allí se abrirá un espacio dimensional donde haremos que recuerdes».
—¿Dimitri? No sé si deba confiar en este manuscrito —negó con duda.
—Es el mismo tipo de manuscrito que hemos recibido, Leela. Obtuve las coordenadas en sueño y el lugar al que se refieren es el mismo a dónde te fuiste de vacaciones cuando eras Nora. Sé que no lo recuerdas, pero estuviste allí con Edward.
—Por cierto. —Lo miró con ironía y tratando de ocultar los celos que la consumían—. ¿Cómo está el traidor de tu jefe? Me pierdo unas semanas y ya me encontró reemplazo.
—No digas eso. Esa mujer es una fachada de su madre. Según tengo entendido, ella trabajaba en la oficina principal y ellos son viejos amigos. No te voy a negar que ella está interesada en él, pero el CEO solo piensa en ti y en cómo encontrarte y llevarte a terapia para recuperar a su amada Nora.
—Ese idiota no entiende que no soy la tal Nora —se lamentó.
—Él no tiene la información que nosotros sí. Es por esto que debes seguir oculta, no debes buscarlo bajo ninguna circunstancia.
—Lo sé. —Bajó el rostro con pesar—. No entiendo por qué me repiten tanto lo mismo.
—Es que no queremos que todo se arruine. Sé que lo extrañas y que sufres.
—Debo irme —terminó el tema con desdén.
—Bueno, nos vemos mañana donde termina la ciudad. Te llevaré al lugar que te dije.
—¿Mañana?
—Sí. Según la información que recibí, van a abrir una brecha dimensional mañana. —Sonrió y se marchó.
Leela entró a una cafetería a comer algo donde se encontraría con Jeff. Se sentó en una mesa y ordenó un café con una rosquilla. Minutos después de llegar su orden, Jeff se sentó frente a ella.
—Toma tu paga —dijo poniendo un sobre sobre la mesa.
—No entiendo de dónde sacas tanto dinero —replicó con recelo—. No tienes que pagarme, puesto que tú también me ayudas. Además... —miró el contenido del sobre—, es demasiado dinero.
—Me pagan bien. —Sonrió—.También, la ayuda que te doy no vale lo que haces por mí. Me has salvado el pellejo decenas de veces y sin tu habilidad, no habría logrado tanto. Hasta encontré al detective Queen gracias a ti.
—Como digas. —Sonrió rendida
—Bueno, me voy. Tengo información que buscar, te llamo más tarde.
—Adiós —se despidió con una sonrisa. De repente, su corazón empezó a latir con agitación y su respiración se volvió un caos. ¡Él estaba allí! Edward se sentó en una de las mesas que estaban a su derecha, pero... no estaba solo. Su corazón se rompió en mil pedazos al verlo con aquella mujer. Estaban sentados de frente, sumidos en una amena conversación. Leela sintió un apretón en el pecho al verlo sonreírle con ternura y aceptar las caricias que ella le proporcionaba en las manos. No soportaba tanto dolor y ansiedad. Lo necesitaba y extrañaba demasiado. Los celos, la decepción y la tristeza la embargaron y solo quería pararse de allí y golpearlo.
—Jing, traidor de pacotilla. —Golpeó sus puños entre sí—. ¿Por qué me haces esto? ¿Ya no me amas? —Dos lágrimas recorrieron sus mejillas. Se paró con rapidez de su asiento con su café en mano al ver que ella empezó a acariciar el rostro de él. Caminó hacia ellos y fingió haber tropezado, dejando caer el café sobre aquella mujer. Sabía que estaba mal, pero la rabia y los celos pudieron más que la cordura. La chica se levantó de su asiento espantada.
—Lo siento —Leela bajó el rostro en forma de disculpa mientras le daba la espalda a Edward, quien se había parado de la impresión. La chica empezó a limpiarse emanando chispas de la rabia.
—¡Debes mirar por donde caminas! —Ella reclamó con ira.
—Disculpe, no fue mi intención —mintió evadiendo la mirada.
—No hay problema, solo sea cuidadosa la próxima vez. —Edward cerró la conversación. Leela sintió la sangre arder entendiendo que este debió ser su objetivo, no ella, puesto que el infiel fue él. Se volteó hacia Edward con una mirada asesina y éste abrió los ojos de la impresión. No dijo nada y disimuló. Leela lo confrontaba con reclamo y disgusto, no obstante, él se comportó como si no la conociera.
—Gracias, señor —respondió entre dientes y con rabia—. No fue mi intención ensuciar a su novia —dijo con ironía.
—No se preocupe. —La miró con una sonrisa sarcástica—. Estoy seguro que no fue a propósito. —El sarcasmo fue muy obvio en su tono. Leela le volvió a dar una mirada asesina y se marchó con prisa, antes de que perdiera la paciencia y terminara cacheteándolo por cínico. Edward se quedó parado en su lugar, observando como ella se alejaba.
***
—No entiendo por qué cerró su consultorio. —Edward miró al anciano con curiosidad. Se encontraban en un lugar apartado y rodeado de árboles, adentro de una casa pequeña de madera, pero hermosa. Edward y él estaban sentados de rodillas frente a una mesa baja, tomando té. El anciano tenía los mismos rasgos asiáticos que él.
—Estoy viejo y cansado —dio un sorbo a su té—, es hora de un retiro. Pero eso no quiere decir que me olvide de ti. Anderson, no he podido encontrar una cura. Temo lo que suceda contigo después de que todo termine, si es que llega a terminar. —Edward lo miró confundido.
—¿A qué se refiere?
—Muchacho, tu compañera desató el caos. La naturaleza le dio una oportunidad porque no fue intencional. El problema es tu enfermedad. Provocará el tiempo de oscuridad si no encontramos la cura. Hay algo que debes saber, sin embargo, no debes contarlo a nadie, en especial a ella. Esa muchacha tiene que aprender a resolver ciertas cosas por su cuenta, para que pueda acoplar su comportamiento y reacciones a las reglas de la fuente. Sé que estás confundido ahora, no obstante, debes seguir mis instrucciones al pie de la letra, aunque no entiendas.
Edward asintió con asombro y confusión, prestando atención a todo lo que le decía su extraño doctor.
***
Leela se levantó temprano y se vistió con un pantalón lycra negro y una camisa larga de rayas azules. Recogió su cabello en una coleta alta, se puso unos botines y tomó una mochila, después de haberla enganchado sobre su espalda, dejó el hotel.
Horas después…
Ella se encontraba cerca del complejo turístico que estaba ubicado en el bosque, rodeado por aquellas majestuosas montañas a las afueras de la ciudad.
Jeff y Marcos se acercaron a ella y los tres fueron hacia el área montañosa. Se detuvieron al pie de la montaña y Leela sonrió al inhalar el fresco aire. Marcos empezó a hacer unas medidas mientras analizaba los manuscritos.
—Me siento como un loco. —Jeff dijo con sorna—. Todavía no sé qué hacemos aquí.
—Nadie te invitó. Viniste por estar de curioso. —Leela lo miró fulminante.
Cuatro horas después...
—Tengo hambre —Jeff se quejó—. Y debo agregar lo aburrido que estoy.
—Puedes irte cuando desees. —Leela bufó hastiada, luego miró a Marcos con desesperación—. ¿Estás seguro de que recibiste la información correcta? —indagó con duda e incredulidad.
—¿Te vas a unir al club de “no te creo lo que dices”? —se quejó posando su mirada llena de reclamo de ella hacia Jeff—. Puede suceder en cualquier momento —contestó con un poco de temor, tratando de que esas palabras lo convencieran más a él que a ella.
—Si tú lo dices... —Leela balbuceó en un bufido.
—Esto me pasa por seguirle la corriente a gente demente —Jeff se quejó—, moriré de hambre y aburrimiento en este... —No terminó la frase, pues se quedó atónito mirando como el cielo se oscurecía de repente—. ¿Q-Qué rayos?
Marcos se levantó con emoción al ver la luz brillante aparecer.
—¿Por qué se oscureció de repente? —El chico preguntó desconcertado.
—¿De qué hablas? —Marcos inquirió extrañado—. Está muy iluminado aquí.
Jeff abrió los ojos, los frotó con violencia para aclarar su vista y empezó a ver una pequeña luz en el cielo, luego escuchó un susurro.
—No eres Destellano. Tu mundo está en caos y a punto de ser destruido si los guardianes no cierran la brecha y regresan todo a su estado original—. Jeff miró por todos lados buscando la voz, pero no veía a nadie más que a Leela y Marcos. La voz era suave como el silbido del viento y sonaba más como un susurro. Él se espantó al ver el cielo iluminado y casi corre al percatarse de que la cadena de Leela estaba brillando.
—¡¿Qué rayos?! —espetó alejándose de ella mientras que Marcos se acercó con curiosidad y emoción. Leela fue suspendida en los aires y empezó a flotar por encima de ellos rodeada de aquella luz brillante. Jeff la observaba con asombro y temor, mientras que Marcos la miraba maravillado de lo que sus ojos veían.
De repente la mano de Marcos empezó a brillar también. Miró incrédulo sus nudillos y un anillo en su dedo mayor desprendía un gran resplandor. Cayó de rodillas y se desmayó.
—¡Oh por Dios! —Jeff gritó aterrado—. ¿Qué hago? —Sacó su celular para llamar a alguien, pero este dejó de funcionar, entonces la luz lo rodeó y él se durmió.
Leela estaba suspendida en los aires, con sus ojos cerrados y sin movilidad en el cuerpo, entonces empezó a escuchar voces.
—¡Bien! Por fin Leela va a poder recuperar sus recuerdos. —Una voz conocida la espantó. ¿Ileana?
—Debemos devolverle ambos recuerdos. —Escuchó la voz de una chica más joven.
—Eli... —Leela susurró reconociendo a su amiga.
—¿Te refieres a los recuerdos de su vida en Destello y el tiempo que estuvo en ese mundo extraño con otra identidad? —¡Esa voz! ¿Estaba escuchando bien? ¿Ese era Dimitri? ¿Cómo era posible? ¿Por qué Eli e Ileana estaban con él? Un amargor recorrió su pecho y quiso tomar el control de su cuerpo, más su lucha era en vano. Sentía que no le pertenecía, como si fuera un alma que vagaba en el aire sin voluntad propia. Entonces vio oscuridad.