Chapter 27: Capítulo veintisiete
NARRA GISELLE.
Xavier detiene el coche frente al centro comercial a la vez que más atrás otros dos coches hacen lo mismo, los tres nos bajamos y cuando el resto también lo hace entramos y nos encaminamos todos juntos al piso donde está el cine.
Conversamos entre sí animadamente, por inercia mi mirada se va a la única persona que permanece callada unos pasos más delante de nosotros, parece mucho más tenso que antes, puedo notarlo fácilmente, así como también me doy cuenta que parece estar en otro mundo sumido en sus pensamientos.
Extrañada frunzo mi entrecejo y decidida trato de seguirle el paso, pero…
— Giselle —me llama Andrew, a la vez que su mano cubre la mía.
Aparto la mirada del rubio y la clavo en él, mientras los demás parecen no notar nada.
— ¿Sí?
— ¿Nos sentamos juntos al ver la película?
Su pregunta me parece un poco extraña, sin embargo, me encojo de hombros sin darle importancia.
— Si quieres.
En su rostro aparece una sonrisa de satisfacción.
— Claro que quiero, preciosa.
Otra vez vuelvo a mirar al frente buscando al rubio, pero noto que esté ya ha llegado a la entrada del cine y ahora nos está esperando.
A medida que avanzo hacia él su mirada cae sobre mí, no demuestra nada con su expresión seria, pero sus ojos delatan que esta furioso, también triste o eso me parece a mí.
Todos nos acercamos a él y al tenerlo de frente sus ojos viajan a un punto más abajo, veo el momento justo en que un musculo de su mandíbula se tensa y aprieta sus puños a su costado. Frunzo el entrecejo y sigo su mirada, es cuando noto que mis dedos siguen entrelazados a los de Andrew, por lo que me suelto de su agarre de manera rápida y un tanto brusca sin quererlo.
— ¿Pasa algo? —me pregunta, hundiendo las cejas.
Niego suavemente.
— No.
— Bueno, ¿y qué vamos a ver? —pregunta Louis.
— Acaba de estrenarse una película de…
— No veremos nada que tenga peleas, sangre y esas cosas —Claudia calla a Xavier.
— Podemos ver una de romance —propone Laura.
— Si eso, eso —Claudia la apoya.
— O una de misterio —dice Louis.
— No me gustan esas —opina Andrew, haciendo que todos los ojos se claven en él.
— Pues de malas —habla Samuel por primera vez desde que llegamos—. Esa es la que veremos.
Andrew tensa la mandíbula y sus ojos se clavan en los míos.
— ¿Cuál quieres ver tu? —me pregunta—. Ellos podrían ver la que quieran, mientras nosotros…
Desvío la mirada hacia mí prima, pidiéndole ayuda al no saber que decir ante su propuesta, pero es Claudia quien habla.
— Andrew deja de ser un intenso —se cansa Clau—. Vinimos juntos, así que juntos veremos la película.
— Pero…
— Lo que dijo, Clau —dice Laura, así que asiento estando de acuerdo.
— Entonces, ¿Cuál elegimos? —vuelve a preguntar Louis.
Media hora después.
Luego de que lográramos ponernos de acuerdo, decidimos ver una película de suspenso que estaba en estreno. Compramos las palomitas, refrescos y chucherías antes de pasar a la sala, todos nos sentamos en la misma fila sin intenciones de repartirnos por el lugar, y yo quedo en medio de Andrew y Samuel.
La película empieza y durante todo el trayecto no puedo dejar de mirar a Samuel por el rabillo del ojo, parece que estuviera en otro mundo, ni siquiera está pendiente de que ocurre en la película.
Me preocupa.
Cuando acaba la película salimos en orden de la sala, después del centro comercial y mientras todos platican sobre lo increíble que estuvo la película planeo como acercarme al imbécil de ojos lindos y preguntarle que le ocurre.
— La película estuvo genial, ¿no crees? —me dice Andrew.
Asiento sin tener ni idea de lo que ocurrió en toda la película por estar mirando a cierta persona.
— Otro día podríamos venir, o ir a donde tú quieras.
Nos detenemos donde todos han dejado los coches estacionados junto con los demás.
— Si, otro día —contesto—. Bueno…
— ¿Ahora si vendrás conmigo? —me pregunta.
Niego suavemente sin apartar la mirada del rubio que avanza hacia su automóvil.
— Luego.
Veo como Louis se sube al coche de Xavier, así que antes de que Samuel ponga su automóvil en marcha abro la puerta del copiloto y me subo sin más.
— Espero no te moleste que me vaya contigo —le sonrío.
Ante aquel gesto su expresión que anteriormente estaba completamente seria se relaja notoriamente, a la vez que la comisura izquierda de su labio se eleva en una media sonrisa la cual no le llega a los ojos.
— Para nada, fea.
Enciende el motor del coche y es el primero en poner al mismo en marcha, adentrándose en el tráfico de las calles de Los Ángeles. Se hace un silencio incomodo, me muerdo el labio inferior mientras miro a través de la ventanilla todo lo que vamos dejando atrás y pienso si sería buena idea preguntárselo de manera directa o no, hasta que…
— Pregunta lo que quieres preguntar sin miedo, fea.
Desvío mi mirada hacia él que permanece con los ojos clavados en el camino, mientras frunzo el entrecejo sin comprende como carajos supo que quería preguntarle algo.
— ¿Cómo sabes…?
— Simplemente lo sé —me corta, encogiéndose de hombros.
Tomo una bocanada de aire, luego lo expulso mirando hacia el frente.
— ¿Qué te ocurre?
Samuel permanece unos segundos en silencio, pensando tal vez si es buena idea contarme o no, llegamos a un semáforo en rojo así que detiene el auto y suelta un suspiro girando su cuerpo hacia mí.
— Mi padre.
— ¿Le pasó algo?
Negó suavemente.
— ¿Entonces?
— No soporto convivir con él.
— No se llevan bien —deduzco.
Samuel se acomoda en el asiento cuando la luz cambia y pone otra vez el coche en marcha.
— No —confiesa—. Nunca nos hemos llevado bien, tal vez sea porque nuestras personalidades son un poco parecidas y chocamos muy a menudo por eso mismo.
Mientras habla sin apartar la mirada de la carretera aprovecho para detallar cada una de las facciones de su rostro, notando ciertas cosas como los pequeños lunares que tiene debajo de la oreja y en la mandíbula.
— O porque es un hijo de puta —vuelve a decir, sorprendiéndome—. Que solo vive para engañar a las personas, presionarme y recordarme cuan patético soy.
— Samuel, es tu padre…
Negó con la cabeza.
— No lo considero como tal —dice—. Mi madre casi muere por su culpa, también la engañó con otra mujer, así que no puedo verlo como tal.
Mi boca se abre ante la sorpresa que me causa su confesión.
— ¿Tu madre…?
— La tumbo por unas escaleras —dice con rabia, noto como aprieta los dedos en el volante hasta que sus nudillos se tornan blancos—. Estaba borracho, no le importo una mierda y lo hizo porque mamá le estaba reclamando sobre la otra familia que tiene.
— ¿Otra familia? —repito, arrugando el gesto.
Samuel asiente con la cabeza.
— Si, otra familia —dice—. Aparte de mi tiene dos hijos más, uno es un año mayor que yo.
— O sea que engañó a tu madre mucho antes de que tu nacieras.
— Si.
— Vaya.
Recuesto la cabeza del asiento, asimilando toda la información y sigo sin creer que ese hombre sea capaz de empujar a su propia esposa por unas escaleras por tal cosa.
El silencio vuelve a reinar en el coche, aunque esta vez no es uno incomodo, pero dicho silencio desaparece cuando mi celular empieza a sonar dentro de mi bolso. Tal vez es mi madre, así que lo saco y noto que es un número desconocido el que está llamándome.
— ¿Pasa algo? —me pregunta.
Niego suavemente.
— Nada.
Solo para saber de quien se trata deslizo el dedo en la pantalla táctil y llevo mi móvil a la oreja.
— ¿Quién habla? —pregunto, frunciendo el entrecejo.
— ¿Giselle? —su voz al otro lado de la línea hace que me congele en mi sitio—. No me cuelgues, amor por favor…
— ¿Qué demonios quieres? —digo cada palabra entre dientes, sintiendo como la rabia se apodera de mí y siendo consciente de la mirada del rubio.
— Que arreglemos las cosas, cariño yo…
— Tu nada —le corto—. Déjame en paz, te he dicho que no quiero hablar contigo.
— Lo nuestro no puede terminar así, Giselle.
— Matías, tú mismo te encargaste de…
Callo de golpe con el inesperado frenazo que da Samuel, haciendo que me incline hacia adelante, por suerte traigo puesto el cinturón de seguridad o capaz saldría volando del coche.
Escucho como Matías me llama al otro lado de la línea, pero no soy capaz de responderle mientras veo como el rubio sexy que tengo al lado se gira hacia mí y me quita el celular de las manos, llevándoselo a la oreja.
— Samuel, ¿qué haces? —pregunto totalmente confundida—. ¡Devuélveme el celular!
— ¿Bueno? —dice él, ignorándome por completo.
Intento quitárselo, pero me coloca su mano en mi frente y estira el brazo para echarme hacia atrás y que no pueda quitarle mi móvil.
— ¿Qué quien soy? —dice, una sonrisa traviesa apareció en su rostro—. Samuel, novio de Giselle.
Ante esa oración mi corazón se paraliza, al instante dejo de forcejear con él, me quedo paralizada mientras abro los ojos tan grandes como dos faroles, al ver mi expresión él me guiña un ojo.
— Si tiene —dice, después de un momento en silencio. De aquí puedo escuchar los gritos de Matías—. Soy yo y hombre, estamos ocupados haciendo… ya sabes, cosas.
Su sonrisa pícara apareció en su rostro, totalmente divertido y siguió sin darle chance a que él dijera algo.
— Así que deja de una vez por todas tranquila a mi chica, esta conmigo ahora así que has como si no existiera, ¿vale? Adiós.
Colgó la llamada y me entrego el celular sin borrar la sonrisa de su rostro, mientras lo que ha dicho permanece en mí cabeza.
Suena bien, he de admitir.
— ¡Estúpido! —golpeo su brazo—. ¿Por qué le has dicho que nosotros...?
— ¿Somos novios? —enarca una ceja, divertido.
— ¡Lo otro!
— Una mentirilla no le hace daño a nadie —se encoge de hombros—. Además, no quieres que te siga molestando, ¿cierto? O, ¿te pones así porque todavía lo quieres?
— Lo quiero, sí —asiento con la cabeza, haciendo que él borre la sonrisa de golpe—. Pero a metros de mí. Después de lo que hizo no quiero saber nada de él, menos de quien creí era mi mejor amiga.
— ¿Te duele todavía su engaño?
Asiento con la cabeza.
— No por él, porque en realidad siento que no lo quería realmente —confieso—. Si me duele todavía es por la traición de mi ex amiga, solo por eso.
— Son unos idiotas, ambos —dice, mirándome a los ojos—. Y no saben que por engañarte se están perdiendo de compartir con la persona más increíble que existe.
— ¿Con la persona más increíble que existe? —repito, sintiendo esa extraña sensación nuevamente dentro de mí.
Samuel permanece unos segundos más mirándome directamente a los ojos, no dice ni una palabra durante ese tiempo. Después desvía la mirada hacia el frente a la vez que dice:
— Hemos llegado —desvía el tema, haciéndome sonreír por inercia.
— Tu también eres increíble, Samuel —las palabras salen por si solas de mi boca.
No espero a que el rubio diga nada, ni siquiera lo miro cuando desvía su mirada hacia mí. Abro la puerta del coche y me bajo cerrándola detrás de mí, avanzo hacia el edificio escuchando como el rubio sale de su coche y camina a mis espaldas.
Entro primero al edificio, saludo al vigilante con una sonrisa y voy al elevador, las puertas se abren así que entro sin dudarlo, cuando pienso que se cerraran el imbécil de ojos lindos se apresura a entrar, posándose frente a mí.
Lo miro directo a sus ojos que me resultan fascinantes, y noto que también está mirándome a los ojos, así estamos durante breves segundos y cuando decido abrir la boca para decir la primera estupidez que me venga a la mente Samuel se abalanza sobre mí, llevándome hacia atrás hasta que toco la pared metálica del elevador con mi espalda y, sin previo aviso, une sus labios con los míos.
Miles de sensaciones abarcaron mi cuerpo en el instante que siento sus suaves labios moverse sobre los míos, por un instante me quedo sin hacer nada hasta que le correspondo el beso puesto a que esto lo quería desde hace mucho.
Siento como mi corazón late cada vez con más fuerza, queriendo salirse de mi pecho y una corriente recorre todo mi cuerpo hasta terminar en un solo punto cuando siento sus dedos meterse por debajo de mi suéter y acariciar mi piel en círculos.
Quiero más, mucho más y por ello rodeo su cuello con mis brazos con la intención de acercarlo más a mi cuerpo. Él entiende lo que quiere, y sin apartarse de mí me alza un poco cosa que aprovecho para rodear su cintura con mis piernas sintiendo como mi cuerpo arde con el deseo que acaba de prenderse dentro de mí.
Su lengua se abre paso en mi boca para subir de intensidad aquel beso, mientras sus inquietas manos se movieron, una le dio un apretón a mi trasero que me hace soltar un quejido sobre sus labios mientras la otra acaricia de arriba abajo mi mulso izquierdo.
— No pares —jadeo, sin apartarme de él.
— No pienso hacerlo —su voz sale ronca, mientras su pecho sube y baja de manera agitada.
Esconde su rostro en mi cuello haciéndome arquear la espalda para que tenga mejor acceso, y deja besos húmedos allí mientras su mano escurridiza se cuela por dentro de mi falda, haciéndome jadear cuando me acaricia mi intimidad sobre la fina tela de las bragas.
Lo siento sonreír sobre mi piel a la vez que aparta la tela de las bragas, estremeciéndome cuando siento como introduce un dedo dentro de mí.
Un gemido se escapa de mis labios cuando empieza a mover su dedo en círculos, después introduce uno más y debo morderme los labios para no jadear tan fuerte, aunque me gustaría.
De manera brusca tomo su cara y lo beso, demostrándole cuan existida estoy por medio del mismo. Él sonríe sobre mis labios, correspondiéndome con la misma hambre y aumenta el ritmo de sus dedos, haciendo que jadear sin parar y enrede mis dedos en su suave cabello siendo víctima de todo el placer que estoy sintiendo en estos momentos. Y, de pronto, otro gemido se escapa de mi boca a la vez que arqueo la garganta cuando estallo en éxtasis.
Se separa un centímetro de mí y saca sus dedos de mi interior, respiro con dificultad sin apartar mi mirada azul grisácea de la suya.
Me coloca en el suelo sin decir nada, sólo mirándome y lleva los mismos dedos a su boca, los chupa frente a mí, encendiéndome por dentro. Y de pronto las puertas del elevador se abren, indicándonos que hemos llegado a nuestro piso.
Abro la boca para decir algo, aunque nada se me ocurre después de esto, pero pronto siento sus labios nuevamente sobre los míos, esta vez en un gesto mucho más tierno.
Se separa de mí dejándome con ganas de más, muchas cosas más. Da un paso hacia atrás, acomodándose como puede el abultado miembro que se le nota de sobremanera y sonrío por inercia al saber que no soy la única que después de estoy tendrá que tomar una ducha fría, muy fría para calmar las hormonas.
— Buenas noches, Giselle.
— Buenas noches, Samuel.
Él me da una media sonrisa que me mueve todo por dentro antes de marcharse, y si antes no estaba segura de nada, ahora lo estoy.
Empiezo a sentir cosas por él.
Me estoy enamorando.