Nikolai Nóvikov (Extras) Parte 3

Nueva York, Estados Unidos. Abril 4 de 2002

Presiono el émbolo de la jeringa para asegurarme de que no tenga aire y ella estira su brazo para que la inyecte. Esto no me agrada para nada pero si no le permito drogarse se vuelve agresiva e imprudente. Se vuelve loca y algo psicótica, en realidad. Le doy acceso a drogas bajo estricta vigilancia. Prefería no tener sexo con ella en ese estado, es desagradable, una persona sin voluntad que no responde a tus estímulos.

Cuando estaba sobria, no del todo pero por lo menos solo consumía alcohol era muy apasionada y se dejaba llevar por mí y por el momento, aprendí a apreciarla durante estos meses y me divertí bastante. Fue un soplo de aire para mi depresión y aunque sabía perfectamente que las similitudes con Lyubov’ eran pocas, no podía evitar resaltarlas cada vez que la miraba. Courtney se convirtió en una sustituta que evitaba que mi mente enloqueciera.

Penetre su pálida piel y deje que el émbolo se deslizara hasta el final. Escuche su gemido de placer, esto era lo que ella más amaba en su vida. — Disfrutarías mucho más si no envenenaras tus venas. — Trató de enfocarse en mí, me escuchó y tenía algo de conciencia. Saque la aguja de su brazo y la rompí al ponerle la tapa de plástico, estas cosas no debían andar por ahí. Las personas encargadas de su cuidado tenían órdenes estrictas de no rehusar las jeringas ni cualquier cosa que pudiera convertirse en una fuente de contagio.

— ¿A dónde vas guapo? — Me detuve a medio camino de la puerta, ella sabe que nunca la toco cuando está en ese estado. — Tengo negocios que hacer, tú descansa. — Hizo un puchero. — Pero pensé que venias para pasar un buen rato. — Estiró sus brazos hacia mí. — Ven con Courtney. Veras las estrellas… justo como las veo yo ahora mismo. — Comenzó a reírse como una tonta. — Tengo cosas que hacer.

Salí de la habitación y busqué al doctor Diatlov antes de irme. — Es momento de intentarlo otra vez, no importa que tan mal la pase con el síndrome de abstinencia. — Trago duro. — Como ya le dije, ella no solo necesita a un médico, necesita a un psiquiatra. — Por esto es que confío tanto en este hombre, como médico es excelente y no oculta nada, no se anda por las ramas. Cualquier otro médico estaría dispuesto a seguir mis órdenes sin preocuparse si es un error o no, este es uno de los pocos hombres que se atreven a contradecirme o decirme que estoy mal sin miedo y lo respeto por eso. — Su mente ya no tiene arreglo, quiero evitar que se haga más daño. Comienza el tratamiento y esta vez no la escuches. — Asintió. — Volveré pronto.

Nueva York, Estados Unidos. Junio 23 de 2002

— ¿Qué significa? — Volteo a mirarla, está dándome la espalda, ni siquiera se preocupa por cubrirse con la sabana. — ¿Qué significa qué? — Sé que está enojada, pero eso no evito que me dejara tenerla una y otra vez esta noche. Aun después de todo ese sexo alucinante tiene energía para seguir enojada, para quejarse porque no proveo sus vicios y porque sale poco de este apartamento.

— La palabra que repites una y otra vez mientras me follas. — Digo tantas cosas, siempre he sido alguien a quien le gusta expresar su placer mientras folla, gruño, hablo, gimo, en ocasiones grito. No sé a qué se refiere. — Leuboch… lioo… algo. — No puedo evitar tensarme. — Amor. — Pensé que se quedaría callada y no me molestaría, logró poner el dedo en la llaga sin siquiera saberlo pero no se detuvo ahí. — ¿Tan necesitado de amor estas? Lo buscas en el lugar equivocado.

Me levanto y comienzo a vestirme, no vengo con ella para escuchar estupideces, vengo con ella porque apenas y tolero estar con otras mujeres, especialmente con Yekaterina y ella por alguna razón es la que menos me desagrada. — No es amor lo que busco, por lo menos no contigo, estas aquí solo para que pueda descargarme. — Salgo con la camisa en mi mano y cierro la puerta detrás de mí.

He tenido que dar la orden de encerrarla en algunas ocasiones, cuando más histérica se pone, pero hoy simplemente la dejare vagar por el lugar. — Mis joyas. — Diatlov se acerca con el recipiente con mis joyas. — ¿Cómo está ella? — Me apresure a poner todo en su lugar, justo ahora no estaba de humor para ver o hablar con nadie, ella arruinó mi día. — Que se atiborre de sus venenos, no me interesa.

Se sorprende demasiado y antes de que pueda preguntar emprendo el camino a la salida. — ¿Señor? — Que insoportable. — Dale sus drogas, lo que te pida. Es su problema.

Nueva York, Estados Unidos. Septiembre 13 de 2002

— Está confirmado. Tiene aproximadamente cuatro semanas de embarazo, tal vez cinco. — Me quedé en silencio procesando esto, pensé que le estaban dando anticonceptivos. Y siempre use condón. — ¿Qué pasó? Teníamos claro que esto no podía pasar. — Mire los resultados, debía haber alguna equivocación. — ¿Por qué paso, Diatlov? Te dije que esto no podía pasar Sergey.

El doctor estaba tan confundido como yo. — ¿Seguro de que usaste condón? A veces estabas más que ebrio. — Trate de recordar, tengo algunas noches con lagunas en mi memoria, pero pensé que podía controlarme, aun si no lo hice y olvide el jodido condón, ella toma anticonceptivos. — ¿Los anticonceptivos? — Grite. — Su cuerpo es un cóctel de drogas y alcohol, la última vez me pidió ácido, está volviéndose loca con el LSD últimamente, algo pudo hacer que fallaran.

— ¿Por qué sucedió? ¡Blyád! — Todos se alejaron al verme tan alterado, con razón porque le arrancaría la cabeza al primero que agarrara. — Señor, sabe tan bien como yo que ni siquiera los anticonceptivos son cien por ciento seguros y efectivos. A veces los embarazos ocurren. Dios es…

— ¡No me hables de tu dios! Yo no tengo negocios con él, no lo metas en mis jodidos asuntos. — Caminaba de un lado a otro pensando en el enorme problema, ¿Cómo fue que todo esto se me salió de las manos? Debió ser durante la terrible borrachera de hace más de un mes. Luego de esa pelea con Yekaterina por los viajes de negocios o el tiempo que pasaba en el trabajo.

No es tonta y sabía perfectamente que la engaño, aunque si viaje hace un par de meses por un par de días para ver a Angel. — Lo siento señor, es solo que las cosas ya están hechas. — Yaroslav, que permaneció en silencio todo este tiempo, se acercó a mí y puso su mano sobre mi hombro. — Todo tiene solución, deshazte del problema y todo volverá a la normalidad.

Lo mire a los ojos. En los últimos tiempos había perdido un poco de mi respeto, sé que los años de experiencia lo hacen desear una mejor posición pero la única mejor posición luego de la suya, es la mía. Aun así se ha mantenido leal y obediente como debe ser pero a veces me arrepiento de tomarlo como sovietnik, sus consejos no son para nada agradables y comete errores, tal vez con el tiempo se haga a la idea de que yo soy el jefe, después de todo no podría sobrepasarme porque no tiene lo que se necesita.

— ¿Quieres que la haga abortar o que la mate? — No respondió pero sabía cuál era su respuesta. — ¿Por qué matar a mi bebé es un buen consejo, Yaroslav? — Su expresión me dijo que esto le disgustaba mucho más que cualquiera de mis decisiones. — Esto manchara tu nombre, no puedes permitir que eso suceda.

— ¡Yarik, ya no estamos en Rusia! Además si quieres traer las viejas costumbres pues entonces recuerda que el aborto también está más que mal. — Se enfureció y comenzó a gritar. — ¿Quieres arruinar tu imagen por una zuka y un bastardo? Ya es suficiente con uno, no necesitas otro. — Lo tomé por el cuello sin que pudiera hacer nada porque soy demasiado rápido para él, sus días en la KGB terminaron hace mucho y es un anciano lento. — Vuelve a hablar así de mis hijos y obtendrás una bala en el cerebro ¿Entendido? — Asintió como pudo y lo solté. — Ese bebé es mi sangre, no voy a matarlo porque no puedas mantener tus prejuicios para ti mismo.

— Haz lo que quieras, estás yendo directo a tu destrucción. — No iba a avergonzarme frente a mis hombres. — Escúchame Yarik, gracias a mi este negocio ha crecido más rápido de lo que cualquiera legal o ilegal lo hace normalmente, triplique las ganancias tanto en los legales o ilegales, ganas mucho mejor que otros sovietniks, nuestra célula tienen muchas más facilidades y contactos que cualquier otra célula de la Bratvá. Si vuelves a cuestionarme terminaras en un agujero y hablo en serio, puedes tener una historia con mi familia, pero no eres mi familia y no te necesito para hacer dinero. ¿Quieres vivir? Obedece y sé un buen sovietnik.

Se quedó en silencio pero estaba visiblemente más afectado. — ¿Entendiste? — Tomó su pañuelo y limpió el sudor de su rostro. — Entendido, el problema es que tú no me dejas hacer mi trabajo. — Me reí. — Tú eres solo una formalidad, no has sido de gran ayuda en estos tiempos. Vuélvete útil y asegura tu puesto en la organizatsiya.

Asintió y luego se fue, tendría que arreglar todo este desastre. Ella tendría que permanecer limpia, aunque tuviera que permanecer encerrada permanentemente. No quería hacerle eso pero no permitiría que mi bebé naciera con problemas debido al consumo de su madre.

Nueva York, Estados Unidos. Noviembre 24 de 2002

— ¡Maldito! Te odio, voy a matarte. — Lanzaba todo a su paso, por suerte ordene que mantuvieran el mobiliario al mínimo para que no encontrara la forma de hacerse daño. — Courtney, tranquilízate. Todo estará bien, esto es por nuestro bebé, solo quiero cuidarlos a ambos.

— ¡No! Esto es secuestro, es secuestro y cuando escape voy a decirles a todos lo que me haces. — Comenzó a reírse como loca. — Todos sabrán que te gustan las niñas, las dulces e inocentes niñas y que les das drogas para luego encerrarlas y quitárselas, para que sufran y te supliquen por más y luego embarazarlas. — Ni siquiera me había fijado en su edad, no supe que tenía quince hasta hace poco. — ¡Ya basta! Tranquilízate, es solo la abstinencia, en algún momento pasará.

— ¡Quiero algo! Lo que sea, por favor. — Dejó de lanzar cosas y se tiró al suelo, se arrastró hacia mí. — Haré lo que sea, suplicare. — Estaba tan desesperada pero nada de esto me haría cambiar de opinión, si quería drogas tendría que esperar hasta después del parto, no me importaba lo que sucedería luego de eso.

— Courtney, esto es bueno para ti. Estarás totalmente limpia pronto. No más drogas en tu organismo y te sentirás bien. — La levanté del suelo. — Te sentirás mejor y me lo agradecerás. — Acaricie su rostro y su cabello, mientras ella asentía sin dejar de llorar. — Será lo mejor para nuestro bebé, ¿Lo sabes? — Empezó a calmarse. — Sí, lo sé. — La bese delicadamente. — Todo estará bien ahora, voy a cuidarte y seremos felices.

— ¿Y tú esposa? Ella va a enojarse.

— ¿Quieres ser mi esposa?

Se rio. — No, pero ella se enojara porque a las esposas no les gusta que otras mujeres estén con sus esposos. — Esta vez el beso duró más. — No importa, ella sabe que no la amo, que nuestro matrimonio es solo por conveniencia. No voy a dejarte ni a mi bebé. Conocerá a sus hermanos y será muy feliz, al igual que tú. — Asintió y se aferró a mi como su fuera su salvavidas.

Sabía que el encierro no le hacía bien, que necesitaba luz del sol y algo de ejercicio, su embarazo es riesgoso pero debe caminar, así que sale al ventanal del apartamento o camina por los pasillos del edificio mientras la vigilan, puede usar el ascensor pero solo puede bajar hasta el segundo piso, jamás al primero.

— Vamos a estar bien. — La abrace y ella puso su cabeza sobre mi pecho. — Sí, estaremos bien. — Sería difícil pero me aseguraría que estuvieran bien, trataría de ayudarla pero se lo testaruda que es, por ahora haría lo posible para cuidarla.

Esto le haría muy bien a Angel. Tener un hermano o hermana que no tiene relación con Yekaterina le haría saber que no estaba solo y que yo los cuidaría y amaría a él y a todos sus hermanos por igual. Aun no sabía si era niño o niña porque no dejaba ver sus partes en el ultrasonido, se cubría como si quisiera darnos una sorpresa más tarde, pero sea lo que sea amaría a ese bebé, ya lo hacía.

Nueva York, Estados Unidos. Enero 7 de 2003

— ¿Qué sucedió?

— Señor, no es nuestra culpa. Ella debía estar encerrada y esta mañana ya no estaba, el cuarto estaba cerrado pero al entrar con el desayuno se había ido.

Esto no podía estar pasando. Se escapó con mi hija. ¿Qué iba a hacer? Justo ahora no me importaba ella, podía hacer lo que deseara luego del parto, la dejaría libre, le daría dinero para que comenzara una nueva vida o para que se drogara, yo solo quería a mi hija.

— Lo siento mucho señor. Yo no sabía… no entiendo cómo.

— Cállate Sergey. Eres un doctor, no un sabueso. Estás aquí para cuidar su salud no para asegurarte de que no haga ningún acto de escapismo.

Sergey Diatlov ha sido el mejor hombre que mi dinero podría pagar, confié mi vida en él y la volvería a confiar las veces que sea necesario. No podía culparlo por esto. — ¿Qué cree que sucedió señor? — No lo sabía, pero lo averiguaría. — Vamos a averiguarlo. Quiero aquí a Yaroslav y Oleg, que pongan recursos y gente para buscarla. Quiero que aparezca lo más pronto posible o comenzare a cortar cabezas y no es en sentido figurado.

Nueva York, Estados Unidos. Abril 27 de 2003

— ¡Son unos inútiles! Dije que la quería lo más pronto posible. Mi hija debe estar a punto de nacer o tal vez ya nació. ¿Por qué no pude acariciar el vientre y ver cómo crecía? Malditos inútiles. — Tire todo del escritorio de mi oficina. Sé que no era el mejor lugar para hacer esto pero es mi maldita compañía y yo hago lo que quiera en ella.

— Desapareció. No hay rastro de ella, tal vez es mejor así. — Salte sobre Yaroslav y lo tome del cuello. — Tú quieres morir. Has mejorado pero sigues provocándome. Asegúrate que mis negocios funcionen, asegúrate que mis órdenes se cumplan, pero no me des órdenes o intentes cambiarlas.

Lo empujé y cayó al suelo, nadie se atrevió a ayudarlo. Justo ahora no me importaba lo que sucediera. — Yarik, por nuestra amistad. Sé un buen hombre, te he dado mucho. — Caminaba de un lado al otro desesperado. ¿Dónde estaba mi hija? — Lo siento, señor. Cambiare a partir de ahora. — Esperaba que lo cumpliera porque no podía permitir más faltas contra mi frente a mis hombres.

Nueva York, Estados Unidos. Octubre de 2003

— ¿Crees que se mantuvo limpia? ¿El embarazo llego a término y bien? ¿Crees que mi hija este bien?

— No lo sé señor. Pero debo sacarle esas balas, tiene suerte de que no tocaran ningún órgano.

Deje que se hiciera cargo de mí, estaba cansado y dolorido, por suerte el vino a tiempo o también estaría mareado debido a la pérdida de sangre.

Nueva York, Estados Unidos. Julio 25 de 2009

— Justo ahora yo estaría jugando con mi hija, la llevaría a pescar con sus hermanos y le compraría ropa, juguetes y todo lo que me pidiera. Es mi primera hija y ni siquiera pude verla nacer, mi niña habría sido muy consentida igual que sus hermanos.

Recuerdo el día en que por fin supe que sería una niña. Lo emocionado que estaba cuando Sergey por fin pudo verlo en el monitor del ultrasonido. Llore de alegría. Días después su madre desapareció y la alegría se fue con ella porque ya no tenía a mi hija.

— ¿Crees que la encontraré algún día?

— Espero que sí señor. Escucharlo lamentarse tanto cuando está sedado es desagradable, me agrada más cuando está gritando e insultando. — Siempre podía confiar en que él sería más que sincero. Los rusos somos sinceros porque así es nuestra cultura, pero cualquiera que esté en este negocio sabe que no debe ser tan sincero con los altos mandos, especialmente con el Pakhan. Este hombre decía todo lo que pensaba de mí.

— Mi bebé. — No pude contener la emoción. — Por favor, no haga eso. Por eso le dije que debía conseguir otro anestésico, la morfina es una mierda. No llore, es un hombre fuerte, puede hacer más bebés cuando lo desee. — Seguí llorando. — Yo quiero a mi hija ahora.

Nueva York, Estados Unidos. Noviembre 16 de 2017

Me molestaba tanto tener que hacer esta clase de cosas por esta mujer, pero debía mantenerla en un estilo de vida. Ella debía verse elegante y aparecer en los mejores lugares de vez en cuando. Eso no solo atraía a nuevos clientes, aseguraba que los actuales se mantuvieran en línea, funcionando con los objetivos de la Organizatsiya. Si veías tu pecado caminando libremente por los lugares que frecuentas, te aseguras de no cometer errores. El miedo era una buena manera de mantener el orden, ninguno de esos hombres quería que sus familias y amigos se enteraran de lo pervertidos que eran y por lo tanto harían todo bien para que Brenda y yo no los delatáramos.

Una cena en uno de los mejores lugares de la ciudad era demasiado lujo para ella, pero tenía que hacerlo, especialmente porque ella se estaba distrayendo últimamente. — No necesitas recordarme cual es mi trabajo, lo hago y muy bien. — Tome un trago de mi copa. — ¿Estás segura? Algunos de los clientes se quejaron. Estás distraída y eres fría ¿Qué pasa, Krystal? ¿Ver a tu noviecito te está afectando? Supéralo de una vez, si tiene a una nueva Zuka deberías aceptarlo y continuar con tu vida.

— Esa niña no significa nada. Él me ama, ella solo es un consuelo. — Me reí. — Los consuelos significan mucho más que la mujer que está en casa, te lo digo por experiencia propia. Te dan todo lo que la mujer que se supone es tu presente y futuro no está dispuesta a darte, aunque no la ames tampoco puedes dejarla ir.

Sabía perfectamente de qué hablaba. Mis palabras no eran vacías y sin sentido, tenían más significado que muchas de las cosas en mi vida. Courtney se convirtió en mi obsesión por mucho tiempo, a veces pensaba que era mejor dejar de buscarla pero yo quería saber sobre mi bebé, quería encontrar a mi hija. Aunque el amor por mí, Prekrasnaya no desaparecía debo admitir que Courtney la reemplazó en mi mente por mucho tiempo, la obsesión a veces te ciega.

— ¿Crees que una niña podría superarme y robarme lo que es mío? — Fingió pensarlo. — Si, por supuesto que sí. Para empezar dices que esa niña fue muy importante para él en su adolescencia. No subestimes un amor de infancia y lazos que se mantuvieron a través de los años. Esa clase de lazo no desaparece nunca, incluso después de la muerte.

Es estúpida, pensé que era inteligente pero con el tiempo me di cuenta que solo sabe usar su cuerpo para conseguir lo que quiere, usa muy poco el cerebro y se deja llevar por emociones y sentimientos más de lo que debería.

— Eres un maldito, aun quieres asesinarlo, me prometiste que podría volver por él luego de ese trabajo, lo logre, lo tienes en tu nómina ¿Qué más quieres que haga? Puedo volver con él y casarme. — Llame a uno de los meseros para que trajera más pan. — Quería que tardaran con la cena porque necesitaba averiguar cuáles eran sus planes, no me agradaba que pensara demasiado e hiciera cosas sin mi permiso y vigilancia. Podría estar planeando matarme o algo parecido.

— No me importa ese hombre en lo más mínimo, me importa que hagas bien tu trabajo. — Estaba furiosa y si seguía provocándola tal vez podría sacarle algo pero de repente se puso pálida y su expresión cambió a una de terror. — ¡Jack! — Me gire para mirar al hombre y todo mi mundo dio vueltas mareándome y confundiéndome

Ahí estaba. Como una aparición, como si ella hubiera regresado de entre las cenizas como un fénix, un fantasma que quería atormentarme. Tan hermosa y joven como la recordaba pero sus ojos...

Y estaba junto a ese maestro de cuarta tomándolo de la mano.

— Brenda. — No entendía qué estaba pasando, pensé que era un sueño o una pesadilla y tenía que recuperar el control. — Qué coincidencia, no esperábamos encontrarnos con amigos de Brenda. — El maestro me miró de arriba abajo, midiéndome. Mi posición no era la mejor pero justo ahora no podía levantarme, no sé si podría mantenerme en pie.

— Que grosera soy. — Brenda se levantó apresuradamente aún pálida. — Nikolai Nóvikov, él es Jack Mahoney. — Sonreí tratando de parecer menos amenazante pero lo suficiente para que reconociera mi poder, un hombre debía mantener el elemento sorpresa a su favor ocultando algo de su fuerza y poder, me quite los lentes para observar mejor la situación… y a ella. — Irlandés. — Los orígenes y cultura de un hombre significaban mucho. — Ruso. — Nuestras miradas conectaron, esta vez sin afán de ocultar nada, él es fuerte y dominante al igual que yo, sabe pelear y ganar y no acepta perder nunca, al igual que yo.

— No quiero interrumpir el concurso de miradas y meadas pero enserio tengo hambre.

Ella nos interrumpió con un comentario ingenioso, el estilo americano desbordando en sus palabras y no me importo en lo más mínimo, por fin encontré lo que tanto busqué y ahora no la dejaría ir, es tan adorable a pesar de su rudeza.

— Olvidaste presentar a la persona más importante, Brenda. ¿Cómo te llamas, Prekrasnaya?

— Menya zovut, Scarlett. — Supe que ellos estaban tan sorprendidos como yo, ella respondió en perfecto ruso, con algo de acento americano pero es algo que se puede corregir. — ¿Ty govorish po russki? — Pregunte en ruso demasiado encantado con la escena.

— Da*. — Sonreí como no lo había hecho hace tanto tiempo. — Creo que es mejor que nos vayamos a nuestra mesa. — Ese hombre trato de llevarla lejos, no podía permitirlo, me levante y la tome del brazo para evitar que se la llevara. — Por favor, quédense. Sería un honor que almorzaran con nosotros, después de todo no conozco a muchos amigos de Brenda y realmente me gustaría conocerlos. — Sabía que él quería negarse pero no me importaba, no dejaría que se fuera. — No creo que sea una buena idea. — Fue ella la que se negó y supe que estaba demasiado incómoda pero no me importaba. — No queremos interrumpir la cita.

— No se preocupen, será una… ¿Cómo lo llaman? Doble cita. — Le sonreí como solía hacerlo con Lyubov’ para que viera que no tenía malas intenciones, por fin la había encontrado y no quería volver a perderla, la tendría conmigo lo antes posible, después de todo ella es mi prekrasnaya.

Lyubov’: amor en ruso. Es un nombre femenino en Rusia que comenzó a usarse durante la época de los 90, luego de la disolución de la unión soviética.

Fuerzas terrestres: Es el ejército o fuerzas militares rusas, no explicare su estructura y como funciona porque es demasiado compleja debido al sistema particular que tiene la institución y también debido al tamaño del país porque al ser el país más grande del mundo deben proteger una extensión de tierra muy grande y por esto su estructura y forma es muy diferente a las fuerzas militares de otros países.

Mayór: Equivalente en otros países a Mayor.

Starshiná: Sargento Mayor, equivalente en otros países a Sargento de primera clase, Sargento maestre o Sargento mayor.

Organizatsiya: Organización en ruso, pero los rusos dentro o cerca de organizaciones criminales y la mafia, usan este término para referirse a la organización ilegal.