Nikolai Nóvikov (Extras) Parte 2

Moscú, Rusia. Octubre 23 de 2000

— Angel, ven aquí. — Lo llame mientras me sentaba en el sofá. — El camino tímidamente y se paró frente a mí. — Conoce a tu hermano, Yuri. — Dije sonriendo. Parecía curioso pero como siempre, tímido. Aún no aprendía a hablar bien pero era normal en la familia, aunque siempre me queje de lo inútiles que parecían ser mis padres, sabía que tenían coeficientes más que excepcionales, pero papa se concentró en los negocios y mama dejo todo para criarnos.

Para niños con capacidades mentales tan grandes es difícil ajustar sus capacidades mentales con las demás, no saben hablar muy bien o no hablan a la edad que los demás porque su cerebro no puede traducir lo que hay ahí en palabras. Yo mismo pasé por todas esas dificultades y me sentí frustrado por demasiado tiempo, pero cuando crecí y adquirí el vocabulario suficiente para igualarlo con mis capacidades mentales todo fue más fácil.

— ¿Qué pasa? No tengas miedo, es tu hermano. — Me miro preocupado y luego al bebé, tal vez se sentía desplazado pero no quería eso. Sé que no soy tan buen padre como debería, soy distante y a veces solo quisiera olvidarme de que él existe, cada vez que lo miro la veo a ella y mi corazón duele. — Toma su mano con cuidado, sé que serás un buen hermano mayor y cuidaras de él.

Acerca su mano a la del bebé y al principio solo la rosa con sus dedos y se aleja otra vez. — Todo estará bien, Angel. — Le sonrió y él parece volverse un poco más seguro, lentamente y con cuidado toma la mano de su hermano y este aprieta uno de sus dedos con su pequeña manita. Angel observa con cara de sorpresa, como si no entendiera que pasa.

— ¿Yuri? — Sonrió. — Sí, Yuri. — Al parecer no es tan ajeno a la situación. Deja ver una pequeña sonrisa y me alegra que no sea indiferente con su hermano. Quiero que se lleven bien, los amo a ambos y no podría soportar una enemistad entre mis hijos.

Luego de pasar un rato con ambos, llevó a Yuri con su madre, es hora de alimentarlo y ya comienza a llorar, lo que preocupo un poco a su hermano. Angel me siguió de cerca hasta el cuarto de Yekaterina, donde la acomodaron en cuanto llegamos. — ¡Ahí están! ¿Dónde te llevaste a mi hijo? — Estiró sus brazos para recibirlo y yo lo puse con mucho cuidado en ellos.

— ¿Qué hace ese bastardo aquí? ¡Sal de aquí, bastardo! — Intenta lanzarle una almohada a Yuri pero se la quitó. La detesto tanto, pero la necesitaba y la necesitare por mucho tiempo más. — Angel, ve a tu cuarto. — Lo veo salir de detrás de la cómoda donde se encuentran los productos de belleza y joyas de Yekaterina. Corre a la puerta y luego desaparece.

— ¿Qué te he dicho sobre tratar así a mi hijo? — Tomó su mandíbula con una mano y aprieto lo suficiente para que le duela pero no para hacerle daño o dejarle marcas. — No vas a tratarlo así nunca más o me aseguraré de que seas tú la que sea echada como un perro de la habitación, de mi casa y de mi vida ¿Entendiste? — Parece que quiere llorar pero se contiene, reviso con mi mano libre que Yuri esté bien.

— Soy tu esposa ¿Cómo te atreves a traer tu vergüenza y pecado a nuestra casa? Ese bastardo no debería seguir con vida, debió morir junto con tu herma… ¡Ah! Me lastimas. — Soy yo el que tengo que contenerme para no desencajar su quijada, para no lastimarla por su ofensa. — No te atrevas a mencionarla de nuevo con tus sucios labios. — Susurro porque no estoy seguro de contenerme si grito. — Angel es mucho más mi hijo y heredero que el mismo Yuri. Ese niño es fruto del amor, lo nuestro nunca ha sido ni será real, eres una esposa por conveniencia y estuviste de acuerdo cuando firmaste cada maldito papel, el prenupcial, los papeles de custodia de cualquier hijo que tengamos y el maldito contrato matrimonial. — Las lágrimas caen por sus mejillas y me siento satisfecho de lograr romperla de alguna manera, aunque sea en espíritu. — ¿Por qué no lo intentamos de verdad? Yo siempre te he amado, Kolia.

La dejo libre y miro a mi hijo. — Aliméntalo, no quiero que nada le haga falta. — Ella lo aprieta contra su pecho con cariño, por lo menos tiene sentido materno y agradezco eso en silencio. — ¿Y el amor de su padre? Porque es obvio que ese bastardo se lo robara todo.

— ¡Deja de llamarlo de esa manera! — Grito contra su rostro. — No lo quiero en mi casa. — Ya no tenía paciencia. — No se irá, se queda con su padre como debe ser. Si dices algo más al respecto te enviaré lejos de aquí y me quedaré con Yuri, no podrás hacer nada.

Se quedó en silencio, lloraba. — Aliméntalo. — Obedeció y le dio pecho a Yuri, Salí de ahí y me dirigí a mi despacho. Mientras estoy en casa paso la mayor parte del tiempo aquí, a veces bebo pero prefiero no hacerlo, siempre tengo que estar al pendiente de mis negocios, de Yekaterina y de Angel. Luego de un par de horas revisando papeleo de empresas legales y haciendo planes para expandir mis negocios alguien toca a la puerta, la sirvienta que cuida a Angel entra y me preparo para escuchar el problema, porque solo eso tengo, problemas.

— El señor Góluveb ha llegado. — Me levanto para ir a recibir a mi socio, ahora que los negocios están avanzando pienso que podría convertirlo en mi Sovietnik, después de todo es él quien me ha estado introduciendo en los mejores círculos ya que mi padre se negó a hacerlo. Que mi padre y él fueran ex compañeros en la KGB era de gran ayuda, porque al ver que mi padre se negaba a ayudarme con mis planes a pesar de las amenazas, él se interesó en ellos y me ayudó como viejo amigo y casi familia que era. — Yarik, es un placer verte. ¿Cómo van los negocios?

— Muy bien. Conseguí que aceptaran reunirse contigo, tendrás tu oportunidad para hablar muchacho, no la desperdicies. — Sonreí, por fin tendría una oportunidad para hablar con un Pakhan, no quería hacer las cosas apresuradamente porque podrían terminar mal, pero si no actuaba perdería cualquier oportunidad.

— Pero no vine por eso. Tu hijo nació hace unos días y no he tenido la oportunidad de conocerlo. — Llame a la sirvienta y le ordené traer a Yuri. Cuando lo trajo me senté con él en el sillón cerca de la chimenea de la gran sala, Yarik se para junto a mí y lo observa. — Que pequeño es, apenas y recuerdo como se veían mis hijos cuando nacieron. — Sonreí, de verdad es pequeño, rosa y parece un embutido. — ¿Cuándo nació? — Lo vi abrir los ojos y me sentí el padre más feliz del mundo, es una cosa pequeña y hermosa. — Hace tres días.

— Mira a quién tenemos aquí, el hermano mayor. — Levanté la vista y vi a Angel. — Ven aquí, saluda a Yarik. — No quiso acercarse. — ¿Quieres ver a tu hermano? — Se dio la vuelta y se fue. No me agradó su actitud pero tampoco hice nada, no quería presionarlo demasiado.

— Es igual a ustedes y ya es todo un hombrecito. — Me dolió el recuerdo. — Sí, lo es. Digno hijo de su padre, rebelde y obstinado y tan tímido como su madre. — Quería que se callara, él no entendía cuánto dolía, no entendía por lo que pase pero aun así quería que dejara de recordármela.

Es el único que sabe la verdad sobre los orígenes de Angel, cuando ella desapareció para ocultar su embarazo mis padres no supieron actuar con naturalidad y yo estaba demasiado risueño pensando en un futuro con mis dos tesoros, en una noche de copas papa dejó salir más de la cuenta mientras se ponían al día sobre los últimos acontecimientos.

Se preocupó por ambos y nos ofreció apoyo, un apoyo que no recibimos por parte de nuestros padres pero era de esperarse, sus hijos cometieron incesto y se embarazaron. Si lo pensaba y me ponía en los zapatos de un padre normal al que le importaran esa clase de cosas, estaría aterrado con la posibilidad de un nieto por incesto entre mis hijos.

— ¿Te quedarás para la cena?

— Si lo permites.

Volví a llamar a la sirvienta y le dije que preparara todo para la cena, mientras esperábamos, hablamos sobre algunos de nuestros planes, sabía que en Rusia no podría prosperar, no como quería y decidí que lo mejor sería expandir mis negocios a américa, pero primero tenía que hacerme un nombre, convertirme en alguien importante dentro de la Organizatsiya.

Moscú, Rusia. Octubre 20 de 2001

La fiesta de cumpleaños de Yuri iba muy bien, mi bebé crecía sano y fuerte y es muy querido entre nuestros conocidos y amigos. Mama actúa algo extraño, parece distante pero no es ella la que me preocupa en este momento. Limito mi contacto con ellos solo a lo necesario, trato asuntos de negocios con mi padre y a ella solo la escucho cuando contesta el teléfono por casualidad.

Pero si hay alguien que me preocupa. Angel a estado alejándose cada vez más y más y el hecho de que no puedo darle una fiesta de cumpleaños como está por ser un supuesto bastardo de alguna sirvienta, es algo que me molesta pero no puedo solucionar. Yekaterina se encargó de hacerlo un paria entre nuestros conocidos, como hijo fuera del matrimonio apenas y goza de derechos, me molesta pero Rusia es conocida por sus tradiciones y no puedo ir en contra de ellas, no aquí.

Subo a su cuarto a buscarlo, al tocar la puerta espero un momento antes de entrar. Lo encuentro en su cama de espaldas a la puerta, parece no hacer nada pero sé que no está dormido.

— Angel ¿Pasa algo? ¿Por qué no estás en la fiesta? — No contesta ni se mueve, lo que realmente me molesta. Sé que es difícil para él hablar o expresarse pero sus maestros me han dicho que ha avanzado en matemáticas, como pensé, ha heredado la gran mente de mi familia.

Me siento en el borde de su cama y lo obligo a voltearse aunque forcejeo un poco. — Angel, sé que puedes hablar, tus maestros me han dicho que puedes comunicarte, difícilmente pero que entiendes y te haces entender. — Se calmó un poco. — ¡Quiero a mama! — Lo siento sobre mi regazo y lo abrazo para que se tranquilice. — ¡Mama! — Tengo que esforzarme para sostenerlo y evitar lastimarlo. — ¡Mujer mala!

He tratado de evitar que Yekaterina lo ataque pero cuando no estoy en casa no puedo hacer mucho. — ¡Llévame con mama! ¿Dónde está? — Me sorprende que aun recuerde a su madre, pero su muerte no es tan lejana. — No aquí, ya no más. Yo también la quiero de vuelta ¿Quieres estar enojado con alguien? Enójate con dios, con tus abuelos, con los hombres que nos la arrebataron, con el mundo ¡Pero no conmigo porque yo también la quiero de vuelta!

Lo levante y estruje sin darme cuenta y él comenzó a llorar. Volví a abrazarlo mientras yo también comenzaba a llorar. Esto no era fácil para ninguno de los dos, sé que debía extrañarla tanto o más que yo pero no podía hacer mucho.

Moscú, Rusia. Enero 15 de 2002

Fue ese maldito. Tres meses haciendo negocios, intentando ganarme su confianza, esperando convertirme en su sovietnik y luego trabajar para hacerme con el puesto de Pakhan. Todo este tiempo trabajando para él para demostrarle que podía hacerme cargo de este negocio y fue él el que ordenó que la mataran, fue él el que envió a esos animales que la violaron y destrozaron de tal manera.

Iba a matarlos uno por uno, pero primero necesitaba torturarlo, no por información, por placer, ese maldito sufriría lo que mi Prekrasnaya sufrió. Iba a destrozarlo como la destrozaron a ella. Justo ahora me encontraba afuera del restaurante en el que nos reuniríamos. Sería una charla de negocios, ya que necesitaban a alguien que se encargara de una naviera y una empresa de importaciones y exportaciones, planeaban que yo comprara una parte de la compañía y ellos otra para poder tener la mayoría del poder de decisión. No se imaginaban que la maldita compañía era mía ahora.

Baje del auto detrás de Yarik, estaba agradecido con él porque ha sido un gran apoyo los últimos tiempos, además fue quien descubrió quién había dado la orden de matar a Lyubov’ y a Angel. ¿Qué habrían hecho con él si ella no lo escondía? No habría podido sobrevivir a tal cosa, porque la única razón para no suicidarme y seguir a mi prekrasnaya al otro mundo fue nuestro hijo.

Entramos al restaurante que había sido cerrado por nuestra reunión y lo vimos sentado en la mesa que estaba justo en medio del lugar, con un par de sus hombres detrás de él. — ¡Kolia! Qué bueno verte. — Sonrió y se levantó de la mesa, vino a recibirme, estire mi mano para saludarlo. — Vasiliy. — Se sorprendió. — ¿Por qué tan formal? Nos conocemos desde hace tiempo, dime Vasya. — Solo asentí, no pude fingir ni siquiera una sonrisa.

— Tú eres la personificación del estoicismo ruso. Nada, ni siquiera una pequeña emoción. — Volvió a sentarse y nos invitó a Yarik y a mí a la mesa. — Pronto traerán todo, disfrutemos del vodka mientras hablamos. — Uno de sus hombres nos sirvió el vodka y volvió a alejarse. — Déjame decirte que tu padre ha estado algo preocupado, dice que te estás desviando del camino. ¿Por qué insistes en entrar a nuestro negocio? Ganas suficientes beneficios en donde estas ahora.

Me había hecho con una pequeña cadena de televisión local, dos periódicos y una estación de radio; además de otros pequeños negocios que siempre dejaban efectivo, lo cual era muy necesario para solventarme en estos momentos. Siempre supe que en la información estaba el verdadero poder, incluso por encima del dinero, pero el dinero es una herramienta, no un fin y por lo tanto necesito tanto como pueda conseguir para poder seguir con mis planes. El asunto de la compañía fue un movimiento demasiado arriesgado pero tenía que hacerlo.

Puse en ello toda mi fortuna y la fortuna de la familia, todo por lo que papa trabajo durante los últimos diez años, la perestroika no fue fácil para nadie, Gorbachov intentó devolver una gloria que Rusia nunca tuvo realmente y fallo en el intento. Muy pocos como papa lograron lucrar y volverse ricos en una época de cambios extremos y peligrosos. No quería equivocarme, esperaba que todo saliera bien o estaría acabado, pero sabía que podía lograrlo. Por Lyubov’.

— No quiero ser el títere de nadie. Quiero estar al frente del negocio, sabes que soy más que capaz. — Se bebió su trago de un golpe. — Por supuesto que lo eres, pero este negocio no se trata de ser capaz o no, se trata de saber mover sus hilos y especialmente, saber cuál es tu lugar en el esquema de las cosas.

No dije nada.

— ¿Por qué tardan tanto con la comida? Aleksei, ve a ver qué pasa. — El chico se dirigió a la cocina, no esperaba eso pero no sería un problema en mi plan. — Oleg dice que tus negocios están funcionando un poco extraño últimamente. ¿Qué sucede? — Oleg es su obshchak* últimamente estaba metiendo demasiado las narices en asuntos que no le interesaban. Su trabajo es cobrar, no hacer preguntas a menos que el Pakhan se lo ordene, por lo que decidí apresurar el plan. Ya tenía sed de sangre debido a Lyubov’ y no quería esperar demasiado, pero tenía que pensar con cabeza fría. Por suerte para mi sus movimientos me obligaron a apresurar las cosas.

— Oleg no debe meterse donde no lo llaman. Hago mis pagos a tiempo, no hago negocios que los afecten ¿Para qué hacer preguntas? — Volvió a servirse otro trago y lo bebió de inmediato. — Porque los movimientos extraños dicen que planeas algo, cuando alguien se mueve tan sigilosamente generalmente sus socios y jefes terminan en la quiebra o muertos. — Esta vez sonreí. — Bueno, tal vez tengas razón, quizás si planeo algo.

Se quedó mirándome. De manera extraña. — ¿Dónde está ese muchacho y la cena? Se tarda demasiado. ¡Aleksei! Date prisa muchacho. — ¿Y qué es lo que planeas? — En ese momento uno de los meseros salió del lugar con la bandeja cubierta por una charola. — Ahí estás, esperamos hace mucho ¿Dónde está Sergey? — A mitad de camino hacia la mesa el chico tiró la charola y tomó el arma que había escondida en el plato, disparando al otro guardaespaldas de Vasiliy antes de que este siquiera reaccionara.

Él intentó reaccionar pero yo fui más rápido sacando el arma que traía conmigo y apuntándole. — No hagas ningún movimiento, no quiero matarte todavía. — Pagaría por todo lo que me hizo, por todo lo que nos hizo. — ¿Qué estás haciendo? No saldrás vivo de aquí y aunque lo logres no vivirás mucho tiempo. — Yarik procedió a amarrarlo. — Tu maldito griaznaye zhivotnae*, vas a pagar por todo lo que sufrió mi hermana. — Me levanté de la mesa y me dispuse a salir.

— ¿Crees que conseguirás algo con esto? Si quieres culpar a alguien, culpa a tu padre, yo solo enviaba un mensaje. — Me di la vuelta y me acerque a él tomándolo con fuerza de la mandíbula. — Lyubov’ no tenía nada que ver con los negocios de mi padre, si querías cobrarle los errores a alguien, debió ser a quien lo cometió o a su mujer, no a su hija inocente.

Lo solté y esta vez sí me fui. Lo vería más tarde y entonces le sacaría todos los nombres de los hombres que envió a lastimar a mi prekrasnaya, luego me divertiría un rato y cuando me aburriera, lo mataría. Lo mejor de todo es que me quedaría con sus negocios y nadie podría interponerse o le haría lo mismo.

Moscú, Rusia. Junio 7 de 2002

— Lo has logrado muchacho. Has conseguido convertirte en un Pakhan, después de que todo el mundo trato de impedirlo, aunque sus propias reglas te impedían entrar en la Bratvá. — Tome un trago de whisky mientras miraba por la ventana de mi despacho. Si, lo había logrado y ahora nadie me detendría. Conseguiría ser aún más poderoso ¿Por qué? Porque puedo, porque quiero y porque no tengo nada mejor que hacer ahora que mi prekrasnaya no está y nuestro hijo me odia.

— Prepárate para expandirnos, Yarik. Tengo grandes planes y no me detendré hasta cumplirlos todos. — No dijo nada por unos momentos pero sabía que tenía algo en mente. — ¿Expandirnos? Ya tenemos lo que queríamos, una de las células de la organizatsiya ¿Cómo podrías expandirte? — Qué poca visión tenía, tal vez debería replantearme la idea de tenerlo como sovietnik. — Quiero que inviertas en medios, en hotelería y turismo en el exterior, en gastronomía, nos vendría bien tener un par de buenos restaurantes de lujo también en el exterior.

Parecía que no entendía, me gire para mirarlo. — ¿Qué es lo que no entiendes? — Hizo una mueca. — ¿No crees que es muy arriesgado? Son muchas cosas, lo que implica mucho dinero. — Puse mi bebida sobre el escritorio y me acerque al retrato de Lyubov’. — Llama a Oleg y dile que se encargue de distribuir bien el dinero para las inversiones, quiero un quince por ciento de lo que tengo moviéndose aquí y en el exterior. Que los medios en los que inviertan aquí en Rusia tengan mucha repercusión y sean confiables, no quiero más periódicos de cuarta y mucho menos comunistas, quiero que mueven dinero y sean rentables porque pronto vamos a mudarnos a América.

— ¿América? No voy a dejar que…

— ¡Haz lo que te digo!

Parecía no estar contento, pero yo era el jefe, él estaba en una posición favorable porque yo así lo quise. Que me apoyara y me diera la información sobre quién se atrevió a lastimar a Lyubov’ fueron razones suficientes para ponerlo ahí, pero si no funcionaba como esperaba, lo haría a un lado sin remordimientos.

— Creo que…

— No me importa lo que creas, estas para aconsejarme pero al final del día soy yo quien toma las decisiones. Encárgate de que mis órdenes se cumplan lo más rápido posible. — Lo vi enfurecerse pero no tenía opción. Salió del despacho sin decir otra palabra, me quedé solo y en silencio con los recuerdos y con su retrato, soñando despierto y anhelando sus caricias, esperando que ella me arrastrara a la tumba para no tener que vivir un día más sin su presencia.

San Petersburgo, Rusia. Noviembre de 2002

— Me abandono, a merced del monstruo de su hijo. Me dejo solo para que hiciera frente a todo esto. Maldita zuka. — Gruño la última frase, lucia más que enojado, algo dolido pero la rabia era más fuerte que el dolor. Después de todo, parece que sí quiso a mi madre, tal vez no la amo, pero la fuerza de la costumbre debió obligarlo a quererla o tal vez la amó hace mucho y con el tiempo ese amor se desvaneció hasta convertirse solo en cariño. — ¿Qué esperabas? La fuerza de los hechos la aplasto. No tenía oportunidad contra todos los horrores de la vida que le diste.

Me reí.

— Empezando por hijos incestuosos. Ella podía soportar tus maltratos, como cualquier mujer rusa sabía a qué atenerse antes de casarse y aun así dio el gran paso contigo. — Tome la fotografía sobre su escritorio. — Lo que no podía soportar era tener que ver como sus dos hijos retozaban idílicamente frente a sus narices y no poder hacer nada. — Un pequeño Nikolai sonreía a la cámara mientras abrazaba al pequeño bulto sonriente entre sus piernas. — Que su hija diera a luz al pecado y luego fuera asesinada de tal forma solo fue lo último que necesito para convencerse. Ella solo esperaba que yo cobrara venganza y que me hiciera con el poder para irse en paz.

Acaricie a ese pequeño bulto, a ese precioso ser que se veía feliz entre los brazos de ese niño de cinco años. — Es una lástima que no pueda ir al cielo del que tanto habla todo el mundo si es que existe. Por lo menos tuvo la suficiente fuerza para terminar con su miserable vida, la admiro por eso.

La mujer que me trajo al mundo se suicidó hace un par de noches, el peso de sus errores y de los pecados de sus hijos y esposo fue demasiado para seguir cargándolo. Deje la fotografía sobre el escritorio otra vez, esta vez más cerca de mi padre. — Es hora de que tu hagas lo mismo, o por lo menos que parezca que lo hiciste. — Se alarmó. — ¿Qué? — Rodee el escritorio para llegar a él y cuando estuve a su lado él dejó escapar un gemido de temor.

— ¿Qué sucede, Iván? Pensé que tenías más huevos. — Tomó la botella de la que había estado bebiendo. — No puedes hacerme esto, soy tu padre. — Me quede mirándolo por un momento, esperando los argumentos de peso que podría tener para detenerme, porque ese no era suficiente. — Mi padre o no, ya no te necesito. — Puso la botella sobre la mesa y tomó una respiración profunda. Acepto su final.

Levante el arma y dispare. Su cuerpo se estremeció y luego se quedó inerte, si alguna vez hice algo horrible, si en algún momento sobrepase los límites que yo mismo me impuse para evitar que el caos se saliera de mis manos. Este momento podría ser ese límite cruzado, quizás era este, pero asesinar a quien se lo merecía, aunque fuera parricidio, no superaba el mancillar a mi propia hermana.

Nueva York, Estados Unidos. Febrero 14 de 2002

Llevaba pocos días en este país y aunque era de alguna forma vigorizante, no lograba animarme. A veces la extrañaba tanto que no podía disfrutar de las pequeñas cosas durante periodos de tiempo, aun cuando trate de aferrarme al hecho de que nuestro hijo debía salir adelante y ser feliz junto a mí, todo lo que conseguí fue amargar su vida desde temprana edad.

Angel me odia y me duele demasiado. Sé que venir a estados unidos y dejarlo en Rusia fue lo mejor que pude hacer, pero no estoy seguro de cómo lo tome. Si lo traía conmigo, Yekaterina lo haría aún más miserable, en casa las personas que deje a cargo de su cuidado tienen estrictas órdenes e iré a verlo seguido. Mis planes son viajar por el mundo e ir a Rusia con frecuencia, tal vez en el futuro pueda traerlo pero por ahora es mejor que permanezca en casa.

Esta noche Yarik y algunos de mis hombres de confianza pensaron que estaría bien salir a festejar. San Valentín es una fecha importante para los yanquis y algunos lugares exclusivos ofrecen buenas fiestas, vine con ellos porque necesitan que la figura de autoridad se baje a su nivel de vez en cuando, que parezca humano.

Este lugar no es el mejor, pero ya que están acostumbrados a mujeres hogareñas y elegantes, quieren ver decadencia, aunque las rusas van por ahí con mucho maquillaje y ropa muy provocativa, es producto de una república joven donde la sociedad comenzó a configurarse alrededor de negocios ilícitos y las mujeres tuvieron que diversificar sus técnicas de conquista. Aun así siguen siendo mujeres muy conservadoras en otros sentidos por lo que en Rusia estos hombres no pensarían en engañar a sus esposas o parejas, a menos de que fueran muy cautelosos y lo hicieran sin que nadie se enterara.

Aquí, con sus esposas en casa como siempre, sus hijos aprendiendo a ganar dinero sucio y mujeres tan desinhibidas y poco conservadoras, prefieren ir con sus amigos y atreverse a engañar a sus parejas. Buscar ya sea prostitutas o cualquier mujer que esté dispuesta.

Me parece patético, no porque no engañe a Yekaterina, ella sabía desde el principio que nuestro matrimonio es un acuerdo comercial y que la engañaría, discretamente pero lo haría. Ahora la discreción no importa, pero es solo porque los hombres creen que estar lejos de su patria los exime de sus deberes como esposos, eso es lo realmente patético.

No quiero quedarme, pero tampoco puedo irme. Me levanto del sillón donde me encuentro viendo bailar a un par de mujeres que apenas y llevan ropa encima. Me dirijo al baño y cambio de opinión porque nunca sabes que puedes pescar en el baño de un lugar como este. Ver como mis hombres le lanzan dinero a esas mujeres no es para nada agradable en este momento.

Es un mal día para mí. Salgo a un pequeño espacio abierto, puedo ver el cielo y eso me calma un poco. Busco un cigarrillo y lo enciendo. Me tomo mi tiempo antes de regresar, tal vez debería embriagarme aún más.

Aun puedo pensar, pienso demasiado. Necesito más alcohol para dejar de pensar. Termino el cigarrillo y regresó al lugar dispuesto a perderme en el alcohol para olvidar que ella y yo siempre soñamos estar juntos en esta ciudad. Al regresar veo a una chica a horcajadas sobre las piernas de Yarik. Vuelvo a mi asiento y veo que ella se mueve sobre su regazo y se ríe, Yarik le ofrece una botella y ella bebe sin preocupaciones.

Lleva poca ropa, su cabello rubio que no está del todo desaliñado llega a su cintura y parece que ha tenido malos momentos con la plancha para el cabello. La blusa de lentejuelas y el pantalón de cuero dejan ver sus curvas, es delgada pero tiene buenos pechos, a la luz del lugar, que es poca debido a su naturaleza, veo que lleva mucho maquillaje barato y llamativo. Sombras azules y demasiado rubor, su labial está corrido y aun así se nota que es bonita. Descuidada pero bonita, no puede negarse que tiene cierto encanto.

Una mujer se acerca y se sienta sobre mí. — Hola guapo ¿Por qué tan solo? Aquí vienes a divertirte y tú no pareces estar divirtiéndote. — Se ríe e intenta lamer mi rostro, lo que ocasiona que la empuje y la tiré al suelo. La incomodidad de hace un rato persiste, la chica se levanta enojada y planea golpearme, me levanto y la tomó por el cabello, no sé qué tan fuerte la tome pero ella lloriquea y yo la suelto empujándola al suelo de nuevo.

Planeo irme pero una mano toma mi brazo y al darme la vuelta para golpear a quien sea que planea molestarme me doy cuenta que es la chica rubia que estaba sobre Yarik. Me quedo mirándola y sé que no tiene nada que realmente me interese, no es lo que yo busco, pero sus curvas, por alguna extraña razón sus curvas me recuerdan a ella y ese cabello rubio no ayuda.

No es tan exuberante y llena en los lugares correctos, pero tiene suficientes curvas para confundirla mientras estoy ebrio. Dejo que me arrastre al sillón de nuevo y ella se sube sobre mí, para bailar como lo hacía con Yarik. Justo ahora no me importa nada, sus ojos vacíos no me miran al igual que los míos no la miran a ella, es simplemente un maniquí sin vida al que voy a follar y a los maniquíes no les importa si los llamas por un nombre equivocado.