La vieja Rose

Brenda

Entré en la habitación en la que el grupo de chicas se acurrucaba y se abrazaban unas a otras. La busqué con la mirada y la encontré en una esquina mirándome con ira. — Vaya, vaya, vaya… Pero si son unas niñas hermosas. ¿Quién es la menor? Apenas y parecen de trece. — Declan “Demente” McNeall se acercó a mí. — La menor tiene once y es una dulzura, pero no tan hermosa como nuestra nueva estrella, Carly. Ella no necesita presentación, ustedes ya se conocen, después de todo se acostaron con el mismo hombre. — Miró a Scarlett y corrigió. — Oh es verdad, solo tú te acostaste con él, a ella la mantuvo pura y virginal. Empiezo a creer que se cree Poe. ¿Quién más le diría hermana a su amante y la mantendría virgen? Solo un irlandés ebrio y loco con complejo de poeta maldito.

Su chiste me causó algo de gracia. Las historias se parecían un poco pero no iba a burlarme de eso ahora.

— Niñas, quiero presentarme. Soy Krystal y les contaré mi historia, tal vez alguna tenga el potencial y el valor para seguir mis pasos. — dije mirándola a los ojos retándola. Si era lo suficientemente fuerte evitaría romperse en el camino y tal vez cuando perdiera su belleza la dejarían vivir como parte de la organización, limpiando pisos en algún lado o cuidando de las chicas nuevas.

— Cuando era una niña, siempre deseé tener cosas bonitas pero nunca las conseguía. Quería muñecas y ropa de diseñador, joyas y todo lo que se me ocurriera, pero mi familia era mediocre y no aspiraban a nada. Siempre que pedía algo me decían que no había dinero pero que teníamos lo necesario y debíamos ser felices. Yo no me conformaba y me llamaron caprichosa.

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De la que me arrepentiré siempre, pensé. — y escapé. Los dejé atrás a todos. Busqué mi propio camino e hice lo que tenía que hacer no solo para sobrevivir, fui tras el dinero, se lo arrebaté a los hombres que no lo necesitaban, después de todo estaban ansiosos por gastarlo en una acompañante. —Sonreí. Vi que algunas se interesaron en mi historia.

— Tú te rebajaste a prostituta, una cara, pero prostituta al fin porque así lo querías. Todas nosotras estamos aquí a la fuerza, nos arrebataron nuestras vidas. Lo que hace mucho más lamentable tu historia, te denigraste por capricho. — Todas la miraron y luego a mí, vi que las había perdido por culpa de la mocosa. Esa pequeña zorra nunca iba a dejarme en paz. Se suponía que ganaría la admiración de estas niñas porque serían el primer grupo al que controlaría en mi nueva vida de madame. Ya no sería la prostituta de alguien, ahora ellas serían mis prostitutas, pero esta mocosa hizo que me odiaran inmediatamente. Manejar a una chica joven es más fácil si te admira, ya no conseguiría eso.

Lo peor de todo es que no podía tocarla, porque ella aún seguía siendo de McNeall. Me dijo que me hiciera cargo de todo y luego me entregaría la custodia de todas, menos Scarlett. También me dio dinero y un lugar en Europa para comenzar, por fin era independiente y ya no tendría que venderme por dinero, ahora las vendería a ellas.

Marshall

— No lo hagas por él, hazlo porque te deberé algo.

— ¿No crees que estás acumulando muchos favores que tal vez no puedas pagar?

— ¿Qué esperabas que hiciera? Debemos encontrar a Scarlett. Y esto es tu culpa, el criminal más sádico secuestro a esa niña por tu culpa. Debes regresar con ese hombre, lo tienes bien merecido por odiarme. — Me dio una bofetada.

No importaba, no dolía, no comparado con el miedo a que le sucediera algo a Scarlett. Sé que tuve la culpa de todo lo que Vanessa vivió, pero no debió involucrar a Scarlett en esta pelea.

— ¿Todos los problemas que ocasionas son culpa de los demás pero no tuyos? No has cambiado.

— ¡Ya basta! — Todos a nuestro alrededor se asustaron. — Ya basta, Vanessa. Reconozco todos mis errores del pasado, sé que he sido una mala persona, estoy tratando de enmendar todo pero tú no lo permites y justo ahora no puedo concentrarme en ti y en buscar la forma de que me perdones. Scarlett es importante, pero papá también. Por favor habla con él, por favor hazlo antes de que muera. Es su último deseo, Vanessa.

No pude evitarlo, el nudo en mi garganta hizo que mi voz se apagara. No quiero que me vea llorar, ya me ha humillado lo suficiente y justo ahora debo ser fuerte para papá y Scarlett.

— Está bien. — dijo al fin. Eso me alivió un poco, pero no sé cómo pueda reaccionar. La tomo del brazo para guiarla a la habitación de mi padre, no tendremos otro momento ya que el efecto del segundo sedante que le dieron a Jack se pasará en cualquier momento y volverá a gritar como loco, no creo que podamos sedarlo otra vez, podría sufrir un paro cardiaco por lo alterado que esta.

— ¿A dónde llevas a mi mujer? — El amante ruso de Vanessa apresó su otro brazo. Me doy cuenta que su relación conmigo y con papá o la falta de ella hizo que su vida amorosa fuera un desastre, por eso se enredó con este tipo. — Nuestro padre está muy enfermo, morirá en cualquier momento. No la ha visto desde hace casi ocho años.

Me da una de esas miradas extrañas, es la misma que he visto en Jack cada vez que una persona de género masculino se acerca a Scarlett. — Tranquilo, solo es una reunión familiar. — La soltó pero esa mirada asesina no desaparecía. No iba a dejarla con este loco, pero mientras todos creyeran que sí, estaríamos a salvo.

Al llegar a la puerta de la habitación de mi padre me detengo unos minutos. ¿Qué estaba sucediendo? Cosas sucedían a mí alrededor y yo todavía no entendía qué sucedía. Un tipo entró disparándole a todo el que se atravesara, otro gritaba como loco mientras maldecía en gaélico a una chica desalmada y un montón de tipos peligrosos rondaban el lugar. Qué bueno que adecué un lugar para cubrir sus necesidades médicas porque si estuviéramos en un hospital, ya nos hubieran arrestado por terrorismo o algo así.

Papá estuvo a salvo todo el tiempo pero mis nervios se estaban desmoronando y no me quedaban fuerzas para enfrentarme a su enfermedad e inminente muerte. Pasaron muchas cosas y no sabía cómo manejarlas todas yo solo.

— ¿Vamos a entrar? — Ignoré a Vanessa, yo necesitaba un momento. Cuando me sentí listo abrí la puerta y entré. Las maquinas conectadas a él solo lo hacían ver más lamentable. — ¿Papá? — Abrió los ojos lentamente y al vernos su pulso aumentó y temí que le sucediera algo. — Por favor no te alteres, ella está aquí. — Él trataba de hablar pero el susurro que salía de sus labios ni siquiera era audible. El cáncer invadió todos los rincones de su cuerpo al hacer metástasis.

— Hi… hi… ja.

— Ella está aquí ahora, papá. — dije entre lágrimas. Me partía el corazón verlo así. — Hey, Ted. — saludó Vanessa. No quería peleas, esta era su última voluntad, así que no le dije nada por su insensibilidad. Él trató de levantar su mano y yo la acerqué rápidamente y entrelacé la suya con la de ella, vi que buscaba la mía y me dirigí al otro lado de la cama para tomarla. Besé un par de beses el dorso de su mano mientras las lágrimas caían por mis mejillas.

Yo causé esto.

— Mi pequeña niña, has sufrido tanto. — susurró. Apenas y podía hablar, esta era la última vez que lo veríamos con vida. — Lamento tanto no haberte dado el cariño que necesitabas y darle todo de mí solo a tu hermano. — Tomó una respiración profunda, los sedantes dejaron de funcionar hace tiempo y sabía que estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano. — No quería irme sin verte de nuevo, ahora puedo morir en paz, aunque sé que tal vez nunca me perdones.

— El perdón no es más que un dispositivo judeocristiano de control de culpa. — Levante la mirada y la reprobé por eso, pero a papá no pareció importarle. — Te amo mi niña, aunque nunca te lo dije, te amo.

Debía descansar un poco, no quería perderlo y no estar con él para despedirme pero tenía que encontrar a Scarlett. — Debes descansar, pa. Es hora de dormir. — Su expresión de dolor se suavizó un poco. — No me hables como si tuvieras autoridad sobre mí, jovencito. Aún soy tu padre. — Asentí y le di otro beso en el dorso de su mano. — Quédate con él. — le ordené a Vanessa. — Sé que no le agradó pero si él iba a irse pronto, quería que tuviera compañía para que no se asustara.

Salí de la habitación y fui a buscar a mi nuevo cuñado, no sabía nada de él y no me agradaba, de hecho me gustaba más Oleg, era un buen tipo aunque no lo conocí en persona, no estaba relacionado con la mafia y cuidaba de Vanessa. Solo esperaba que no mintiera cuando dijo que no lo mató y que todo fue una trampa.

Lo busqué en la sala que había acondicionado como una pequeña cocina. No había nadie y se supone que el equipo de seguridad debería estar aquí. Me dirigí a la habitación de Jack y en el pasillo junto a la puerta vi a todos.

— ¿Qué sucede, porque están todos aquí? — Nikolai me miró y se rascó la cabeza, eso era una mala señal. — Define desastre.

Su acento ruso era más notable, eso significaba problemas. Corrí dentro de la habitación y encontré la cama vacía, Jack consiguió soltarse de las correas. Agradecí que Vanessa estaba con papá, y no aquí sola con él cuando se soltó.

— ¡Mierda! Salí lo más rápido que pude y subí al auto mientras llamaba a Mark y comenzaba a planear cómo evitar un genocidio. Tendría que hacer algo de lo que luego me arrepentiría pero era la única opción. Luego de que todo terminara, Jack me debería mucho más de lo que yo le debía a él en todos los años que llevamos de conocernos.

Jack

Entré al bar, este lugar no cambió en años. Aún recordaba la última vez que estuve aquí, justo después de la muerte de Reilly McNeall.

— Wow, que lugar tan pintoresco. ¿Podemos pedir un trago? — Los mocosos no me obedecieron y bajaron del auto, no pensaba traerlos pero me amenazaron con hacer mucho ruido y dar la alarma para que me atraparan. — Regresen al auto o cállense, los enviaría a casa si supiera que es seguro, pero ya que llegaron hasta aquí… — Todos se detuvieron en medio del bar, sentía la mirada de Carter taladrándome en el cuello.

— Soda de uva. — dije mientras me sentaba frente a la barra, el hombre detrás de ella se giró de inmediato bastante sorprendido. — Muchacho… No puedo creerlo. El rico recordó sus raíces. ¿Qué te trae de vuelta por el viejo barrio? — Se apresuró a servirme la soda luego de que su sorpresa pasara. Tomé un trago y lo miré a los ojos. — Quiero saber dónde está. ¿A dónde se llevó a la chica? — Su expresión se endureció. — Escuché que recogiste a una chica de la calle, no pensé que luego de hacerte rico tuvieras corazón para mantener a una pordiosera.

Fijé mi mirada en sus ojos. — Sabes que no juego, Bryan, ¿dónde está? Si no me lo dices me olvidaré que debo respetar a mis mayores. — Enojado se dirigió a atender a un hombre al otro lado de la barra, tenía consideración con este hombre porque era un anciano sin familia muy solitario pero también amable. Él era el único que tal vez supiera los secretos más profundos del demente, después de todo fue quien lo crio, le enseñó a resolver sumas y restas y luego le dijo cómo ligar en cuanto el chico tuvo su primer flechazo, si es que se le podía llamar flechazo.

— No tengo nada que decirte. — Regresó con un trapo sucio y viejo limpiando la barra. — Mientes. Tú eres el único a quien nunca ha golpeado o insultado en su puta vida y una de las pocas personas que sobrevivió a sus ataques de locura. — Dejó el trapo a un lado y se acercó mucho a mí, encarándome. — Eso es porque se cómo prepararle su trago. Un hombre no es nadie si su trago no está bien preparado, ahí es donde entra su cantinero.

Maldito anciano imbécil.

— Tú lo criaste, ambos crecimos en este bar olvidado por el mundo. Su padre lo traía contigo cuando no quería verlo o estaba demasiado cansado para prestarle atención. — Sonrió. — Y el tuyo te traía para que repartieras puños por dinero y tragos. Así fue como terminaste en su lista negra hasta arriba, le pateaste el trasero tantas veces y frente a su orgulloso padre que te odió desde que estaban en el jardín de niños.

— Era él o yo. Si no ganaba, Charlie no dejaría de golpearme hasta que callera inconsciente de borracho.

— Él nunca pudo superarte. Eso fue lo que lo volvió loco, vivir bajo la sombra del hijo adorado de la vieja gloria de Hell’s Kitchen. — ¿Por qué todos me culpaban de la locura de alguien? — Escuchar a The Pogues todo el día no ayudó mucho. — Dije con suficiente sarcasmo para no cubrir mi enojo. Hizo una mueca. — No puedo ayudarte, muchacho. Regresa por donde viniste.

Rompí la botella contra la barra, me impulsé por encima de ella y todos en el lugar me miraron. — No puedo, hay alguien que espera que vaya a salvarla. — Sonrió. — Pídeme lo que sea, menos que te cuente los secretos de Declan. Sabes que me mataría y si voy a morir a manos de uno de los chicos que crie y que considero mis hijos, espero que seas tú, porque Declan no solo me matará, me hará sufrir de la peor manera antes de darme el tiro de gracia. — No conseguiría nada con él.

— ¿Lo que sea? — Asintió. — Quiero a la vieja rose. — Sonrió como el maldito gato de Cheshire.

Ya eran cinco, cinco que no sabían nada. El primero estaba solo, su esposa y los niños salieron y él preparaba un almuerzo rápido. Le rompí los dedos y no dijo nada, la nariz y comenzó a llorar como cerdo y luego de arrastrarlo por toda su sala sobre los vidrios y cosas que se caían a su paso, no dijo una maldita cosa. No iba a conseguir nada de él así que le presenté a la vieja Rose y dejó de chillar de inmediato.

Los dos siguientes estaban juntos, trabajaban en una carnicería en la que torturaban y escondían los cuerpos de los deudores. Estaban sentados en la parte trasera, en el almacén donde recibían a los camiones con la carne. No tenía mucho tiempo así que les volé las rodillas y los puse en los ganchos en la que colgaban la carne, los interrogué y cuando no me dieron nada, corrieron la misma suerte que el anterior.

Este estaba en un restaurante con su amante, me senté en la misma mesa junto a él y le puse el arma en las pelotas por debajo de la mesa. Se levantó y me acompañó al baño, pero el maldito trató de matarme en cuanto entramos y tuve que disparar. Salí del baño y fui a la cocina, busqué la salida trasera y le avisé a los chicos que llevaran el auto unas calles más adelante.

— Jack, comienzo a asustarme. Actúas muy misterioso. — Carter parecía indignado y todos me miraban preocupados. — Un arma solo puede usarse para una cosa, ¿en qué nos involucró? — Me reí del comentario de Grace. Estos chicos eran estúpidos y yo que los creí con cerebro todo el tiempo. — Yo no los chantajeé, ustedes me chantajearon a mí.

Todos atrás se asustaron y Zack se recostó contra la puerta del pasajero tratando de alejarse más de mí. — Creo que mejor nos vamos a casa. — Ya era muy tarde, si los dejaba ir, irían con Marshall para contarle todo. — Ya es muy tarde Stevo, ahora daremos el último paseo y si intentan avisarle a Marshall o huir los reprobaré a todos en la escuela.

— Yo no voy a esa escuela. — Le di mi mejor mirada de loco a Zack, se encogió aún más contra la puerta. Llamé a Bryan y le pedí el paradero de los siguientes, no quería llegar a esto pero ya no sabía a quién más acudir, fui por los grandes, los más cercanos a McNeall y ninguno dijo nada. Esta sabandija era solo un soldado raso pero su relación conmigo lo hacia el candidato perfecto para que me diera malas noticias.

Entré al bar donde se encontraban y los busqué con la mirada. Estaban en la esquina más alejada de la puerta jugando cartas y en cuanto me vieron se levantaron asustados y trataron de huir. Atrapé al primero, lo levanté en el aire y lo lancé contra los demás.

— ¡Primos! — Abrí mis brazos para saludarlos fingiendo efusividad. — Tanto tiempo sin reunirnos, ¿quién quiere un abrazo de O’Lantern? — Se acurrucaron contra la pared y se abrazaron unos a otros. — ¿Qué quieres? — Miré a Chancey. — Qué grosero eres, Chans. Vine a saludar y así me reciben.

Cuatro de mis primos reunidos en un solo lugar, todos con algún vínculo con McNeall, el más cercano al demente es Chancey. — No sabemos nada. — Levante la mesa que había tirado junto con ellos y me senté, saqué a la vieja Rose y la puse sobre ella. — Caballeros, estoy seguro de que recuerdan a la vieja Rose. Una Desert Eagle punto cincuenta y su amigo el silenciador. Como ya se dieron cuenta todos en este maldito agujero, incluido el barman, huyeron en cuanto me vieron. Lo que quiere decir que mi reputación me precede y saben ¡que tengo un carácter de los mil demonios!

Chancey mojó sus pantalones.

— Por lo que. — continué. — como buen primo que he sido, les aconsejo que me digan a donde fue el hijo de puta de McNeall, o comenzaré a dispararle a sus miembros hasta que alguno me diga algo. — Todos miraron a Chancey. — Yo no sé nada, hombre. No soy nadie y apenas y me entero de las cosas.

Tomé el arma y me preparé para disparar, aunque solo estaba fingiendo. Por ahora. — Elige quien será el primero en recibir un balazo y en dónde, Chans — Gimieron asustados. — ¿Qué tal Baylor, en las pelotas? No te veía hace mucho Bay, Bay. ¿Cómo está tu esposa? Espero que tan hermosa como siempre. — Vi cómo comenzó a llorar y me dirigí al siguiente. — O tal vez el adorado primo Paddy, es el favorito después de ti, Chancey. ¿Qué dices tú Edan? Tal vez quieras ser el primero en elegir o el primero en obtener un agujero.

Justo en ese momento la puerta del baño se abrió y un chico con el que crecí salió, detrás de él estaba el terror de Rockaways Beach, la prima Gwendoline. — ¡Mierda! — Me levanté y guardé el arma. Esto se iba a poner feo. — ¿O’Lantern? — Tom parecía asustado, nada como un buen susto después de follar. Eso te devolvía a la realidad y te enfriaba si aún no estabas satisfecho. — Vete, Tom. — Salió corriendo y en ese momento ella saltó hacia mí.

Recibí varios golpes a pesar de que traté de defenderme y mantenerla a distancia. El problema con Gwen es que si yo soy un loco imparable, ella es casi una psicópata. Siempre me negué a pelear con ella en las jaulas porque sabía que no se detenía aunque estuvieras en el suelo y a nadie le gustaba interponerse entre ella y el cuerpo al que golpeaba porque se volvía más agresiva. Me estaba pateando el trasero y yo apenas había conseguido golpearla.

Su celular sonó y ella se detuvo. Me aleje un poco, apenas y podía coordinar luego de sus golpes. — ¿Qué haces? Quería dispararnos. — Chancey se quejó y la expresión de Gwen cambio de furiosa a seria en tres segundos y cuando colgó se relajó totalmente, lo que significaba que la suerte estuvo de mi lado y no me molería a golpes. — Levántense, gallinas. Cambiamos de bando, la abuela quiere que traigamos a la chica de vuelta.

Esto no era bueno, esa mujer iba a cobrar muy caro por esto. Iba a negarme pero en ese momento entró una multitud armada apuntándome. — ¿Qué hacen, idiotas? — Grité. Marshall salió de entre la multitud. — Ríndete ahora o van a dispararte en el culo, hombre. Son tus primos, no quieres mala suerte y maldiciones irlandesas de tu propia familia sobre ti.

— ¿Ya lo mataron? Scarlett va a enojarse mucho. — Los adolescentes entrometidos entraron al lugar empujando a todos. — ¡Suéltame maldito troglodita! — Mark, Zack y Carter comenzaron a forcejear. — Bajen las armas, tenemos que buscar a Carly. — Dije, pero al parecer no querían escucharme. Dudaron un momento pero el ruso asintió y todos guardaron sus armas. Me dirigí a Chancey y lo levanté del suelo mientras chillaba como el cerdo que es.

— Empieza a hablar o voy a dispararte en los huevos. — Chilló otra vez y Gwen me hizo a un lado de un empujón. — La abuela dio la orden. Ahora trabajamos para O’Lantern.

Tres malditas horas para preparar un jet privado y todo lo que se necesitaba para el estúpido viaje a Ámsterdam. Chancey soltó todo en cuanto la abuela le gritó por teléfono, pero lo peor de todo es que lo supo por pura suerte, escuchó tras las puertas y paredes pero McNeall nunca tuvo intensión de contárselo.

— Tienes que calmarte. — Ignoré a Nikolai, simplemente no era posible calmarme. — Hablo en serio. — Insistió. — es mi hija la que está en peligro. — Me tomó del brazo y me detuvo justo antes de que pusiera un pie en las escaleras del avión. Nos miramos por unos segundos hasta que escuchamos un escándalo.

— ¡Que me sueltes maldito troglodita! — Carter estaba forcejeando con Mark mientras Zack miraba de lejos, parecía muy celoso pero se estaba cansando. ¿Quién no se cansaría de ver como alguien más manosea a su pareja? — Te dije que vamos a ir.

Regresé a donde estaban. — ¿Qué sucede? — Ambos se miraron fijamente retándose. — No voy a llevar a un montón de niños a una zona de guerra.

— Sí va a llevarnos. — Dijo Carter.

Steve parecía asustado. — Steve no quiere ir, aprendan de él y vuelvan a casa. Grace se acercó a mí y me dio una patada en la espinilla de mi pierna derecha y se fue directo al avión. Los demás la siguieron, aunque Steve tuvo que ser arrastrado por David. Me recuperé del golpe y comencé a caminar hacia el avión otra vez pero Nikolai se burlaba.

— Dos chicas te han pateado el trasero en pocas horas. — Sentí que me empujaban, Gwen simplemente me hizo a un lado y se abalanzó sobre él y lo golpeó en la mandíbula. Todos los hombres del ruso y los míos fueron a contenerlos cuando vieron que esto podía convertirse en una pelea.

— ¿Te crees muy hombre, maldito ruso? No te escudes detrás de tus hombres, demuestra que tienes cojones.

— ¿Qué les pasa a las americanas? Todas están locas.

— ¡Gwendoline! La abuela nos dará una paliza si no te comportas. Tenemos que salvar a esa chica.

— Cállate, maldito policía. Eres una vergüenza igual que Jack.

— Yo no he hecho nada, mujer. Suban al avión, Carly me necesita.

— Carly esto, Carly lo otro, ¡por favor! Debería conseguirse una mujer, no una niña. — Ignore los comentarios. No quería más peleas, solo quería llegar a Ámsterdam. El problema era que tenía a rusos, irlandeses, americanos, heterosexuales, homosexuales y bisexuales en un solo avión. No sé porque siempre terminaba en medio de una fórmula para el desastre.

— Mark. — Lo llevé a la parte trasera del avión. — ¿Sí, señor? — No sabía cómo decirle esto así que era mejor ir directo al grano. — Aléjate de Carter o te despido. — No dijo nada pero la forma en que se tensó me dijo que no iba a obedecerme y prefería que lo despidiera. Justo ahora no me importaba nada, solo trataba de minimizar los daños.

Fui a mi asiento en la mesa de reuniones en medio del avión mientras los demás se ubicaban en los asientos de lujo. Un avión con un grupo formado por rusos y algunos hombres que Marshall contrato ya había salido, otro saldría media hora después del nuestro, así tendríamos información al llegar y refuerzos por si algo sucedía.

— ¿Todo en orden? — Pasaba algo extraño que me preocupaba y quería estar seguro de que las cosas no se complicarían en medio del rescate. — Da. — Respondió Nikolai. — ¿Por qué tu amigo insistió tanto en venir? — Pregunté. — Se llama lealtad, pero él es mi segundo al mando y debe quedarse aquí. — Asentí, no estaba convencido. — Creo reconocerlo de algún lado. — No podía ubicar su rostro en el tiempo ni espacio, pero sabía que lo conocía. — Lo dudo.

— ¿Cuál es su nombre?

— Gólubev.

— Su nombre, no su apellido.

— Yaroslav. No creo que necesites su patronímico ¿o también conoces a su padre?

— Pensé que los rusos no conocían el sarcasmo.

— Lo conocemos, pero los americanos no saben mantenerse fuera de los asuntos de otros.

— Te recuerdo que soy irlandés.

— Solo de sangre, zyat*.

Tenía una sensación extraña con ese hombre, algo me decía que lo conocía de algún lado, pero no podía recordar de dónde. Con eso en mente me abroché el cinturón y me concentré en calmarme para pensar con cabeza fría y encontrarla lo más rápido posible.

Rockaways Beach: con casi 3 kilómetros de costa, Rockaway Beach, Queens Es conocida por ser la playa urbana más extensa de los Estados Unidos. Y por haber sido inmortalizada por la canción de 1977 de Los Ramones (…We can hitch a ride to Rockaway Beach). Hace unas décadas también era llamada la Riviera irlandesa por la cantidad de habitantes de Irlanda que hicieron de los alrededores su hogar.

The Pogues: banda de rock anglo-irlandesa, surgida a principios de los años 80. Aparece en los años posteriores al surgimiento del movimiento punk, y mezcla a partes iguales este género con la música tradicional irlandesa. El nombre originario del grupo era Pogue Mahone (Póg mo thóin en irlandés, que significa Bésame el culo). Sus letras son muy vulgares y agresivas.

Zyat: Yerno.