Asqueroso

Claudia se quedó preocupada y pensativa después de aquel encuentro con la pelirroja hermosa, debido a que Matt se mantuvo callado y distante todo el trayecto y sumido en sus pensamientos.

Una semana después, la familia de Matt juntó a algunos amigos que se aparecieron de imprevisto a una dichosa fogata que las primas de él se inventaron. Ellos fueron a la finca, donde prepararon una gran comida y tocaron música popular. Muchos invitaban a Claudia a bailar, quien después de negarse varias veces, accedió. Matt estaba sentado alrededor de la fogata cuando alguien se sentó a su lado.

—Hola, Matt. —La pelirroja saludó con flirteo.

—Hola, Patricia —respondió el saludo con indiferencia.

—Tu esposa es muy bonita, pero... no creo que sientas por ella lo que sientes por mí. Tú y yo tuvimos algo muy especial. ¿Recuerdas? —Acarició su brazo y sonrió con malicia.

—¿Teníamos algo especial? —Meneó la cabeza, maravillado—. Tú me usaste y me humillaste frente a todos, si para ti eso es tener algo especial...

—Yo era una inmadura, Matt —lo interrumpió—. Soy adulta ahora y sé lo que tú necesitas.

—No, tú no sabes nada sobre mí y yo no necesito nada de ti. —Liberó su brazo.

—Yo conozco a un hombre necesitado, cariño. Al parecer, tu esposa no es muy diestra que digamos, a leguas se te nota el estrés. Estrés que yo puedo quitarte ahora mismo si quieres —propuso con descaro. Matt la miró incrédulo de lo que había escuchado. Años atrás hubiera corrido tras ella y aceptado su atrevida propuesta.

—No necesito nada de ti. Yo ya tengo quien me quite el estrés —dicho esto, se levantó y fue a hablar con unos amigos. La pelirroja destilaba ira, no podía creer que él la había rechazado.

Por su parte, Claudia no dejaba de mirar a Matt. Se preguntaba de qué hablaban tan de cerca y que ella le dijo que lo puso tan tenso.

—Hola. Claudia, ¿cierto? —La pelirroja la abordó.

—Hola...—Claudia la miró como esperando la respuesta.

—Patricia. ¿Lo olvidaste?

—Disculpa, a veces soy mala con los nombres —dijo casi haciendo una mueca, por alguna razón le molestaba su presencia.

—No hay problema. Por cierto, estoy muy sorprendida de que Matt se haya casado con una mujer como... —La miró de arriba a abajo—. ¿Tú? Digo, eres una chica muy linda y tienes estilo, pero no sé... no tienes ese fuego que le gusta a Matt. ¿Cómo te lo digo que no sea malinterpretado? —Dejó salir una risita falsa—. Su gusto es del tipo como yo, tú sabes, atrevida.

—Sí que lo eres. —Claudia la miró fulminante—. Atreverte a decirme eso, a mí que soy la esposa de Matt.

—Sí, disculpa mi sinceridad. Conozco a Matt más que cualquiera, sus puntos débiles y lo que le gusta; puesto que yo lo enseñé a tener sexo, fui su primera y me imagino, más inolvidable experiencia sexual. Él y yo tuvimos algo muy especial y eso es muy obvio. —Sonrió con suficiencia—. Él aún se estremece cuando me le acerco. Por cierto, algo debes estar haciendo mal, el pobre se ve muy necesitado y lleno de estrés. Si quieres te doy algunos consejos, o mejor, hago el trabajito por ti.

Claudia empezó a temblar. Quería borrarle la sonrisa de satisfacción de una bofetada, pero no le daría el gusto de armar un espectáculo.

Claudia entró a la habitación colérica. Se había pasado el resto de la noche de mal humor y aislada. Matt la miró confundido y se acercó a ella de manera melosa y juguetón, mas solo se ganó la mirada asesina de la rubia. Las palabras de aquella víbora la torturaban sin piedad y la hacían sentir poca mujer. Tenía miedo. En algún momento él se podía cansar de su situación y estaría vulnerable de caer en las garras de cualquier mujer capaz de satisfacerlo en la cama. No podía permitir aquello, necesitaba hacer algo al respecto, necesitaba dejar de ser tan anormal.

—¿Todo bien? —Matt preguntó preocupado por su mal humor y tristeza.

—Matt, quiero hacer el amor. —Sonó más como una orden que una proposición.

—O... key... —La miró con extrañeza—. ¿Qué sucedió?

—¿Qué no me estás escuchando? —cuestionó más molesta aún—. Hazme el amor y deja de preguntarme tonterías. ¿Acaso no quieres estar conmigo?

Matt empezó a reír.

—Me imagino que no estás en tus días porque me estás pidiendo hacer el amor, a menos que seas tan pervertida.

—Cavernícola, desgraciado. Te estoy diciendo... —empezó a desabotonar su camisa— que... me hagas el amor. ¿Es eso tan difícil?

—¿De verdad quieres una respuesta a eso? —Él enarcó una ceja y Claudia empezó a llorar.

—Pues lamento que te hayas casado con una loca que no puede hacer el amor contigo —profirió entre lágrimas y él la abrazó.

—Hagamos lo que dijo la doctora, ¿sí? Eso es una forma de hacer el amor. No te estreses, mi amor, yo soy feliz contigo a mi lado.

Claudia lo apretó con fuerza y él la besó. Ella se deshizo de su camisa con desesperación, en cambio él empezó a quitarle su vestido con ternura; era como si estuviesen opuestos en intensidad. Mientras que Claudia expresaba toda la rabia que la impotencia y la frustración le causaban, Matt la acariciaba y besaba con delicadeza y calma. Ella se enganchó de él cuando ambos quedaron desnudos. Él empezó con sus caricias de rutina, caricias que ella aceptaba receptiva y sin temor. Besó su cintura e iba bajando lentamente y mirando su rostro como estudiando su reacción. Claudia respiraba con dificultad, mas no era por causa de ninguna crisis o mal recuerdo. Ella cerró sus piernas de golpe al notar lo que él pretendía.

—¿Qué crees que vas a hacer? —interpeló escandalizada.

—Lo que la terapeuta nos recomendó —respondió con picardía.

—No harás eso, Matt. —Su cara estaba roja como un tomate—. Es asqueroso.

—¿Dices que tu cuerpo es asqueroso? Porque a mí me parece que es delicioso.

—Matt... eso no está bien...

—¿Por qué? —La miró demandante de una respuesta lógica.

—Porque... es muy impersonal... me da vergüenza...

Matt entornó los ojos.

—No hay nada más personal que esto —se burló entretenido—. Hagamos algo, yo te lo hago y luego tú decides si te gusta o no. O, empiezo y si no te gusta o no te sientes cómoda, paro.

Claudia pensó por un momento.

—Bueno, solo para que no me molestes más con el asunto. Pero, ya verás que no me gustará. Eso es... —No pudo continuar hablando por la sensación de sentir sus labios allí. Corrientes eléctricas recorrían su cuerpo y su corazón latía con agitación. Nunca había sentido tal cosa, ese placer era único y delicioso. No podía decirle que parara como creyó que haría porque quería más de aquello.

Claudia llegó a su límite con un gran gemido que hizo sonreír a Matt. Él se quedó admirándola un rato, pues le encantaba verla tan excitada y satisfecha. Su piel estaba roja y su pecho subía y bajaba con agitación, se veía tan sensual y tierna a la vez que le daba ganas de comérsela a besos. Se recostó a su lado y se puso frente a ella.

—Como no me dijiste que parara, supuse que te gustó. —Sonrió airoso y con satisfacción. Ella lo miró atolondrada, puesto que todavía sentía el efecto del orgasmo recorrerla. Él atrapó sus labios con pasión y deseo. Quería terminar de consumar su matrimonio, pero sabía que ella no estaba lista aún. Claudia se puso sobre él y empezó a besar su torso.

—Mi turno, grandulón —dijo con una sonrisa coqueta y él la miró asombrado. ¿De verdad haría aquello?

Matt y Claudia estaban abrazados, aún desnudos. Él acariciaba el hombro de ella con su dedo índice. Se veía relajado y no podía evitar sonreír.

—No puedo creer que después de que dijeras que era asqueroso, te atrevieras y lo hicieras tan bien. Me encantó, eso fue increíble.

—Digamos que no fue como lo imaginé... me gustó la sensación... y ... podemos repetirlo cuando quieras.

—Claro, por mí todos los días si quieres. —Sonrió travieso.

—Pero... aún... —Él la calló con un beso, mas ella lo apartó y prosiguió hablando—. Ella... la pelirroja debe ser una experta, me dijo que perdiste tu virginidad con ella y que sabe cómo satisfacerte. Yo ni siquiera dejo que me penetres, me imaginé que ella te haría más feliz que yo y eso me hizo sentir...

—Celosa, lo sé. —Besó su frente entretenido—. Vi tu mirada asesina en la fogata y sé que tu mal humor tiene que ver con ella. —Suspiró—. No te lo voy a negar, ella fue muy especial para mí. Cuando estaba en la secundaria padecí muchas necesidades porque mi madre murió y mi padre no se ocupaba de mí. No tenía un uniforme decente y mi ropa venía de la generosidad de unos ancianos que mi mamá cuidaba antes de morir. Si te encontrabas mi forma de vestir fea cuando nos conocimos, no querrás saber sobre ese tiempo. Siempre fui fuerte y grande, pero la ropa y la necesidad no me ayudaban. Yo era la burla entre los jóvenes de mi edad. Como era el mejor en la clase, algunos compañeros me pagaban para que los ayudara con sus tareas. Patricia era la chica rica y hermosa a quien todos deseaban. Siempre la quise en secreto, pero nunca me acerqué, puesto que pensaba que ella nunca se fijaría en un chico como yo. Su padre la había amenazado para que mejorara sus calificaciones, dado que ella era pésima en las clases y no estudiaba. Fue así como ella se me acercó y fingió que éramos amigos y hasta me daba esperanzas para que yo hiciera sus tareas y la ayudara a pasar los exámenes. Nuestra amistad era un secreto y como yo babeaba por ella, no le di importancia a eso. Nos acostamos varias veces, ella fue la primera mujer en mi vida y me enseñó muchas cosas, pues, se llegó a acostar con media escuela. Entonces, cuando nos graduamos le pedí que fuera mi novia delante de todos. Ella me humilló e insultó. Me dijo que nunca estaría con un tipo como yo y que me creía demasiado por si quiera soñar con algo así. Todos se burlaron de mí y ella se me acercó y me susurró que lo nuestro fue solo el pago de mi trabajo, pago que a ella le dio mucho asco realizar. Estaba destrozado, Clau. Yo... me fui de este pueblo y juré que jamás volvería.

—Pero, volviste... —Claudia dijo llorando. Él secó sus lágrimas y la besó en las mejillas.

—Sí, es que me encanta este lugar y tengo buenos amigos aquí. Además, lo hice como una forma de confrontar mi pasado y superarlo. Cuando te conocí, vi a Patricia en ti. —Claudia frunció el cejo—. Es que tenías la misma mirada altiva que ella, por eso me caías tan mal. Pero descubrí algo en ti que nunca había visto en ella. Patricia es malvada de naturaleza, lo tuyo era una fachada. En ti descubrí a una niña temerosa y sola que nadie comprendía ni conocía. Entonces, empecé a enamorarme. No recuerdo cuando rayos comencé a verte de otra forma, pero creo que me gustaste desde el primer día que me llamaste gorila cavernícola.

Ambos rieron.

—Te amo, Matt. Eres un tesoro de hombre, fui tan afortunada de descubrirte primero. Te amo mucho, mi gorila cavernícola.

—Yo te amo más, miss simpatía, rubia oxigenada. —Claudia le pegó en el hombro y él estalló en carcajadas.