Te amo 14

Claudia llegó temprano como de costumbre y sus ojos brillaron al encontrar a Matt en la cocina de los maestros. Ella se sentó frente a él y este sacó un recipiente con pan tostado, queso y café con leche. Junto a este desayuno había una manzana y una rosa roja. Claudia miró la rosa conmovida y esbozó una sonrisa que derritió el corazón del profesor. Él tomó su mano y dejó un casto beso sobre ella mientras Claudia lo miraba embelesada. ¿Era ese hombre real?

Captó su atención que llevaba su cabello diferente, en lugar del extraño peinado de costumbre, lo tenía libre de aquel químico que lo mantenía pegado al cráneo. Se veía muy bien, pese a que aún llevaba su fea y anticuada ropa. Se preguntaba dónde compraba aquellas raras prendas. Pero con todo y mal vestido, no lo podía encontrar más atractivo. ¿Será que lo veía con los ojos del amor?

Claudia desayunó con buen ánimo y mucho apetito. Ambos se miraban cada segundo y se sonreían sonrojados, estaban sumidos en una estúpida conversación sin prestar atención a su alrededor. Personas entraban y salían, mas ellos no lo notaban. Estaban en su propia burbuja de enamorados. Unos ojos no dejaban de mirarlos desde que Claudia llegó; Gómez los observaba molesta, con los celos consumiendo su ser.

—Mis clases empiezan después del almuerzo —le dijo con una sonrisa tonta en los labios—. ¿Tienes clase ahora?

—No tengo clases hoy. —Ella sonrió apenada.

—¿En serio? —La miró confundido—. ¿A qué viniste entonces?

Claudia se sonrojó y lo miró con timidez.

—Vine... a verte.

—¿Podemos ir a otro lugar? —Matt preguntó emocionado con su respuesta anterior.

—Me encantaría. —Ella asintió y ambos se marcharon.

Fueron a un parque que estaba cerca de la universidad y se sentaron frente a un hermoso lago.

—Clau... —No se atrevió a terminar—. ¿Puedo llamarte Claudia? —preguntó con nerviosismo. Ella asintió con una sonrisa y él acarició su mejilla—. Sobre lo que pasó ayer... —Hizo silencio y respiró profundo—. Claudia, me gustas y mucho. Si te soy sincero, nunca me ha gustado nadie a esta magnitud... yo... no sé, creo que me enamoré de ti.

Claudia por poco sufre un paro cardíaco. ¿Eso le estaba pasando a ella? ¿De verdad el hombre que le gustaba se le estaba confesando?

—Yo... —Su voz sonaba temblorosa y varios escalofríos recorrieron su cuerpo—. Yo me siento así también. Me gustas mucho y lo que siento por ti no lo he sentido con nadie más. Creo que me he enamorado por primera vez. Me enloqueces y sacas lo mejor de mí... —No terminó la frase porque él estampó sus labios sobre los de ella. Claudia acarició su mejilla con ternura mientras disfrutaba de aquel dulce beso. Le encantaba saborear su boca, la sensación era adictiva y embriagante. Le gustaba ese hombre como jamás imaginó podría gustarle alguien. El empezó a juguetear con su lengua y Claudia se estremeció. Besó su cuello con delicadeza y ella empezó a respirar con dificultad, entonces, temblores la atacaron por lo que ella comenzó a llorar.

—¿Todo bien? —inquirió con preocupación y ella fingió una sonrisa.

—Sí... —arrastró la palabra—. Es solo que no estoy acostumbrada a esto.

Él la miró incrédulo y acarició su rubia cabellera.

—Perdón si me excedí, me dejé llevar por la alegría de saber que soy correspondido. —Tomó sus manos y la apretó—. Claudia... —La miró con temor—. ¿Quieres ser mi novia? —preguntó nervioso.

Claudia abrió la boca de la impresión. ¿Su novia? Pareciera que soñara. Le dio un poco de temor, pero realmente deseaba ser su novia.

—Sí —respondió con una gran sonrisa que delataba su felicidad. Él besó sus labios con gran emoción y ella rodeó su cuello con sus brazos. Se besaron por un largo rato y luego se sumieron en una divertida conversación sobre sus clases y alumnos. Almorzaron en un restaurante antes de él regresar a la universidad.

***

—¿Cómo te atreviste a hacerle eso a mi hermana? —le reclamó desafiante.

—Puedo hacerlo contigo también. —El tipo espetó con descaro.

—¡Eres un desgraciado! Ni creas que esto se quedará así.

—¿Ah sí? ¿Y qué harás al respecto? —La miró desafiante—. ¿Sabes qué? Te voy a coger a ti también. Es lo que quieres. A eso viniste, ¿no?

—¡Suéltame, imbécil! Me das asco.

—¿Asco? —Empezó a reír como loco—. Pregúntale a tu hermanita lo rico que fue. —Lamió su cuello. Ella retrocedió aterrada y asqueada. Él la tiró en la cama y encendió el radio a todo volumen mientras la chica lo miraba incrédula y temblando del miedo.

—¿Qué crees que haces, imbécil? —exclamó asustada, pero no se dejaría amedrentar.

—¿Qué crees que hago? Te voy a coger, pajarita —dicho esto, se lanzó sobre ella. Besaba su cuello con violencia mientras ella forzaba entre llantos que se ahogaban con la música. Como llevaba un vestido corto, le fue fácil romper su ropa interior. Tocaba su cuerpo por encima de la ropa con brusquedad y rudeza.

—¡No! —Ella gritó al sentir un gran dolor y ardor en su entrepierna. Él se movía de forma violenta mientras la miraba con gran satisfacción. En cambio, ella lloraba desesperada, pero nadie fue a su rescate.

Se despertó aterrada. Lágrimas cubrían su rostro y empezó a temblar. Se levantó de la cama y entró al baño. No le importó que abrió el agua fría por error. Necesitaba bañarse, necesitaba borrar la suciedad de aquel abuso.

***

Laura no tenía trabajo ese día por lo que decidió salir a caminar, pues, necesitaba relajarse y pensar en cómo manejar el acoso de John.

Llegó a un parque lleno de niños jugando, le dio mucha ternura ver a las madres detrás de los pequeños y a los papás jugando con sus hijos. Sintió un cosquilleo en los dedos y no pudo contenerse. Sacó su pequeña cámara de su bolso y empezó a fotografiar.

—¡Hola! —Una voz masculina la sacó de su burbuja—. Eres Laura, ¿cierto? ¿Me recuerdas? Nos conocimos unos meses atrás, cerca de este lugar.

Laura lo miró con detenimiento y luego recordó. Fue el día que salió a tomar aire porque no podía controlar los celos que le causaba la confianza de Paloma con su esposo.

—¡Claro que sí! —exclamó con una sonrisa—. Usted es Gabriel, ¿me equivoco?

—Me alegra que recuerdes mi nombre.

—Como olvidarlo. Creo que lo asocié con el nombre de alguien —contestó bajando el rostro.

—Entonces, conoces a un Gabriel.

—Bueno... no diría conocer... —El hombre la miró atento—. Olvídelo, es una historia complicada.

—Espero que no haya sido alguien que rompió tu corazón. No me gustaría ser asociado con una persona que te haya hecho sufrir.

Laura se quedó pensativa y luego de unos segundos sonrió.

—No tiene importancia —respondió.

—Dijiste que tu apellido es Mars. ¿Son los mismos Mars millonarios dueños de esas grandes empresas?

—Esos mismos. —Sonrió con algo de pena—. Pero es mi apellido de casada, mi apellido de nacimiento es Gutiérrez.

Gabriel se puso tenso. Sabía que el parecido era increíble, sin embargo, ¿cuáles eran las posibilidades?

—¿Gutiérrez? —preguntó nervioso.

— Sí. Soy Gutiérrez por parte de mi madre. Ella fue madre soltera.

—¿Fue? —preguntó desconcertado.

Laura bajó el rostro con tristeza.

—Ella murió dos días después de mi octavo cumpleaños. Entonces, mi abuela y tía me terminaron de criar.

—Siento mucho escucharlo. —Trató de no tartamudear—. ¿Cuál era el nombre de tu madre? —preguntó esperando fallar en su suposición.

—Su nombre era Leonor. Leonor Gutiérrez.

Gabriel se sentó en un banco de la impresión. No, aquello no era posible. Trató de no llorar, aunque los ojos le ardían.

—¿Está bien? —Laura le preguntó preocupada.

—Sí, es solo un pequeño mareo, debí desayunar mejor —mintió—. Por cierto, Laura, ¿tienes hermanos?

—No, soy hija única.

—¿Y cuántos años tienes?

—Veinticinco —respondió extrañada del interrogatorio. Gabriel se puso de pies anonadado. No había duda alguna, ella era su hija. ¡Una niña! Ni siquiera llegó a saber el sexo. Desde que supo que Leonor estaba embarazada, la abandonó como un desgraciado cobarde.

—Laura... —No tenía palabras. ¿Cómo decirle que ella podría ser su hija? Lo creería loco. Tendría que confirmar aquello primero y sabía bien quién podía ayudarlo—. Me tengo que ir, pero me gustaría volver a verte, me recuerdas a alguien que perdí y no sé... estuve pensando que podríamos ser amigos.

—Claro. —Sonrió—. Me gustaría ser su amiga.

Ellos intercambiaron números, acto seguido, el hombre salió de allí a toda prisa. Estaba impresionado y la culpa torturaba su mente. No era lo mismo que te dijeran que ibas a tener un hijo, que verlo frente a ti. De verdad era real, él se había convertido en padre.

***

—Hola, Jim. —Besó su mejilla.

—Hola, Jack.

—¿Lista para esta noche?

—Sí. —Sonrió sonrojada.

—Esperaré ansioso —dijo con flirteo.

Jimena se despidió y fue a su casa.

—¡Papá! —El pequeño expresó con alegría mientras se aferraba a los brazos de Pablo. Él lo abrazó con fuerza, como si no quisiera dejar de sentir su delicioso aroma nunca.

—Te extrañé mucho, mi amor. —Besó su tierna y regordeta mejilla—. Perdón por no venir a visitarte antes, papi tuvo algunos problemas.

—Hola, Marta —Jimena saludó sonriente y llena de energía.

—Hola, señora. El niño está jugando en el patio.

—Pero no le dije a Katy que viniera hoy. Me pasaré el día con Adrián.

—No está con Katy. —La miró de soslayo.

—¿Ah no? —preguntó confundida—. ¿Con quién está?

—Está... Lla mujer se acercó con tono dramático y pícaro—. Con su papá.

—¿Con mi papá? ¿Mi papá está aquí? —preguntó con gran asombro.

Marta entornó los ojos.

—No el suyo, el del niño.

—¿Pablo está aquí? —La voz ascendió.

Jimena se dirigió al patio nerviosa, pues tenía mucho tiempo sin verlo. La ternura la embargó al ver a Pablo jugar con Adrián en el patio. Parecían dos chiquillos revolcándose sobre la grama, jugando con los juguetes nuevos que éste le trajo. Jimena caminó hacia Adrián y besó su mejilla con ternura, quien se dejó cargar, pero al cabo de unos segundos, se le tiró a Pablo encima. Él se sentó sobre la grama con el niño sobre sus piernas.

—Hola, Jimena —saludó con nerviosismo—. Disculpa que viniera sin avisar, en especial porque no me toca visita hoy, pero realmente necesitaba verlo. He tenido algunos problemas, por eso no había venido.

—No tienes que disculparte por venir a ver a tu hijo, Pablo. —Ella se sentó junto a él—. No me importan los días de visita, me importa que Adrián pase tiempo contigo. No te preocupes, puedes venir cuando quieras.

—Gracias, Jimena.

Ambos se quedaron en silencio un rato perdidos en una intensa mirada llena de anhelo y nostalgia. Jimena sintió algo de pesar al verlo tan demacrado. Estaba más delgado y con ojeras; su cabello un poco más reseco y una gran tristeza en la mirada.

—¿Está todo bien? —Ella preguntó con un poco de preocupación.

—Más o menos—. Fingió una sonrisa.

—Te ves... extraño —dijo buscando una palabra que no fuera ofensiva.

—Demacrado. —él musitó sarcástico.

—No quise decir eso —negó avergonzada.

—Tal vez no, pero me veo así. He tenido días difíciles, mas espero que mejoren.

—Pues, si necesitas algo no dudes en buscarme.

Él la miró con intensidad. Sabía bien lo que necesitaba, pero lamentablemente, ella no iba a dárselo.

Jimena invitó a Pablo a almorzar. Adrián no se le despegó ni un momento a su progenitor. Al parecer, lo extrañaba mucho. Después del almuerzo ellos se sentaron en la sala a conversar.

—Por lo que veo, retomaste el gimnasio. —Pablo comentó y ella sonrió gloriosa.

—Sí, extrañaba mucho el ambiente. Aunque cambié de gimnasio, hay uno nuevo que es buenísimo. —Sus ojos brillaron de la emoción.

—¿En serio? Yo estoy buscando uno. No es lo mismo hacer las rutinas en la casa.

—Pues, te lo recomiendo.

—Iré entonces. —Sonrió —. Eso me trae recuerdos. Mientras los demás novios iban a citas y cenas románticas, tú y yo íbamos al gimnasio y a correr.

Ambos rieron.

—También íbamos a torneos de artes marciales, eso era muy divertido. ¿Recuerdas la medalla que nos ganamos?

—Sí... Creo que está en casa de mis padres.

—Pero, íbamos al cine. —Jimena lo miró con picardía.

—Sí, mas nunca sabíamos de qué trataba la película porque no era precisamente a eso que íbamos.

Otra vez rieron.

—¡Oh! Eso me recuerda la doble cita al cine, cuando estábamos en el rancho.

—¡No lo menciones! Por poco muero ese día. El pobre Kevin no encontraba donde meterse. No sé en qué estabas pensando cuando invitaste a tu hermanita la acosadora.

—¡No la invité! —Negó entretenida—. Ella lo descubrió y me prometió que si la llevaba aceptaría nuestra relación.

—¡Qué bruja! Ni que fuera tu madre.

—Teníamos una extraña relación filiar en ese tiempo, pero Claudia ha cambiado muchísimo. Ya no es la bruja ofensiva de antes, al parecer, enseñar le ha sentado bien.

—¡Eso tengo que verlo! Ella le hacía la vida imposible a Laura y a Kevin. Mi primo nunca la soportó.

—Recuerdo eso. Es que ella no aceptaba que Kevin haya preferido a Laura.

—¡Su Ojos Melosos! —Ambos rieron—. Ese dramático. No te imaginas todo lo que tuve que soportar ese verano con esos dos. Kevin quedó tragado de Laura. Nunca he visto a un hombre enamorarse de esa forma.

—Sí... —Jimena sonrió con anhelo—. Me gusta verlos juntos, son muy lindos. Esos dos nacieron para estar juntos.

—Así es. Por lo menos Kevin no la dejó ir, aunque estuvo a punto de perderla, el tarado ese.

—Fue un verano muy peculiar, pero inolvidable. —Ella dijo en un suspiro.

—Sí. Pasaron muchas cosas ese verano.

—¿Recuerdas el juego de paintball?

—¡Cómo olvidarlo! —Pablo exclamó emocionado—. En ese tonto juego te besé por primera vez. —Hubo un silencio y sus miradas se encontraron. Pablo la observaba de una manera muy intensa.

—¡Ese juego fue muy divertido! —Jimena desvió la conversación—. La tía descargó toda su furia contra el tío Paulo.

—Ja, ja, ja, ja... ¡Esos dos parecían adolescentes! Yo sabía que ellos se traían algo.

—Tu tío fue muy atrevido y pasado con mi tía.

—Por cierto, ¿recuerdas cuando los encontramos tragándose? A tu tía casi le da un infarto.

Jimena se encorvó de la risa al recordar aquello. Ella y Pablo estaban a punto de casarse y llegaron a la mansión de los Gutiérrez, pues Jimena aún vivía allí. Ellos subieron las escaleras y se encontraron con tremendo espectáculo.

Pablo y Jimena rieron como locos al recordar las locuras de su familia y las travesuras que ellos hacían de novios. La tarde se fue volando por lo que Pablo ya tenía que irse. Una sensación amarga inundó su ser y la nostalgia de lo que una vez fue su hogar le provocó un nudo en el pecho. Adrián se durmió en los brazos de él, Jimena lo cargó y acompañó a su ex hasta la puerta. Pablo él miró a Adrián con tristeza.

—Nos vemos, pequeño Mars. —Besó su cabecita que yacía sobre el hombro de Jimena. Sus rostros se acercaron y ella empezó a respirar con dificultad al tenerlo tan cerca.

Pablo no dejaba de mirar esos hermosos labios que tanto lo enloquecían. Respiró profundo y la besó en la frente con ternura.

—Gracias por lo de hoy, realmente lo necesitaba —le dijo con dulzura.

—Gracias a ti por la visita. —Ella sonrió.

Fue difícil alejarse de la puerta y tomar su camino. Fue difícil dejar atrás a la mujer que amaba y a su hijo.

***

Jimena llevó a Adrián a su habitación y lo acostó en su cunita. Sentimientos encontrados embargaban su pecho, pero no podía borrar esa sonrisita involuntaria. Fue a su habitación y se tiró sobre la cama sonriendo como adolescente enamorada. Su teléfono vibró y ella lo tomó para leer el mensaje que acababa de entrar.

Jack

"En 20 minutos estoy en tu casa".

8:00 pm

Jimena dio un salto de la cama. ¡Lo había olvidado!

—¡Rayos! —exclamó con desesperación y entró al baño corriendo.

Jack la llevó a cenar a un hermoso y elegante restaurante. Así eran casi todas sus citas. Le gustaba mucho hablar de su trabajo y de cómo dejó su pasión para poder dedicarse al negocio familiar. Después de varias horas él llevó a Jimena a su casa.

—¿Todo bien? —le preguntó preocupado, puesto que ella estuvo perdida en sus pensamientos toda la noche.

—Sí. —Fingió una sonrisa—. Solo estoy un poco cansada.

—Entonces, me voy para que descanses. —Besó su mejilla.

—¡Jack! —Ella lo detuvo por el brazo y dejó un casto beso sobre sus labios. El agrandó los ojos de la sorpresa y no sabía cómo reaccionar. Quería besarla y romper esa extraña barrera que había entre ellos, no obstante, temía presionarla y arruinarlo todo.

Jimena volvió a besarlo, pero esta vez fue de verdad. Quería deshacerse de aquella sensación que Pablo dejó en ella. Estaba cansada de que su ex la afectara tanto.

Jack correspondió ese beso con gran felicidad y fervor. Jimena lo abrazó por el cuello y él rodeó su cintura. El beso no estaba mal, pero prefería los labios de... ¡No! ¡Ya no! Tenía que dejar de compararlos. Ya Pablo había tomado su decisión y ella debía olvidarse de él, de la misma manera en que él lo hizo con ella.

***

—Jack, ¿recuerdas a los Mars? —Su padre se sentó frente a él mientras éste desayunaba.

—¡Claro que sí! Conocí a Pablo en los Estados Unidos. No conozco bien al resto de esa familia, pero Pablo y yo fuimos amigos en ese tiempo. Después, perdimos contacto. Por lo que he escuchado, ellos son muy exitosos. ¿Por qué?

—Porque los Mars están dispuestos a utilizar nuestro servicio de outsourcing.

—¿En serio? ¡Vaya! Ese sería un buen contrato, papá.

—Claro que sí. Hace mucho estoy detrás de esa cuenta, pero sabes todos los problemas que tuvimos en el extranjero. Cristian y yo hemos compartido uno que otro negocio en el pasado. Por cierto, escuché que los Gutiérrez tienen alianza con ellos. ¿Los recuerdas?

—Sí, incluso estoy saliendo con una de las mujeres Gutiérrez. Aunque ahora que lo mencionas, ella nunca habla de los negocios familiares. Si no me dices que ellos tienen una alianza no lo sabría. Ella nunca me ha hablado de los Mars.

—Pues su alianza no es solo por negocios. Escuché que algunas de ellas están casadas con hombres de esa familia.

—¡Vaya! Llevo más de un mes compartiendo con Jimena y no me había enterado de aquello.

***

1 semana después...

Jack acompañó a su padre a la empresa de los Mars para revisar el contrato.

—¡Pablo Mars! —Jack exclamó extendiendo su mano con emoción.

—¡Jackson Soto! —Pablo respondió al saludo—. Pero ¡qué cambiado estás! Al parecer te llevaste de mi consejo.

—Sí, dejé de lamentarme por mi poca masa muscular y empecé a ir al gimnasio. Ya llevo dos años y no he roto con mis rutinas.

—Eso veo. Te ha sentado muy bien.

—Sí, ha sido un gran sacrificio, porque sabes que odio todo lo que me hace sudar, bueno... —dijo con picardía—. Casi todo lo que me hace sudar. —Ambos rieron.

—Sí, eres demasiado rezagado, pero al parecer has aprendido a disciplinarte. Y los resultados son visibles.

—No me puedo quejar. No me veo tan bien como tú, pero algo es algo.

—Deja de comparar. Tengo toda mi vida practicando deportes. Lo importante es el resultado que has logrado.

—Tienes razón, amigo. —Lo miró sonriente y luego cambió el tema—. Me alegra mucho trabajar con tu familia y volver a verte. Deberíamos salir un día y hasta ir al gimnasio juntos, así me motivo más. Te juro que a veces quiero tirar la toalla.

—Eso no, Jack. Yo estoy buscando un gimnasio. Me he descuidado mucho en estos días.

—Yo encontré uno muy bueno. Por cierto, hay unas mujeres hermosas allí, en especial mi nueva conquista. ¡Qué mujer!

—¡Vaya! Nunca se te quita lo mujeriego.

—Esta vez es diferente. Ella realmente me gusta y creo que tenemos algo serio.

—¡Vaya! Me gustaría conocer a la afortunada. Debe ser muy especial.

—¡Créeme que lo es! Si quieres nos vemos la próxima semana en el gimnasio y allí te la presento.

—Me parece bien. —Palmó su hombro—. Fue un gusto volver a verte. —Pablo entró a su oficina y Jack continuó el camino a la oficina de Genaro, donde se encontraba su padre