El Examen
El fin de semana, un grupo de amigos salió del distrito institucional para dirigirse a hacer una evaluación que se estimaba durará cuarenta y ocho horas.
Los cuatro alfas y las dos omegas partieron del lugar a las ocho de la mañana, no siendo los únicos a realizar tal evaluación en la secundaria Gray.
Viendo la dirección que marcaba el mensaje, llegaron a una universidad donde mostraron su código y fueron escoltados a un auditorio donde había más personas.
-Podemos sentarnos ahí-, dijo Ema apuntando a unos asientos libres, a los que se tiraron ya que llegaba más gente y grupos de amigos.
-Me pregunto porque nos trajeron aquí-, dijo nuestra peli azul.
-Tal vez es porque somos muchos aplicantes-, contestó Marcos.
Después de hablar de otras cosas y que se terminara de llenar el auditorio, una persona entró por las puertas que estaban al lado de los pizarrones, llamando la atención de todos.
-Buenos días, me presento soy Fiorela, una beta, y el dia de hoy les estaré tomando el examen de ingreso a la secundaria Gray-, se presento la instructora de pelo negro y ojos marrones-Este año hay muchos aplicantes y por eso tuvimos que pedir aulas a varias universidades, ya que no solamente ahí chicos de esta ciudad sino también varios de diferentes ciudades y países-, dice viendo unos documentos en sus manos algo sorprendida.-Esta prueba es para todos por igual, no hay favoritismo ya que él lema de esta escuela es “Todo se logra solo con esfuerzo y determinación”, es decir que todo se consigue solo si lo quieres. Dichas estas palabras para mis ojos todos son lo mismo, sean ya alfas, betas y/o omegas, hombre o mujer, se los tratara de la misma manera y harán todos lo mismo solo para demostrar que merecen un asiento en nuestra institución-, empieza a caminar alrededor demostrando que a pesar de ser una beta tiene un espíritu de alfa.-Primero realizarán un examen de lengua y literatura, desde las ocho y cuarenta, es decir en unos quince minutos-, habla mientras reparte las hojas.-No las abran aun hasta que lo diga, siguiendo, después tendrán hasta las nueve y cuarenta para terminar, desayunaran y después de quince minutos empezará el examen físico, al finalizar empezará la evaluación de matemáticas-, dice eso y da la orden para empezar.
Todos estaban concentrados, algunos mordían sus lápices por los nervios y otros solo no sabían qué hacer, Sara cada pregunta que leía ya sabía la respuesta y la marcaba pero para no destacar marcaba alguna equivocada.
Al toque del timbre cerraron el examen y bajaron sus lápices, las pruebas fueron retiradas y varios suspiros sonaron, todos sintiendo que el tiempo voló.
-Ah no me dio tiempo de revisar si estaban bien-, dijo él de ojos rojos acostándose en el pupitre.
-Si, se sintió como si no hubiéramos tenido nada de tiempo.
-Con cuerdo contigo Roni-, habla Eliot.-Alégrate porque esta será la única vez que esté de acuerdo contigo-, suelta y las dos omegas se ríen por la expresión del rubio.
Antes de que cualquiera pudiera hablar, entran unas personas con cajas y reparten el desayuno, el grupo de estudiantes come mientras bromean.
Entre risas y carcajadas terminaron, siendo trasladados a un polideportivo, donde se les señaló los cambiadores. Al salir todos llevaban ropa deportiva; empezaron con estiramientos e hicieron una carrera por grupos de seis, quién tuviera el mejor tiempo tenía más probabilidades de quedarse. Sara en su grupo quedó primera como los cuatro alfas y Ema en segundo.
Seguido de un descanso, se les ordenó hacer treinta flexiones de brazos, cuarenta abdominales y quince sentadillas, él que se detenía era un punto menos. El grupo de amigos logró tener todos los puntos y fueron a las duchas ya que la institución las prestaba, dando a entender que la persona a cargo de la secundaria era alguien respetable o rico.
Al terminar volvieron al aula donde estarán hasta las dos de la tarde resolviendo el examen de matemáticas, empezando desde las once y veinte.
El tiempo era muy bueno, había sol y los pájaros cantaban, cada olor en esa sala era diferente como los sentimientos. Para varios era un terror él reprobar, para otros era solo un juego y algunos solo lo querían intentar, pero para Sara era fácil entrar a cualquier escuela. Sus notas siempre eran las mejores y siempre estaba un paso al frente de los demás, pero cuando se dio cuenta que de nada servía lo dejo. Dejó de esforzarse, dejó de pensar en un cumplido, solo se dejó llevar por la corriente y se dejó ser.
Cuando se escuchó la campana, eran las doce y media, las mismas personas de la mañana entraron y repartieron el almuerzo, el cual tuvieron que comer en silencio para que nadie hiciera trampa. Diez minutos en un silencio sepulcral, donde solo se escuchaba respirar y masticar a los demás.
Retomaron a las una, pocos habían terminado y revisaban si se habían confundido en alguna, otros decidieron descansar hasta que terminara la hora.
-Por fin, se acabo está tortura-, dijo Roni al ser él ultimo en entregar él examen.
-Para que te inscribiste si te ibas a quejar?-, cuestiona Ema.
-Si no lo hacía mis padres me iban a matar.
-Porque?-, pregunta curioso Mateo que estaba usando sus brazos de almohadas ya que estaba un poco cansado.
-Por que mi hermano asiste a esa escuela.
-Pobre de ti-, dijo la oji lila bostezando.
Sara ve como sus amigos se duermen, mira a Alan que ya se encontraba igual que sus amigos, su vista se torna borrosa.
-Alan-, sin siquiera saber que sucede, sus ojos se cierran.
Cuando despierta no logra ver nada, algo cubría su visión y sus pies no tocaban el suelo como si estuviera colgada.
Al intentar mover las manos se da cuenta que está encadenada, escucha el sonido de pisadas y algo cerrarse como si le pusieran llave a la puerta. Las feromonas de alfa solo ocasionan que se altere más su lobo interior que se sentía desprotegido, antes que se note su miedo se tranquiliza y empieza a apagar sus emociones.
-Pero mira que tenemos aquí-, dice un hombre con voz lasciva mientras toca las piernas de Sara-Nos divertiremos mucho pequeña.
El miedo intenta instalarse en su cuerpo, pero no lo deja, y recuerda, recuerda que ella ya estuvo en una situación similar. Los sonidos que empezó a escuchar, no hacen más que alentarla a salir de ahí, gritos y sollozos solo hacen que se apague más.
Él tipo se da vuelta y es agarrado con las piernas de la omega que se enredan en su cuello y aplican presión.
-Suéltame ahora o morirás-, habla él alfa intentando zafarse del agarre.
-Eso debería decirlo yo-, responde aplicando más presión mientras se agarra de la cadena para tener un mejor agarre del agresor.
-Eres un monstruo...-, dice al sentir la repentina fuerza de la omega.
-Dime algo que no sepa-, ella ya estaba acostumbrada a que la llamaran así, pero aun dolía.
-Tienes… que soltarme...p..para que lo haga-, habla con dificultad.
-No me creas idiota, se que son esposas electrónicas. Apretando un botón me liberas.
-Yo… no…
-No mientas él control está en tu bolsillo.
-E...está...b...bien-, dice perdiendo fuerzas.
El hombre se mueve intentando soltarse de alguna manera y al no encontrarla, la suelta. retira las piernas del cuello y se deja caer, mientras él hombre cae de rodillas mientras tose y soba su cuello intentando recuperar la respiración.
-Quién te dijo que hagas esto?-, pregunta al sacarse la venda.
-Me contrataron, no sé nada más-, él hombre es noqueado al terminar de decir eso.
Al intentar abrir la celda, se da cuenta de que está cerrada, revisa las ropas del secuestrador y encuentra una llave. Sale calmada como si nada importara en ese momento.
Lo único que se podía ver era la mirada sin vida de Sara, emociones apagadas, algo que aprendió a hacer desde que tiene memoria, preparada para enfrentar cualquier cosa sin dudar. Un alma vacía, sin ganas de vivir, sin un propósito, sin existencia.
Pasaba por cada celda, al ver lo que hacían, siente que volvió a la organización. La tortura psicológica era algo común para poder entrar o sacar información.
Siguió, como si no fuera gran cosa, como si fuera común y sube por unas escaleras cuando siente, siente el olor a miel de abeja, el olor característico de su amiga.
-Ema-, y como arte de magia vuelve, vuelve a la realidad, no está ahí, ya no está sola.
Empieza a correr hacia el aroma. La desesperación en ese momento, al pensar que su amiga, alguien frágil quién se rompería, llegara a sufrir ese tipo de tortura, no resistiría.
Llega y la ataca una oleada de feromonas de terror que hace que se descontrole. Se transforma en un lobo de un metro ochenta, toma impulso y rompe la puerta de la celda; agarra con sus dientes al causante del miedo de su amiga y lo tira contra la pared, dejando un rastro de sangre.
Vuelve a su forma normal, busca el control y la libera atrapándola en el aire, le quita la venda y la abrasa.
-Tranquila Ema, todo estará bien-, susurra a su amiga ya inconsciente.-Buscaremos a los demás.
“Por favor, Alan espérame” es su pensamiento, se transforma, esta vez, en un híbrido. Con la fuerza obtenida, carga en su espalda a la rubia y con sus orejas, intenta localizar a alguna persona fuera de las celdas y su cola estaba de adorno.
Se mueve rápido a pesar del peso extra, abre una puerta donde se encuentra un pasillo sin ventanas, sin sentir algún peligro camina. No llega ni a la mitad cuando las puertas se cierran con metal, ve hacia todas partes pero no encuentra salida y del techo caen dos granadas que liberan un humo púrpura. Cae de rodillas al sentirse débil, y de nuevo su vista se pone borrosa.
-Maldición-, es lo último que dice antes de caer dormida nuevamente.