EPÍLOGO

Me aferro con las uñas al lustroso cuero del asiento, mi respiración es rápida y mis jadeos se han convertido en fuertes gemidos que no puedo controlar. Cierro los ojos con fuerza mientras siento como mi orgasmo se aproxima a lo lejos, igual a una enorme ola en la lejanía. Esta limusina es muy parecida a la que transportaba a los hermanos Creel el día del atentado, de un color blanco hueso, al gusto del caprichoso príncipe de Pangea.

Una lágrima se desliza por mi mejilla y un quedo grito escapa de mis labios cuando siento el golpe de su palma contra mi trasero; no ha sido una suave nalgada, sino la viva expresión de la agresión. Pero el doloroso escozor en la piel viene acompañado de un inexplicable placer en mi entrepierna, de una deliciosa descarga que me recorre todo el cuerpo hasta concentrarse en mi sexo.

—Gian... Por favor.

Vuelvo a gritar y abro los ojos de golpe, las piernas me tiemblan y estoy a punto de correrme.

—Por favor, ¿qué? —dice en mi oído, aprisionando mis brazos con uno de los suyos y obligándome a arquearme sobre el asiento.

Aprieto los dientes para acallar mis gemidos, no quiero que el chofer nos escuche coger, aunque seguro ya sabe lo que está sucediendo. No deberíamos estar haciendo esto, vamos camino al primer evento al que asistiré como Princesa y en lugar de Emma; deberíamos estar sentados y preparándonos para reunirnos con todos esos nobles. Pero en cuanto la limusina abandonó De Silvanus, Gian se abalanzó sobre mí y al segundo siguiente, ya me encontraba doblada en el asiento.

—Veena, por favor, ¿qué? —insiste mordiéndome el lóbulo de la oreja.

Me estremezco cuando su mano libre viaja hasta mis pechos, toma un pezón y lo retuerce hasta que vuelvo a gritar; en mi grito hay dolor, placer, y mi desesperación por correrme.

—Idiota... —digo entre dientes, ya sin poder contenerme. En otras circunstancias no le rogaría, pero ahora, estoy a su merced—. Te lo suplico, por favor...

Y sin más comienza a acelerar sus movimientos, sus caderas se mueven en círculos y mi mente explota. Dejo de contenerme y estallo en gemidos al tiempo que llego al orgasmo.

—¿Feliz? —lo escucho jadear en medio de mi placer—. ¿Lista para la siguiente ronda?

Estoy lista para huir hoy, en la primera oportunidad que se me presente saldré corriendo lejos de él. Y Julieta estará en el evento para ayudarme a lograr mi objetivo, así que claro que estoy feliz.

FIN.