PASIONES FALSAS

Desde el balcón veo el lujoso deportivo blanco aparcar a las puertas del palacio, detrás de él una caravana de coches negros se detienen y de ellos bajan al menos 10 miembros de la guardia real. Apenas las puertas del deportivo se abren y baja su conductor, todos se inclinan en una reverencia coordinada. Es tarde, el sol está a punto de ponerse y mis esperanzas de contar con otro día para prepararme dejan de existir, Gian nunca ha sido puntual, pero desde que nos casamos nunca se ha ausentado más allá de lo necesario. Cierro mi libro bruscamente y aprieto los dientes, mirando fijamente al tipo de traje rojo oscuro y corbata negra que camina directo a De Silvanus. ¿De verdad estoy enamorada de ese idiota arrogante engreído? Ojalá no fuera así, sin embargo, he tenido tiempo para pensar y aceptarlo, a pesar mío. Me he enamorado como una tonta, y lo peor, sin haberme dado cuenta hasta que ya era demasiado tarde.

Sabía de sobra que Gian regresaría al palacio hoy, y que yo no podría evitarlo, pero ha sido tan repentino para mi gusto. Desde que hablé con Julissa sobre el pasado de

Gian, me he estado preparando para este momento, pero ahora que ha llegado, me siento menos segura que nunca. Por un lado, estoy ansiosa por verlo de nuevo, y por el otro, quisiera desaparecer. Aún no sé qué hacer con lo que ella me contó, podría usar esa información para deshacer mi matrimonio con Gian e irme de De Silvanus, pero hay algo que me detiene: Gian, mejor dicho, mis sentimientos por él.

Doy un respingo cuando una mano se posa en mi hombro.

—Dentro de poco subirá—me informa Fanny en voz baja, arreglándome el peinado—, prepárate. Y recuerda, no dejes que vea a través de ti, debes ser amable y así evitarás que sospeche.

Coloca una mano sobre una de las mías, es un toque tan delicado que bajo la cabeza y miro la copa en ella.

—Deberías dejarlo, recuerda que a él no le gusta que bebas—agrega con dulzura, igual que si yo fuera una niña y ella mi madre—. Pórtate como siempre, al menos por ahora. Y Veena, no olvides que Julissa te odia, sería capaz de decir cualquier cosa con tal de lastimarte.

“Sustituta, sustituta”, ¿sólo soy eso para él? Quisiera poder escuchar la palabra “reemplazo” directamente de la boca de Gian Creel para poder liberarme de mis estúpidos sentimientos por él, pero no puedo preguntarle nada, él no sabe que conozco ese pasado suyo y así debe continuar creyendo.

Mi Primera me da una palmadita y se marcha, llevándose consigo al resto de las doncellas y la copa de vino. Sé de sobra que Julissa me odia, pero todo lo que dijo encaja muy bien con la pequeña versión que me dio Matsson la noche del cumpleaños de Gian, y eso no puede ser una simple coincidencia. Fingir que todo sigue igual, es verdad que cuando Gian se marchó hace una semana, las cosas entre nosotros no eran miel sobre hojuelas, pero iban marchando por buen camino.

Y ahora, me he enterado que está enamorado de una mujer que hace años se aprovechó de su corta edad, usándolo con el único fin de alcanzar la gloria que sólo poseen los reyes; que por eso es tan posesivo y desconfiado, que esa es la razón por la que tanto detestaba la cláusula matrimonial que dicta el Decreto Real, y eso lo entiendo muy bien, después de todo, ¿quién querría casarse con alguien que solamente te usa para trepar varias escalas sociales? Una mujer ya lo había engañado antes con el único fin de convertirse en princesa y próximamente en reina, así que entiendo perfectamente la renuencia que tenía acerca de casarse con alguna de esas chicas aristócratas, quienes se les veía a todas luces que sólo les interesaba casarse con Gian por la maldita corona que obtendrían con ello.

Pero también he descubierto que Gian me usa en un intento de llenar el lugar de esa mujer, me ha convertido en un juguete para su consuelo, soy la pieza que intenta desesperadamente hacer encajar en su rompecabezas favorito.

Desde que nos conocemos, siempre ha jugado conmigo e intentado meterse entre mis piernas, pero jamás creí que me haría su esposa solamente para sustituir al gran amor de su vida. ¿Todo lo que ha hecho conmigo hasta ahora no me pertenece? ¿Cada contacto entre nosotros va dirigido a Julieta Visconti? Me siento usada y estúpida, y todo por haberme enamorado de él tontamente.

Fui tan ingenua, una tonta que se dejó engañar por las atenciones de esposo, pero, ¿cuántas mujeres no confiamos en nuestros maridos, aunque sea un poco? Escucho la puerta de mi habitación abrirse lentamente, inhalo despacio y parte de mi tensión muscular se desvanece.

No me levanto ni volteo el rostro, espero pacientemente a que él tome la iniciativa. Lo siento aproximarse, noto cuando se inclina sobre mi hombro, siento el roce de sus labios en mi mejilla y sus manos raptando hasta mis senos, los masajea con delicadeza al tiempo que me besa la comisura de la boca.

—He vuelto—murmura sin dejar de tocarme—, y quisiera hacer mi segunda petición.

Para que me permitiera hablar con Emma, yo tuve que aceptar cumplirle dos caprichos. El primero ya está hecho, pero el segundo todavía no. Cierro los ojos cuando una de sus manos se cuela bajo mi vestido y me separa las piernas junto con la ropa interior, suelto un gemido al sentir entrar uno de sus dedos en mi interior. Ladeo el cuello para él.

Julieta Visconti. El pensamiento es tan repentino que doy un salto en la silla.

—Veena, ¿pasa algo? —pregunta Gian sacando la mano de entre mis piernas.

El pasado que los une, eso pasa, dime que soy un simple reemplazo y acabemos con esto. No puedo dejar de recordar mi conversación con Julissa y la historia que une a Gian con la chica Visconti. Me levanto de la silla y me giro para poder verlo a la cara; Gian Creel es sumamente atractivo, tiene una eléctrica mirada verde y el porte de un rey, el rey en el que se convertirá dentro de 3 años. Y la luz del crepúsculo que entra por el balcón a mis espaldas lo vuelve un dios, un dios del inframundo, un hombre que esconde su verdadero ser bajo un rostro hipnotizante, tras mentiras y engaños.

—¿Cuál es tu petición? —inquiero al tiempo que me acerco a él con las manos en la espalda.

—A ti—responde sin dudarlo—. Te quiero a ti en mi cama.

Me detengo a pocos centímetros de él y bajo la vista al bulto de sus pantalones, está tan excitado que, si no cedo, seguro terminare sometida de todas formas. Mis tacones son tan altos que no tengo que alzarme de puntillas para alcanzar su boca, la cual sabe a whisky y no a otras mujeres.

—Hoy me he arreglado especialmente para ti—murmuro contra sus labios. Me he puesto un vestido rojo muy corto, bastante ceñido y sin tirantes; todo para que no le cueste quitármelo—. Gian, si me niego a estar contigo, ¿serías capaz de tomarme a la fuerza?

No responde, en su lugar me toma de las caderas y me alza en vilo, reprimo una exclamación de sorpresa y lo abrazo con las piernas. Mis ojos buscan los suyos y encuentro un abrasador fuego en ellos, amenazante y profundo.

—Soy capaz de hacerlo—dice mirando mi boca con contenido deseo—, soy capaz de tocarte, aunque tú no lo desees—su expresión se torna dolorosa, como si temiera que lo retara—. Veena, no me pruebes, jamás se te ocurra hacerlo.

Dicho esto, me arroja sobre la cama, caigo de espaldas y el impacto me deja sin aire. Y al segundo siguiente ya lo tengo sobre mí; no me arranca la ropa, se coloca sobre mí y atrapa mis muñecas con una mano, su boca busca la mía y me besa con rudeza, como si quisiera lastimarme y a la vez complacerme. Suelto un gemido y abro las piernas, no me ha penetrado, pero su cuerpo se mueve sobre el mío de una forma tan excitante que parte de mis pensamientos han desaparecido. Julissa Hester, y yo, Veena Creel; no puedo creer que las dos seamos meros juguetes para Gian.

Sustitutas, rectifico para mis adentros, simples sustitutas. Termina el beso y comienza a quitarme el vestido, mientras lo hace, mi boca se abre y preguntó:

—Gian, ¿qué significo yo para ti? —necesito saber si hay algo dentro de él reservado para mí—. Dime, ¿hay algo que te guste de mí?

Quisiera saber si yo le importo siquiera un poco, si la forma en la que me abraza tiene algo de autenticidad, si la manera en la que me besa y se corre dentro de mí no es fingida. Me pregunto si verá a Julieta en mí, si se imagina acostándose con ella mientras me folla a mí. Quiero escuchar algo que vaya dirigido solamente a mí, a Veena y no a Julieta.

Gian menea la cabeza y arroja mi vestido al otro lado de la habitación, riendo entre dientes. Un segundo después se pone serio y se inclina, me besa la cara interna del muslo derecho. Suelto un sorprendido suspiro.

—De tu cuerpo me gustan tus largas piernas—susurra con el aliento acariciando mi entrepierna, las plantas de mis pies se hunden en la cama a causa de mi contenido placer—, me gustan porque se ajustan bien a mis caderas cuando te corres—me besa el sexo una vez antes de subir por mi estómago, su rostro llega hasta mis senos y hunde la cabeza en el valle entre ambos—. Me gustan tus pechos—levanta la mirada y nuestros ojos se encuentran, deliberadamente se mete un pezón a la boca, tira de él suavemente y yo casi pierdo la cabeza. Después de un rato lo libera y sigue avanzando hasta llegar a mis labios, me besa despacio, tirando de mi labio inferior mientras lo hace—. Y me gustas tú, Veena.

Se me escapa una exclamación de sorpresa y Gian vuelve a reír.

—Veena, no soy tan superficial. ¿Creías que sólo me interesaba tu cuerpo? Que tonta. Me gustas tú, eres leal, valiente, intrépida. Me gusta que siempre busques puertas y que tu afecto suponga un reto, que no pertenezcas a cualquiera, me gusta que seas libre, alguien que ni siquiera yo puedo atrapar. Eres soberbia, una mujer inalcanzable, igual que una distante estrella ardiente, brillante y hermosa a los ojos de todos, pero que en verdad esconde fuego y perdición. Así que entiendo la fijación de tu amigo por ti—el nombre de Jade me hace mirarlo con otros ojos y él esboza una sonrisa torcida, en mi pecho mi corazón comienza a latir más rápido—, ¿crees que no sé lo que siente por mi esposa? Veena, ¿entiendes porque te mantengo en mis territorios incluso cuando estoy ausente? A decir verdad, temo que otros te lleven lejos, o que tú escapes de mi lado.

Traición, teme que lo traicione como hizo Julieta, por eso está tan obsesionado con mantenerme cerca suyo.