Cap. 37.2 Mucho por hacer, mucho por conocer

Al caer la noche, Wendt, Olga y Ruth nos esperaban en la playa, los soldados y patrullas pasaban ignorándolas por completo. Estar en Venezuela, para Wendt era algo extremadamente nuevo; desorientada totalmente por donde buscar o que hacer, solo tenía la fe de que estuviera sana y salva y desde luego, ella era prueba para saber que aun todos los del escuadrón y mi persona seguíamos intactos en el fondo del mar. ─ ¿Están seguras que no les pasó nada? ─ preguntaba Ruth no muy convencida. ─ Madre está bien ─ ¿Cómo puedes saberlo? ─ Estamos vinculadas ─ contestó con la vista fija en el océano, en cambio la respuesta de Ruth fue asentir dubitativamente, y mierda, hora de volver. Gracias a Dios que ninguno de nosotros respiraba, ya hubiéramos muerto ahogados, y lo mejor del caso, era que no se veía absolutamente nada, bueno… para el ojo humano. Usando de nuestros instintos, logramos encontrarnos, supongo que la preocupación de Wendt era nuestra tardanza y era que aun no nos habíamos reunido todos, nuestros ojos brillaban en la oscuridad, eso también aportó la facilidad de reunirnos en un solo punto, o sea, cerca de donde yo estaba, prácticamente era el faro de todos ellos. Cuando todos nos encontramos, Steineer levantó el pulgar en señal de que todo estaba bien y en orden, asentí y comenzamos a nadar hacia la superficie. Hasta los tiburones que circundaban a nuestro alrededor, se alejaban de nosotros, y los entendía, no era nada bonito apreciar decenas de ojos rojos emergiendo de las profundidades, pude captar la angustia de Wendt, tardábamos demasiado, por un segundo me dejé llevar y ella farfullaba: ─ Vamos madre, sal, sé que estás allí ─.

La alegría y el alivio de todas, fue evidente cuando nos vieron surgir del agua. La primera en recibirnos fue Wendt, corrió para abrazarme sin importarle en lo más mínimo lo empapada que andaba, Olga sonrió aliviada y Ruth solo parpadeaba en asombro, ¿y yo?, soltaba palabrotas muy ingeniosas por los grandísimos hijos de su mamá que nos lanzaron al mar. ─ ¿Están bien? ─ pregunté, solo por cortesía, ya sabía la respuesta y por mi pregunta, Wendt soltó una baja risa. ─ ¿Qué haremos ahora? ─ preguntó Ruth, su cara era la viva imagen del desconcierto. ─ Quisiera decir que Dios proveerá, pero sabemos que eso no será cierto, a menos que nosotras hagamos algo al respecto ─ De hecho, madre, el barco aun está intacto ─ Cierto, no han encontrado las reservas donde tenemos la sangre y el dinero ─ ¿Cómo lo sabe? ─ preguntó Ruth nuevamente, ¡Dios!, debo hacer nota mental en aclararle todo a esta mujer. ─ Estamos vinculadas ─ contesté. ─ Pero primero debemos encontrar un lugar donde quedarnos y organizarnos ─ propuso Steineer estudiando su entorno.

Autos iban y venían, algunos paseaban de aquí para allá retornando a sus hogares, y en la distancia, Steineer señaló un motel. ─ No creo que sea buena idea ─ apuntó Ruth, pero mi respuesta fue una sonrisa traviesa. ─ ¿Por qué no se van registrando mientras nosotros recuperamos nuestras cosas? ─ propuse asignando a Wendt ya que ella era la que más manejaba mi idioma, en cambio Olga, su acento alemán era muy pronunciado y Ruth, por muy buena espía que fuera, no hablaba español. Señalando a varios para que fueran con ellas y las cuidaran… ─ Steineer y los demás vienen conmigo ─ finalicé y todos sonaron sus botas y eso me hizo reflexionar. ─ Chicos… creo que de ahora en adelante debemos cambiar eso, digo, la guerra terminó y si queremos pasar desapercibidos… ─ ¿Qué propone, mi Führer? ─ Simple, Schmidt, un asentimiento es más que suficiente, cualquier cosa que demuestre que escucharon la orden, pero lo de los talones no, ya no más talones ─ todos se vieron a las caras y con una mueca y varios encogimientos de hombros acompañados de risas estuvieron de acuerdo. ─ Bien. A moverse ─ aplaudí y cada quien se fue a lo suyo.

Recuperar nuestras cosas no fue difícil, nuestro barco se hallaba anclado en uno de los muelles, los únicos en acercarnos fuimos Steineer y yo, el resto custodiaba desde los tejados. Entramos rápidamente y tomando varios bolsos que aun seguían allí, guardamos algunas bolsas de sangre, no quedaban muchas, solo unas… diez u once, guardamos enlatados y sacamos el bolso con todo el dinero guardado, aguardamos silenciosamente para escuchar la noche y expandiendo nuestros sentidos, nos dimos cuenta que era seguro y salimos camuflándonos con la oscuridad.

Llegamos al motel y Wendt aun trataba de convencer al sujeto para que les dejase registrar, el muy pendejo no quería escuchar razones, era el tipo de idiota que quería ver el dinero antes y preguntaba después, y entendí que los tiempos han cambiado mucho. ─ ¿Algún problema? ─ llegué preguntando en Alemán y Wendt no dudó en seguirme el juego, le di una mirada dura al sujeto y… ─ Así que usted no quiere darnos alojo ─ dije acentuando el alemán, los chicos del escuadrón cruzaron miradas y Steineer rodeó con su brazo por el hombro a Wendt ofreciendo su mirada asesina, había puesto nervioso al hombre. ─ Mis amigos y yo queremos pasar unas buenas vacaciones, vimos que este… motel prometía ser un buen lugar, pero si nos vamos a entender de ese modo ─ Son políticas del motel ─ replicó el sujeto sudando hasta por las orejas. ─ Okay ─ contesté con una sonrisa sarcástica. ─ Si así nos vamos a poner ─ busqué el billete de más denominación que teníamos. ─ ¿Es suficiente con esto? ─ sacó unas cuentas y dijo que faltaría más para completar la estadía por una semana, asentí y cuando colocó su mano sobre el billete, un cuchillo voló hacia su mano fallando un par de centímetros; le di una mirada a quien había sido el causante de que el recepcionista de vaina no le diera un infarto, había sido Schmidt. ─ Me temo que no nos gustan las mentiras ─ aclaré ampliando la sonrisa. ─ Ahora, según los cálculos correctos, ¿Por cuanto tiempo cubre nuestro hospedaje? Y sea totalmente honesto ─ exigí usando mis habilidades de susurradora. ─ Más o menos por un mes ─ contestó sin oponer una gota de resistencia. ─ Bien, ahora por pendejo, y por querernos jugar gallo guindado, ese mes nos va a salir gratis, así que regístrenos. Ahora ─ A, a, a, a, ¿A nombre de quien? ─ preguntó y por su estupidez, rodé la mirada en aburrimiento y contesté: ─ ¿Yo que sé?, usa el nombre de tu mamá o el tuyo, no me importa ─ el hombre escribió algo en un libro y nos entregó la llave de la mejor habitación, las tomé y me di media vuelta con sonrisa triunfal agitando las llaves haciéndolas tintinear como un premio y nos fuimos a disfrutar de una grata velada planificando nuestro próximo paso.

No fue difícil, Wendt solo debía cambiar el dinero a la moneda nacional para trasladarnos a la capital y antes de dar ese paso, nos informamos sobre el cambio de la moneda, en cuanto sería el costo y todo eso, no quería que la estafaran, solo dos billetes de cien Libras esterlinas nos daba lo suficiente para pagar el pasaje de todos nosotros y hasta más, pero lo que teníamos en contra es que como no teníamos documentación, le pagamos algo de dinero a un señor que transportaba verduras para Caracas. Hice señas y todos abordamos el camión, pero como todo asqueroso camionero quiso aprovecharse de una de las chicas… adivinen de quien, de Ruth, al pobre hombre de vainita no se quedó sin dedos y hasta sin camión.

Fue un viaje de más o menos ocho horas para ese entonces, es decir, llegamos a las cinco de la mañana y durante de nuestro viaje, fui aclarando puntos con los muchachos, en tratar de no ser tan obvios, pasar lo más que se pueda desapercibidos, porque uno de los muchachos me preguntó que si nosotros teníamos tantas habilidades, ¿Por qué no aprovecharlas?, por eso fue mi aclaratoria y no quería sonar desalentadora. Para no usar todo el dinero que llevábamos, insté a las muchachas a buscar empleos, desde luego tenía otras razones. Con Olga y Wendt no sería problema, pero Ruth… no estaba tan segura.

Llegamos a Caracas, corriendo tuvimos que buscar un lugar donde pasar nuestros letargos, Dios, esconder cuarenta y siete soldados no fue tarea fácil, y una de las ideas más viables era buscar alguna construcción o algún almacén abandonado, nos quedaba menos de una hora para caer en letargo y… ─ ¡Allí! ─ señaló Wendt y no era una mala idea, una posada cerca del Capitolio, imagínense todo lo que recorrimos desde el paseo los Próceres, una caminata de casi cuarenta minutos. Corrimos en tropel hasta la posada y la señora encargada detrás del mostrador con cristal, se asustó al vernos llegar todos juntos. ─ Buenos días ─ saludé con sonrisa amena. ─ Necesitamos… ─ di un vistazo sobre mi hombro. ─ Cuatro habitaciones por favor ─ no teníamos mucho tiempo, debía usar de mis habilidades como susurradora o tendríamos serios problemas, así que la señora se puso a trabajar en registrarnos, Wendt dio su identificación y el pago, y la señora en darnos las llaves, hice entrega asignando diez hombres a cada habitación y una vez hecho, le dimos las gracias a la señora y corrimos escaleras arriba. Apenas al cerrar la puerta, todos caímos en letargo.

A la siguiente noche, nos levantamos… ¿Uno encima del otro?, ¿Quién hizo semejante desastre? ─ Al fin despiertan ─ saludó Ruth sentada sobre la cama, como pudimos, nos levantamos estirándonos. ─ Nos dieron problemas para acomodarlos ─ ¿En serio?, no parece ─ repliqué frotándome el cuello. ─ ¿Dónde está Wendt? ─ pregunté cuando no note su ausencia. ─ Está con Olga comprando algunas cosas para nosotras, usted sabe, comida para humanos ─ asentí comprensivamente y a los pocos minutos llaman a la puerta, era Steineer. ─ Mi Führer ─ saludó entregándome una bolsa de sangre. ─ Gracias, Steineer ─ Estamos en otro país, ¿Será necesario que le llamen de ese modo todo el tiempo? ¿No es un poco sospechoso? ─ ante aquella pregunta de Ruth, lo consideré un poco. ─ No te preocupes, siempre y cuando se dirijan a mi a solas de ese modo está bien, ¿Has entendido, Steineer? ─ Si, mi Führer, por cierto, los muchachos quieren saber cual será el próximo paso ─ Cierto ─ medité la situación por un instante. ─ De ahora en adelante nos encargaremos de protegerlas ─ señalé a Ruth, pero Steineer sabía lo que quería decir. ─ Hasta no encontrar un buen lugar, nos ocultaremos aquí, tratemos de no llamar la atención ─ Y… ¿Cómo harán con la comida? ─ preguntó Ruth y eso me hizo volver a considerar la situación. ─ El mundo está lleno de criminales, tales como ladrones, asesinos, violadores; ese tipo de gente. Aprovechemos de limpiar un poco mientras nos alimentamos ─ propuse con una sonrisa casual y así se hizo.

Si quieren saber que fue lo que pasó con las muchachas, bueno, eso fue sencillo, Wendt consiguió trabajo en un bar, no me aprendí el nombre por una sencilla razón, cuya razón se las explicaré luego, no fue necesario preguntar por ella porque ya sabía para donde se había ido antes de despertar de mi letargo, no me gustaba mucho ese lugar y no dudé en asignar a dos de los muchachos para que la custodiaran durante sus turnos de trabajo, pero me dio pie para saber donde iniciar mi búsqueda de criminales y corruptos, y como no había nada que me asociara con ella… Olga y Ruth encontraron trabajos de costureras, Olga debía ser la traductora de Ruth, ya que aun no hablaba el idioma, podrán imaginarse como era el rollo, una alemana traduciendo inglés británico a un español bastante estropeado. Corroboré que Ruth nunca había trabajado en su vida de otra cosa que no fuera espía o asesina, porque casi le encaja la tijera a su jefa inmediata cuando quiso corregirle en su trabajo, eso fue lo que me informó Olga, y la explicación de Ruth fue la siguiente: ─ No le entendía nada, señorita Elisa, usted me disculpará, pero los venezolanos son un tanto… intolerantes con respecto a sus trabajadores, no les importa sin son nuevos o no, no los instruyen como es debido, no pasan por un entrenamiento previo, y como no entendía de sus argumentos, ella quiso llevarme a rastras a… ¿La oficina es que le llaman? ─ asentí ante su duda. Escuchaba muy entretenida su explicación con una sonrisa de oreja a oreja, como si me contara un chiste, pero era porque me lo contaba con aquel decoro con su barbilla en alto, con aquel estilo británico lleno de florituras y elegancia. ─ No podía tolerar tal agresión, así que opté en quitar su mano de mi hombro y ella… no se lo tomó muy bien. Eso fue muy axiomático, sobre todo con su actitud que había empeorado. Me sujetó con mucha rudeza por mi brazo, supongo que decía muchas palabras soeces. ─ ¿Cómo cuales? ─ pregunté interrumpiendo su relato, y amplié mi sonrisa aguardando su explicar, ella dudó si era correcto decir tales palabras, como si fuera un enorme tabú. ─ Hem… bueno… e… ¿Está segura? ─ asentí demostrando que el tema era bastante serio, la cual, yo no dudaría en tomar cartas en el asunto. ─ Bueno… he… podría decir… No recuerdo muy bien con exactitud, hablaba muy rápido… he… ¿Cómo era que decía, señorita Olga?, ella lo repetía muy seguido. Por su tono de voz, noté que lo hacía destacar como una… ofensa ─ Carajita… del coño, mueve… ese… culo, (segundos cavilando) ¿Qué es… carajita? ─ aclaró con aquel español estropeado por su acento alemán y no dudé en revolcarme de la risa. Todos se me quedaron mirando como si me hubiera vuelto loca, de verdad no pude evitarlo, y por ello entendí a Silvana en lo que quería decir, así que para no faltarle el respeto a Ruth en la seriedad de su tema, le resté importancia a mi actitud, me enjugué las lágrimas de tanto reír y cuando por fin pude calmarme, le pedí disculpas explicándole que tenía mucho tiempo que no escuchaba el argot de mi país y le insté a que prosiguiera. ─ (carraspeo) Como venía diciendo… he… tratando de mantenerme al margen de su orden de no agresión, me volví a liberar, pero fue tarde cuando la señorita Olga quiso intervenir, porque la mujer me empujó y no dudé en defenderme ─ ¿Qué hiciste? ─ Tomé de su muñeca y se la torcí, su cara fue a parar directamente a la mesa de trabajo impactando fuertemente, tomé la tijera y fue la señorita Olga quien me detuvo ─ ¿Y qué paso después? ─ Fuimos despedidas ─ confesó Olga con sus hombros caídos, asentí estudiando cada palabra. ─ Debemos hacer algo al respecto con eso ─ señalé y las palabras de Olga llegaron a mi mente e hice de tripas corazón para no reírme otra vez.