Chapter 44: Cap. 38 Se solicita personal

1978, (suspiro de nostalgia), ya casi en los hermosos ochenta, cuantas cosas pasaron, y ¿Cómo resumirlo?, bueno… ahí les va, en el 56 se logró llegar a una solución con la actitud de Ruth. Olga le enseñó costura y Wendt le ayudó con el español, yo también puse de mi parte, con el fruto del trabajo de Wendt, más el esfuerzo de mis muchachos en cazar y encontrar narcotraficantes y la escoria de la ciudad, en el 58 obtuvimos buenas ganancias desapareciendo los cuerpos en la montaña, y cuando empezaron las obras del metro de Caracas… ocultamos un par de cuerpos en los túneles culminados, sitios donde no los encontrarían jamás, y con ello… compramos nuestra primera casa, eso fue durante dos años y un poquito más, cuyos dos años, mis muchachos salvaron a Wendt en más de una ocasión, tanto en el bar donde trabajaba como en la calle. En varias oportunidades visité el lugar fingiendo que no la conocía y ella lo entendió.

En el mismo año del 58, mis muchachos y yo, nos enzarzamos en una conversación sobre nuestros siguientes planes, a veces lanzaba miradas a Wendt que atendía los clientes de forma rápida y eficiente, sin embargo su incomodidad de volver a servir en las mesas, se percibía a flor de piel, no importaba que fuera jefa de meseras, eso causaba envidia entre sus compañeras, que por ser extranjera y de buen cuerpo, escalara cargo de buenas a primeras, pero otra mesera nos atendió, no pedimos nada para comer, solo cervezas y no se imaginan como me reí al ver las caras de los muchachos al darse contra la pared al descubrir, por enésima vez, que no les sabía a nada, hasta que sentí la molestia de Wendt desapareciendo todo rastro de diversión en mi cara, levanté la mirada y la vi discutiendo con un cliente que exigía algo más que un buen servicio a la mesa, ella se negaba y el desgraciado tironeaba de ella, mi gruñir fue bajo, pero fue la mano de Steineer quien me detuvo. ─ Permítame, mi Führer ─ se levantó y se acercó hasta la mesa, le dio un par de palabras a Wendt y ella le contestó, por la cara de los demás, no se esperaban que ella hablara alemán con fluidez, pero eso no intimidó a nuestro amigo e intentó levantarse, digo intentó porque Steineer puso una mano en el hombro y lo volvió a sentar sin mucho esfuerzo, otro sacó un cuchillo y con solo una mirada, el hombre se puso él mismo el cuchillo al cuello. Si, mi mejor hombre era un controlador, porque por la actitud de aquel sujeto que se puso ese cuchillo en la garganta, los otros lo contemplaron con horror absoluto, dijo unas palabras y Wendt le tradujo. Los idiotas afirmaron totalmente asustados.

Los de seguridad quisieron intimidar a Steineer, pero mis muchachos no dudaron en levantarse para responder, al igual que yo, no para unirme a la pelea que estaba a punto de estallar, era para evitar una carnicería, imagínense 44 locos inmortales ansiando sangre, porque los otros tres se quedaron custodiando en la posada. Steineer ignorando a los de seguridad le preguntó algo y ella asintió. ─ Caballeros, no hace falta iniciar una pelea ─ decía usando mis habilidades de susurradora. ─ Fue un simple mal entendido, así que… ¿Por qué no nos relajamos y seguimos la velada?, vamos, no ha pasado nada ─ el rostro de los de seguridad se relajaron y se marcharon. ─ Quiero que renuncies ─ le hablé en voz baja estudiando el local. ─ ¿Madre? ─ Ahora ─ y no dudó en salir disparada, a los pocos minutos salió cambiada, insté a uno de los muchachos que la escoltaran afuera, y como siempre, mi orden no se cuestionó por un segundo.

Esa misma noche el bar dejó de existir, sin antes de haber extraído todo el dinero producido esa misma noche, lamentablemente muchas personas se quedaron sin trabajo, pero era el lugar perfecto para las reuniones de la basura en la capital, indujimos en las mentes de las personas en realizar un escape de emergencia por una fuga de gas, entramos a la oficina del dueño y tomamos diarios de los clientes más frecuentes, agendas y extrajimos el dinero de la caja fuerte, gracias a la colaboración de nuestro amigo “el dueño” y después… ¡Boom!, ya no más bar.

Llegamos a la posada esa misma noche, Wendt nos esperaba totalmente molesta y antes de que abriera la boca… ─ No te preocupes por el dinero ─ dije tirando el enorme bolso sobre la cama, un bolso lleno. ─ Llevabas dos años trabajando en ese lugar de mala muerte, Wendt, tiempo suficiente para nosotros en obtener la información que necesitábamos ─ ella guardó silencio estudiándome de hito en hito. ─ No me veas con esa cara de pendeja, porque si acepté que trabajaras allí no era porque estábamos urgidos de dinero precisamente, y si, te seré honesta, no quería gastar todos los fondos que traíamos con nosotros, pero de igual forma valió la pena ─ y… esa fue la razón del porqué no me importó aprenderme el nombre de ese bar y como ya Wendt llevaba tiempo…

No tardamos mucho en buscar un buen lugar donde vivir, y a partir de allí, empezamos a tejer nuestros planes, en… invertir en varias áreas. Primero, nuestro propio taller de costura, con el tiempo decidimos vender la casa para comprar una mejor, el pequeño taller comenzó a crecer y como los bancos, al ver la cantidad de dinero que manejaban Wendt, Olga y Ruth, no dudaron en ofrecerle créditos, villas y castillas. Dinero que se aprovechó muy bien para crecer rápidamente, y como en aquella época la adquisición de bienes y negocios era rápida…

Al ver la naturaleza de nuestra juventud eterna, uno de los muchachos comenzó a practicar la falsificación de documentos, no era muy conveniente en tener tantos años de vida y seguir aparentando la misma edad. Al estar práctico en su oficio, se tomó la gentileza en crearme una para mí, el dinero que nos financiaba la mafia en mi país, nos sirvió de mucho, gracias a las agendas y diarios de aquel apestoso bar, dimos con los cabecillas rápidamente, les hicimos confesar enviando cartas a los noticieros y que se suicidaran después, los hombres que les servían a las mafias fueron nuestros sujetos de preferencia, porque los desangrábamos para nuestras reservas y desechábamos los cuerpos al río Guaire. También aprovechamos el desastre de un derrocamiento a un presidente para esconder más cadáveres. Los negocios y las inversiones seguían creciendo cada vez más con el pasar del tiempo, hasta habíamos invertido en restaurantes, luego en posadas y al ver nuestro rotundo éxito en la exportación de productos con Alemania, no dudamos en enzarzarnos en un proyecto de condominios, y adivinen que, fue otro rotundo éxito, lo que se dice hoy en día un venezolano, es un tiro al suelo.

Una noche en el año 78, se terminaba de cargar el último barco que zarparía para Alemania al amanecer, Wendt me acompañaba supervisando que el cargamento se abordara adecuadamente, al igual que Olga y Ruth, que no dudaron en asociarse con Wendt para dirigir diferentes facciones de la compañía, yacían presentes a mi lado. Wendt se encargaría de la construcción de condominios, Olga de empresas de amoblados y decoraciones y Ruth de bienes raíces. A Steineer y los demás, les tenía otro encargo muy lucrativo y sustancial, después les cuento cual es. Como les venía diciendo, supervisábamos que todo marchara en orden cuando… ─ Me enorgullece saber que mis enseñanzas no se desperdiciaron ─ esa voz, esa inconfundible voz, sin duda tenía que ser… él. ─ ¿Cuánto tiempo, Elisa Carvajal? ─ era Oliver, pero… ¿Por qué no sentí su presencia?, al carajo con eso, no le presté la más mínima atención a ese detalle, porque no dudé en correr para abrazarlo con fuerza prendiéndome de su cuello, lo había extrañado a rabiar y vestía de sacerdote y portaba una gabardina de cuello alto negra como siempre, ¿Por qué no me sorprende? ─ ¿Cómo van las negociaciones con Orphan Hill? ─ preguntó rompiendo el abrazo a duras penas, eso me causó cierta curiosidad. ─ ¿Oliver? ─ Hola, Wendt ─ Mi nombre es Teresa, pero te la paso porque eres tu ─ bromeó y después lo abrazó también. ─ ¿Qué te retrasó tanto? ─ exigí algo molesta dándole una palmada en el pecho, porque él debía haber llegado hace mucho tiempo. ─ Dado al éxito de ustedes aquí en Venezuela, una carta no dudó en llegar hasta la ciudad de Orphan ─ ¿Cómo llegó hasta allá? ─ Desde Alemania, tus primeros negocios empezaron allí y a partir de ese momento, con la ayuda de Eloísa, se abrió una ruta comercial con Orphan a través de Alemania, por lo tanto, me vi obligado en quedarme en Londres para organizarlo todo con el padre Mitchell, ya su avanzada edad no le permitía cumplir como era debido ─ negué con indulgencia y una enorme sonrisa. ─ Siempre tu ─ si se imaginaron que la llegada de Oliver sería mostrando una sonrisa de parte de él como esos actores cuando hacen esa entrada épica de final feliz de una película, créanme que pasó de todo menos eso, a veces este hombre era más seco que una piedra, tal vez eso era parte de su encanto. Le di una mirada al cargamento y… ─ Eso quiere decir que parte de lo que estamos enviando… ─ comenté a medias entrecerrando la vista para que Oliver terminara completando por mi. ─ Va para Orphan ─ ¿Se quedará, señor Oliver? ─ la pregunta de Olga nos trajo de vuelta a la realidad. ─ Por un tiempo, si ─ ¿Por un tiempo? ─ pregunté intrigada, Oliver se aclaró la garganta y explicó: ─ El padre Mitchell falleció hace un par de años ─ ¿Y estás dirigiendo la iglesia por él? ─ pregunté. No me lo esperaba, ni tampoco me imaginaba a Oliver administrando una iglesia. ─ No, pero debo encontrar su diario, allí tiene guardada información valiosa que nos puede servir y también perjudicar ─ ¿Qué clase de información? ─ preguntó Ruth cambiando al modo espía, como que añoraba aquella época. ─ No estoy seguro, pero no es el momento ni el lugar, por cierto, Elisa, tengo algo para ti ─ anunció y tomó mi mano de una forma que… pensé: ─ ¡Se me va a declarar! ─ no sé porque coño lo pensé, pero lo pensé y lo soñé despierta y pueden decirme pendeja si quieren pero, cuando sentí algo frío en mi mano y la abrí… ─ ¿Una llave? ─ De tu baúl. Lo dejaste en Alemania ─ me alegré tanto que lo volví abrazar con fuerza; rompiendo el brazo me dijo: ─ Trata de no perderla otra vez ─ acariciando mi mejilla. Si mi corazón latiera se hubiera disparado a mi cerebro, ¿saben esos silbatos de trenes viejos? Si, si, esos mismos que hacen chu-chu, si… esos mismos, así pitaron mis oídos haciéndome volar con esa caricia, de verdad, no me culpen por delirar por un sacerdote de sopotocientos años que estaba más bueno que comer pollo con las manos. ─ ¿Te vas a quedar o vienes? ─ preguntó trayéndome a tierra de un solo golpe, ya había iniciado la marcha y me miraba con aquel ceño levantado, como queriendo decir, “muévete, muchacha pendeja”, parpadeé como una idiota y me di al trote para alcanzarlo. ─ Los de Orphan te envían saludos ─ dijo andando a mi lado con sus manos entrelazadas a su espalda, abordamos nuestros autos después de haber acomodado el baúl y nos fuimos, la vida cobraba sentido cuando Oliver se hallaba a mi lado. Como debía ser.

Llegando a nuestra casa en Prados del este, nos comentó sobre el diario del padre Mitchell, y honestamente el padre tenía la esperanza de hacerme llegar dicho diario, pero le fue imposible debido a su enfermedad, según Oliver, el padre Mitchell murió de tuberculosis, pero si el padre tenía tal información en sus manos, dudé que fuera cierto lo de su muerte. ─ ¿Dónde está el diario? ─ pregunté muy seria, planificando la forma de cómo llegar a él. ─ No lo sé, supongo que se encuentra en su iglesia. No han dado con él hasta ahora, pero para llegar a él, solo podría ser encontrado por alguien como nosotros, así que existe la posibilidad de que envíen a alguien para que rastree ─ ¿Quién dirige la iglesia? ─ preguntó Ruth estudiando la situación con ojo clínico y mente afilada. ─ Uno de sus asistentes de confianza, ya es… sacerdote ─ ¿Uno de sus monaguillos? ─ pregunté y él asintió para luego agregar: ─ Pero está siendo supervisado por un obispo enviado del Vaticano ─ El obispo es una tapadera, un… enviado ─ musitó Wendt con mirada ausente. ─ Es lo más seguro ─ opiné en acuerdo con Wendt. ─ ¿Dónde está Steineer y los demás? ─ preguntó Oliver muy intrigado. ─ (suspiré) Cumpliendo un encargo para mi ─ sopesó mi respuesta y asintió. ─ ¿Necesitaremos de él? ─ No lo creo, Elisa, pero deberíamos llevar con nosotros algo de ayuda ─ Ruth no dudó en postularse y me negué sin vacilar. ─ Te necesito aquí, Ruth, estás al mando de la empresa de bienes raíces, no quiero que te veas envuelta en conflictos de este calibre ─ Pero, señorita… ─ No, Ruth, esta lucha no es apta para ti, no sabemos si encontraremos seres de nuestra especie, y si llegásemos a encontrar una… no tendrías oportunidad contra ellos. Eres valiosa aquí ─ su rostro se ensombreció, se veía decepcionada. ─ Puedes verlo de este modo ─ decía colocando una mano sobre su hombro. ─ Esto es parte de la guerra que estamos luchando, eres la capitán de este proyecto, cada cliente que convences para nosotros, es una batalla ganada, por ahora no lo ves, pero con el tiempo lo entenderás ─ con esas palabras salí en busca del Escuadrón Carvajal, rogando para mis adentros llegar a tiempo y obtener el diario antes que ellos.

Al primero que encontramos fue a Schmidt, que custodiaba en Chacaito el apartamento de un empresario que usaba sus recursos para el lavado de dinero. ─ ¿Dónde está Steineer? ─ Está a dos calles de aquí, mi Führer, ¿Ocurre algo? ─ Cambio de planes, necesito reunirlos a todos, ahora ─ Schmidt salió como alma que lleva el diablo, en cuestión de hora y media ya los tenía a todos congregados en la plaza. ─ Tenemos una emergencia en Londres, necesito llevarme a cinco de ustedes, y el resto debe quedarse ─ manos voluntarias no dudaron en levantarse. ─ Steineer, tu debes quedarte y dirigir lo planeado ─ Si, mi Führer ─ Becker. Schulz. Meyer. Wagner y Bauer vienen conmigo ─ los cinco asintieron y me siguieron. ─ ¿Cuándo partimos, mi Führer? ─ preguntó Bauer impaciente por entrar en acción. ─ Ahora mismo ─ fue mi respuesta.

Abordando nuestros autos con destino a la Guaira, aunque quisiese admirar todo el cambio transcurrido en todos estos años, no podía, no había tiempo que perder. ─ ¿Ese no es…? ─ señalé el cementerio donde una vez fui sepultada, había cambiado demasiado, supongo que el lugar donde fui sepultada tuvieron que hacerle modificaciones para enterrar más muertos. ─ Detén el auto un momento ─ ordené, aunque para ellos fue una extraña petición de mi parte. ─ Tenemos que movernos, Elisa ─ Tranquilo, Oliver, no vine a revivir viejos recuerdos ─ repliqué aun con la vista puesta en un grupo de personas que ingresaron al cementerio sorteando bardas, ¿aun seguían con la estupidez de profanar tumbas?

Con mucho sigilo, nos filtramos al cementerio camuflándonos con la oscuridad nocturnal. Para ser domingo por la madrugada se mostraba poco iluminada por las nubes que ocultaban la luna. Entremos en detalles: el domingo dejó de ser después de las doce, así que ya era un lunes a punto de despuntar el alba en un par de horas. Las personas que iban delante de nosotros llevaban una bolsa de tela con… ¿algo vivo dentro?, los latidos de lo que fuera mostraba miedo, sabía lo que le harían, pero aun así, no podía hacer nada, estaba totalmente indefenso, alguien del grupo portaba un enorme cuchillo, ¿Qué tenían en mente? ─ Rodeen. No hagan nada hasta que no de la orden ─ todos asintieron y se dispersaron, el único que se quedó a mi lado fue Oliver. ─ ¿Qué harás? ─ Observar ─ Elisa… ─ Paciencia, Oliver ─ el grupo se detuvo en una enorme tumba, el tamaño perfecto para… ¿ser una mesa de sacrificio?, también noté que eran cinco jóvenes, cinco niños, ¿Cuántos años podrían tener cada uno?, ¿15?, ¿17?, solo una tenía la apariencia de ser la menor del grupo, Sin embargo, decidí esperar un poco más.

El que parecía ser el que mandaba en la pequeña banda, dibujó un pentagrama encerrado en un círculo. Si, era una mesa de sacrificio. Mocosos de mierda. Se colocaron una serie de velas alrededor y… ─ Sácalo, Luis ─ ¿Pero qué coño?, ¿pensaban sacrificar a un cachorro? El grupo era conformado por tres varones y dos hembras que jugaban a ser los pendejos oscurantistas. ─ Lo están haciendo todo mal ─ comentó Oliver sin despegar vista de ellos, y lo que se me ocurrió en respuesta fue darle una mirada afilada de soslayo, ¿A quién coño le importa eso? El perrito no tenía la culpa de las pendejadas del grupo, pero si ellos querían invocar a un demonio… ¿Por qué no complacerlos?

El perrito temblaba asustado y gimoteaba, la chica que llamaron Gabriela, entregó un librito de… ¿San Cipriano? ¡que ridiculez!, Dios mío, no puedo con tanto, se guían de un libro de un carajo que una vez, según su historia, fue el único oscurantista que negó sus raíces para volverse cristiano, todo por amor a una mujer, hasta había discutido con el diablo por eso, pero en fin. Todo se encontraba listo para darle matarile al perrito, dijeron un par de babosadas, levantó el cuchillo, tomó fuerzas diciendo un par de estupideces más y lanzó la estocada mortal, solo que… no había perrito que sacrificar, porque lo tenía en mis brazos acariciándolo. Le di una mirada al perrito que aun seguía encogido de miedo, como queriendo decir, “me libre de Guatemala para entrar en guatepeor”, o sea, si no lo agarró el chingo lo agarró el sin nariz, para que me entiendan mejor, si no iba a morir de una manera, moriría de otra, porque es indiscutible que nosotros, los Errantes, somos depredadores por excelencia. La perplejidad de aquellos niños no cabía en sus caras, ¿Cuándo pasó?, ¿En qué momento se movió el perro?, buscaban por los lados de la enorme tumba. ─ Si querían invocarme, ¿Por qué no llamar simplemente? ─ los chicos se sobresaltaron al ser sorprendidos, pero no creían en mis palabras, tal vez… ─ ¿Qué culpa tiene el perrito? ─ Es nuestro… ─ ¡No le digas! ─ reprendió el jefe del grupo. ─ ¿Cómo te llamas, niño? ─ no querían responder. ─ Vámonos ─ instó el mayor del grupo y con un chasquido de mis dedos, aparecieron los cinco elegidos con colmillos extendidos listos para matar y rasgar gargantas, rugiendo y gruñendo como las bestias que eran. ─ ¿Ahora si me creen? ─ el pánico creció en sus corazones, sobre todo cuando se cruzaron con mi mirada, sonreía con colmillos extendidos y ojos demoníacos. ─ No intenten nada estúpido o los cazarán y los matarán, mis chicos tienen hambre y el miedo los enloquece ─ advertí acercándome a pasos señoriales, aunque era una mentira, preferí no correr riesgos. ─ Ahora, ¿Para qué querían sacrificar al perro? ─ exigí sombríamente con mi rostro impasible. ─ Que, que, que… queríamos invocarle para hacer un pacto ─ Cuidado con lo que deseas, niño, ¿Qué clase de pacto? ─ Queremos, (carraspeo) queremos un poco de su poder ─ ¿Cómo se llaman? ─ Me… me… me llamo Fabián, ella es Gabriela, él… se llama Luis Carlos, Alejandra y mi primo Christian ─ Pero si usted es un demonio que todo lo sabe… ¿Por qué quiere saber nuestros nombres? ─ preguntó Alejandra, una jovencita con mucho acné, cabello negro, ojos azules y algo gordita, que si se cuidaba bien, podría tener un cuerpo exuberante, pero… Fabián era rubio, ojos azules grisáceos, delgado; ya veo por qué lo eligieron. Luis Carlos era de cabello castaño largo, ojos marrones y la mirada de aquel muchacho prometía violencia pura, pero su corazón aun desprendía miedo, para su edad, tenía el físico bastante desarrollado. Gabriela era de igual rubia, de ojos azules, delgada, y Christian me recordaba a Bach, esos ojos un tanto desafiantes para todo aquel que no lo conocía, pero vivos y alegres cuando entras en confianza con él, cabello negro y ojos marrones, pero no importaba ahora, porque la valentía con la que habían entrado, había desaparecido con un rugido de Bauer, y ya verán porqué. ─ Solo cortesía ─ contesté y… ─ ¿Para qué quieren un poco de mi poder? ─ Queremos ser como usted ─ y allí fue donde vino el rugido de Bauer dando un paso al frente, y por aquel rugido, todos respingaron tensos y Christian se hizo pipi encima. Reí con malicia. ─ Me temo que mi muchacho no está de acuerdo, ¿Pretenden socavar mi autoridad?, ¿Reemplazarme? ─ todos negaron enérgicamente, le di una mirada a Oliver que estudiaba todo, como siempre, ya sabía cual era mi juego y por donde venía todo este drama, tengo que reconocerlo, amaba la mente afilada de Oliver. ─ ¿Oliver? ─ ¿Si? ─ ¿Traes viales de sangre contigo? ─ No ─ hice un puchero con tristeza fingida. ─ Mala suerte, niños ─ todos se vieron a las caras, y allí mi rostro cambió a algo más humana. ─ ¿Quieren saber que pido a cambio para tal pacto? ─ todos asintieron esperanzados por saber.

─ Haré una pregunta, espero que sepan responder, porque tienen una sola oportunidad ─ la tensión creció junto con sus miedos. ─ ¿Para qué quieren mi poder? ─ todos guardaron silencio, no sabían que decir. ─ Quiero ser bella ─ respondió Alejandra y eso me robó una sonrisa acompañada de un bufido, lo que es la inocencia. ─ Quiero ser inmortal ─ fue la respuesta de Luisa Carlos. ─ Quiero que las chicas se enamoren de mi ─ fue la respuesta de Christian, solté otro bufido por ello. ─ Quiero ser fuerte ─ fue la respuesta de Gabriela y por último… ─ Quiero tenerlo todo ─ enarqué mi ceño. Solo tres respuestas llamaron mi atención. ─ ¿Me invocaron para semejante estupidez? ─ gruñí y todos se encogieron de miedo. ─ Tu ─ señalé a Luis Carlos. ─ ¿Por qué quieres ser inmortal? ─ Usted debe saberlo ─ ¡Te hice una pregunta! ─ volví a rugir y sus amigos no dudaron en recomendarle contestar, que no debían poner a prueba mi paciencia; tragó saliva y contestó: ─ Matar a todo aquel… ─ ¿Por qué? ─ Por… por mi hermana ─ salté mi vista a Gabriela. ─ Tu ─ Por favor, no me obligue ─ gimoteó, la estudié un par de segundos y… ─ ¿Por qué? ─ Me da vergüenza ─ Pero debes contestar si quieres… ─ No, por favor. ─ ¡Contesta! ─ ¡Mi padrastro abusa de mi! (llanto desconsolado) ─ Tu ─ Quiero tenerlo todo para cuidar de ellos ─ señaló al grupo. Fruncí mi ceño ante su extraña respuesta. ─ Pero si estás dispuesto a derramar sangre inocente para proteger… no estás protegiendo en realidad ─ señalé al perrito. ─ Querías cegar una vida de un ser indefenso, eso no habla muy bien de ti, Fabián ─ Es lo que indicaba el libro ─ extendí mi mano y me lo entregó, no dudé en romperlo. ─ Mi precio es este. Ustedes deben estudiar ─ todos me miraron como si lo que decía fuera una total locura. ─ Antes de que repliquen, se los aclaro: El conocimiento es poder, el poder trae responsabilidad y consecuencias, y si quieren tener lo que tanto ansían, ese es mi precio, tendrán inmortalidad y toda esa mierda que ustedes desean, pero si estudian y se vuelven los primeros en su clase… para muestra de ello. Oliver, necesito que contactes con Wendt para que prepare unas cuentas bancarias, serán becas para estos jóvenes, ellos deberán reportarse el lunes por la mañana a la dirección que les indicaré y solicitarán de Teresa Carvajal, si ella pregunta, le dirán que van de parte de la Maestra-madre, ¿Está claro? ─ todos asintieron, incluyendo Oliver. Solicité lápiz y papel y les dicté la dirección. ─ Ni una palabra de esto, si lo hacen, dense por muertos, si cumplen serán recompensados, si no, dense por muertos ─ un poquito de motivación al drama, ustedes saben. ─ Extiendan sus manos ─ insté y lo hicieron, con cuchillo en mano hice unos cortes y bebí de ellos extendiendo mis colmillos, pero no mordí, simplemente ronroneando como una leona pasé una larga lengua por sus heridas, tan larga que podría tocar mi frente con ella. Eran niños, ¿Qué se podía esperar?, obviamente sus corazones parecían aleteos de colibrí, pero admiré sus valentías, cualquiera hubiera salido corriendo o desmayado a la primera. ─ Ahora sus vidas me pertenecen ─ sonreí con malicia. Ellos vendaron sus manos temblorosamente y… ─ Antes de que se vayan, les tengo una tarea más ─ todos se me quedaron mirando, esperando la orden. ─ Alguien debe cuidar al perro, penitencia por querer matarlo, si descuidan al animal… ─ dejé el comentario a la mitad para dejarles en suspenso, pero la certeza de que el castigo no sería nada grato si fallaban. ─ ¿Quién lo cuidará? ─ la primera en postularse fue Alejandra. ─ Te lo encargo. Ya saben que hacer. Ahora largo ─ despaché con un agitar de mi mano y se fueron a la carrera, como en las caricaturas, ¿saben?, que dejan la nube de humo como el correcaminos.

─ ¿Fue necesario todo esto? ─ me encogí de hombros ante la pregunta de Oliver. ─ Un poco de motivación no hace daño ─ me excusé y… ─ Cuando lleguemos a la Guaira, llama a Wendt, la pondrás al tanto, algo me dice que estos niños serán útiles ─ ordené observando por donde se habían escabullido y Oliver asintió. ─ Bauer, creo que se te pasó la mano con ese rugido ─ reprendí con sonrisa cómplice en labios, caminábamos de regreso a la salida del cementerio. ─ No pude evitarlo, mi Führer, sabíamos que jugaba con ellos, pero… ¿Fue necesario? ─ Como se lo dije a Oliver, estos niños pueden ser útiles, ¿Recuerdan lo que pasó con los niños de Orphan?, ¿No salieron buenos guerreros? ¿Hombres y mujeres que luchan honradamente? ─ todos asintieron entendiendo mi punto. ─ Bien. Sé que a los precursores no les gusta eso. Les… ofende encontrar sitios de paz y estos jóvenes no son la excepción, solo necesitaban un poquito de buena motivación, es todo. Ahora, (aplauso) no perdamos el tiempo, hora de moverse.