Capítulo 54: Catarsis

La madrugada del tercer día se anunció, y todos los vástagos Veneto invitados a la gran fiesta, hicieron acto de presencia en la entrada de la cripta de la casa principal, donde Adhemir y Heiner, y el resto de la segunda generación, descansaban en absoluta paz desde hacía más de ochocientos años.

La villa y la cripta se encontraban separadas por un camino de unos cincuenta metros, y esta, a pesar de tener su propio cerco de piedra, pertenecía al dominio principal.

En los límites de la amplia propiedad, muchos de los guardianes de los invitados vigilaban, y el grupo de distinguidos Veneto, con un par de Kyburg entre ellos, y algunos Flabiano que eran humanos e invitados especiales, se acomodó a unos cinco metros de la entrada, cuyos altos portones de hierro forjado estaban abiertos.

Detrás de ellos, grandes árboles brindaban una sensación de calma.

La brisa fría soplaba en una noche sin luna, pero los ojos de los vampiros eran capaces de distinguirlo todo.

Los miembros de la tercera generación de la rama principal de la familia vestían de punta en blanco, pero cuidando la comodidad: ropajes y chaquetas suaves y anchas.

El resto vestía un uniforme: las mujeres con vestido sencillo de color negro; los hombres con traje de tres piezas, con camisa negra y sin corbata. Malcom Edevane, además, portaba una estola alrededor del cuello, tejida por completo con hilos de oro; a su lado, Alessandra vestía igual que las otras mujeres, pero con un dije de oro adornando su pecho.

La reunión familiar concluía con este pequeño ritual del sueño, donde el futuro del clan despedía a una generación que iba a tomar un descanso.

La cripta tenía las puertas abiertas, pero esto no era como las leyendas humanas hacían parecer, donde se relataba que los vampiros dormían en ataúdes y por completo protegidos del sol y de todo contacto exterior. La realidad era que la cripta se dividía, en sus diferentes sótanos, en «habitaciones», donde cada vástago reposaría solo, o en compañía de pareja, en caso de tenerla, en camas de piedra muy bien preparadas con colchones suaves para asegurar la comodidad.

El cuidado de este lugar había sido entregado a Malcom, entre muchas de sus tantas nuevas responsabilidades, porque el mantenimiento debía ser constante.

Adhemir miró al frente a todos los suyos, que lo observaban con expectación, y luego volteó hacia sus hermanos, quienes irían a descansar junto a él, y a los guardianes que estaban más atrás.

—Gracias a todos por asistir a esta ceremonia simbólica. A partir de ahora nos iremos a descansar, sabiendo que esta familia yace en buenas manos. —Adhemir miró a su hijo, quien asintió—. Por favor, siempre recuerden que, entre todas las familias, entre todos los seres, nadie entiende como nosotros lo que la existencia y la muerte son.

Adhemir se giró hacia Malcom e hizo una reverencia pronunciada, en reconocimiento a que él era el nuevo jefe de la familia. Detrás del mandamás, el resto de los miembros de la tercera generación, y los guardianes, lo imitaron. Detrás de Malcom, sus hijos fueron los primeros en hacer la venia, y luego, poco a poco, con más o menos ganas, todos mostraron su respeto de la misma manera.

El Patrizio de la tercera generación se dio la vuelta y pasó entre sus hermanos, cruzando el camino, de unos diez metros, hasta la entrada a la cripta; los demás le siguieron, y más atrás los guardianes, equipados con sus armas, preparados para defender a sus señores en caso de que se presentaran inconvenientes.

Y esa era la razón de que estas instalaciones requirieran de un mantenimiento constante. Dentro de la cripta, en los niveles más bajos, se seguía sintiendo la presencia de cada uno de los guardianes que custodiaban a los vampiros que permanecían en desconexión dentro, y estos necesitaban un flujo constante de sangre para sobrevivir y estar fuertes, en caso de eventualidades.

El único instante en el que la cripta se quedó vacía, por una situación en extremo peligrosa, fue por unos días hacia el final de la guerra, cuando clanes enemigos ahora extintos se unieron para destruir a los Veneto en su centro, a sabiendas de que los vástagos estarían regados por todo el territorio protegiendo sus propiedades.

Para Luke Edevane, ese fue un momento clave.

Cerró los ojos, y sintió los pasos de sus abuelos y abuelas, y demás familiares, bajando los escalones que los llevarían hacia el segundo sótano, a varios metros de profundidad, donde sus «tumbas» se hallaban preparadas.

La desconexión de un vampiro consistía en sumergir a la mente en un estado de negrura total, que se asemejaba a un sueño profundo para los seres humanos. Allí perderían la percepción del tiempo y el espacio, y también el control sobre lo que pasara con sus cuerpos en el mundo real, porque no podrían despertarse por sí mismos.

Varios minutos después, las presencias comenzaron a desaparecer con una facilidad pasmosa, y solo las de los guardianes se conservaron.

En ciento cincuenta años, esos mismos guardianes harían el llamado a los hijos de cada uno de quienes ahí yacían, para que participaran en la ceremonia de despertar, que era básicamente compartir su sangre para revitalizar los cuerpos. El clan Veneto deseaba prepararse para una posible segunda ola de hostilidad, y por eso los miembros de su segunda generación serían despertados si así lo requiriese, aunque el centro de la Mesa de los Pecados Capitales, si existiese para entonces, no lo autorizara.

Pero había algo más, un pellizco en la nuca de Luke se lo dijo, y le impidió ignorar eso «extra» que sintió venir desde las catacumbas.

La mirada de todos los presentes estaba en esas puertas, que fueron cerradas por los últimos guardianes en ingresar, y la tensión comenzó a colarse entre ellos, así como un profundo silencio.

Luke captó unos ojos traviesos sobre su padre, y en seguida supo de quiénes se trataba.

Malcom se dio la vuelta, para dirigirse a los suyos; sin embargo, antes de que diera siquiera la mitad del recorrido, el silencio tenso sobre el campo, se rompió por una carrera tan veloz que fue indetectable incluso a los ojos de los vampiros presentes, y el filo de una espada casi cortó al centro del cuello de un recién estrenado Gran Patrizio, que miró impresionado al ser que lo había salvado.

La vaina de una katana se interpuso entre su cuello, y el filo de la espada empuñada por un atacante conocido.

Luke miró con dureza a Bruno, el primer hijo del hermano menor del abuelo.

Un segundo después, el caos se desató.

Una horda de zombis, que se contaban en cientos, llegó hacia los Veneto presentes por tres costados, con una velocidad afianzada en el grado de locura que sentían, y en las órdenes que les fueron dadas.

Algunos guardianes se pusieron en medio, pero fueron hechos añicos por los muertos vivientes que rugían y gruñían palabras inentendibles.

El aullido de sorpresa se hizo general en el momento en el que el grupo se dispersó, y Luke empujó a Bruno con la vaina. De inmediato, Malcom se puso en guardia delante de él, anunciando que este sería su contrincante, y el menor llevó su mirada a los alrededores, captando a un Blaise que se acercaba a toda velocidad, con la espada entre manos, espada que, supuestamente, no debía traer consigo.

Luke lo miró con decisión, y solo esos ojos bastaron para que el pelinegro comprendiera qué era lo que quería que hiciera: estar con su padre.

El rubio apretó la katana envainada en sus manos y, cuando Blaise pasó a su lado, le susurró un «Cuídate» que sería solo audible para él.

«Tú también», recibió en respuesta, y desenvainó, dejando la vaina tirada a un costado, a sabiendas de que podría recuperarla más adelante.

La historia de la katana era curiosa.

♦ ♦ ♦

Año 2015 d.C., 16 d.G. Venecia, Territorio de Vitéliu, Düster. Más temprano.

Luke le pidió a su hermana que lo dejara solo con Blaise por unos momentos, pues necesitaba tratar un par de cosas con él en privado. Así pues, ambos terminaron en la habitación cerrada, sin mucha luz colándose por la ventana.

El mayor caminó hacia el armario, donde estaba el equipaje que había traído, y de allí sacó una katana envainada que sorprendió al pelinegro. La tomó con ambas manos y regresó hacia la cama, para sentarse en la orilla.

Blaise se sentó a su lado.

—¿Por qué trajiste una katana hasta aquí?

—Por la misma razón por la que pasaste por un gran Jazba, querido Blas. La traje escondida entre mis trajes, porque no es propicio alertar a nadie de lo que sucederá, ni siquiera a Denisse.

—¿Aún piensas que algo pasará? —El mirar del menor se frunció hacia el rubio.

—Algo pasará, estoy por completo seguro de eso. —Blaise exigió saber más con esos orbes grises azulados, Luke se sonrió—. Como dijiste antes, querido Blas, mis razones para ir a la Ciudad Neutral son muy variopintas, y esto que vivimos ahora es uno de los motivos por los que decidí entrar en acción.

—¿Esto?

—Que la tercera generación vaya a dormir.

—¿Cómo rayos…? —Blaise se calló—. No, olvídalo… hay tanto que no sé sobre el tú de los últimos años… —se quejó y le desvió la mirada, para fijarla en un sillón que estaba al frente.

Una gran sonrisa se dibujó en los labios del mayor, que colocó el arma sobre su regazo, y llevó la diestra a tomar la zurda del otro, que tenía sobre sus muslos.

—La cosa es que… necesito que estés preparado. De la misma forma en la que ocultaré esta katana, esconderé tu espada incluso de los astutos ojos de tu padre. Preciso que, cuando el momento llegue, te olvides de mí y cuides a mi padre, ¿lo entiendes? —Blaise volteó a verlo con semblante dudoso.

»Quienes planearon esto, esperaron hasta ahora para ejecutarlo porque se trataba de mi padre. No dudo que también querrán matarme, pero… los precursores de este plan están sumidos en la locura, aunque traten de esconderlo.

»Por eso, querido Blas, para nuestra familia ahora, que mi padre pueda alzarse como su líder es lo más trascendente, y eso tiene que pasar sin importar las consecuencias —sentenció con una seriedad destacable a ojos del menor.

Blaise tragó con dureza y apretó las mandíbulas.

—Sabes que no puedo priorizar a nadie sobre ti, ni siquiera a mi propio padre, Luke.

—Lo sé… y sé que te estoy pidiendo algo egoísta; pero necesito que lo hagas, Blas. Esta es la única forma en la que la basura de nuestra familia saldrá, y mi padre tendrá un camino llano en su porvenir.

El menor apretó los labios uno contra otro. En su interior, los pensamientos comenzaron a burbujear, porque Luke había dicho: «Sumidos en la locura», y él comprendía el fondo de eso. Era peligroso.

Apretó la mano que sostenía la suya con una fuerza destacable, bajó la vista hacia ella, y se mojó los labios.

—Está bien… Haré lo que me pides —soltó sin ningún ánimo.

Lo siguiente que sintió, fue el abrazo del mayor tomarlo del costado por la espalda y llevarlo hacia él.

—Además, querido Blas… hay otra cosa de la que me gustaría contarte hoy. Se trata de aquello que vi dentro de ti, sobre los seres que asesinaron a tu madre veinte años atrás.

Al instante, el cuerpo del pelinegro se tensó, y volteó a verlo entre la sorpresa y la inquietud.

No estaba preparado para escuchar lo que escuchó.

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—Catarsis: Liberación o eliminación de los recuerdos que alteran la mente.