Capítulo 54: Uitwaaien

Los guardianes se encontraban ubicados en posiciones estratégicas, tanto dentro como fuera del recinto, y en toda la villa.

Adhemir contempló a toda su progenie con una serenidad incuestionable, y se levantó de su asiento.

—Buenas noches, querida familia mía. Es un placer ver que todos han podido asistir a este momento tan importante para mis hermanos y para mí —declaró. Su voz, en medio de un silencio sepulcral, resonaba suave, pero con autoridad.

»En la madrugada de mañana, mis hermanos y yo, nuestras esposas y esposos, y todos aquellos miembros restantes pertenecientes a la tercera generación desde nuestro abuelo, Adhemir, entraremos en un corto sueño de ciento cincuenta años, como medida de preparación para el regreso de nuestros padres y abuelos, pero también en aras de dejar el camino libre al fuego nuevo de esta gran familia.

»Durante estos ochocientos cuarenta y ocho años en los que he servido como Gran Patrizio de nuestro clan, hemos pasado por muchas cosas. Nos enfrentamos a la Gran Guerra, que se llevó a varios de nuestros amados seres queridos, pero protegimos lo que nos pertenecía, y prevalecimos. —El carácter resonó en esas últimas palabras y, alrededor, los asentimientos comenzaron a darse.

»Entre los doce clanes que integran nuestra alianza vampírica en la actualidad, nosotros, los Veneto, nos encontramos en los primeros lugares: la fuerza de nuestra familia ha ayudado a reconstruir el mundo.

»La influencia y poder cosechado por nuestros más ilustres miembros, nos ha vuelto grandes a los ojos de los demás, imponentes, necesarios. Estoy muy orgulloso de cada uno de ustedes por eso.

Las sonrisas se agrandaron por acá y por allá, pero nadie dijo ni una sola palabra, porque no se podía interrumpir al jefe, quien los miraba con ojos orgullosos y brillantes, como si quisiera contemplar al completo de su progenie una última vez, aunque eso no sería así en realidad.

—Después de mucho tiempo de caminar por este mundo, y ver toda clase de eventos, buenos y malos, por fin es momento de descansar —continuó Adhemir, suavizando la voz—. A nuestra edad, ciento cincuenta años pueden parecer un parpadeo, pero… es muy cierto que, en este agitado mundo en el que nacimos, puede pasar mucho en tan poco tiempo.

»Es por eso que surge la necesidad de pasar el bastón a la siguiente generación que, en mi caso, he de confesar es bastante joven, dados mis deseos de que mis hijos se criaran en un mundo poco convulso. Cuando entremos mañana a la cripta, será el mayor de mis vástagos, Malcom, quien tome las riendas de esta familia entre sus manos, y los dirija.

Los ojos de los curiosos viajaron hasta Malcom Edevane de forma automática, pero él no se inmutó, tan solo siguió con la vista fija en su padre, quien pasó a mirarlo y le sonrió por un par de segundos.

Adhemir continuó su discurso:

—Mi hijo, quien es más joven en edad que muchos miembros de su generación, me hace sentir orgulloso, al reconocer que ha sido uno de los principales precursores del éxito que nosotros, los Flabiano, hemos tenido en este nuevo mundo de territorios y Mesa de los Pecados Capitales.

»Gracias a él también somos capaces de caminar por la calle disfrutando del respeto que muchos sienten por nuestro clan. Es por eso que no temo. Como Heiner, mi padre, dijo al momento de su partida: «Malcom es la garantía de que nuestra familia continuará con paso firme en este mundo» —sentenció.

En la mesa de los hijos de Malcom, William, Denisse y los demás, no pudieron evitar sentir un gran gozo al escuchar tales palabras siendo dichas ante todos por su abuelo, hacia su padre.

—Con ese mismo orgullo, quiero referirme a Luke, mi nieto. —Adhemir corrió el mirar hacia el nombrado.

»Has sido un niño interesante incluso desde antes de tu nacimiento, pero sé que eres capaz de dar continuidad a lo que tu padre hará por nosotros. Permanezcan pues como los pilares de nuestra familia. —Corrió el mirar del rubio, y se dirigió a los demás—: Bien. A partir de mañana, espero que asuman con respeto la nueva posición de Malcom, y sean de ayuda para que nuestro clan siga creciendo.

Una ronda de aplausos se sucedió, todo muy sobrio, dentro del estricto protocolo, y Adhemir asintió.

—Entonces. Es momento de que la cena de inicio. Espero que disfruten de esta excelente carne y este estupendo vino, aderezado con la sangre de mejor calidad que está presente en nuestra familia.

Por la entrada, decenas de meseros comenzaron su desfile, llevando cada uno tres platos, y sirvieron las mesas por orden de estatus, al revés de cómo habían entrado al lugar los comensales.

Los vampiros no tenían la necesidad de comer comida humana, pero esto era un evento especial que traería de regreso los orígenes más primigenios de la raza, que resultaba una pecaminosa evolución de lo que era el ser humano normal, y sus viejas tradiciones.

Las copas fueron servidas, y de a uno probaron el vino aderezado con la sangre de los humanos nacidos dentro de la familia Flabiano, que poseía unos estrictos grados de calidad. La de hoy era muy valiosa, pues ostentaba una cercana afinidad con la línea principal, con los Edevane, para ser más específicos.

En la mesa de los hijos de Malcom, la sobriedad era mucha, debía serla, pues se sabían observados por decenas de ojos curiosos, a la espera de cualquier reacción, así fuese mínima, de algún detalle por el cual iniciar algún chisme o crítica (por parte de los más malvados), pero ellos habían sido más que entrenados para estos momentos, para soportar esos ojos puntillosos y expectantes.

—Es una carne de muy buena calidad —murmuró William. Jane lo miró extrañada.

—Han pasado décadas desde la última vez que comiste algo, ¿cómo puedes saber que es buena? —preguntó ella, y se ganó un mirar agudo de parte de su hermano.

—Es una muy buena carne —apuntó Luke, interrumpiendo una futura disputa, y Jane y William voltearon hacia él—. Y yo sí suelo comer, así que sé de lo que les hablo.

Una risilla traviesa salió de la boca de Gabrielle y contagió a los demás. La sobriedad fue reemplazada por una ligereza propia de cualquier lugar en el que los ocho estuvieran juntos.

♦ ♦ ♦

Después de la cena, todos los vástagos se retiraron a sus respectivas áreas designadas; Tomsk, como líder de los Kyburg que era, partió junto a Malcom y Adhemir, y Blaise regresó al lado de Luke.

En este momento, los ocho hermanos esperaban el amanecer desde una pequeña colina cercana a la casa en la que se quedaban. Eran las cuatro de la mañana, y el morado comenzaba a percibirse detrás de las colinas alejadas, ganando su batalla con el oscuro y profundo azul negruzco de la noche.

Mientras Jane bebía de la muñeca de su hermano Luke, este miraba hacia el cielo con curiosidad. Para ellos ocho, con la edad que tenían, la luz del sol mañanero ya no era mortal, ni siquiera les causaba alergia ni comezón. Solo era un simple «resplandor molesto».

Incluso podían salir al mediodía sin sombrilla, pero su piel se irritaría después de un rato, por lo que lo mejor era usarla.

—Mañana será un día complicado, eso es lo que se espera —murmuró William tras largos segundos, con Denisse recostada en su regazo.

—Padre nos pondrá a ultimar detalles temprano, de seguro estará estresado a más no poder. Así que no te preocupes, se nos pasará en un periquete —se quejó Gabrielle y, a su lado, Elizabeth soltó una breve carcajada.

Jane se despegó y arrugó el cejo.

—No quiero ni pensar en todo el trabajo que nos tocará hacer a partir de ahora.

Cedric se sonrió y negó, mirándola desde el costado.

—Esto no será nada. Cuando padre vaya a dormir algún día, y Luke sea el jefe, nos tocará trabajar aún más —apuntó él, y se ganó un mirar extrañado de sus seis hermanos.

—¿Luke será el jefe? —soltó Gabrielle con incredulidad, y llevó la vista hacia su hermano, que la contempló con ojos graciosos.

—En algún momento, supongo que pasará —contestó el nombrado.

La sorpresa se cernió sobre todos sus hermanos, Jane y Denisse se levantaron de golpe y lo miraron, sentadas sobre el césped, y la tensión apareció.

—¿Estás hablando en serio? —preguntó de nuevo Jane.

Luke asintió.

—Si puedo hacerlo bajo mis términos… no me importaría.

—Entonces… ¿Vas a tener un hijo con Denisse, tal como nuestro padre desea?, ¿le brindarás un heredero a nuestro clan? —interrogó Elizabeth.

Luke se mojó los labios, y llevó la vista a la más joven de sus hermanas.

—Todos sabemos, hasta nuestro padre, que, aunque tenga un hijo con Deny, la línea más pura, necesaria para el cambio, se perdió cuando Merrick murió. —Las miradas de sus hermanos decayeron—. Sin embargo… si tengo un hijo con Deny, la pureza de la línea familiar está garantizada, es algo que considero.

—Nuestro hermano sí piensa en el futuro de esta familia. Toda una novedad —soltó Gabrielle, como una crítica llena de broma que hizo sonreír al mayor.

—No obstante… todo dependerá de las decisiones que nuestro padre tome a partir de ahora.

Los demás dudaron, y Luke volteó a mirar a un Blaise que permanecía a una distancia respetable, pero que encontró sus ojos miel. Denisse y los demás llevaron sus ojos hasta el pelinegro primogénito de los Kyburg.

—Nací atado a alguien, y no puedo, ni deseo, renunciar a él.

Una sonrisa se pintó en los labios de Luke, y Blaise correspondió de la misma manera, pero manteniéndose sereno.

Cuando en el cielo, el morado se convirtió en profundos naranjas, los hermanos Edevane fueron forzados a comprender, que su hermano mayor jamás haría nada que dañara al varón que lo vigilaba detrás de ellos, aún si eso implicaba abandonar a los suyos.

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—Uitwaaien: Salir a que te dé el aire y despejar la cabeza.