Apunta bien
El señor Petrova, un hombre ambicioso y de vida fácil. Es de esa clase de personas que prefieren jugar sucio a esforzarse en conseguir algo a cambio. Se casó a los 17 años con una mujer que era más una comparación de bruja. Todo para no manchar su honor luego de follar con ella. Una buena follada le costó que esa mujer hoy portara el apellido Petrova.
Cuando su hija nació en ella solo vio una mujer que podría vender al mejor postor y eso fue confirmándolo cuando, al pasar el tiempo su hija crecía. Era hermosa, Darlene y Debby eran unas joyas a la cual él se encargaría de aprovechar.
Sin embargo, desde pequeña se dio cuenta de que Darlene no era igual a Debby. Darlene era una soñadora y eso podría arruinar sus planes. Nunca ha sentido amor por sus hijas, pero en Debby vio más potencial por lo que prefirió que ella se sintiera amada para cumplir cualquier cosa que él le diga. La maldita mocosa de Darlene solo sabía babear por un pobretón muerto de hambre y una hija de él no podía casarse con alguien pobre. No cuando su adicción al juego lo había llevado a apostar todo, pero cuando la propuesta de vender a su hija llegó a sus manos la aceptó de inmediato. Ese hombre daba un precio magnifico por alguien que no valía la pena.
El señor Petrova ocultaba muchos secretos. Asesinatos que aún lo atormentaban en silencio, pero los ignoraba. Nadie sabía cuál era el fetiche de aquel señor que decía ser respetado por todos. A él le gustaba abusar de jóvenes de bajo recursos. Porque ellas jamás se atreverían a acusarlo. No a un hombre de apellido y dinero, aunque eso ultimo era mentira, no tenían un centavo en que caerse muertos ya que todo lo jugó y perdió. Esa fue la razón por la cual buscó por todos los medios venir a ver a su hija.
No esperó encontrar una mina de oro en ese lugar, pero Darlene era una malagradecida que no les daría un centavo. Es por eso que su plan era simple. Sacar a la mocosa del camino y que su hija preferida sea quien ocupe su lugar, tenga un heredero y todo ese dinero será de él.
Darlene ya no era la misma mocosa que manipulaba a su antojo, algo había cambiado en ella, pero él no indagaría en eso. No cuando seguramente al día siguiente amanecería muerta producto de un ataque al corazón. Él veneno que utilizó era muy eficaz para esos trabajos. Debby vio a Darlene beber el té con el veneno que la chica del servicio debió darle.
El señor Petrova miró la habitación solitaria ya que su esposa aborrecía estar cerca de él. La puerta de él fue abierta antes de que una muchacha joven apareciera ante él. La sonrisa pícara en sus labios lo dejó absorto. Era preciosa.
La joven quitó la sábana que tenía envuelta en su cuerpo haciéndolo suspirar de placer. Pechos pequeños, cintura pequeña, caderas grandes y la piel tan limpia. Como a él le gustaban.
—¿Qué haces aquí?—preguntó acariciando la barriga enorme que tenía. La joven no dijo una sola palabra, pero si soltó una pequeña risa antes de tomar la tela y envolverse en ella. Salió de la habitación.
El señor Petrova salió y corrió detrás de aquella silueta, la joven de vez en cuando se giraba y soltaba risas divertidas. Ese juego estaba calentando al señor Petrova.
Cuando se dio cuenta ya estaba en una de las celdas que pronto fue cerrada. Él giró a ver, pero no había nadie, solo él y la joven desnuda sobre una mesa de piernas abiertas.
—Realmente eres un cerdo—la voz de Darlene se escuchó alto por el lugar haciendo que el señor Petrova levante la mirada encontrándola a ella y a Maddox en una de las esquinas oscuras.
—¿Qué hacen aquí?—preguntó y Darlene sonrió.
—Abusaste de algunas jóvenes pueblerinas, eso te convierte en una basura que debe ser erradicada por completo—la mirada del señor Petrova no cambió, miró a su hija con aburrimiento.
—Estás loca—ante sus palabras Maddox se acercó a él haciendo que palidezca.
—Es cierto, ella está loca—le respondió con una sonrisa haciendo que el señor Petrova se confíe. Tarde se dio cuenta de que Maddox lo lanzaba con fuerza contra la pared haciendo que algunos de sus huesos se escuchen al romperse.
Maddox lo tomó y lo acostó en la mesa amarrando sus manos y piernas para que no pueda moverse. Vio a su mujer caminar con paso lento ante el hombre que gemía de dolor e hizo una mueca de asco al mirarlo.
—Todo tuyo, querida—ella miró al hombre que ahora la mirada diferente, otra vez el miedo surcó su cuerpo al ver a su hija.
—Eres un cerdo—comentó ella mientras chasqueaba los dedos. Una mujer robusta se adentró y sin decir una sola palabra comenzó a desnudar al hombre arrancándole la ropa y viendo como en el contorno de sus costillas un moratón se marcaba. Cuando estuvo totalmente desnudo Darlene miró a Maddox.
—¿Cuál es su mayor miedo?—preguntó y él miró al señor Petrova que jadeaba de dolor y de miedo.
—Que un pene sea metido en su culo—Darlene hizo una mueca y parpadeó hacia el hombre.
—Abusas de jovencitas y temes que abusen de ti, que ironía—comentó mirando su rostro—hazlo—susurró.
—Hija yo…
Ante los ojos del señor Petrova apareció un hombre que giraba su cuerpo. Los gritos comenzaron a escucharse por todo el lugar. Darlene solo veía como ese hombre rogaba piedad y lloraba arañando la mesa bajo su cuerpo. Maddox sonría divertido porque solo él y el señor Petrova podían ver como ese hombre robusto creación de Maddox se adentraba en el asqueroso cuerpo de ese hombre.
Esos gritos hicieron que Darlene se acerque a Maddox y le acaricie la nuca plantándose frente a él para besarlo con pasión mientras los gritos desgarradores seguían inundando todo el lugar. Pasó una hora para que el señor Petrova se desmaye del dolor.
—Que débil—comentó Darlene haciendo que Maddox lo gire nuevamente. Maddox buscó agua fría y se la lanzó en la cara haciendo que el hombre despierte llorando. Darlene caminó a la otra mesa para tomar un martillo de él—¿lo dejamos a la suerte o apunto bien, Maddox?—preguntó deteniendo el martillo a la altura del miembro de ese hombre haciendo que los ojos del señor Petrova se inunden de pánico.
—Te lo suplico, por favor hija, me iré, suéltame, no me hagas esto—balbuceó aterrado mientras Darlene esperaba la respuesta de Maddox.
—Apunta bien—comentó él. Su hija martilló el miembro de su padre con fuerza y el grito fue tan agonizante que divirtió a su hija que fue por clavos y los colocó bien para martillarlos en el miembro de su padre.
—¿Debería decorarlo?—preguntó mirando a Maddox.
—En ese caso yo decoraré sus brazos—ambos sonrieron mientras veían al hombre que agonizaba en la mesa.
Ellos sabrían en ese momento con quién demonios se habían metido.