Essentia Vola Ommis Mundi

Cayden observaba el cuerpo inerte de la joven sobre la cama. Ya había acabado con la vida de otra víctima, solo quedaba que Maddox también lo hiciera, aunque las noticias recibidas el día anterior no le gustaron para nada.

Maddox estaba enamorado de la humana.

El amor para los humanos y para los Essentia Vola Omnis Mundi era distinto. Cuando ellos hablaban de amor, para los humanos era referencia a una obsesión insana. Cayden sabía que Maddox muchas veces podía ser débil cuando se trataba de esos seres inferiores, temió que esta vez algo suceda, porque eso le afectaría a él también. No solo a Maddox.

Los Essentia Vola Omnis Mundi, demonios que viven de robar la esencia de las personas. Estos demonios han existido desde hace millones de años. Cada demonio comparte un lazo de sangre con otros, pero para poder hacer las cosas más fáciles en el mundo humano, ellos hacen lo que los humanos hacen; llamarse familia. Nunca han sentido algo por los demonios con misma sangre, no son leales a otros demonios y todos y cada uno de ellos al nacer obtienen una humana con una esencia que es vida para ellos. Cada periodo de tiempo aparece esa humana, en cuerpo diferente, pero con la misma esencia. Cuando un demonio muerte todos los poseedores de esa misma sangre también lo hacen. Es por eso que son cuidadosos, someten a sus víctimas y sin ellas saberlo, roban su vida.

Darlene no sabía que Maddox con el pasar del tiempo le robaba la vida. Porque eso es lo que hacen esos demonios, no importa cuánto le guste una humana, todas terminan muriendo en sus manos porque para ellos seguir vivos es primordial. Cuantas más víctimas tengas, mejor te sentirás. Ese era su lema.

Pero algo en aquella humana lo tenía atrapado. Por lo general las esencias que le tocaban las portaban mujeres que solo le proporcionaban placer al él robarlas, luego de eso no había nada. Todas eran básicas, llorando todo el tiempo o buscando complacerlo en todo lo que él quiera. Ninguna como Darlene Petrova.

Era la primera vez en su larga vida que había presenciado a alguien como ella. Quizás fue por eso que buscó por todos los medios su odio, porque sabía que aquella dulzura podía cambiar.

Darlene amaba con la misma intensidad que odiaba. Amaba la vida con la misma intensidad que tenía para acabar con ellas. Porque ella era un reflejo de que no todas las sonrisas dulces muestran un corazón puro, porque ella ocultaba lo que realmente era. Una loca psicópata que quería destruirlos a todos.

Todos esos pensamientos albergaron a Maddox mientras la veía cubrirse con su ropa nuevamente tras finalizar ese encuentro tan apasionado de minutos atrás. Otra vez ella lo hacía olvidarse hasta de su nombre, es cierto, lo manipulaba a su antojo y él le daría ese poder hasta que se aburriera, por el momento le gustaba que ella lo tuviese, eso hacia su juego más divertido.

—Ellos intentaron envenenarme—comentó Darlene dándose la vuelta y mirándolo fijamente. Caminó hasta él para quedar de espaldas y que Maddox abrochara los lazos que se cruzaban en su espalda. Él lo hizo encantado de poder tocarla en el proceso.

—¿Lo intentaron?—preguntó en cuanto termino girándola para que ella quede frente a él. Darlene sonrió con malicia.

—Sí, un veneno muy fuerte. Si bebía esa cosa posiblemente mañana no estuviese viva—él enarcó una ceja.

—¿Cómo sabes eso?—ella le guiñó un ojo y caminó con elegancia hacia los pasillos del palacio que conectaban con la cocina.

—Porque ellos no fueron los únicos en pagarle a una de las empleadas por hacer favores—respondió con tranquilidad—sabía que intentarían algo, todas tus empleadas han estado vigilando los movimientos de mi querida familia. Se de lo que son capaces por dinero—susurró ella adentrándose en la cocina. Tomó una manzana en sus manos jugando suavemente con ella.

>> Matarme era el primer paso, conmigo fuera seguro creían que irías por Debby y la harías tu esposa. Deberías tal vez morderla como a mí y hacerla sufrir un infierno—comentó de manera distraída.

—No me interesa morder a tu patética hermana—respondió Maddox luego de un momento en silencio—mi poder solo estará en ti. Deberías sentirte orgullosa de la marca que llevas porque eso te declara como mi propiedad, algo que ningún otro demonio puede tocar, algo que ningún otro hombre puede admirar porque en el momento que lo hagan será su final. Eres mía—Darlene bostezó de manera dramática ante las palabras de alto y fornido hombre que la observaba como una bestia sedienta de ella.

—No me interesa tus cuestionamientos, no soy tuya y nunca lo seré. Esta marca solo muestra lo patético que puedes ser. Tener que reclamarme de esa manera, porque sabias que era la única forma en la que podías tenerme—Maddox se acercó a la sonriente mujer que lo observaba con ojos vivos.

—Te gusta que te posea, eso te hace mía—Darlene levantó la mirada porque Maddox seguía siendo más alto que ella.

—Me gusta, no mentiré. Supongo que eso se debe a que has sido el único hombre en mí, nadie sabe si probar otros sabores me haga cuestionarme sobre eso—una de las manos de Maddox se enredó en su pelo haciendo que ella arqueara la espalda para tenerla cerca.

—Cuidado con tus palabras pulchritudo, porque puedo destruirte y bien lo sabes—lamió su cuello despacio—tú eres mía, mi reina, mi esclava, mi propiedad, solo mía y de nadie más—murmuró con un tono de voz que perforaba cada espacio en Darlene. No sabía por qué le gustaba tanto que hable de esa forma, sentía que algo se encendía cada que él le hablaba así— regina meis. Et dabo vobis omnia, pro diligit me inique—Darlene lo observó atento. Le gustaba escucharlo hablar en ese idioma.

—¿Qué se supone que dijiste?—preguntó sonriendo aun arquea a él.

—Solo la verdad, Darlene Petrova—ella mordió el labio de Maddox antes de soltarse de su agarre—¿por quién quieres comenzar?—preguntó lamiendo la gota de sangre que el mordisco de Darlene había dejado.

La miró darle una mordida a la manzana y mirarlo fijamente. Él veía que no había dudas en su mirada, solo era una mirada de alguien que estaba dispuesta a destruir todo con tal de divertirse un momento. Ella lo odiaba, pero se parecía en tantos aspectos a él que era como darle una mirada a un espejo. Casi podían verse reflejados.

—Quiero comenzar por el ser más inútil de este mundo. Hay que erradicarlo cada uno, por eso quiero que cada uno se adentre en su propia pesadilla. Comenzaremos por mi padre. ¿Te parece bien?—preguntó Darlene mirándolo.

—Me parece perfecto, de hecho, tengo la carnada perfecta para él—ella sonrió.

—Seguro que si—le guiñó un ojo.

Traducción: Mi reina, te doy todo por amarme mal.