Veneno

El padre de Darlene es un hombre ambicioso. Un hombre al que le importa más tener dinero a tener una hija con él. Es por eso que no le importó vender a su hija con tal de tener más dinero, pero también tenía un grave problemas: sus vicios a los juegos.

El señor Petrova estaba fuera de la casa mientras observaba de manera lasciva el cuerpo de una de las trabajadoras. Mordió sus labios al verla agacharse para echar agua al patio. Miró las piernas de la joven con mucho deseo, pero eso antes de que su mujer se plantara frente a él con la cara molesta.

Estaba enfadada, al menos no estaba toda paranoica como cuando casi cayó por las escaleras. Los ojos de su mujer fríos y calculadores lo miraron, para luego pasar a la joven que era ajena a todo lo que ocurría a unos metros de ella.

—Necesito que hagas algo—murmuró la mujer mirándolo. La furia era evidente en sus expresiones.

—¿Qué necesitas?—preguntó sentándose en los muros. Estaba oculto de sol bajo el balcón.

—Veneno—eso capto la mirada del señor—solo es cuestión de tiempo para que tu querida hijita nos eche a patadas de aquí—comentó con evidente molestia—sabes en la posición donde nos encontramos. No tenemos ni un centavo y más nos vale quedarnos aquí. Estamos hasta el cuello de deudas debido a tu vicio con el juego. Así que es mejor que estés más cooperativo conmigo.

>> No regresaré al pueblo sin nada. Quiero quedarme a vivir aquí, en este lugar y eso solo pasará si es Debby quien se casa con él. Vamos a eliminar a la mocosa del camino—el hombre sonrió.

—Esta noche lo tendré, espero que no fallen porque estoy cómodo con todo esto y no quiero despedirme—la mujer sonrió.

—Bien—la mujer palmeó la mejilla del hombre—si vas a follar a la servidumbre que nadie se entere. No seré la burla, ¿te queda claro?—el hombre sonrió.

—Bien—con eso la mujer se alejó.

Darlene miró a Maddox con una sonrisa sentada en su habitación. Él estaba sentado al otro extremo de la cama terminando de leer unos documentos que tenía pendiente, pero la joven quería su atención.

Por lo que se levantó y caminó hasta detenerse frente a él y mirarlo fijamente. Maddox levantó la mirada y observó su escote. Nunca había sido rechazado por las mujeres que tuvo. Ellas siempre estaban tan necesitadas como él por perderse en sus cuerpos, pero no podía evitar que le encantara todo ese juego de espera, a pesar de ansiarla más cada día más.

—¿Qué deseas?—preguntó besando sus pechos expuestos por el apretado corcel.

—Sabes muy bien lo que queremos—murmuró con una sonrisa.

—Pensé que estarías planeando lo que le harías a tu padre, la casa se siente muy tranquila sin un fatídico accidente—ella sonrió con burla.

—Mañana temprano tendrás lo que quieres—respondió sin perder la sonrisa—soy yo la más interesada en este juego. Pensé ir directo a lo que ambos queremos, pero a ti te gusta lo lento—Maddox mordió su piel con suavidad exponiendo sus pechos.

—Lento… no creo que este conforme con esa respuesta—adentró uno de sus pezones a su boca haciendo a la joven cerrar los ojos y disfrutar.

—¿Seguiremos hablando?—preguntó aparatándose para desnudarse.

—Para nada—Maddox vio su desnudez maravillado. La esencia de esa joven era única, tanto que sentía que perdería la razón mientras navegaba por su cuerpo una y otra vez.

***

El padre de Darlene, como cada mañana, se sentó bajo el balcón para mirarla de manera sugerente a la joven que seguía atenta a sus tareas diarias y no al hombre que la comía con la mirada. El señor Petrova se dio cuenta de que no había nadie cerca por lo que sonrió. Ese día ella no se iba a salvar. Sabía que hasta el medio día no entraba nadie por esos alrededores, fue muy cuidadoso. Lamió sus labios viendo lo apetecible que era esa joven y todo lo que le haría a ese cuerpo que posiblemente, si corría con mucha suerte, fuese virginal.

No sería la primera vez que haría aquello.

Por primera vez la muchacha fue consiente de ese señor, eso gracias al grito de dolor que salió de su garganta. La muchacha corrió hasta él viendo con horror como sujetaba el hombro que le sangraba gracias al objeto enterrado en él.

—Busca ayuda—gritó con dolor el señor. La muchacha lloró y asintió.

Salió en busca de ayuda, por lo que pronto su mujer junto a sus dos hijas estaba a su lado. La madre de Darlene y su hermana lo ayudaban con esmero, mientras tanto ella permanecía quieta, con una cara de frialdad que heló la piel de su padre al mirarla a los ojos. Una sonrisa macabra formulándose en sus labios con fuerza mientras lo veía ahí, desangrándose y sufriendo de un dolor insoportable.

Para ella fue difícil calcular la trayectoria del objeto, así que simplemente lo dejó a la suerte. El que viviera o muriera dependería de la suerte que tuviese. Darlene no sabía si estaba feliz porque el juego iba a continuar o muy molesta porque no murió.

Pero de algo estaba segura, acababa de probar algo muy adictivo: el sabor del dolor.

Le gustó ver a esa escoria llorar y cuando un doctor lo atendió y le dijo que posiblemente su hombro nunca vuelva a funcionar se sintió mejor. Su padre no podría jamás levantar completamente su mano derecha. Porque entonces el dolor seria insoportable para él.

Maddox, desde el otro piso la miró directamente a los ojos sonriéndole abiertamente por la hazaña. Darlene llevaba ventaja en el juego. Él no había jodido una parte de la madre de ella, por lo que en aquella partida Darlene Petrova le llevaba toda la ventaja.

—¿Qué pudo provocar eso?—preguntó Debby a su madre sin darse cuenta de las miradas entre aquellos dos amantes que no sabían si se odiaban completamente, o si sentían algo más.

—Fue un accidente, al parecer en el balcón había una estructura vieja y cayó. Mi padre es un hombre con suerte que sigue con vida—comentó Darlene. Su madre la miró tragando en seco. Mirándola de frente, como su hija hablaba con una sonrisa tranquila en los labios.

—Pudo morir—comentó Debby molesta.

—Pero no lo hizo, no veo por qué el drama—la azabache rodó los ojos.

—Cuidado Darlene, no creas que tienes el poder en todo esto, cuando menos lo creas todo estará en tu contra—la joven le sonrió a su madre.

—Estoy ansiosa de ver eso—le guiñó un ojo y se alejó. Sin saber que el plan de la mujer era matarla en cualquier momento porque en su poder ya se hallaba aquel veneno.

<< Caerás maldita mocosa, caerás, aunque yo también lo haga >>.