Capítulo 20
Sahabat sintió como todo su mundo se desmoronaba. Ella no estaba haciendo nada malo, solo había sacado su broche, eso no era malo. Ella pensaba que alguien ya había descubierto lo que había hecho, pero ¿Cómo había llegado a los oídos de su ama?
—Señorita Yasmina, le aseguro que no hice nada —trató de defenderse.
Yasmina no hizo caso a las palabras de Sahabat y siguió arrastrándola hasta la habitación de Ezra
—Mi señora, Sahabat tenía este broche —Yasmina mostró el pasador que tenía en las manos—, creo que ella está trabajando para alguien, o sino, ¿cómo tendría esto?
—Mi señora, ese pasador es mío, no estoy trabajando con nadie más que con usted.
Ezra prestó atención a las palabras de ambas mujeres, al final interrogó a Sahabat
—¿Cómo es que tienes este broche?
—Soy hija de un orfebre, uno de los más famosos de la ciudad. Es imposible que alguien tenga este broche aparte de mí, pues tiene tallado mi nombre. ¿Cree que alguna esposa se pondría en la delicadeza de hacer esto?
Ezra tomó el broche de la doncella y lo revisó, al abrirlo pudo ver el delicado tallado que este tenía. Efectivamente estaba diciendo la verdad.
—Si eres la hija de alguien tan famoso, ¿qué haces aquí? —interrogó Ezra
—Mi señora, mi padre puede ser muy adinerado, sin embargo, las doncellas del palacio pueden tener más éxito apoyando a sus amas, incluso podría conseguir un matrimonio conveniente para mí—miró a Yasmina y la señaló —, la señorita Yasmina es la hija del magistrado jurídico, ella no es una simple doncella, es una muy respetada, e incluso famosa.
Yasmina bajó la cabeza y asintió hacía Ezra.
—Es verdad, hay muchas razones para entrar aquí —admitió Yasmina.
—Está bien, creo que esto fue un malentendido. Puedes retirarte Sahabat —pidió Ezra
La doncella hizo una pequeña reverencia y salió de la habitación.
—Mi señora, ¿cree que ella diga la verdad?
—Eso parece, pero también esconde algo.
—¿Qué puede esconder?
—No lo sé, sigue vigilándola.
—Si, concubina imperial.
…
El rey se levantó con un tremendo dolor de cabeza, la habitación donde estaba daba vueltas y más vueltas hasta el punto de tener arcadas. Sostuvo su cabeza con ambas manos y se sentó sobre el lecho.
—Majestad, ¿Qué sucede? —interrogó la princesa Shakti, quien estaba junto a él.
—Me duele la cabeza, no recuerdo nada.
—Ummm, pronto pasará —se paró del lecho y ajustó el batín sobre el cuerpo—, eso es que no debe tomar alcohol.
—¿Dónde está Abbun?
—Llámelo, seguro está detrás de la puerta y le servirá como un perrito faldero —espetó
—¿Qué?
—Lo que escuchó.
—¿Estás enojada? ¿Por qué?
—Majestad, usted lo tiene todo, tiene un enorme imperio, servidores por doquier y tantos dinares¹ cómo puede, ¿Por qué tuvo que meterse con mi reino? ¿Por qué aceptó tener otra esposa? ¿Por qué tuvo que aceptarme como su esposa?
—Las deudas son deudas y la voluntad del califa es incuestionable.
—Se cree poderoso, el rey del mundo. Pudo haberme quitado la libertad, pero que le quede muy claro, saldré de este lugar —declaró enojada.
—Te aseguro que nunca saldrás de aquí —declaró también el rey.
El hombre salió apresuradamente del palacio de la princesa. Ni siquiera se dejó vestir por el eunuco real y en su lugar, ajustó el batín y cruzó el umbral del palacete exterior.
La princesa Shakti aligeró la carga en sus pulmones y suspiró aliviada.
—Alteza, el rey salió ya del palacio.
—¿Estaba enojado?
—Mucho
…
El desprecio de la princesa Shakti no pasó desapercibido por nadie, ni siquiera por su propio personal, que en poco tiempo ya había esparcido dichos rumores por el harén del rey.
Ezra también recibió aquella noticia, y se le hizo muy extraña. ¿Por qué la princesa iba a hacer tal cosa? Tal actitud atrevida y rebelde iba a cobrar efectos en su grado de favor, a su vez, esto también influiría en la relación del rey con el reino rajput. A Shakti parecía no importarle ascender en la pirámide.
—Concubina imperial, ¿qué significa eso?
—Lo he pensado. La señora Shakti ha llegado recientemente al palacio, ha rechazado al rey consiguiendo enfurecerlo, creo que su objetivo es perjudicar a su familia.
—Pero una concubina gana el favor, es para ayudar a ascender a su familia, ¿Por qué ella va a querer perjudicarlos?
—Ella está enojada con su familia. Teniendo en cuenta su actitud, estoy segura que se está vengando.
—Umm, es muy compleja la mente de la princesa rajput.
…
Tras haber salido del palacio de la princesa Shakti, el rey fue directo a la sala de audiencias. Al ingresar al lugar se encontró a su hermano, el principe Jaffar; el muchacho lo miró con expectación cuando lo vio entrar enojado a la sala.
—Majestad, ¿Qué pasa? —interrogó
—Nada, solo me he enfurecido con uno de mis funcionarios —mintió
Jaffar sabía que el rey mentía, ¿cómo iba a pelear con un funcionario a esa hora? El rey todavía tenía puesta su ropa de cama, todo indicaba que el hombre mentía. Sin embargo, Jaffar supo ignorarlo.
—Majestad, ¿veremos la obra que tengo preparada? —interrogó con ojos brillantes—, quiero encontrar a esa mujer.
—¿Qué pasa si es una criada?
—Majestad, no me importaría. Solo quiero verla otra vez —insistió
—Está bien, solo lo haré por ti.
El príncipe Jaffar esbozó una sonrisa y se acercó hasta su hermano, lo abrazó en silencio y golpeó amigablemente su espalda.
—Te agradezco, hermano.
—Espero que el amor no te haga sufrir —finalizó en tono bromista.
[¹]Dinares: Un dinar es la moneda oficial de oro durante la dinastía Abasí.
[...]
La sala principal del palacio del rey estaba llena con varias concubinas, Azzar, Farah, Malik, Shakti y Saadi, y una sola esposa, la señora Cadi. Esas eran las invitadas del harén, pues en el palco de abajo estaba entrando la familia imperial del rey, sus hermanos y tíos.
En el palco superior estaban todas las esposas del rey, la vista hacia allá arriba estaba obstaculizada por un velo en todas las ventanas que daban a la terraza de abajo. Los eunucos y doncellas de los palacios estaban abajo, cubriendo las entradas a los palcos de sus amas.
Salsa estaba junto a su hermana mirando interesada todo el evento que se estaba realizando abajo.
—¿Qué es esto, Ezra?
—Es una obra originaria de Chang’an¹ —respondió sin despegar la vista del escenario.
—Sus vestuarios son muy bonitos y diferentes.
—Sí, es muy exótico.
—¿Cómo el rey trajo este teatro hasta aquí?
—No lo sé, mis conexiones no son tan largas —sonrió graciosa.
Salsa regresó su mirada al palco de abajo y recorrió todo el lugar hasta toparse con un rostro muy conocido. Abrió la boca sorprendida al reconocerlo, era el mismo hombre del pasadizo. Sus ojos lo examinaron por largos minutos, solo hasta que el hombre se percató de que alguien lo miraba, Salsa desvió la mirada y puso el niqab sobre su rostro.
Ezra quitó su atención del escenario y miró directamente a Salsa.
—¿Por qué cubres tu rostro?
Salsa se acercó más a Ezra y señaló abajo.
—Lo conozco —señaló con su dedo índice a un hombre.
—¡Es muy guapo! —Soltó
—¡Ya tú tienes un marido!
—Sí, ya lo tengo, pero no estoy ciega.
Salsa quedó en silencio por unos minutos, después sacó un pañuelo y secó el sudor de sus sienes.
—Tengo calor, saldré para refrescarme.
Ezra asintió sin dar muchas vueltas al asunto y volvió a poner su atención sobre la obra.
Salsa bajó del palco y se alejó lentamente hasta salir a las afueras del palacete del rey.
La brisa acarició su rostro, movió ligeramente sus cabellos debajo del velo. Salsa sentía como su corazón palpitaba debido a la emoción y la adrenalina. ¿Cómo podía estar ese hombre presente en el evento del rey? ¿Quién era?
Salsa se asustó cuando sintió que alguien la arrastró fuera de la entrada del palacio consiguiendo ocultarla de los ojos de otras personas.
—¿Quién es usted? —Trató de alejarse de hombre y horrorizada también quiso gritar.
Dicho hombre retiró de un tirón la tela que cubría su rostro, luego se echó para atrás sorprendido. Su mirada expresaba muchas cosas, se veía abrumado y decepcionado.
—Estabas en el palco de las concubinas de mi hermano, por favor, dime que no eres una más en su haren.
Salsa parpadeó sorprendida, al final se obligó a hablar.
—No… no soy una concubina.
—Entonces, ¿quién eres? —pidió desesperado
—Mi hermana es una rosa roja, ¿cómo no lo has descifrado?
—No hables en clave, por favor.
—Flor, rosa, rojo. Las flores del harén son las concubinas que lo conforman. Mi hermana es una concubina —respondió.
—Dime…
Jaffar no alcanzó a terminar la oración, pues se dio cuenta de que alguien se acercaba a dónde estaban ellos. Con rapidez arrastró a Salsa hasta esconderse en una callejuela oscura, la misma que separaba el harén con el complejo imperial.
Salsa quedó entre la pared y el cuerpo del hombre. Ella de perdió en esos ojos verdes que la miraban con expectación, unos ojos que rivalizaban con el color verde de las esmeraldas. Salsa se dio cuenta de lo comprometedor que era la situación, se pegó todo lo que pudo al muro y cuando vio la oportunidad corrió sin darle oportunidad a Jaffar de estar más tiempo con ella.
…
Badar Alid había perdido por completo el interés en los complots y truquillos que se hacían en el palacio, ella siendo víctimas de ellos se había propuesto volverse tan silenciosa como una estatua.
Ese día, Badar entró a la pequeña habitación ubicada al final de su palacio, dicha habitación era como un taller o garaje donde se guardaban y organizaban las cosas que entraban al palacio, allí habían telas de todas las clases y todos los colores, regalos enviados por el rey. Avanzó hasta una de las estanterías y agarró un jarroncito de plata y pintado delicadamente.
—Oh, tiene una tapa —susurró para sí misma.
Badar apretó el recipiente con fuerza y trató de desenroscarlo, sin embargo, el artilugio no cedió ante la presión. Badar volvió a intentarlo, pero al final solo consiguió chocar su mano contra la estantería de atrás, herida por el dolor miró su mano. Lo único que consiguió fue alarmarse con toda la cantidad de sangre que salía de una de sus manos. El anillo que le había dado la emperatriz y que siempre usaba se incrustaba en su dedo peligrosamente, el objeto se había roto y un trozo rodó hasta sus pies.
Asustada salió del taller consiguiendo regresar a su palacio interior.
—Concubina imperial, ¿Qué le pasó? —su doncella preguntó horrorizada
—He tenido un pequeño accidente. Ayúdame a curarme
—Sí.
Después de unos minutos eternos de limpieza y dolores, Badar quedó libre de los trocitos del anillo.
—Mi señora, este anillo tiene algo
—¿Qué? ¿Qué tiene?
[¹] Chang’an: capital antigua de China, que en su momento de esplendor llegó a alcanzar los dos millones de habitantes. Llegó a ser la capital de más de diez dinastías en la historia de China.