SUFICIENTE PARA UNA NUEVA VIDA

Lo siguiente a esa nefasta noticia fue que perdí el conocimiento por unas horas, durante ellas, los cuidados de Nikolai y Svetlana no se hicieron esperar. Preocupados, intentaban que hablara o comiera mientras yo le daba paso a la mayor desolación que mi alma podía resistir.

Los siguientes días no fueron diferentes, solo recuerdo imágenes dispersas de cuando nos reunimos que los hijos de Dmitri. Yakov intento acercarse para narrar lo sucedido y ofrecerme algo de consuelo sin obtener nada de mí, Mihail solo vigilaba mis pasos cada vez que podía, yo también lo hacia de vuelta, su lenguaje corporal me indicaba que había algo oculto tras su fachada, no pude descifrar con exactitud de que se trataba lo que si se es que guarda la certeza sobre algo que quisiera revelar, pero no puede.

De pronto me vi pensando en mi padre, murió siendo una niña, sin embargo, quedaban en mí escasos recuerdos de él, también pensé en Alain, en Jack, incluso en Myers yaciendo a mis pies, dándome cuenta de que la vida es tan efímera que fácilmente acaba para algunos de nosotros sin que podamos hacer nada al respecto.

Mi hora de lamentarme termino cuando inconscientemente lleve mis manos a mi vientre donde crecía mi deseo de vivir, esa parte de Ilya que aun queda con vida y que es mi turno de cuidar, ya su padre no estará para ello así que solo me tendrá a mi y no puedo fallarle. Ese día me levanté, me vestí luego de ducharme y salí de la habitación en la que me había mantenido confinada para ver el sol una vez más.

Note que habíamos viajado a Rusia, por lo que me comento mi aun guardaespaldas, estábamos en San Petersburgo, resguardados en una de las propiedades del tal Adolf, quien nos brindo su hospitalidad hasta que Yakov regreso.

- Prima – llama mi atención cuando me abraza de sorpresa – Traje esto para ti.

En sus manos resalta la pequeña caja de madera que porta los restos mortales de Ilya. Sin estar plenamente convencida de que es real, la tomo abrazándola, como si de él mismo se tratara.

- Pensé que traerían su cuerpo – Yakov enfoca sus ojos en un punto en el suelo apenado.

- No quedo mayor cosa de él Sonia – explico con pesar.

- ¿Mi madre?

- Te espera en Alemania – no digo nada más, solo asiento.

Los hermanos permanecieron en el país durante unas semanas más ocupándose de poner orden en la organización y en el vacío de poder que dejo el antiguo jefe. También se encargaron de los trámites para dejar asentada la defunción de Ilya ante las autoridades y así poder trasladar sus cenizas a su país de origen. Liquidaron todos los bienes que su primo había administrado, incluso la empresa, mudando sus activos hasta Nueva York, la mansión corrió con el mismo destino, fue rematada al primero que ofreció una suma sustancial por ella. Me pregunte que harían con los calabozos del sótano donde operaba el Torturador, imagino que los clausuraron o quizás quedaron iguales para serle de utilidad a los nuevos dueños.

Una vez en Rusia, Mihail organizo para su primo una pequeña ceremonia donde solo asistimos un grupo de 10 personas conformadas por sus más allegados afectos. Me asombre cuando fue presidida por un sacerdote, no llegue a pensar siquiera que profesaran alguna religión, sin embargo, se hizo todo bajo un ritual católico.

Horas después, nos encontrábamos en un aeropuerto improvisado donde me esperaba un avión privado propiedad de la familia. Descendimos del vehículo y mientras embarcaban mis maletas escuche a Yakov hablar.

- Sabes que velaremos por tu seguridad – afirma tomándome por los hombros.

- Si hay un incendio ¿Lo apagaras? – cuestiono.

- Llamare a los bomberos – responde con su sonrisa de siempre.

- Estas en conocimiento que los bienes pasan al heredero y… - interrumpo imaginando lo que viene.

- Si Mihail, ahora todo es tuyo, disfrútalo – dejo salir mi sarcasmo.

- Podrías quedarte con nosotros – dice sugerente y anticipando el camino que lleva esta conversación respondo tajante.

- Prefiero la soledad de un convento –

- Oye, no lo digas por mí, yo soy mejor que un convento – bromea Yakov y Mihail resopla.

- Como quieras – finaliza el mayor haciéndose a un lado.

Me despido con un abrazo y una mala mirada para Yakov y su hermano, en ese orden y me encamino al avión donde subo acompañada por la azafata. Detengo mi andar cuando observo al hombre que me espera dentro.

- Eres la ultima persona que espere volver a ver – exclamo con asombro.

Sentado en las primeras butacas y cruzado de piernas esta Jack quien me recibe con un abrazo.

- Agente Ferro – le saludo.

- Solo Ferro, renuncie.

- Eso esta muy bien, pero de la agencia a un avión ruso junto con la viuda de un mafioso hay en trecho enorme.

- Larga historia, por ahora te diré que fue una petición expresa de Ilya.

- Ilumíname… - pido realmente interesada en oír aquello.

- Según sus propias palabras, no le confiaría tu vida a ninguna persona diferente a mi y que por ello sería recompensado sustancialmente – dice ufano.

- ¿En serio? – inquiero enarcando una ceja.

- Después de esto tendré para comprarme una vida nueva… y tu… ¿Qué harás?

- Así que vendiste tus servicios – pronuncio pasando por su lado mirándolo de reojo – Pues yo también tengo lo suficiente para comprarme una vida nueva señor ex…agente y pagada o no… aprecio su compañía.

El piloto anuncia que estamos por despegar, así que cada uno tomo un asiento, ajustamos los cinturones y nos elevamos junto con el avión.

Han pasado siete meses desde que dejamos Rusia, nos quedamos unos meses en Alemania donde me reuní con mi madre y el Dr. Weisman, quien fue mi terapeuta de nuevo durante ese tiempo. Fue satisfactoria la terapia, se que hay recuerdos que quedaran perdidos en la memoria, aunque me satisface el hecho de que recupere la mayoría, entre esos mi relación con Jack.

Hablamos sobre ese tema Ferro y yo, le confirmé que mis sentimientos en ese tiempo fueron reales, de verdad fui feliz a su lado por el corto tiempo que estuvimos juntos, aunque nunca se consideró que tales afectos pudieran resurgir. Yo continuaba en duelo, a pesar de haber seguido adelante con mi vida, mi amor por Ilya seguía tan vivo como yo y latía cada vez mas fuerte conforme pasaba el tiempo y mi vientre crecía. El ultimo deseo de Petrov se cumplió, tendré un niño al que pienso llamar Adrien.

- Adrien Petrov, déjame descansar por Dios – rezongaba deteniendo mi camino luego de recibir una de sus patadas.

- De nuevo el hombre haciéndose sentir – comenta graciosa mi madre.

- Y que tanto…

Mi bebe nacerá pronto, quizás en dos semanas o tres, ya todo está preparado.

Nos encontramos en un pueblo costero de España, elegimos este lugar por el mar y su clima cálido durante todo el año. No he tenido comunicación directa con los Petrov desde que nos despedimos, así como tampoco les informe sobre el nuevo miembro de la familia que esta pronto a llegar, aunque estoy segura de que lo saben. Me han vigilado, lo sé, muy discretamente cabría decir, cumpliendo su palabra de estar al pendiente de mi seguridad, conociéndolos, deben saber de mi vida incluso más que yo.

Los espero para el nacimiento, así no los llame, sé que se harán presentes. Supe por Nikolai que no fue muy bien tomado por la organización el ascenso de Mihail, no porque lo crean incapaz, sino que su visión de las cosas es muy diferente a la de su primo, quien le había traído prosperidad a la mayoría de sus integrantes sin necesidad de derramamientos de sangre, ideas que no compartía Mihail. Saber eso me inquieto de mil maneras porque, con todo y la distancia, se que sigo ligada a los rusos y que tarde o temprano se enteraran que llevo al hijo de Ilya, por ahora espero que no haya inconvenientes, es un niño, pero algún día crecerá y el pasado de su familia lo alcanzara, es inevitable.

Hablando de otra parte de mi vida, diré que mama y yo fundamos un bar café en la zona turística de la ciudad, con la administración de Nikolai, que además de cuidarnos, se ha destacado como un empresario eficiente, vive con nosotras en una casa que adquirimos en una villa cerrada de clase media que pudimos encontrar, es muy acogedora y espaciosa, con amplios jardines comunes y uno pequeño en el patio, donde espero ver jugar a mi hijo. Tenemos una mascota, es un cachorro Beagle que se comporta peor que un niño, manteniendo a mi madre y la chica de servicio ocupadas con sus travesuras.

Por mi avanzado estado, me he mantenido un poco fuera del trabajo, también esta el hecho de que siguen tratándome como invalida sin tomar en cuenta mis quejas. Ahorita mismo, en compañía de mama, camino por las calles rumbo a un restaurante donde me espera el resto de mi pequeña familia para almorzar.

- Veo que se han esmerado – comento al ver una decoración hermosa que adorna la terraza del local.

- Es tu cumpleaños – me recuerda mama.

- Lo olvide, míster futbol no me deja pensar en otra cosa – exclamo haciéndolos reír a todos.

La comida fue seguida de un pastel rosa y varios regalos, brindamos por mi cumpleaños numero 25, ellos con vino y yo con refresco, que igual me lleno de alegría. Todo bien, hasta que una inesperada visita llego.

- Felicidades… prima – esa voz que me alegraba la idea de no volver a oír. Mihail.

- Primo, no te esperaba – anuncio sarcástica – Seguro vienes a traerme mi regalo.

Esta de pie recostado a la barandilla que rodea a la terraza, viste con ropa clara y elegante, mas guapo que nunca. Observo como lleva sus manos a los bolsillos de su pantalón y da unos pasos hacia mí.

- Por increíble que parezca… así es.

Mi corazón se detiene por un segundo o así lo sentí, al ver a la persona que acaba de entrar al local. Trague grueso queriendo ahogar mis palabras que se apresuraban a salir desordenadamente. No pude evitar que mis ojos se humedecieran para después darle paso al rio de lágrimas que se formó. No lo podía creer, aunque una parte de mi siempre supo que aquellas cenizas no eran suyas y que tarde o temprano volvería a ver esos ojos grises brillantes que ahora se han detenido en la redondez de mi vientre.

Feliz, se apresura a mi encuentro, ya que no fui capaz de moverme o hablar, mi cerebro aun procesa la idea de que realmente este aquí y que es verdad que sigue con vida.

- Printssesa – su voz ronca me hace dudar si es un sueño o es cierto que esta frente a mi.

Toma mis manos y las besas sin dejar de mirarme buscando sacarme del ensueño en el que caí. No hable, solo rodee su cuerpo con mis brazos tan fuerte que me arriesgue a dejarlo sin respirar. Separo mi rostro de su pecho para finalmente plantarme el beso mas sentido de todos los que me había dado.

- Estoy aquí, estoy aquí – repite no se si para convencerme a mi o a él mismo.

- Dios estas vivo, mi amor, vivo…

La emoción que me embargaba no me permitió notar lo que estaba ocurriendo. En medio de la escena, un calor corre por mis piernas alertándome de que algo sucede.

- Isabelle… Ilya… - alguien llama con tono de advertencia.

- Hija, creo que eso hora – señala.

Es entonces cuando la locura se desata.

Solo sentí cuando fui tomada en brazos de Ilya queriendo dar indicaciones al mismo tiempo, Jack tuvo que intervenir y poner orden en el caos. Una camioneta nos esperaba frente al restaurante, supuse que era la que transporto a los Petrov. Jack y mi madre se fueron en el auto del exagente, el cual seguimos de cerca rumbo al hospital.

Cinco horas más tarde, Adrien hizo acto de presencia por primera vez en el mundo, peso 3 kilos y tallo 51 centímetros. Su padre fue el primero en sostenerlo, era evidente que no sabía cómo cargarlo, pero lo resolvió como pudo, manteniéndolo en sus brazos todo el tiempo que pudo. Se veía feliz y encantado con ese trozo de carne que era parte suya y parte mía y que ahora era una realidad.

- Creo que te estaba esperando – le susurro.

- Mi hijo… - decía sin dejar de verlo.

Llegaron todos los demás luego de que me pasaran a una habitación. Ya en mejores condiciones, recibí las visitas de mi madre, Jack, Nikolai, Yakov y finalmente Mihail, quien como siempre, fue portador de malos augurios.

- Sabes lo que sucederá ahora ¿Cierto? – pregunta dirigiéndose a su primo, pero sin excluirnos de la conversación.

- Tu eres el jefe, así que no pasara nada – afirma el nuevo padre.

- La organización lo sabrá, no podrás esconderte por mucho tiempo.

- Lo sé – resopla Ilya.

Entendí sin más palabras de que se trataba todo aquello, Ilya sería requerido por la organización, al igual que su heredero. Tarde o temprano esa realidad nos alcanzara y estaremos preparados. Mientras tanto, disfrutaremos de lo que nos depara el presente, juntos como familia, incluso los miembros indeseables.

Ya en casa, estando mucho mas cómodos, mi ruso y yo nos dimos el tiempo de contarnos lo que había sucedido en el transcurso de estos meses.

Comenzó por decirme que todo fue un plan elaborado por él para librarse del yugo de la organización, insistió en que era la única manera en la que podría gozar de una vida normal al menos por el tiempo necesario para ver crecer a nuestro hijo. Sabiendo que no podría hacerlo solo, convoco a sus primos y uso el conflicto con los mexicanos, para de alguna manera morir dignamente y entregarle su cargo a Mihail. El problema estuvo en que su desaparición creo un vacío de poder, ya que muchos de los miembros no estaban convencidos de mantener al nuevo jefe ejerciendo ese cargo, tubo que permanecer con él y ayudarlo desde las sombras para poder afianzarse en el puesto.

Lo otro era no dejar dudas de su muerte porque de quedar alguna, sería cazado y obligado a regresar a la vida que estaba intentando dejar atrás, esa era la razón de la explosión, ya que no podían quedar restos que desmintieran la versión dada sobre su muerte.

- ¿Sabes que nunca seremos completamente libres? – escucho que pregunta de pie frente a la ventana que da hacia el patio desde donde puede verse la luna.

- Lo sé – respondo resignada abrazándolo por la cintura desde su espalda – Solo esperemos que pase el tiempo suficiente para que Adrien crezca y sea el quien decida si tomar ese puesto o no.

- Lo obligaran, creo que ni teniendo Mihail un hijo, dejaran al mío en paz – se separa de mi para voltearse y quedar de frente - ¿Te arrepientes?

- Jamás – le digo firme.

Acercamos nuestros rostros hasta unirlos en un profundo beso lleno de amor que no nos habíamos permitido hasta entonces. Sus manos viajan hasta mi cintura logrando con su agarre unirme mas a él.

- Quiero hacerte el amor – susurra sobre mis labios.

- Tendrá que esperar jefe – respondo retomando su boca y disfrutar mas de ella.

- Estoy claro, solo dejo saber mis intenciones – lleva sus labios a mi cuello dejando besos por toda su curvatura encendiendo una llama que hacía tiempo estaba apagada.

- Copiado – mis manos alcanzan su pecho tan firme como lo recordaba.

- Quiero otros hijos, dos más por lo menos – es ahora mi espalda la que acaricia con una mano mientras con la otra toma uno de mis senos.

Me aparto suavemente de su toque poniendo distancia necesaria entre los dos.

- Trabajaremos en ello… cuando me recupere.

Me toma de nuevo entre sus brazos, pero esta vez cierra el momento besando mi frente.

No podría pedirle mas a la vida, me voy a dormir pensando en que tengo lo suficiente para ser feliz y sin pedir mas, me rindo ante el sueño que se apodera de mi en compañía del amor de mi vida.

FIN.