UN FINAL INESPERADO

Estuve bajo sueño profundo por casi dos días.

Me levante con dolor en todo mi cuerpo, especialmente en mi cabeza, no recuerdo si comí o bebi algo, lo que si se es que me vendría bien un buen baño caliente. En mi memoria permanecen los recuerdos de aquel ultimo día con Myers o, mejor dicho, Devon Mills, en manos de quien casi encuentro la muerte, de no ser por el entrenamiento de Viktor, quizás lo habría logrado.

Me valí de su arrogancia y de mi falsa debilidad para que se descuidara por tan solo un momento, que supe aprovechar para liberarme de mis ataduras y poder abalanzarme sobre él y atacarlo. Al principio solo quise ponerlo fuera de combate hasta que llegaran a rescatarme, porque nunca perdí la esperanza de que irían por mí, pero de pronto, la ira se apodero de mi juicio y lo herí mas veces de las necesarias hasta que lo vi caer y no solté ese bisturí hasta que estuve segura de que había dejado de respirar.

No me sentí feliz y mucho menos aliviada, pero si experimente una extraña sensación de libertad ante la idea de saber que ese hombre ya no le haría daño a nadie mas.

Durante mi cautiverio, tuve que escuchar de su boca los infames motivos que lo condujeron a causar tanto daño hacia gente inocente. Me hablo sobre Rave a quien recordé un rato después de que lo mencionara como el hombre que abuso de mi, no solo esa noche en la calle, sino por años, desde la secundaria hasta la universidad, hubiera preferido que esas memorias no volvieran, pero al menos me sirvieron para también responder algunas de mis preguntas.

Me conto además sobre todas las personas que había matado, entre ellos un joven aspirante a agente del FBI de quien tomo su identidad, narro sobre esos desafortunados que fueron sus amantes y que luego hallaron la muerte por su mano después de satisfechos sus deseos carnales y lo último fue lo que mas dolió. Cada detalle de la muerte de Alain, sus palabras donde le repetía lo mucho que me amaba y que él no fue mas que algo pasajero. Destilaba furia cuando hablaba sobre ello pero que en mi alentaban felicidad.

Ahora estoy aquí, de nuevo en casa, con una vida y un futuro por delante, podre finalmente pensar en que los muertos descansan en paz.

- Tenemos visitas – anuncia mi rubio favorito entrando a mi habitación sin tocar.

Sonriente me uno a él y bajamos juntos al comedor, bueno, el bajo conmigo en brazos. Desde que se enteró de mi embarazo me trata como invalida haciendo oídos sordos a mis quejas constantes de que estoy embarazada no impedida. Su exagerado cuidado me exaspera y solo descanso de él en los momentos en que se va a la calle a resolver sus asuntos.

- ¡Primo! – escucho que exclama alguien.

Si creí que nada peor podría pasar… Me equivoque.

Ilya se aleja de mi lado para saludar con un abrazo a uno de los seres mas repulsivos que pudo nacer de la madre patria, Mihail.

Primogénito de si tío Dmitri Petrov, hermano menor de Iván, padre de Ilya y Alain. Alto, musculoso, casi tanto como el mayor, los mismos ojos grises que caracterizan a estos hombres, impregnados de promesas de muerte y destrucción, sus facciones masculinas se ven enmarcadas por una barba recortada que lo hace ver tan atractivo como peligroso, diría que es la lujuria en persona.

Observo como me repasa de arriba abajo sin ningún disimulo logrando incomodarme, siempre me ha visto con menosprecio, incluso me puso a prueba varias veces, entre esas, una noche en las que Alain acompañaba a su hermano en los negocios llego a meterse a mi cama con intenciones lascivas, de no ser por el golpe que alcance a propinarle y la oportuna presencia de Svetlana, pudo haber abusado de mí. Desconfié de él desde un principio, pero desde ese día, lo considero mi enemigo. Los hijos de Iván jamás supieron eso, pese a la recomendación de la vieja cocinera, elegí guardar eso para mí.

Agradecí el día en que decidió volver a Rusia, recuerdo que esa mañana se acercó para despedirse y me hablo al oído para decirme que contaba con su aprobación, pero que me estaría vigilando. Hace mas de dos años de eso en los cuales no había vuelto hasta hoy.

- Prima – saluda con acritud.

- Mihail – respondo igual.

- ¿Viniste solo? – interroga mi hombre.

Y su respuesta se materializa frente a nosotros. Vestido casual y mas guapo que antes con esos orbes grises llenos de brillo como siempre y su cara que no oculta la diversión por nuestro encuentro, aparece Yakov, el menor.

- ¡Jefe! – exclama el recién llegado a sabiendas de cuanto le molesta a Ilya que lo llame así.

- Idiota – responde este antes de responder a su abrazo.

Es una versión mejorada de su hermano mayor, siempre me ha tratado con respeto y creo que somos amigos, digo creo, porque con ellos nunca se sabe.

- Prima, mis condolencias – parecen sinceras sus palabras.

- Gracias – me limito a decir ya que repentinamente me toma por la cintura y me alza para darme algunas vueltas haciéndome reír.

- Tenia tiempo sin hacer esto – ríe mientras me baja.

Solíamos ser cómplices en algunas cosas. Alain, Yakov y yo a veces nos reuníamos en el tejado de la casa y nos embriagábamos hasta la medula, nos escapábamos a los clubes que no eran de la familia y bailábamos hasta el amanecer. Se fue a Nueva York cuando su hermano partió a Rusia y desde entonces solo nos hemos comunicado por móvil.

- Han pasado meses desde que supe de ti, no estuviste cuando lo de Al… ¿Dónde estabas? – cuestiona.

- Larga historia, digna de una botella de vodka – respondo animada hasta que la mirada de advertencia de los otros dos hombres me hizo reparar en mi error – Aunque por ahora yo no puedo beber y tu tendrás cosas importantes que hacer.

- Ya tendremos tiempo de hablar – dice finalizando nuestro intercambio.

Luego del desayuno, los tres se encerraron en la oficina, a ellos se sumaron Oleg, Viktor y Sergei aparte de dos hombres mas que no reconocí, supongo que vinieron con alguno de los hermanos. Tal reunión es inusual, ni siquiera durante el enfrentamiento con los irlandeses Ilya había solicitado la presencia de sus primos, lo que sugiere la presencia de problemas mucho mayores a los ya vividos.

Intente obtener algo de Svetlana, pero esa mujer es una caja fuerte de la que nadie conoce su combinación, Nikolai afirma no saber nada y los demás se que no comentaran lo hablado dentro de esas paredes. Rendida ante el hecho de que no me dirán nada, opto por disfrutar de la tensa calma que reina en esta casa desde la llegada de los invitados.

En la cena es cuando me presentan a los extraños, uno se llama Adolf, es de San Petersburgo, el segundo es Stefan, de Alemania, ambos vienen por negocios y no mas. Me mantuve en silencio escuchando su conversación, inferí que se conocen desde hace tiempo por las anécdotas contadas, mientras bebían y brindaban, yo comía en silencio, excluida de la reunión. Termine mis alimentos y me excuse para ir a mi habitación, por un momento pensé que Ilya me detendría y me desilusiono ver que no fue así.

De pronto me sentí una extraña en mi propia casa, que no es realmente mía, es de la familia, yo solo soy la consorte del jefe.

Ese pensamiento me causo desazón, sumado al mal presentimiento que me incomoda desde la mañana, es como si algo peor de lo ocurrido fuera a suceder y que la familia se esta preparando para ello.

Anhele no tener razón, pero mis suplicas no fueron escuchadas.

- ¿Estas seguro de lo que estas haciendo? – pregunto uno de ellos al borde de la ofuscación – No puedo creer que hagas todo esto y por una… - el puño de Ilya impacta sobre el escritorio.

- ¡Basta! Esta decidido y todavía soy el jefe – exclama furioso.

- Es absurdo – insiste el otro.

- Ya Mihail, el hombre tiene sus razones – concilia Yakov.

- ¿Razones dices? Eres una decepción Ilya, si tu padre o el mío estuvieran vivos morirían de nuevo solo con escucharte.

Parte de la discusión que se lleva a cabo en el despacho. Se desconoce la naturaleza de lo que sucede, pero si se tiene la certeza de que es definitivo.

- Las cosas se harán como digo, tu Mihail pasaras a ocupar mi lugar, Yakov continuará como está pudiendo elegir quedarse aquí o en Nueva York, Stefan me prestará su apoyo en Múnich y Adolf lo hará en Moscú mientras tú te organizas aquí.

- Crearas un vacío de poder, la organización te respeta – espeta el primo mayor – Además conoces las reglas, de esto solo se sale muerto.

- No será así, nosotros somos la nueva generación – habla Ilya colocando una mano sobre el hombro de su primo – Tienes la fuerza y la presencia necesarias para ser el nuevo Jefe.

- Debí serlo desde un principio, nada de esto estuviera pasando, siempre fuiste un sentimental de lo peor y lo confirmé el día que tomaste a Alain bajo tu protección en contra de los deseos de tu padre y le dejaste hacer todo lo que se vino en gana, incluso casarse con alguien indigno.

Esas palabras fueron suficientes para que el actual jefe perdiera toda compostura y tomara al primo por el cuello de su camisa forzando a mirarlo. El otro ni se inmuto ya que poseen la misma talla y complexión, sería una pelea equitativa.

- Oyeme bien imbécil… Estas hablando de mi hermano que esta muerto y a los difuntos se les deja descansar, así que no lo menciones – ambos rostros tan juntos que comparten aliento – Y sobre esa mujer que llamas indigna fue la esposa de tu primo y ahora esta conmigo, así que no te permito que lances tus insultos contra ella.

- ¿Contigo? Y cuando mueras que… ¿Pasara al siguiente? – cuestiona Mihail con malicia.

- Eso quisieras – dice soltando se agarre – O crees que no me di cuenta – habla mientras le da la espalda – Te gusto desde que la viste, la deseabas para ti, solo que Alain la gano.

- ¡Estupideces! – bufa.

- En dos días haremos lo planeado, es necesario acabar con los socios mexicanos que Callaghan trajo aquí, luego de eso… ya saben.

Luego de eso, la reunión termino.

Quise escuchar un poco más, pero al ver que ya no hablaban, consideré que era hora de volver a mi habitación.

La noche antes del día pautado, Ilya se fue conmigo temprano a nuestra habitación, tomamos un baño de tina que aprovechamos para entregarnos a nuestros deseos, mismos que seguimos compartiendo una vez estando en la cama.

- ¿Me amas? – pide saber el rubio.

- ¿De verdad preguntas eso?

- Quiero oírlo – solicita.

- Te amo Ilya Ivánovich Petrov – le contesto afirmándolo con un beso es sus labios.

Colocando una mano sobre mi vientre continua.

- No creí que tendría hijos, no había considerado la idea de ser padre hasta ahora ¿Crees que seré un buen padre? – me pregunta.

- Serás el mejor

- Mi padre lo fue conmigo, para la organización era un hombre, pero en casa me trato siempre con amor y me enseño muchas cosas.

- ¿Por qué nunca quiso a Alain? – quise saber.

- No lo sé, Svetlana piensa que estuvo enamorado de mi madre hasta su muerte y que yo le recordaba a ella – al ver su expresión triste abandone el tema.

- ¿Qué te gustaría que fuera?

- Varón, aunque si resulta ser una niña la amare igual.

- Creo que serás peor, no la dejaras ni respirar, lo digo por experiencia.

- Solo te cuido.

- Exageras…

- Te amo Sonia… o será Isabelle.

- Isabelle…

Sellamos aquella conversación con un beso que siguió a otro y a otro hasta que me hizo suya una vez mas para luego caer en un profundo sueño.

Me desperté sola a media mañana. Pasé a la cocina por comida con un hambre atroz que desapareció cuando supe que todos los hombres habían salido, solo nos dejaron unos pocos para nuestro resguardo. Svetlana se veía nerviosa pese a sus esfuerzos por ocultarlo, el personal estaba armado dentro de la casa, cosa que era por demás extraña y Nikolai no paraba de hablar por teléfono profiriendo palabras en ruso que señalaban problemas.

- Niña es mejor que se vista para salir – me indica la anciana tomándome del brazo para dirigirme a mi habitación.

- ¿Qué esta pasando? – cuestiono ya preocupada.

- Hágame caso mi niña – insiste – Tome sus cosas, dinero, identificación, su móvil, debe estar preparada.

Sus palabras se ven reforzadas por la llegada de Nikolai quien luce agitado.

- Señora debemos irnos.

- ¿Adonde? ¿Por qué? – inquiero.

- Señora por favor, le explicare en el camino, se lo prometo.

Asumiendo que no me dirían mas, tome mis cosas, las coloque en un bolso, fui a la habitación que compartía con mi antiguo esposo y saque de un escondite otro maletín que ambos preparamos en caso de necesitar escapar. Vestí con ropa abrigada pero ligera, botas militares, tomé un par de cuchillos una pistola y salí.

Subimos a una camioneta de las que no se usan con regularidad preparada para situaciones de emergencia y nos alejamos de la mansión.

- ¿Los demás empleados?

- Evacuados todos – dice la mujer mayor.

Observo como mi guardaespaldas toma caminos alternos y poco transitados hasta llegar a una cabaña de la cual no tenia idea que existía. Una vez dentro, hice una maniobra inesperada desarmando al hombre para luego apuntarlo con uno de mis cuchillos.

- Ahora vas a decirme que está pasando.

- Señora…

- ¡Dime! – grito en su oído.

- El Jefe… ha muerto.