EPÍLOGO, PARTE 2
Era cerca a la una de la mañana cuando empaqué todas mis cosas y compré en el primer vuelo hacia Colombia que vi en internet. Pensé que al menos debía despedirme de Blanca, pero ella estaba en islas canarias con su madre. Solo le dejé una nota, no fue la mejor manera, pero no podía esperar ni un minuto más. Literalmente corrí al aeropuerto y agarré el vuelo que se retrasó casi medio día, eso me hizo desesperar.
Al día siguiente cuando llegué a Bogotá, recibí una llamada que sería la peor que recibiría en toda mi vida.
La escala era en el aeropuerto el dorado y en una hora saldría el último vuelo directo a Barranquilla. Me senté en una cafetería cuando escuché mi teléfono sonar, sentí que algo malo ocurría al recibir una llamada que tuviera el prefijo: +57, es decir, un prefijo colombiano. Nadie nunca me llama de Colombia, fue tan extraño y precisamente hoy, después de ver a Urania dos días atrás… contesté y de inmediato reconocí la voz, era Mateo.
-¿Roman? ¿eres tú?
-Sí.
-Pensé que no te entraría la llamada por estar en otro país.
-Estoy en Bogotá, en una hora viajo a Barranquilla. Vine a buscar a Urania.
-Mierda, ¿cómo te lo digo?
-¿Qué pasó? ¡dime ya!
-Urania… Urania anoche…
-Mateo, ¡dime que pasó! ¡dime ya!
-Ella… saltó de un puente.
Literalmente llegué corriendo al hospital, no sé ni cómo logré no mandar a la mierda a todo el personal del aeropuerto por tardar tanto en despegar. Al llegar a la sala de espera vi a Mateo, a Lucila y a un tipo que no conocía. Lucila lloraba, el tipo estaba a su lado, pero tirado en el piso con la cabeza entre las rodillas. Mateo caminaba de un lado al otro sin detenerme. Habían cambiado muchísimo.
-¿Cómo… supiste? -Preguntó Mateo mientras me abrazaba.
-¿Supe qué? -Pregunté confundido.
-Lo de Urania…
-No sabía que ella haría eso, volví fue justamente porque fue a verme dos días atrás y se fue muy mal, sabía que debía volver.
-Ojalá logre verte…
-¿Cómo… cómo está? -Pregunté con voz temblorosa, temía escuchar la respuesta.
-Está mal… según entendí está en coma inducido.
-Dios… pero… ¿cómo pasó esto? -Me senté en la silla, necesitaba respirar. Esto… esto es demasiado.
-Hace mucho noté que era extraña. -Comentó el tipo que estaba al lado de Lucila mientras se sentaba a mi lado. Lucila solo me hizo señas, sé que no se sentía bien, ninguno de nosotros lo estaba. -Soy Joaquín.
-Roman. -Extendió su mano.
-Ella es extraña para muchas cosas. No se ríe mucho, se enoja fácil y a veces se ve simplemente ida… pero nunca pensé que haría algo como esto. Yo la estuve vigilando desde el episodio en Barcelona…
-¿Qué episodio en Barcelona…? -Pregunté dudoso, temiendo lo que pudiera escuchar.
-Nosotros habíamos ido a Andorra por el trabajo de Urania y cuando acabó, le sugerí conocer España, pero el primer día en Barcelona se perdió mirando un hospital y luego me dijo que iría a saludar a alguien, que la esperara y cuando salió estaba destrozada, no sé qué le sucedió allá adentro, pero salió tan mal que duró más de un día sin decir ni una sola palabra.
-Me vio… -Admití y agaché la cabeza. Era mi culpa, esto era mi culpa. -Me vio, eso fue lo que le ocurrió. – Maldición, maldición, esto sucedió por mí, por no haberla cuidado, por no haber estado con ella y haberla dejado sola. Si algo le pasa… si algo le pasa… no lo soportaré.
-¿Tú quién eres? -Preguntó de repente a la defensiva.
-Roman, ya te dije.
-No, pero, ¿quién eres? ¿qué le hiciste? ¿o qué le dijiste?
-Nosotros fuimos novios hace mucho… y por cosas que pasaron nos tuvimos que separar, llevábamos ocho años sin vernos.
-¿Por qué si llevan años sin verse ella se pone así? Mierda, me vas a hacer que te mate. -Agarró mi camisa y Mateo se metió a intervenir.
-Oye Joaquín para ya, no vale pelear mientras Urania está tan grave, se ve mal. Roman, Joaquín solía ser su pareja hasta hace poco, por eso se pone así, pero si se pone pesado, pégale y te apoyaré.
-No voy a pelear en un hospital. -Quité su mano y me eché antibacterial, me había ensuciado con sus dedos.
Pasaron unas horas, Lucila y Mateo se habían ido porque debían ir a recoger a sus hijos a la escuela, me resultó curioso saber que ellos tenían dos hijos, nunca lo hubiese imaginado. Llegaron después un par de personas que no conocía, al parecer eran amigos de Urania. Mateo me contó muchas cosas de ella que no sabía, no solo mi vida dio un cambio radical desde la última vez que la vi, sino también, la de ella. Me dijo que tiene un doctorado, eso es un gran logro. Me dijo también que se mudó un par de años de la ciudad y luego regresó, pero esta vez a trabajar en una universidad, también que convivió con Joaquín por tres años, pero que terminó abandonándolo porque no lo quería de la misma forma en que el la quería. Eso me hizo pensar muchas cosas, me sucedió exactamente lo mismo con Blanca, pero no fue igual. Creo que empezaba a comprenderlo todo. Yo tuve una buena vida a pesar de todo en España, tenía a mi familia conmigo, comodidades, tenía novia y no me hacía falta absolutamente nada. Urania no tenía a su familia ni comodidades y tardó años en poder salir con alguien, mientras que yo lo hice al poco tiempo. Ella… no puedo imaginar lo mucho que sufrió más, las circunstancias no fueron las mismas para ambos, a ella le tocó la peor parte… y yo nunca me di cuenta. No noté que al irme la iba a dejar totalmente sola, mientras que yo no lo iba a estar, yo sabía que lo de su padre había ocurrido solo tres años antes de irme y aún así, permití que tuviera una pérdida de nuevo y en muy poco tiempo, pensé estúpidamente que la noche en que me llamó enojada es porque estaba lista para salir con alguien más o que ya lo hacía, pero era porque estaba destrozada y no lo pude ver. Pensé que era el único que siguió pensando en ella cada día… cada maldito día… y no era así. Todo esto es mi culpa, por esta cobardía que siempre tuve, esa inseguridad que no podía controlar, porque en el fondo siempre creí que ella no me quería de la misma manera porque yo la amaba tanto que dolía y pensé que era imposible que alguien pudiera quererme así, con tanta intensidad, y ahora sabía que había estado equivocado… pero no cometeré el mismo error dos veces, esta vez no pienso irme, ni aunque la tierra dejase de girar lo haría.
Cuando se hizo tarde esa noche, Joaquín dijo que bajaría a cenar algo, sus amigos lo siguieron. El doctor que atendía a Urania se acercaba junto a dos enfermeros, me puse de pie delante de él.
-Disculpe… estoy aquí por Urania, la paciente de la habitación 404. ¿Podría saber como se encuentra?
-¿Usted es familiar?
-Soy su novio. -Mentí.
-¿Cómo le digo señor…? A ver, se lo diré de una forma en que lo pueda entender.
-No se preocupe, entiendo los términos médicos, soy cirujano.
-Muy bien entonces se lo diré. Tiene una luxación en el cóndilo externo que causó que dos de sus huesos se unieran, tiene varias fracturas de consideración en las costillas, clavícula y el esternón, también presenta múltiples hematomas y estamos descartando hemorragias internas. Cayó de cuarenta y cinco metros, tiene suerte de estar siquiera aquí ahora.
-Yo… no entiendo. Por la altura que dicen supongo que saltó del puente nuevo sobre el río, ¿cómo la sacaron? ¿y de noche?
-Según escuché. -Comentó uno de los enfermeros y añadió: -En esa zona ha habido varios… “incidentes” similares, por lo que había socorristas en la zona. Este es el tercer caso que atendemos.
-¿Los demás… sobrevivieron? -Pregunté dudoso, los tres negaron con la cabeza.
Unos minutos después me dejaron entrar a su habitación. Sentí que me desvanecía al verla, se veía tan tan mal. Tenía un respirador artificial, un catéter venoso, la maquina de ecg vigilaba su frecuencia cardíaca y también tenía numerosos vendajes, su rostro y brazos se veían empañados por los hematomas, pero aún así juro que se veía preciosa. Fue como un baldado de agua fría el verla así, tan mal y no poder haberlo evitado.
-¿Puedo estar un rato aquí? -Les pregunté, el doctor asintió. Me dejaron solo con ella. Pensé de inmediato en tocarla, acariciarla, besarla, moría por hacerlo, pero sabía que no podía, podría afectarla más de lo que estaba, así que solo me incliné un poco a su lado y con mucho cuidado puse mi mano aún costado de su rostro. Estaba fría, muy fría, con el cabello despeinado y tenía ojeras marcadas, pero aún así seguía siendo ella, la única persona que me ha hecho sentir vivo y ahora su vida pende de un hilo. Maldición, esto me hace sentir miserable.
Pasé toda la noche junto a ella. A la mañana siguiente entró a cirugía, por las fracturas y en ese momento salí lo más rápido que pude a dejar mis maletas en un hotel que quedaba a una calle, tomar una ducha rápida y regresar. En el camino de regreso escuché mi teléfono sonar de nuevo, no había dejado de sonar desde el día anterior, me llamaba papá, mamá, Blanca e incluso mis colegas, me preguntaban donde estaba, qué sucedió, pero no respondí, no tenía cabeza para eso. A Blanca solo le dije que debía irme, que me perdonara y a mis padres no les dije nada, aunque sé por sus mensajes que piensan que regresé, pero no están seguros de eso.
En la sala de espera notaba como Joaquín me fulminaba con la mirada, la verdad le presté poca atención, el no me interesaba, lo único en que pensaba es en que Urania saliera bien de su cirugía porque le faltaban varias más.
Al cuarto día los doctores lograron que despertara, aunque lo hizo por pocos minutos, pero afortunadamente cuando lo hizo, era yo quién estaba en la habitación y no su ex novio. Estaba sedada y abrió los ojos solo un poco, pero de inmediato me acerqué a ella y la miré. Amaba el verde de sus ojos, juro que nunca vi en nadie unos ojos más bellos que los de ella, estos siempre fueron mi obsesión. Cuando me vio se sobresaltó, lo supe por la forma en que abrió sus ojos, pero no podía hablar o si lograba hacerlo le costaría, la tenían bastante sedada porque sino al despertar sentiría muchísimo dolor.
-Urania… -Me senté cuidadosamente a un costado de la camilla y acerqué mi rostro al suyo, no pude evitar desplomarme, era insoportable verla así, saber que en cualquier momento se podía complicar y yo… yo, si algo le pasa… -Perdón, perdón. No debí ser tan débil, debí estar siempre contigo… sé que ha pasado mucho, que probablemente sea demasiado tarde, pero esta vez no me iré, esperaré toda mi vida si es necesario a que me perdones.
-Roman… -Respondió casi en susurros.
-No digas nada, no quiero que te sobre esfuerces.
-Roman… -Me acerqué, casi no podía escucharla, el sedante más el respirador dificultaba su capacidad de hablar. -¿Cómo es que estás aquí?
-Fuiste a verme. -Acaricié cuidadosamente su rostro. -Inmediatamente te vi irte corriendo sabía que dejaría todo por ti. Justo eso hice y no pienso irme esta vez.
-Mueré…te. -Reí, cuánto te extrañaba. En verdad mi vida no es vida si no estoy contigo.
Los días pasaron y todo fue bastante feo, ella seguía cada vez peor. Recuerdo ese domingo en la madrugada, ella estaba en su tercera cirugía y yo estaba en la sala de espera, habían transcurrido varias horas desde que entró a cirugía. Lucila estaba a mi lado, Mateo del otro y justo en frente, estaba Joaquín de pie y no dejaba de mirarme. Esos días había vuelto a hacerme cercano a Mateo y Lucila, seguían siendo algo irritantes, pero aún así me agradaban, ya sabía que eran así. Mateo me hacía comentarios en burla de que el me mirara de esa manera, como si quisiera fusilarme y francamente en este momento no estaba de ánimos de bromas, Urania estaba en una cirugía de consideración y lleva días inconsciente, su estado es crítico y este malnacido se preocupa más por querer asesinarme que por el estado de ella.
-Tú como que ya llevas muchos días por aquí. -Comentó Joaquín en forma tajante mirándome.
-Mmm sí. -No entendía a dónde quería llegar.
-Los he escuchado hablar, eres cirujano en Europa y llevas siete días aquí, ¿qué mierda? ¿no deberías irte ya?
-Sí estoy aquí o no, no es de tu incumbencia. No tengo porqué darte excusas. -Me estaba haciendo irritar en sobremanera.
-Es que eres tan molesto, pesado y… niño. Maldición, creo que te llevo como ocho años. No entiendo que te pudo ver Urania en otros tiempos, ni bonito eres.
-Esto está buenísimo. -Comentó Lucila entre risas, ese par miraban emocionados a Joaquín quién echaba chispas por los ojos y yo quería arrancarme la cara.
-Qué inmaduro eres, ¿qué te importa si soy bonito o no? Ni a mí me interesa eso.
-Es que no lo entiendo, eres sólo un niño y eres bastante desagradable, para colmo ni vives en este país, no entiendo cómo Urania pudo hacer algo así por alguien como tú.
-No te pases Joaquín. -Comentó Lucila enojada de repente. -Nadie aquí sabe sus motivos, no puedes decir que lo hizo por él porque hubiera sido así muchos años atrás.
-¿Y por qué justo ahora? ¿después de verlo? Es obvio que lo hizo por este, quién sabe qué le dijiste o qué le hiciste.
-Mierda. -Lo agarré fuertemente por su camisa y lo arrastré hasta el balcón. -¿Cuál es tu problema? No me interesa discutir contigo, no vine aquí para eso, solo me interesa Urania y a ti pareciera que lo único que te importa es que fuimos novios.
-¿Crees que me importa que seas su ex novio? Me molesta que tú que llevabas años desaparecido seas tan importante para ella como para decidir algo así, mientras que yo que he compartido estos últimos años con ella, que la he acompañado y ayudado, no sea nada. Maldición, ni siquiera me quiso decir qué le pasaba o qué tipo de trauma tuvo años antes contigo o qué cochinada le hiciste.
-No tengo tiempo para esto, en verdad.
-¿Por qué no te regresas a España antes de que te reviente a golpes? -Se acercó peligrosamente a mí y me enojé aún más de lo que estaba. Lo empujé fuertemente.
-¡Oigan! ¡vengan! ¡vengan ya! -Gritó Lucila y ambos corrimos dentro.
Vi a varios enfermeros entrar corriendo con la maquina para resucitar y… me quedé helado. Mi cuerpo se quedó inmóvil y no pude avanzar más, me costaba incluso respirar. Veía a Lucila abrazar a Mateo y a Joaquín intentar colarse en el quirófano, pero yo no me podía mover, podía sentir incluso, los latidos de mi corazón en ese momento. Esto no puede estar sucediendo, debo estar soñando. Parpadeé varias veces, esto no puede ser real. No sé por cuánto tiempo me quedé paralizado, no podía con esto, era demasiado.
-Roman amigo, ¿estás bien?- Preguntó Mateo agarrando mi brazo y me hizo reaccionar. Negué con la cabeza, si algo le sucedía…
Vimos al doctor salir y Lucila corrió hacia él.
-Logramos estabilizarla, tuvimos varias complicaciones por una hemorragia interna, pero estará bien, ya pasó lo peor.
Creo que ese fue el peor momento de mi vida entera.
Las semanas que transcurrieron no fueron fáciles en ningún sentido posible. A Urania le costaba moverse, caminar e incluso intentar hablar, esto último no le dolía ni había lesión alguna que se lo impidiera, pero no se encontraba bien. Lograba hablar un poco con sus amigos e incluso con Joaquín, pero a mí no me hablaba, no encontraba forma de que lo hiciera.
Unas dos semanas después le dieron el alta, podía regresar a casa. Le insistí en que podía acompañarla, Joaquín esos días regresó a Bogotá por compromisos familiares, Mateo y Lucila están ocupados en sus trabajos y solo yo podía hacerlo, pero no quiso que yo me quedara en su casa. Yo me había tomado un tiempo, sabía que me iba a quedar definitivamente en Barranquilla y que debía conseguir empleo acá, incluso mi anterior jefe me recomendó en una buena clínica de aquí, pero no entraría hasta que ella estuviera bien por completo, yo debía cuidarla, era mi deber hacerlo, aunque ella no quisiera.
Entonces empecé a ir a diario a verla, iba por las mañanas y la ayudaba a levantarse, cociné cosas desastrosas para ella los primeros días, pero luego empecé a pedir delivery por no querer arruinar su estómago. La ayudaba a hacer las terapias, con sus medicinas e incluso, la llevaba a sus citas con la psicóloga, en el hospital dijeron que debía ver a una psicóloga por varios meses por todo lo que sucedió y tenían razón, si ella vuelve a intentar algo como eso, su cuerpo no podrá con ello y juro que me muero si algo llegara a sucederle.
Hablé con mis padres antes de que a Urania le dieran el alta y les dije que regresé, que no iba a volver. No sé cuán enojados estuvieron, mamá me dijo que le iba a dar algo, pero sé que eso lo decía como forma de manipulación, no puedo complacerlos toda mi vida, debo ser feliz también y solo sé que mi lugar en el mundo es Urania, no puedo ser feliz si no es con ella.
Por otro lado, también hablé con Blanca. Le pedí perdón muchas veces, creo que debí hablar con ella directamente antes de irme, no dejarla de esa manera, pero así ocurrieron las cosas y tuve que decirle porqué lo hice. Ella sabía que yo había tenido una relación que me había marcado mucho, lo notó por los años en que duré deprimido y no tuve otra opción más que contarle los motivos. En un principio se enojó por ir corriendo tras ella, pero me dijo que, si yo era feliz estando con ella que lo comprendía, me sorprendió que ella siempre hubiera pensado que yo no era feliz, pensé que había logrado hacerle creer lo contrario, pero no fue así. Al menos todo quedó en buenos términos.
Con Urania todo era muy difícil, las dos semanas la he acompañado hasta que me echa, se ha rehusado a hablarme y si lo hace, es porque es meramente necesario. No sé si está molesta conmigo o si se siente incómoda por lo que pasó, cómo me gustaría que al menos intentara hablar conmigo para decirme qué debo hacer o cómo puedo intentar que me acepte de nuevo, sé que lógicamente las cosas no serán como antes, pero quiero intentarlo, no pararé hasta que ella me acepte de vuelta y por eso ese día decidí hablar con ella a como dé lugar.
Urania esta tarde de viernes no se sentía bien, ya podía caminar y no tenía vendajes, pero tenía una fuerte fiebre y malestar. Estaba en el mueble de la sala, comía helado mientras veía una de sus novelas asiáticas, me sorprendió que aún las viera, hay cosas que no cambian. Noté que estaba temblando, solo traía unos shorts y una camiseta ligera, entonces tomé una frazada de su habitación, regresé a la sala y la cubrí con ella. Urania me miró de reojo y bajó la mirada a su helado, incómoda.
-Urania, ¿podemos hablar? -Pregunté mientras me sentaba a su lado, mantenía fija la vista en el helado. -Por favor, ¿podemos hablar?
Noté que su respiración se agitó y que se puso muy nerviosa.
-¿Estás molesta conmigo? -Pregunté, tardó unos segundos, pero al final, negó con la cabeza. -Urania, quiero hacer las cosas bien esta vez, no pienso irme a ningún lado, estaré aquí contigo hasta que tú lo quieras. De verdad quiero intentarlo, pero no sé qué es lo que sientes, es como si… me odiaras.
-No… -Dijo casi en susurros, aclaró su garganta. -No es eso.
-¿Qué sucede Urano? Confía en mí, por favor. -Puse mi mano en su hombro y me miró a los ojos, rápidamente desvió la mirada y vi sus ojos aguarse. Acaricié sus hombros.
-Yo no… no te odio, es solo que… me siento avergonzada.
-¿Por qué lo estás? -Pregunté confundido.
-Por lo que hice.
-Niña tonta. -La abracé. -No debes sentirte avergonzada por eso, menos conmigo. Sabes que yo... entiendo más que nadie lo que eso se siente, es difícil, pero estoy contigo, no dejaré que vuelvas a sentirte así nunca más.
-Roman es que…
-¿Cuántas veces antes hiciste lo mismo por mí? ¿cuántas veces estuve mal y me tranquilizaste? Ahora yo debo hacerlo por ti. No quiero que te sientas así y menos conmigo. -Se quedó callada unos segundos, seguía mirando fijamente su helado. -¿Puedes mirarme? Por favor.
Asintió con la cabeza, acaricié su cabello.
-Por siempre, ¿recuerdas? -Sonrió y me abrazó fuertemente. Dios, extrañaba tanto esa sonrisa, es que con solo verla sonreír ponía mi mundo de cabeza.
-Estoy sensible. -La escuché a duras penas porque tenía su rostro hundido en mi pecho. Acariciaba su espalda.
-¿Por qué princesa?
-Es que… es tan difícil de asimilar que estés aquí, que no lo esté soñando.
-Ahora dices eso, pero en veinte años te habrás cansado de verme tanto, pero me tendrás que aguantar, me pegaré como mono a una de tus piernas.
-Roman en serio creo que, si te vuelves a irte, me tocaría mandarte a matar.
-Estarías en tu derecho.
Los meses que vinieron fueron extraños, pero en el buen sentido. Antes las cosas fueron distintas porque vivíamos juntos, yo estaba en la escuela aún y era malo con ella. Ahora todo era distinto, fue tan extraño salir con ella como lo hacen las parejas normales. No me apresuré, me tomé el tiempo de hacer que confiara en mí de nuevo, de enamorarla y que me conociera, porque sé que ambos habíamos cambiado. Por mi parte poco lo hice, siguen molestándome los humanos en general y los hábitos como limpiar varias veces al día u organizar las cosas a mi manera, no los dejé, creo que moriría de esa manera. Aunque ya no era tan irritante como antes, o al menos eso creía.
Por algún motivo ella era más dulce ahora que antes, aunque cuando me debía gritar lo hacía como la noche de Halloween que estábamos en una fiesta de una de sus compañeras y esta me ofreció un cóctel que no pude evitar decir que sabía como si hubiera sido batido con un ano y su amiga me escuchó, Urania se molestó mucho esa noche.
Pasó un año entero para que ella accediera a que viviéramos juntos de nuevo, me lo puso difícil o al menos eso creía ella, yo planeaba esperar el tiempo que fuera necesario. Era feliz, la veía casi a diario y trabajaba en un buen lugar, que me costó casi seis meses adaptarme porque la gente me huía, pero sabía que al salir la iba a ver a ella y no me importaba nada de lo que hubiera ocurrido. Lógicamente no ganaba lo mismo aquí que en Barcelona, pero eso era lo que menos me importaba.
Los cambios grandes vinieron después de dos años de vivir juntos y creo que pude conocer el verdadero karma.
Urania en una tarde en la playa se puso mal y la llevé al hospital en que trabajaba por creer que tenía algo como una gastritis. Grave error, de haber sabido que esa gastritis tenía casi tres meses de vida, me habría escondido, al menos detrás de su espalda, pero fue muy tarde. Yo quería llamarlo Fernando XVI, pero ella no me dejó y en cambio, lo llamó Sebastián. El fue el karma hecho persona. Físicamente no era tan parecido a mí, sino más bien a ella, pero su personalidad era tan parecido a mí que me molestaba. Yo sabía que yo era irritante, pero eso era porque nunca vi a nadie actuar como yo y a medida que el crecía, iba compadeciendo más a mis padres por todo lo que tuvieron que tolerarme y a Urania, que no solo me toleraba a mí sino a Sebastián. No puedo negar que lo quería, aunque a veces me sacaba de quicio y quería mandarlo a cavar tumbas en la India, como en su cumpleaños número nueve, Urania parecía un planeta porque esperaba a lo que yo creía sería una niña y no había nadie más. Sebastián no accedió a invitar a nadie más y, de hecho, creo que aparte de nosotros no hablaba con nadie más. Yo no quería comprarle un pastel, pero Urania me obligó a hacerlo. Compré el primero que vi y fue uno de payasos, sé poco de pasteles y cuando él lo miró, volteó a verme indignado y me dijo que era horrible, así como mi profesión, en palabras textuales dijo que no me respetaba porque no era físico y se echó a correr.
Recuerdo una noche en que Urania y yo estaríamos solos. Mateo y Lucila dijeron que se iban a acampar y ofrecieron llevarse a los niños, Helena ya tenía tres años en ese momento, al menos ese nombre si lo pude escoger.
Estaba aburrido, quería beber y salí de la habitación para buscar a Urania, si yo me aburro no me quejaré conmigo mismo.
-Urano. -Apoyé mi cabeza en su hombro, ella cocinaba la cena.
-¿Necesitas algo?
-Estoy aburrido, ¿y si nos casamos?
Escuché su risa, volteó a verme y apoyó sus manos en mis hombros, agarré su cintura.
-¿Te quieres casar porque estás aburrido?
-Tal vez sí, o tal vez no. Creo que ahora mismo casarme me quitaría el aburrimiento.
-No estamos en las vegas, acá toca solicitarlo antes.
-Está bien, entonces nos casamos en una semana, solo tú y yo, nada de niños ni amigos pervertidos. Luego nos vamos a profanar alguna habitación de hotel. -Besé su nariz, luego sus labios. Apreté sus muslos, pero ella me alejó al ver mis negras intenciones.
-Eres como tonto, ¿Y mi anillo?
-¿Este? -Se lo enseñé, Lucila me ayudó a escogerlo. Gritó y luego me saltó encima, por poco me caigo y hay una tragedia porque si me caigo, debo proceder a desinfectarme por treinta minutos.
Recuerdo su sonrisa esa noche, esa sonrisa de felicidad que amaba sacársela. No puedo decir que todo era fácil, sobre todo conmigo no lo era, pero Urania siempre lograba tranquilizarme, solo le bastaba con mirarme para olvidar lo que me molestaba y me perdía como tonto mirándola, aún con tantos años que han pasado sigo perdiéndome al verla y no entiendo como es esto posible, cómo puede ser que la quiera aún de esta manera y cómo sigo muriendo de celos cada vez que la veo hablar con sus compañeros, como el malnacido de biología, pero luego se me pasa cuando la veo sonreír al recogerla en la universidad. Esa sonrisa, esa sonrisa jamás podría cansarme de mirarla y hoy miro atrás, y sigo preguntándome qué hice para ser afortunado de esta manera, porque sí lo era y no cambiaría esto por nada.
Gracias por leer esta novela, es la más realista en la que he trabajado y tan solo la segunda en que hay una chica como narradora principal. Todos los comentarios son bien recibidos en mi cuenta de Facebook: Caroline Rebolledo Ospino.
¡Los quiero!