Chapter 37.

Esta cobardía.

Esa noche no pude dormir, Roman tampoco lo hizo. Eran cerca de las tres de la mañana, yo estaba acostada de lado frente a Roman, en su cuello, quién estaba acostado igual frente a mí. Intentaba dormir, pero no podía, no sabía qué debíamos hacer, cómo solucionar todo aun cuando sabía en el fondo que no había solución, que Roman por nada del mundo se quedaría sabiendo lo que esto podría perjudicarme, aun sabiendo como esto podría dolerle. Ambos sabíamos lo que estaba por suceder, pero ninguno de los dos se atrevía a decirlo. Roman se iría, esa carrera dura unos seis años sin contar con las especializaciones y cosas que por ley tienen que hacer los médicos, ambos sabíamos que, si decidía irse, no iba a volver y lo nuestro moriría justo en el momento en que el pise ese avión porque nunca más nos volveremos a ver. Si se va, conseguirá trabajo en la clínica de su tío y hará su vida, estoy consciente de las posibilidades y es justamente eso lo que me destroza, saber que no puedo hacer nada al respecto. Ir y venir de España no es fácil, cuesta cerca de 1100 euros un solo tiquete sin contar con lo demás, por esta razón sumado a sus padres, estudios y demás, sé que si se va no lo volveré a ver y hará su vida allá, tarde que temprano conocerá a alguien y yo seguiré aquí en la misma basura de siempre.

-Mi Urano, ¿estás dormida? -Preguntó en susurros. Abrí los ojos, negué con la cabeza.

-No puedo dormir.

-Yo tampoco, tengo muchas cosas en la cabeza. -Bajó un poco la cabeza, me miró. -¿Y si huimos?

-Roman… -Le di un corto beso. -Sabes que no podemos hacer eso.

-Urania… si me voy…

-Terminaremos, estoy consciente de eso. -Contesté con la voz entrecortada.

-¿Y si… me esperas?

-Roman…

-Lo sé, sé que es tonto lo que pido, es que… no sé qué hacer. Mis padres no van a echarse para atrás, los conozco.

-Es que todo está tan jodido, el problema no es solo que me echen, sino que este tipo de cosas son noticia, cada vez que hay un escándalo de maestra-alumno toda la ciudad se entera y eso sale hasta en el periódico, me arruinaría la vida si esto se llega a saber. -Admití, Roman no respondió de inmediato, creo que no había considerado esta posibilidad y es que es así, cada vez que se ve un caso así se hace noticia y podría pasarla realmente mal si esto llega a saberse. El problema de nosotros no es solo la diferencia de edad (que no es mucha) ni el hecho de que sea mi alumno solamente, es que a todo eso se le anexa el hecho de que Roman es autista y la gente podría tomarlo mal, como que yo me aproveché de él. Esto podría pasar y podría ser fatal para mí.

-No había pensado en eso.

-Lo sé. -Guardó silencio unos segundos. -En verdad jamás pensé que esto podría sucedernos, que así acabaría todo.

-Tal vez fuimos tontos en pensar que podría ser para siempre.

-No puedo con esto, no me siento bien. -Se puso de pie y salió de la habitación. Le di espacio, yo tampoco me sentía bien, sabía que me iba a derrumbar en el momento exacto en que él se fuera, que todo se teñiría de negro para mí y no sé si lo iba a poder soportar.

Me levanté a la mañana siguiente a eso de las siete, Roman había regresado a la habitación una hora después y no dijo nada, sé que no se sentía bien, yo tampoco lo estaba. Solo se limitó a abrazarme en silencio, no me soltó en toda la noche.

Tomé una ducha y luego fui a la cocina, preparé su desayuno favorito (omeletts de tocino, café negro y tostadas) y se lo llevé a la habitación, pero lo dejé a un lado en la mesita al ver que estaba hablando por teléfono. Esperé a que terminara para entregárselo. Se levantó de la cama y me miró antes de colgar.

-Saldremos a las 16h.

-¿A esa hora es tu vuelo? -Pregunté.

-No, mi vuelo es mañana a las 8h, pero hoy quiero mostrarte algo a esa hora.

-Está bien.

Pasaron las horas volando, estuvimos juntos todo el día, casi que, en todo momento, incluso cuando me duché, demoré de más por quedarme pensando en la bañera y, además, no quería que Roman me viera con los ojos hinchados, necesitaba que se me pasara las enormes ganas de llorar, no quería que tuviera esa imagen de mí en el último día en que estaríamos juntos. Creo que tardé unos treinta minutos y por eso, Roman entró y fue muy tarde, logró verme así de mal.

-Lo siento… no quería… -Comenté, ni pude terminar la frase. Pensé que me diría cosas como que todo está bien, que intentaría calmarme, pero en cambio y sin decir nada, se metió a la bañera conmigo aún sin quitarse la ropa, ni sus jeans o su suéter y me juntó hacia él, simplemente me besó y me besó por mucho tiempo, creo que ese fue el momento más íntimo que tuve en mi vida con Roman, porque más allá de mi desnudez, de tenerme así junto a él, no me tocó con lujuria ni deseo, sino con total y completo amor, lo sentí en ese momento, la forma en que él me amaba en verdad, que me amaba como nunca nadie me había amado nunca y ahora estaba a punto de perderlo, a tan solo unas horas de no verlo más y perder todo deseo de vivir.

A eso de las cuatro me vestí y cuando nos íbamos a subir al auto, Roman me detuvo y me dijo que tenía que vendarme los ojos. Dejé que lo hiciera, quería ver qué tenía planeado.

-Estoy a ciegas, no puedo conducir.

-Yo lo haré.

-¿Sabes conducir? -Pregunté.

-No hay algo que yo no sepa hacer.

-Engreído, espero no nos mates.

-No lo haré princesa.

No sé qué tramaba, pero duró muchísimo conduciendo. Ni sé cuánto tiempo pasó porque no podía ni ver la hora ni Roman accedió a decirme, pero supuse que el lugar al que iba a llevarme no quedaba ni remotamente cerca a mi casa, pasó muchísimo tiempo en que me hizo escuchar a Chopin todo el tiempo.

Cuando al fin se detuvo, pensé en quitarme el vendaje, pero no me dejó y, por el contrario, me hizo caminar por un tiempo e incluso, subir bastantes escalones. Al final después de unos minutos, me dijo que alzara los brazos y me hizo ponerme algo de una tela muy extraña, debía ser un vestido muy grande o sino un disfraz, no lo sé. ¿Qué pasa por tu cabeza hoy? Incluso me hizo ponerme unos extraños zapatos.

-Me están doliendo los ojos. -Me quejé, no era cierto, pero después de estar tanto tiempo a ciegas empezaba a sentir ansiedad.

-Espera, solo falta algo. -¿Roman me… estaba peinando? Tardó unos segundos y luego me quitó el vendaje. El vestía… él era… Gustav, vestía exactamente como él, el protagonista de mi novela favorita, la que una vez me arrebató de la mano para obligarme a acompañarlo a comprar alcohol, esa misma novela que he leído cinco veces y que él dice que es tan cursi y mala que empalaga, pero ahora vestía como él, me miraba avergonzado y miré alrededor… no podía creer, ¡estábamos en Cartagena! Y no en cualquier lugar, estábamos justo en el castillo de san Felipe, en la parte de arriba donde están ubicados los cañones, ese era el lugar exacto en que Clara y Gustav bailaron felices antes de ser cruelmente asesinados ocho días después a manos de los españoles. Dios, incluso mi vestido era muy similar a los que Clara usaba.

-Roman… ¿por qué? -Estaba conmovida, jamás pensé que haría algo así por mí. El odia ese libro, sé cuánto detesta todo este tipo de cosas y ahora…

-Planeaba hacer algo bonito para ti y la idea era hacerlo el día de tu cumpleaños, quería que fuera mejor, incluso tus amigos se iban a disfrazar de los sirvientes hermanos que los ayudaron a escapar…

-Roman, ¿incluso leíste la novela? -Asintió, sonreí y lo abracé fuertemente.

-Quería que fuera perfecto, pero… sabes lo que ocurrió.

-Es perfecto, de verdad lo es.

-¿Bailamos? -Preguntó sujetando mi mano.

-No hay música puesta.

-Eso no importa, Clara y Gustav tampoco tuvieron música, ni habían comido.

-Qué comentario tan negro dices. -Reímos. -Está bien.

Bailamos de la forma más torpe en que lo habíamos hecho nunca. Me costaba moverme con facilidad porque el vestido no solo era largo sino, de corte princesa y bastante ancho abajo, pesaba y Roman simplemente es pésimo al moverse, pero ese fue, justo ahí mientras lo miraba reír al sujetar mi espalda y ver las luces doradas de los postes, las nubes grises de la noche y la brisa cálida de la noche, justo ahí supe que ese era el mejor momento de mi existencia, nunca me había sentido tan feliz.

Después de unos minutos, di un paso en falso y lo hice caer, me miró entrecerrando los ojos y empezó a perseguirme, bajé corriendo y salí a la calle, el centro histórico estaba llenísimo y veía que la gente nos miraba, pero eso poco me importó. Nos detuvimos justo en la calle de la magdalena, donde Roman me sujetó y me besó. Nos besamos y reímos tanto esa noche, que Roman me hizo entrar a un hotel del estilo colonial (como todo ese centro) y pasamos la noche ahí, no sé si alguna vez duramos tantas horas… juntos, sin agotarnos, era como una necesidad que no podía saciar esa noche, porque sentía que debía aprovechar cada minuto, cada segundo para besar sus manos, su cuello, sus brazos… porque sabía que sería la última vez que sería suya y no podría hacer nada más.