Chapter 36.

. Catástasis.

-Esto es increíble. -Su madre caminaba impaciente en frente de nosotros de un lado a otro mientras mensajeaba algo en su teléfono. Un par de minutos después bajó su esposo y tuve que inhalar hondo. Estaba hiperventilando y mi corazón estaba acelerado, me costaba incluso respirar. Quería que esto fuera un sueño, que no fuese real, pero ahora ambos estaban de pie en frente de nosotros y me miraban con tanta decepción que no tardó en formarse un nudo enorme en mi garganta.

-Urania, ¿no se suponía que seguías con Diego? -Preguntó su padre.

-Claro que no, inventó eso para que no supiéramos lo que estaba haciendo con nuestro hijo.

-Mamá no soy un niño, fue algo que ambos decidimos.

-Mira, tú cállate que no estás en facultades de decidir. Urania, ¿estás consciente de que Roman es seis años menor que tú, menor de edad y que está enfermo? ¿sabes cómo esto te hace ver? -Quise responder, pero mi garganta se bloqueó, no me salían las palabras, sentía que si hablaba me echaría a llorar y no quería eso, no sabía qué hacer.

-En un principio te defendí cuando mi señora insinuó que entre ustedes podría pasar algo, no lo vi posible porque siempre te vi como una persona racional y es que no lo entiendo. Lo conoces desde niño, sabes su edad y que está enfermo, él no está en facultad de tomar decisiones, lo hace por impulso, ni se controla, pero tú sí y no solo porque seas mucho mayor, sino que mentalmente no son iguales.

-Papá, me haces ver como si fuera un maldito retrasado.

-¡Tú no me hables así! -Lo agarró por su camisa y me puse muy nerviosa, esto no puede estar sucediendo. Roman se soltó y lo miraba enojado, como nunca lo había visto antes.

-¿De verdad crees que ella me obligó? ¿Qué me abusó o violó? ¿se están escuchando?

-Roman, ¡si actuaras de forma racional no te tendríamos que medicar! -Gritó su madre.

-Mamá, ¿sabías que llevo seis meses sin medicarme? ¿sabías que desde que salgo con ella no he necesitado más hacerlo? Ella logra calmarme solo con abrazarme, sin ninguna necesidad de doparme.

-Roman, tú… -La interrumpió.

-Ella no me obligó, por favor, ¡estoy enamorado de ella desde hace tantos años que ni lo recuerdo con exactitud! Por eso me comporté como un estúpido con ella, por querer llamar su atención, porque es ella es lo único en lo que siempre he pensado. No pueden decir que me obligó, saben que nadie me puede obligar a nada.

-Roman, ¿me quieres decir que ahora mismo te curó mágicamente?

-No, pero…

-¿Ya no limpias compulsivamente ni organizas todo por colores? ¿ya mezclas tu comida o consumes azúcar?

-No, ¿eso qué tiene que ver?

-¿Ya puedes actuar totalmente sin ser impulsivo?

-No y eso no le importa a ella.

-Pero a nosotros sí, somos tus padres y sabemos perfectamente que no estás bien. ¡Es que aún eres un niño por dios! no podemos permitir que salgas con alguien que incluso ya tiene un posgrado cuando tú ni has recibido tu diploma de bachiller. Ella se metió irresponsablemente contigo aun sabiendo el trastorno que tenías, tú no eres una persona estable emocionalmente, Urania sí. -Yo no sabía qué decir, estaba tan avergonzada que no podía pensar más que en que los decepcioné, en que… no lo sé, debí decirles incluso antes de salir con él, tal vez así esto no estaría sucediendo. No podía evitar llorar, no puedo evitarlo cuando estoy tan nerviosa. Me limité a esconderme en la espalda de Roman.

-¡Mamá! Solo son seis años, papá te lleva diez a ti y no te veo haciendo un drama por eso.

-Es diferente.

-¿Por qué es diferente?

-Él es hombre, yo mujer, eran otras épocas y, además, yo era mayor de edad y tenía mis plenas facultades mentales.

-Mamá, papá, lo siento, tal vez debieron enterarse de otra manera, lo sé, pero ahora que lo saben quiero que sepan que no me pienso ir, me quedaré con Urania.

-Mira las barbaridades que te han hecho decir.

-Señora. -Aclaré mi garganta y limpié mis ojos, inhalé profundo. Salí de mi escondite.-Yo… yo… no lo obligué… esto solo pasó, Roman es… maravilloso, no saben lo mucho que intenté no enamorarme de él, pero fue imposible.

-Urania, ¿te estás escuchando? ¿si estás tan enamorada como dices harías que el abandone sus estudios y la oportunidad de una vida mejor solo por estar debajo de tus faldas?

-No es decisión de ella, es mía. Yo desde hace mucho decidí quedarme y si creen que no estudiaré y que no haré nada con mi vida pues están mal. Tengo trabajo asegurado por mucho tiempo y más después del descubrimiento que hice, haré parte de un gran proyecto y pienso estudiar física, no medicina.

-Roman, ¡ni creas que vamos a dejar que estudies eso en Colombia! ¡por dios! Ese tipo de carreras aquí no van, si estudias medicina podrás ser cirujano en la clínica de tu tío, ganarás millones. Sé que esto solo lo haces para quedarte viviendo con Urania y así piensas ahora, estás muy joven, es la primera chica con la que sales y es lógico que pienses que estarás con ella por siempre, pero te equivocas, conocerás miles de Uranias, tienes un gran futuro asegurado, ni creas que lo tirarás todo a la borda solo por un enamoramiento pasajero. -Añadió su padre.

-¡No pienso irme! ¿creen en verdad que pueden obligarme?

-Roman, no te vas a quedar, está decidido. Tu vuelo saldrá el tres de diciembre del aeropuerto de Cartagena. -Comentó su madre y Roman intentó objetar, pero ella añadió: -Hablaremos con la escuela y con quién sea necesario si piensas lo contrario, meterse con un alumno está jodidamente mal, solo basta con que digamos lo que ha estado sucediendo no solo para que saquen a Urania de la escuela sino para que le quiten su licencia permanentemente.

-¿De verdad se atreverían a hacer algo como eso? -Preguntó Roman indignado, por un momento sentí que empecé a sudar frío y me apoyé en mi auto, me costaba respirar, no podía, tenía una fuerte opresión en el pecho que dolía, dolía muchísimo y unas enormes nauseas. ¡No podía respirar! -Urania, ¿qué tienes? -Preguntó Roman agarrando mi rostro, me miraba preocupado.

-Roman… -Susurré, no me salía la voz. Inhalé dolorosamente, con dificultad. -Creo… creo que… estoy teniendo un ataque de pánico.

-Ven mi Urano. -Me agarró cuidadosamente y me hizo acostarme en el asiento trasero de mi auto, encendió el aire acondicionado y no sé de dónde consiguió una botella con agua. -Espérame aquí, debo solucionar esto, ¿sí? -Asentí, besó mi frente.

Cerré los ojos, intenté calmarme, pero no podía, no sé cómo pudimos ser tan descuidados de besarnos afuera del hotel en que sus padres se hospedaban, no sé cómo pude olvidar donde estábamos. Escuché la puerta trasera abrirse después de lo que pareció eterno y de inmediato me enderecé, Roman entró en silencio y cerró la puerta. Observé a lo lejos a sus padres alejarse, esto… esto no pinta bien. Dios, dios.

-Urania… -Agarró mi mano sin mirarme. -Me iré.

-Por favor, por favor dime que estás bromeando. -Sujeté su brazo, no me miraba, parecía que no pudiera levantar la vista o no podía. Mis ojos no tardaron en aguarse de nuevo, esto no puede estar sucediendo. -Roman dime algo, por favor.

-Urania, si me quedo sé que mis padres harán que te boten de la escuela y no volverás a ejercer, no puedo ser tan egoísta de decidir quedarme sabiendo lo que eso te costará.

-Roman, no, no digas eso. No puedes irte, no, no puedo sin ti. -Lo abracé fuertemente, hundí mi cabeza en su pecho. Me abrazó también y me desplomé, sabía que todo se había jodido, que toda la felicidad que había tenido estos meses se iría de mí junto a mis ganas de vivir. -Estoy dispuesta a sacrificar todo por ti.

-No mi Urano, eso no lo voy a permitir. Enseñar es tu vida, no puedo hacer que lo dejes.

-Pero… pero… -Roman limpió mis lágrimas. -Si te vas… si te vas yo… no lo podré soportar.

-No digas eso princesa. -Besó mi frente, esa era la primera vez que me llamaba de una forma tan bonita. -Eres fuerte, no es la primera prueba que atraviesas.

-No te entiendo, dices que te irás de una forma tan natural, como si no te importara y yo siento que me muero por dentro.

-Urania, mírame. -Acarició un costado de mi rostro, me costaba verlo por la cantidad de lágrimas acumuladas en mi rostro. -¿De verdad crees que no me importa? ¿Qué me voy adrede?

-Sé que no es adrede… -Me interrumpió.

-Sí me quedo perderás tu carrera, todo lo que has estudiado, no puedo ser tan egoísta, no puedo hacer que por mí abandones tu sueño.

-¿Y…nosotros?

-No lo sé. -Admitió, abrazó mi cintura y apoyó su cabeza en mi pecho, esto era tan doloroso. -No lo sé.