Chapter 34.
. Graduación.
Ese viernes por la tarde tuve que luchar como nunca por tener autocontrol, aunque no lo logré. Roman se había puesto un traje clásico (la toga se la pondría después) y se veía tan bien que yo… moría por desvestirlo. Lo observé atónita cuando entró a mi habitación a preguntarme si estaba lista y ni siquiera pude responder, creo que nunca le di una mirada más banal a alguien y lo peor de todo es que él lo notó porque se agachó a mi altura, puso sus manos en mis piernas y me miró con una leve sonrisa.
-¿Por qué me miras así pervertida?
-Te miro igual que siempre. -Mentí, al tenerlo tan cerca y sentir el olor de su perfume el cual me encantaba… y tener sus manos sobre mí. Dios, debo controlar estos locos deseos o lo retrasaré en su gran día. Estaba nerviosa.
-Sabes que no puedes mentirme. -Se levantó y se sentó a mi lado en el borde de la cama, me miró y me hizo señas de que me sentara sobre él, de inmediato lo hice. Sabía que podía arrugar mi vestido, pero no pensaba con claridad, cuando estoy así no puedo negarme a nada. Besó mi cuello, contuve la respiración. -¿Qué hora es?
-No lo sé. -Miré a lo lejos el reloj de pared. -15:20 pm, ¿por qué?
-Tenemos treinta minutos. -Asentí, no lo pensé mucho si es que acaso lo pensé. No tenía opción con esas manos cálidas que recorrían mi espalda y ese olor embriagador que me enloquecía. Negarme ni siquiera era una opción. Roman sonrió al verme en ese estado y me alzó con sus brazos, me hizo sentarme sobre el tocador, abrió mis piernas, me arrebató mi ropa interior de un tirón y me besó intensamente. Me dejó sin aire, sus labios me envolvieron y sujeté su cabello, quería que me besara con más fuerza, con más ganas y cuando lo hizo mordió mi labio y gemí, besó mi cuello. Dios. Sentí sus dedos recorrer mi intimidad y al ver que estaba completamente… húmeda, no tardó y me hizo gritar cuando me introdujo dos de sus dedos. Me miraba a los ojos, por algún motivo tiene la extraña afición de mirarme embebecidamente cuando estoy completamente excitada, le gusta, le gusta tanto que siempre me hace sufrir por poder mirarme más tiempo estando así. -Amo cuando gimes. -Admitió y me introdujo sus dos dedos por completo, haciéndome gemir más fuerte y arquear mi espalda. Esto era tan bueno que podría morir por ello.
-Roman… -Retiró cuidadosamente sus dedos y lo vi desabrocharse los jeans, mordí mis labios. Lo observé mientras se ponía un preservativo y de un solo movimiento entró. Dios, dios, dios. Empezó a moverse muy rápido mientras agarraba mis senos, podía escuchar el crujir del tocador, pero eso era lo que menos me importaba, solo sabía que quería más, mucho más.
Me alzó de nuevo y me hizo poner de rodillas sobre la cama, apoyé mis codos en el colchón, dios, jadeé cuando volvió a entrar, dejándome sin aliento y haciéndome sujetar las sabanas con fuerza. Amaba sus movimientos, amaba sentirlo dentro de mí, sentía que no era suficiente, necesitaba más y cuando se lo pedí, me miró con una leve sonrisa y entró por completo, dios.
Escuchamos el timbre sonar un par de veces y pensé que se detendría, pero, por el contrario, empezó a moverse tan rápido, tan jodidamente bien que no pude evitar gritar mientras me corría, el no tardó en hacerlo al escucharme gritar su nombre.
Me acosté bocarriba unos segundos, necesitaba recobrar el aire, mis piernas temblaban y yo sudaba. Roman se subió sobre mí, acarició mi rostro y me miró a los ojos.
-Urania…
-¿Pasa algo? -Pregunté, el sudaba también. Adoro verlo así, cuando su cabello se pega por su frente y escucho su respiración entrecortada, es lo más hermoso que podría ver. -¿Roman?
-Creo que te amo. -Abrí los ojos como platos.
-Roman…
-Te amo, estoy seguro de eso. -Mi corazón empezó a latir tan rápido que pensé que se saldría de mi pecho. -Eres mi vida entera Urania, eres lo que necesito para respirar, para estar bien. Te amo. Gracias por elegirme. -Me dio un corto beso en los labios y luego empezó a besar mis mejillas, nunca creí que podría morir de tanta ternura.
-Yo… yo también te amo Roman, no me agradezcas por elegirte, tú me elegiste desde hace mucho y no puedo estar más feliz por eso. -Sonrió, me besó de nuevo pero el beso vio interrumpido por el timbre de la puerta, lo había olvidado por completo. Debe ser Lucila, ya debe ser tarde.
Me levanté mientras Roman se arreglaba de nuevo y caminé hasta la puerta de la entrada. Abrí mientras me acomodaba uno de los aretes que había quedado enredado en mi cabello por el momento de ahorita y casi que muero de un paro fulminante a ver a las dos personas que esperaban impacientes en mi puerta.
-¡Urania! -Me abrazó la señora Marlene, a su lado estaba su esposo y mi corazón palpitaba a mil por minuto, creo que me dio taquicardia de los nervios. El señor Salomón me saludó alegremente y luego ambos me miraron fijamente, ¿será qué…? ¿será que vieron algo? Dios, dios. -Tu labial… está corrido.
Mierda, grandísima mierda.
-Lo siento. -Me limpié lo más rápido que pude. -Estaba con mi novio, ustedes entenderán. -Mentí, no tenía otra opción. Ellos habían conocido a uno que otro chico con que salí antes, no se les haría extraño.
-Ah, por eso demoraste en abrir. -Comentó el señor Salomón entre risas, suspiré.
-¿Aún sales con Diego? -Preguntó interesada la señora Marlene mientras entraba, ahora que lo recordaba alguna que otra vez me los crucé estando con él. Se sentaron en los muebles del patio, siempre que llegaban se sentaban ahí, era como una costumbre. Les gustaba ese lugar específico de la casa.
-Sí, está durmiendo. -Mentí, era la opción más fácil y creíble.
-¿Y Roman? Viajamos para sorprenderlo, no podíamos perdernos este día. ¿Por qué no nos abrió? -Preguntó el señor Salomón.
-Debe estar con sus audífonos igual que siempre, saben cómo es él. -Escuché la risa de ambos y pensé, nunca se me había dado mentir tan bien y menos tan rápido.
-Un par de veces se los rompí porque nunca escuchaba cuando lo llamaba a comer, pero siempre conseguía otros. Es muy molesto.
-Lo llamaré. -Comenté y caminé hacia su habitación. Estaba organizando su traje y sonrió al verme entrar.
-¿Quién vino?
-Tus papás. -Me miró desconcertado, era la primera vez que lo veía genuinamente nervioso. -Oye mira, les dije que sigo con Diego…
-¿De verdad Urania?
-Roman, al abrir vieron que tenía el labial corrido y el cabello despeinado, ¿era preferible que pensaran que sigo con él o que estaba teniendo relaciones con su hijo mientras ellos golpeaban?
-Tienes un buen punto.
-Solo di que no escuchaste por tener tus audífonos puestos. -Asintió. -Finge odiarme.
-Eso será muy fácil. -Me guiñó un ojo, lo vi salir. Bufé.
Fue muy chistoso ver el rostro de incomodidad de Roman mientras su mamá lo besuqueaba y su papá lo regañaba por estar más delgado que antes. Fui a servirles algo de tomar y comer mientras ellos conversaban con Roman. Agradecí a Dios o incluso, al universo mismo que no se hubiesen dado cuenta, creo que otra persona no habría creído nada, pero ellos por ser ya personas mayores no se dan cuenta muchas veces de lo obvio, aunque es entendible, saben todos los problemas que hemos tenido. No pensarían que terminaríamos no solo saliendo, sino, planeando una vida juntos. No sé cómo reaccionarán el día que lo sepan, por más que lo queramos ocultar, creo que en algún momento se sabrá todo y no quiero ni pensar en qué es lo que dirán al respecto, de solo pensarlo me hace doler el estómago.
Salí a llevarles las bebidas.
-A ver. -Comentó el señor Salomón mientras encendía un cigarrillo y añadió: -¿Te ha seguido molestando Roman?
-Algo, ya creo que me acostumbré. -Roman me miró de reojo, reprimió la risa.
-Ni yo que lo aguanté por diecisiete años me terminé de acostumbrar a su forma de ser. ¿Sabías que una vez cuando tenía doce años cortó todo su cabello y luego lo incendió porque creía que había una nueva especie de bacterias habitando en él?
-¿De verdad? -Reí, escuché las risas de todos menos la de Roman, se veía enojado.
-Si te contara tantas cosas… -Comentó la señora entre risas, pero Roman la interrumpió.
-¿Vinieron a reírse de mí o qué?
-Sería más fácil divertirse contigo, pero como es imposible, toca divertirse sobre lo que te pasa a ti.
-A ver, actualízanos. ¿Qué tal va el trabajo? ¿si te paga bien el profesor o es miserable? Dime para tener de quién quejarme. -Comentó el señor mirando a Roman.
-Me paga bien, no puedo quejarme.
-¿Y tus notas? ¿algún logro importante aparte de los puntajes altos?
-Creo que es todo.
-Hay un logro. -Comenté y fui a la sala, agarré el periódico el cual lo había guardado en el armario para que no se arrugara, regresé y se los di. Miraron atónitos la foto de su hijo en la parte de avances científicos. Esa foto es muy chistosa, Roman sale junto al profesor, sus hijos y el compañero que odia, pero el artículo era dedicado hacia él. Miraba con el ceño fruncido a la cámara y todos usaban sus batas blancas de laboratorio. Sé que odia las fotos, nunca dejó que yo le tomara una y ver esa no tenía precio, me gustó tanto que dije que conservaría por siempre ese periódico, es el primero de los muchos logros que sé que llegará a obtener, él es brillante, nunca dudaría de sus capacidades. -Roman descubrió una partícula subatómica, salió en el periódico hace unos días.
-Oye tú animal. -Su papá le pegó en la cabeza y tuve que esconder mi rostro para no romper en risas. -¿Por qué no nos dijiste esto? ¿no te pareció que tus padres merecían saber algo tan importante como esto?
-¡Papá! Maldición, eso dolió.
-Vuelve a hablarme así y te usaré como trapeador, malnacido. ¿Hay algo más que no nos hayas dicho? ¿descubriste el eslabón perdido? ¿fuiste a saturno y descubriste vida inteligente?
-Gané treinta millones.
-Mierda. -Su padre lo volvió a golpear fuertemente en la cabeza y Roman lo miraba echando chispas por los ojos. Era para morirse de la risa.
-Salomón ya déjalo. -La señora sobó su hombro, creo que a mí me salían lágrimas por contener la risa. -¿De verdad ganaste todo eso? Es mucho dinero para alguien de tu edad, te felicito cariño.
-No lo gané todo yo, le darán diez millones al laboratorio y el resto a mí.
-Eso es muy bueno, te servirá para comprarte lo que quieras cuando estés en España, pero sin abusar, debes ahorrar. -Su padre le dio una calada a su cigarrillo y Roman me miró de reojo, entendí su mirada, sé lo que le costará decirles a sus padres que no se irá, solo espero que esté totalmente seguro de su decisión, que nunca llegue a arrepentirse de dejar todo por mí.