XV

- Amber, me alegra mucho de asistas constantemente de nuevo con nosotros y que tu amiga esté mejor.

- Gracias orientadora, la verdad los extrañaba.

- Impresionante, jamás pensé escuchar esas palabras de tu boca -no pudo evitar decir la orientadora, mientras los demás reían y Amber se apenaba, continuó hablando- Bueno, así concluye esta sesión chicos, no olviden sus sesiones personalizadas, cualquier cambio avísenme con tiempo.

- Emmm, disculpe... -levantó la mano tímidamente Steven-.

- Oh, Steven, disculpa, en un momento vamos a conversar ¿te parece? Amber, tu primero, acompáñame a mi oficina.

- De acuerdo.

- Bien, cariño ¿Cómo te sientes? cuéntame.

- Muy bien en realidad.

- Me alegra mucho que tengas una nueva amiga y todo lo grandioso que ha significado esa amistad en ti, los cambios que has hecho, has progresado muchísimo estos últimos meses.

- Si, jamás se me hubiese ocurrido que esa actividad voluntaria al azar que usted propuso cambiaría tanto mi vida.

- Si... claro. Pero hay una cosa que me preocupa... sabes que tu amiga está enferma y existe la posibilidad pues, de que... bueno...

- Lo sé. No soy una niña.

- ¿Cómo te sientes con eso?

- ¿Cómo espera que me sienta? -comenzó a irritarse Amber-.

- Solo digo que siento que estás dando por sentado ese hecho, tratando de ignorarlo o acallarlo pensando que así dejará de existir. Pero, por el contrario, si comienzas a asimilarlo desde ahora, te será más fácil procesarlo en el futuro.

- Yo solo... -Amber comenzó a sentir como volvía ese nudo en forma de mano a removerla internamente desde su pecho subiendo hacia su clavícula, garganta y tratar de salir por su boca, nariz y ojos- quiero disfrutar de mi amistad sin temer a lo que pueda pasar -soltó, estallando irremediablemente en lágrimas-.

- Lo entiendo, sé cómo te sientes...

- NO -espetó Amber mientras limpiaba con ira las lágrimas de sus mejillas- usted no entiende, no diga que me comprende porque no es así. Usted no sabe lo frustrante que es, el hecho de que por fin cuando las cosas empiezan a salir bien, consigues razones para seguir y personas que te aman, te arrebaten todo injustamente, sin piedad, y no puedas hacer nada para cambiarlo.

- Amber yo... lo siento... lamento que te sientas así ¿Cómo puedo ayudarte?

- Metiéndose su psicología barata por donde le quepa -dijo hastiada Amber mientras se iba de la oficina de la orientadora-.

- Eso me pasa por enseñarles a irse de donde se sientan incómodos... -susurró la orientadora- Steven, por favor entra.

- Hola...

- Hola Steven, sé que esperabas que hoy fuese tu última sesión. Pero ya que tengo entendido que estableciste una relación, me gustaría tenerte un par de semanas más para asegurar tu estabilidad emocional.

- ¿Quién le dijo que establecí una relación?

- Pues... bueno, es obvio ¿no?

- ¿Usted me espía? ¿No tiene vida propia? -dijo Steven molestándose-.

- Oye, oye, no me hables en ese tono Stev, es mi trabajo preocuparme por sus interacciones, más si han sido propiciadas por el programa.

- Que montón de basura... ¿Por qué lo arruinan todo? tenemos una vida fuera de este "programa" y eso debe ser respetado. Yo solo quería terminar esto y tener una sensación de logro ¿es mucho pedir? Shana y yo no tenemos una relación establecida, solo nos gustamos.

- Calma Steven, nadie te está diciendo que fallaste, es primera vez en mucho tiempo, por lo que sé, que tienes algún interés romántico, solo quiero que todo esté bien, no tienes que venir a todas las sesiones si no quieres.

- Está bien... entiendo.

- Eres un buen chico, me contenta que seas feliz, verte tan entusiasmado. Ya puedes irte...

- Gracias.

- ¡Espera! casi lo olvido... les voy a enviar ya mismo a ti y a Amber una encuesta online sencilla para que la llenen y envíen cuando tengan tiempo, avisa a Amber por favor.

- Ok no hay problema.

~•~

- ¿Cómo te fue con la desorientada? -bromeó Amber con un juego de palabras, orientadora; desorientada-.

- Pues no entiendo... se suponía que hoy era mi última sesión, pero según ella hay que asegurar mi estabilidad emocional porque me gusta Shana.

- Como si pudieran controlar lo que uno siente, patético... Aunque por otro lado, yo también me preocuparía por tu estabilidad emocional sabiendo como es Shana, pero se supone que ella no la conoce así que no tiene razones.

- Oye, cuidado con lo que insinúas -advirtió Steven-.

- Vale, vale yo también estoy molesta de que se meta en lo que no le importa.

- Por cierto, envió un enlace a un cuestionario que tenemos que llenar.

Un taxi se detuvo frente a ellos, era Etan con Heather y Shana en el asiento de atrás.

- ¡Qué bueno que pudo venir señor Etan! -comentó Amber ocupando el asiento delantero-.

- No me lo perdería para nada, yo solía ir a ese parque con mi esposa y tengo mucho tiempo sin visitarlo -respondió el-.

- ¡Felicidades mi Stev! -dijo Shana ladeando su cabeza hacia el hombro de Steven- te traje un regalo.

Steven no se sentía precisamente de buen humor como para hablar del tema y lo irritaba tener que retractarse de sus logros, aun así, intentó expresarse calmadamente.

- Yo... en realidad no...

- Ya lo compré Stev no seas tímido, ten -le extendió una caja envuelta en papel de regalo-.

- Mmm gracias -comenzó a abrir dudoso la caja, rasgando el papel, para encontrarse con un hermoso suéter negro con el logo de la banda Nirvana, y se sorprendió mucho- ¡¡Me encanta!! Está preciosa ¡siempre había querido una!

- Me alegra que te guste, imagino que te regalaron muchas cosas.

- Después hablamos sobre eso, ya estamos llegando a Regent's park.

Los cinco amigos bajaron del auto y se dirigieron a adquirir las entradas. Una vez adentro Etan comentó.

- Como olvidar cuando le propuse matrimonio a mi esposa aquí, justo en esa famosa fuente.

- Eso es muy romántico señor Etan -dijo Shana-.

- Así es jovencita, antes todo era más romántico, nos enviábamos cartas, dedicábamos poemas, teníamos que aprender a tocar guitarra o piano para dedicar las canciones, debíamos cortar las flores favoritas de nuestra amada para entregárselas, cortejar dando largos paseos caminando o a caballo y siempre a la vista de todos o con chaperones.

- ¡Como han cambiado las cosas! -se admiró Shana-.

Caminaron durante un largo tiempo en silencio, admirando el otoñal paisaje que adornaba el lugar en tonos naranja, amarillo, marrón y oliva, escuchando de vez en cuando algún esporádico y casual comentario del señor Etan sobre algún suceso o cambio de cierto lugar a través de los años. Pronto llegaron a un pintoresco pasillo de grama cuyo contorno eran árboles a ambos lados. Mientras pasaban a través del camino bordado por árboles, un árbol en particular fue sacudido en sus ramas por un revoloteo y todos fueron testigos de la estrepitosa caída de una pequeña ave.

El señor Etan se acercó lo más rápido que pudo y tomó al pajarito en sus manos, aún respiraba, todos se acercaron a mirar. Comenzó a acariciarlo y tratar de arreglar las plumas de las alas con el mayor cuidado posible. El corazón del pajarito estaba muy acelerado, pero no podía volar, estaba herido.

"Allá van volando las aves muertas,

Al valle donde la desolación es una caja de cristal.

Donde todas las álulas van a descansar,

Se sumen en un mar de silbidos...

Y los dolorosos ojos, comienzan a soñar.

Allá van volando cuando el viento sopla,

Y sus delicadas almas no lo pueden soportar.

La vida se escapa de sus ínfimos cuerpos...

Y se resume en una caída estruendosa

Que nadie quiere presenciar.

Solas caen las aves muertas

¿Y quién sabe a dónde van?"

Etan recitó el poema con la naturalidad de un recuerdo, mientras acariciaba al pajarito que sostenía con delicadeza. Los cuatro jóvenes sentían su sangre helarse al escuchar la corta pero lúgubre rima. Al notar la tensión de sus espectadores Etan dijo:

- Es un poema que escribí hace algún tiempo, verán, sostenía un pequeño pajarito como ahora, y de repente, llegó a mi mente una nueva comprensión, tenía una vida en mis manos... Es decir, la sensación de que es tan pequeño, frágil, delicado y puro y comienzas a pensar lo diminutos que deben ser sus huesos, órganos, lo rápido que puede terminar su vida, pero está ahí, en tus manos, respirando el 3% del oxígeno que tu respiras y te observa como si fueses una deidad superior. No puedes evitar sentirte profundamente conmovido por esa pequeñísima vida y al mismo tiempo pensar en la escala de la vida, de que en algún momento, tú eres el ave en las manos de alguien más.

Hubo un largo momento de meditación.

- Quisiera ser así de sabio -dijo Steven-.

- Que te puedo decir... solo no esperes a tener tantas arrugas -bromeó Etan mientras el pajarito escapaba de sus manos-.

Comenzaron a conversar y pasaron la tarde muy amenamente. Ya al caer el sol, iban camino a la salida cuando una señora alta, muy bien vestida como para estar en un parque y con lo que parecía una peluca se acercó a ellos.

- Hola chicos ¿podría conversar con ustedes unos minutos?

- No gracias, no hablamos con extraños -atajó Amber-.

- Amber, querida, es por su bien.

- ¿Cómo demonios sabes mi nombre?

- Sé mucho más de ustedes de lo que creen, pero no tengo mucho tiempo y les tengo que decir algo muy urgente.

- ¿Quién eres? -cuestionó Shana-.

- No les debo decir, pero espero que sean discretos, soy la doctora García, trabajaba para la asociación británica de psicología en un experimento social, donde ustedes son los sujetos de prueba.

- ¿Qué car...?-reaccionó Amber-.

- Si, sé que suena muy descabellado, pero me despidieron precisamente por estar en desacuerdo de las políticas de observación... básicamente los están espiando, no sé de qué maneras, probablemente alguien siguiéndolos, no sé si sus teléfonos... Y lo más probable es que hablen con alguno de ustedes para que informe a mis antiguos supervisores de los progresos.

- Eso es una locura -dijo horrorizado Steven-.

- Tienen que creerme por favor, es importante que...

-Señorita debe acompañarnos -interrumpieron unos vigilantes de seguridad del parque-.

- No me toquen... ¡Ellos deben trabajar para el experimento!

- Lamentamos los inconvenientes causados, ella es un paciente mental que frecuenta estas zonas y les dice cosas muy raras a los visitantes.

- Pero... Sabía mi nombre -dijo Amber-.

- Seguro lo escuchó mientras conversaban -dijo uno de los de seguridad mientras se llevaban a la doctora García-.

- Eso fue bastante raro -dijo Steven- ¿Verdad Shan? ¿Estás bien?

Heather y Shana se miraban confundidas, habían olvidado casi por completo lo del supuesto experimento, se lo habían pasado tan bien con Steven y Amber que no tomaron en serio lo que alguna vez leyeron.

- Yo... -balbuceó Shana-.

- Es cierto... Lo del experimento -dijo Heather-.

- ¿Pero qué? -gritó impactado Steven-.

- ¿Ustedes lo sabían? -cuestionó asqueada Amber-.

- Yo... Una vez leí sin permiso una correspondencia que hablaba de eso... -se apenó Shana-.

- ¿O sea que ustedes son las que les reportan todo lo que pasa a esos desquiciados? -dijo irritado Steven-.

- ¡Claro que no! -se excusó Heather-.

- Ya oíste lo que dijo esa señora, hay algún espía y ustedes nos utilizaron -recriminó Amber-.

- En serio, no tuvimos nada que ver, no le tomamos importancia -se justificó Shana-.

- ¿No le tomaste importancia? ¿Entonces solo jugabas conmigo? -la encaró Steven-.

- No te atrevas a insinuar eso... Yo me he esforzado mucho por hacerte sentir que te tomo en serio.

- No me vengas a hablar de esfuerzo Shana, cuando yo he esperado siete años para abrirme y cuando por fin lo hago ¿resulta que es un experimento? ¿Esto es una broma? Me acaban de retrasar mi despedida por estar contigo.

- Steven pero yo, no lo sabía... Heather por favor ayúdame a explicarles, lo que decía la carta no era tan serio...

- Bueno... Realmente yo no la leí, Shana... Tu solo dijiste que iban a hacer algo como un monitoreo de nuestra interacción, pero pensé que solo sería en el centro de rehabilitación.

Shana se sentía traicionada por su amiga y sola ante una enorme bola de problemas, así que salió corriendo.

- Vengan chicos, Etan debe estar esperándonos en el auto -masculló Amber-.

Steven, con un hoyo en el pecho, fue arrastrando su cuerpo hacia la salida, sin querer procesar todo lo que había pasado tan rápido.