Capítulo VII: Contrastes Definidos
Les tomó cinco días regresar al norte; y sobre los primeros brillos de los cuentos del sol, en el día dieciocho del Ciclo Gont, los dioses alcanzaron el misticismo desde la hermosa laguna de frutos acuáticos; allí, los dioses descansaron, a petición de la diosa de la luz.
–Marlina, ¡este fue el kelmer * que comimos en nuestra primer encuentro!–dice Amsiret, con eenrgís–. ¡Seguramente debe tener el mismo sabor que ese día!
–Supongo que sí– responde la diosa.
–¿Estás bien? – pregunta Amsiret–. Has estado callada por un tiempo. ¿Qué sucede?
–Nada, solo estoy un poco abrumada, eso es todo– respondió Marlina.
–Marlina, escucha, gracias por sacarme de ahí– dice Amsiret–. Sé que ya te lo he dicho innumerables veces, pero no podría estar más agradecido por el amor que has demostrado. ¡Siempre estás ahí para mí cuando más te necesito!
–Eso es lo que me preocupa, Amsiret– responde Marlina–, no siempre tengo que estar ahí. ¿No se supone que eres el rey que debería cuidar de mí? ¿No eres tú quien quiere construir un imperio? ¿Cómo lo harás si dependes de tu amado?
–Siempre trato de cuidarte y sabes que lo he hecho–responde Amsiret–. ¿De qué estás hablando?
–¿Sabes qué? No importa– la mujer se pone de pie, agitada–. Creo que deberías quedarte hoy aquí. Hay que extraer el veneno de la bruja por completo, y estos días no has podido descansar. Estas aguas purificarán su espíritu y curarán el dolor a través de sus vapores.
–¿Estás seguro de que es eso?– pregunta Amsiret–. Parece que estás cansada de mí, ¿no es así?
–Amsiret, mañana es el gran día–dice Marlina–. Sé lo que quiero, pero necesito pasar el día de hoy solo. Quiero meditar y reflexionar sobre todo lo que ha sucedido. Quiero estar completamente seguro de la decisión que voy a tomar mañana, a los ojos de mi hermano.
–Entiendo– responde Amsiret–. Te estaré esperando mañana.
El dios del aire se puso de pie, besó a la diosa de la luz en la frente, y la diosa sonrió; por encima de sus preocupaciones, por encima de su furia. Cruzó la laguna delirante, hasta llegar a su balsa flotante que le permitió cruzar el río mágico, hasta que las correctas corrientes la llevaron a la proximidad de la pequeña choza de madera. Entró, y la tranquilidad de la vida la sedujo de nuevo; así que decidió tomar una pequeña siesta. Se sentía realmente exhausta.
Más tarde, bajo las hermosas luces de la mañana, Marlina se despierta y ve su ventana abierta; su mente entra en pánico, su corazón comenzó a latir con fuerza. Miró a su alrededor, confundida, mientras se preparaba para defenderse si era necesario. Estaba claro que alguien había entrado en su cabaña.
Se levanta de la cama rápidamente, y se dirige a la sala de estar. Escucha un ruido proveniente detrás de ella y se voltea inmediatamente, apuntando al ser su sable afilado de emergencia.
–Tranquila, soy yo– dice Arac
–¿Qué haces aquí? – dice Marlina mientras sigue apuntándolo.
–Sígueme, te guiaré a lo mejor que hayas visto en tu vida –dijo Arac mientras le agarraba la mano.
–¿Cómo quieres que confié en ti? – pregunta Marlina–. Es la segunda vez que entras sin permiso aquí, y tu energía no me da ninguna seguridad. No creas que por un árbol tienes el derecho de hacer lo que te dé la gana conmigo.
–No el derecho, pero sabes bien que ha sido mejor que un espejo insignificante.
–No todo son apariencias en esta vida-exclama la mujer–. Ni todo lo que quieras proyectar con tu materialismo.
–Todo son apariencias en esta vida mi reina–exclama el dios del plasma–. Todo se basa en la renovación de lo material, pues ella es lo que mueve nuestras mentes. Lo que inspira nuestras visiones, y lo que nos lleva a manifestar nuestros sueños. ¿O me vas a decir que te cautivó verte en un espejito?
–Sabes que, ese es tu problema–dice la mujer–. Eres demasiado egocéntrico, altanero y patán.
–Y te encanta que sea así, no me lo niegues–responde el dios–. Soy tu contraste y por ende es lo que necesitas.
–Eres un tonto, eso es lo que eres–dice la mujer–. Creíste que me ibas a ganar con solo el chasquido de tus dedos, tu mirada enredadora, y tus palabras con tu estima demasiado alta. ¡Pues te equivocas! Es la diferencia tuya con Am–
El dios del plasma interrumpió a la mujer, sujetándole su rostro delicado y dándole un beso imprevisto, el cual se extendió más de lo debido. Y por más que la mujer no quería aceptarlo, el apasionante intercambio la hizo extraviarse de su realidad, y explorar su imaginación perdida entre las dimensiones de la intensa conexión que le ofrecía el hombre. Era todo lo que había soñado.
–Yo te mostraré algo mejor que mi hermano–responde Arac–. Date la oportunidad de quererte.
–Está bien– responde Marlina–. Pero yo estaré atrás tuyo, por si acaso.
Los seres caminaron hacia el bosque, se adentraron hacia él, pasando por unos hermosos árboles, y terrenos que la diosa había quedado sorprendida, pues estos jamás habían florecido como ahora.
El hombre la hizo pasar por algunos caminos, ilógicos para la mujer, pero ella sabía que lo hacía para cautivar su atención, y así, pasar más tiempo con él. Y de alguna manera extraña, esto funcionaba; pues el misterio que le ofrecía Arac a la mujer le apasionaba con cada paso que daba, hasta que llegaron, a un conjunto de lagunas pequeñas, que denotaban el misticismo del hermoso bosque.
Se sentaron en la sombra de un árbol, voluminoso y excéntrico; en la sombra de la pradera, se denotaba el claro y el horizonte de la pequeña laguna. De pronto, el hombre alzó los brazos, y de un instante comenzó a brotar un poder de sus manos de color purpura, recubriendo a los afortunados en una energía oscilante; cantando junto a las vibraciones de la dulce sonoridad del profundo lugar, hasta que llegaron a un conjunto de lagunas pequeñas, que denotaban una misticidad del hermoso bosque.
–Ya habías estado aquí, de seguro
–Pues, así es–dice la mujer–. Pero no lo sé, no es el mismo lugar, desde la última vez que lo vi.
–¿Qué le notas de diferente?
–No lo sé–dice la mujer–. Se ve más colorido. Es decir, estas lagunas siempre han sido hermosas. Pero es distinto ahora, se ve la belleza renovada en ellas, después de tanto tiempo.
–¿Eso es todo?
–Pues, ¿qué quieres que te diga? –dice la mujer–. Veo más flores, más animales, más brillo, más intensidad.
–Ves la esperanza otra vez, eso es lo que ves–responde Arac.
El hombre entonces, invito a la mujer que se agachase. Se sentaron en la sombra de un árbol pequeño, que denotaba el claro y el horizonte de la pequeña laguna. De pronto, el hombre alzó los brazos, y de un instante comenzó a brotar un poder de sus manos de color purpura hasta que los recubrió en una circunferencia mágica que bordeaba el lugar.
–Cierra los ojos–exclama Arac.
La mujer cerró los ojos, y cuando los volvió a abrir, la noche había caído. Las lagunas denotaban su refulgencia, la fría ventolina soplaba amablemente sobre ellos, acariciando el rostro de la hermosa mujer.
–¿Qué has hecho?
–Nos he aislado en el tiempo, para renacer nuevamente en la noche–exclama el hombre–. Pues el día es necesario, pero la noche es lo correcto para ti. En el día puedes encontrar la luz por todos lados, pero en la noche ella se aprecia de verdad. El plasma es el poder más grande de esta tierra, pero ella no es nada si no tiene a la luz en su oscuridad.
–Sabes que te amo, Marlina–continúa el dios–. He esperado mucho tiempo para esto, y no me interesa saber que te ofrece lo demás, porque sabes que yo estoy hecho para ti.
La mujer se perdió en el misterio de la noche, aparentemente fabricada; se besó nuevamente con el dios, y esta vez un brote de un amor improbable, pero auténtico nació entre ellos.
Después de haber consumado su amor, Marlina comenzó a dormir, y divagar sobre su consciente oculto; perdida en un sueño que comenzó en los jardines de un castillo muy hermoso. El dios del aire, estaba alado de ella. Sujetando una flor de un arbusto amplio. Este arrancó la flor del arbusto, y se la entregó en las manos de la hermosa diosa, revestida con un traje encajado de perlas de color oro y rosa, y con una voz delicada, el hombre le empezó a susurrar.
“La venganza está en manos de aquel que no desea sujetarla, pero con la fortaleza necesaria para manifestarla, pues la inherencia de ella será atraída solo si la luz desea encontrar su camino a través de ella. Recuerda Marlina, no todo lo malo es tan malo, ni todo lo bueno es tan bueno. El oro cesa, las joyas caen, pero las palabras nunca morirán, y estas acciones perturbadoras siguen corriendo por los pantanos de estos pueblos traidores, y surgirán enardecidas en llamas de la demencia, como un vehículo de sus maldiciones inevitables, pues no habrá nadie ni nada que pueda detener el nacimiento de la temible inminencia consecuente de todas ellas.”
El firmamento empezó a cubrirse en una nube oscura. Sus alrededores se volvían en cenizas rápidamente, y el fuego se apoderaba de todos sus alrededores aproximándose con fervor sobre la tierra resquebrajada hacia las extremidades de los dioses.
“Despierta, amada mía. Ha llegado tu momento”
Marlina se despertó con el corazón saliéndose de su cuerpo; en su mano derecha, se encontraba el espejo mágico adherido a ella. Observó hacia todos lados rápidamente. Miró hacia su ventana y esta seguía abierta, pero ya era de día. Estaba en su hogar, intacta, y delicadamente colocada.
Se levantó, tomó agua, y volvió a su estante personal. En él se encontraba un pergamino pequeño, una nota.
“Quedaste profundamente dormida, y no quise levantarte. Eres un ángel hasta durmiendo. Te traje hasta aquí, y te dejé en tu cama, pues parecías que no despertarías más. Tranquila, jamás me aprovecharía de ti, y menos teniendo en cuenta que tendremos miles de noches más, cuando mañana tomes nuestra decisión. Te estaré esperando en el gran centro. Te adoro Marlina.
–Arac”