37- Feel loved

La lluvia caía con fuerza esa noche, ¿Volvería a ver a Rocío? ¿Me acostaría con ella? Tenía la sensación de que era buenísima en la cama. Suena en mi cabeza la banda sonora de aquella noche en que bailamos. Esa oportunidad para ser feliz que me duro un segundo mientras ella me miraba así, recordándome que existía eso que nos hace sentir menos solos. Así era como me encontraba frente a la vida pensando en una desconocida y las oportunidades desaprovechadas de invitarla a salir. Saqué un cigarrillo de una vieja caja de Marlboro verde, la última que guardaba en la gaveta de mi peinadora cuando la ansiedad me ganaba. Aún no me dejaba del todo de ese mal hábito que me había costado junto con mis malos hábitos alimenticios un prolapso en la mitral. Tomé mi encendedor naranja y me fumé un cigarrillo en ropa interior, veía por la ventana, y pensaba que en algún lugar allá afuera estaba mi lírica romántica, si tan solo pudiese encontrarla y ella me dejase volverla lírica sería sumamente feliz.

Había pensado seriamente en ir a ese festival de reggae, pero era imposible competir contra Adriana, ambas fumaban hierba y se podría deducir a simple vista que tenían gustos más a fines. Adriana y yo, no nos parecíamos en nada, ella era desaliñada y simplona, y yo era toda una barbie femenina. La verdad es que no me consideraba fea, tenía una figura esbelta, era flaca, aunque más que flaca era flacucha, una melena rubia y envi-di-a-ble como solía decirme pollito, y mis enormes ojos que lograban intimidar a más de una...

Tenía muchos pretendientes que nunca terminaban de aceptar que era lesbiana o a menudo pensaban que era de esas bisexuales que solo lo confiesan porque quieren hacer un trió. Dejé escapar el humo del cigarrillo mientras puse los ojos en blanco. Los hombres y su simplicidad mental con respecto a la indispensabilidad del pene, y las bisexuales y su amor por los penes. En el mundo lésbico las activas, mejor conocidas como las mujeres que les gusta más penetrar en el acto sexual, solían mirarme como si fuese un trozo de carne. Generalmente las camioneras y machorras solían ser activas, o eso era lo que a ellas les gustaba alardear, más de una de ellas tenían el síndrome de la papita frita: cuando se moja demasiado le agarra el gusto al paladar. Y las pasivas, mejor conocidas como las que se dejan penetrar en el acto sexual. Son sumisas y las reconoces fácilmente por su aspecto heterosexual, sus uñas largas o muchas veces sencillamente te llevas una sorpresa cuando acabas desvestida y cogida por una de ellas y te enteras entonces, que las pasivas son pasivas hasta que dejan de serlo.

Mis amigos de la Universidad decían que en nuestra alma mater probablemente había más lesbianas de las que podíamos reconocer a simple vista. La Universidad estaba llena de muchachas preciosas con melenas largas y rostros bonitos, sobre todo en la escuela de Comunicación Social. Las estudiantes de comunicación nos caracterizábamos por tener todas o al menos la mayoría el mismo aspecto, muchas veces nos tildaban de vanidosas o creídas. Era un viejo mito que siempre rondo con las mujeres de nuestra carrera en otras escuelas, completamente falso. Era cierto que más de una terminaba siendo animadora o una modelo reconocida que solo había sacado el titulo para defenderse cuando la llamasen “hueca”; otras sin embaro eran periodistas bien formadas y reconocidas como Shirley Varnagy. Y gracias a esa excelente formación profesoras como Vaisberg o Bahamonde terminaban dándonos clases. Ambas profesoras eran algo así como las dos barbies de la literatura, siempre raspaban a más de uno y te corregían de una manera tremendamente sutil los errores más monstruosos que un futuro periodista pudiese tener. En las tres menciones muy pocos nos íbamos por periodismo, la mayoría optaban por publicidad o artes audiovisuales.

- Yo creo que la UCAB, es la única Universidad dónde todos los hombres parecen gays – Dijo David mientras se buseaba a un chico guapo y alto que pasó al frente de nosotros.

- Y ninguna parece lesbiana – Suspiré con mala cara.

- Claro que sí, tú pareces lesbiana, y activa – Dijo Pollito.

- ¿Yo parezco activa? – Pregunté con emoción.

David me miró de arriba abajo – No – Respondió buseandose a otro chico que pasaba por al frente de la feria.

- Sí pareces, activa, una activa camuflajeada pero activa – Pollito me despinó el cabello.

- ¿Por qué dices eso?

- Ok ya te delataste Mía, no eres activa – Añadió el pollo. Los tres nos reímos.

Hacía la cola con Pollito en la feria de la Universidad. Estaba frente subway cuando me vibró el celular.

Rocío LaCruz ha aceptado su solicitud de amistad.

El corazón me dio un vuelco. Me deshice como un castillo de arena al que le alcanza el mar. ¡Me ha aceptado!

Me había aceptado, ahora finalmente averiguaría quién era ella. Por suerte teníamos informática en la siguiente hora. Comí con los muchachos, mastique y trague sin prestarle atención a las acciones que hacia mi cuerpo para alimentarme. Probablemente Rocío estaría conectada en ese momento. Entré al salón, todas las maquinas se encontraban desocupadas. David se sentó en la computadora de al lado y comenzó a hacer su rutina de todos los viernes, revisar el twitter y ver fotos de homosexuales sexys y ejercitados en el facebook. David era Gay y me encantaba la manera como se vestia, era guapo y había sido un buen amigo desde hace dos años que habíamos comenzado a estudiar comunicación. No solo teníamos en común nuestra orientación sexual, ambos éramos sensibles y veíamos aquellas cosas que pasaban de vista entre las personas. Nos gustaba el francés y hablar del sexo deliberadamente, Abrí mi página del facebook y teclee velozmente mi contraseña. Cuando entré vi que tenía un mensaje nuevo en mi buzón de entrada, mi corazón era un caballo de carreras.

Nos besamos. La sombra de los pinos se perdìa entre la noche negra en el mismo momentoo que el viento se confundia con el susurro de nuestros labios. Me quemé con las cenizas de aquel sueño en el que incendiamos todos los bosques de todos los mundos que pudiesen existir solo si Rocío venia y me besaba en ellos. No creo que haya una forma más bonita de decirle a alguien que le quieres que esperando que cierre los ojos para ir y acariciarle el sueño. Nunca llegaba tarde cuando se trataba de encontrar una galaxia de lunares en mi piel. Y me quería, aquella noche en especial fue la primera vez que soñé con ella. Yo nunca supe lo que sentía por Ro, porque nunca lo había sentido por nadie. Decía que era amor, pero con diecinueve años no tienes idea de lo que es el amor, solo sabes que tu mamá te ama y que muchos te lo dirán y acabaran por herirte. Entonces estaba pérdida porque quería que me hiriera solo para sentirlo, pero jamás deseé tanto que no me encontrasen. Fue maravillosa esa forma de perderme, corriendo con una capa roja queriendo que el peligro me alcanzara entre los árboles.