33- Powerfull
Después de la media noche me encontraba sentada en una de las escaleras de la discoteca, mi cabeza era un torbellino de emociones, no le encontraba sentido a nada, yo solo quería bailar y olvidarme de todo por eso había decidido salir y había terminado sin rumbo entre tantos desconocidos, los muchachos habían desaparecido entre la pista de baile y definitivamente no estaba de ánimos para conocer gente nueva… recordé a la chica en el baño y me ardieron las mejillas.
Me puse de pie y decidí buscar a Everth para decirle que me quería ir, no lo encontré por ningún lado así que supuse estaría bailando. Me fui adentrando en la multitud, la discoteca estaba repleta de gente, parecía que todos bailaban poseídos por la música y el alcohol, se reían, se creían fabulosos y te sonreían como si tú también lo fueses, hipocresía maravillosa.
Comenzó a sonar una canción de los Caramelos de Cianuros que me gustaba mucho, hablaba sobre los triángulos amorosos las rubias y las morenas, las muchachas de mi Universidad solían llamarla mi canción. Me emocioné de escucharla en la discoteca.
Me escurría entre la gente evitando que me fuesen a tirar sus tragos encima. No podía ver a Everth por ningún lado, vi como la muchacha de la blusa blanca con la que había platicado en el baño bailaba cerca de mí, le pasé por al lado. Recordé como me había preguntado con incredulidad que hacía en ese lugar. Me giré hacia ella. Tal vez si bailábamos entendería que no era heterosexual y podría responder a su pregunta ¿Qué haces aquí?
La toqué por la cintura y ella volteó a verme.
- ¿Quieres bailar? – Le pregunté mirándola fijamente.
- Claro – Me respondió con tranquilidad, como si la idea no le molestara en lo absoluto. Me sentí halagada de que aceptara.
La tomé por la cintura y comenzamos a bailar, al instante sus manos también abordaban mi cintura. Se movía bien, su cintura iba al mismo ritmo de la mía, ella era sexy y bailaba conmigo, me pregunté con quién estaría bailando antes de encontrarla.
Bailábamos, bailábamos al mismo ritmo. La melodía nacía en mi piel y sonaba en la de ella. Era como si la música saliera de mi cuando ella me tomaba por la cintura llenando todo el salón con el roce de nuestros cuerpos. El ritmo me latía en el pecho y me guiaba a seducirla, se producían ondas dentro de mí que coincidían con las vibraciones que crecían en el ambiente producido por la música o por sus manos, no lo sé. Poco a poco la corriente se moldeaba a mi cuerpo moviéndome frente a ella. Su cuerpo reaccionaba sensualmente en respuesta al mío, como si fuese la respuesta diseñada ante la naturaleza de nuestras formas bailando. Observaba su piel sudada mientras ella bajaba la mirada y me regalaba una caricia con sus ojos. Su blusa blanca desabotonada, y su brasier negro eran lo único que me mantenía conectada a ese lugar. Mi desconocida quedaba atrapada en mis ondas y me mostraba las respuestas de mis movimientos. Las ondas que nacían de ella eran más violentas. Me dio la vuelta y quede de espaldas a su pecho. Nos movíamos como dos gotas turbadas en el agua cayendo al minuto exacto. Entonces toda la música dejo de sonar y las personas dejaron de moverse cuando subió sus manos por mi pierna y derrotó toda la tristeza que llevaba adentrada en mi ser. Si las manos dijeran la verdad mentirían, sus manos me tomaban como algo suyo, dejaba pequeñas huellas al presionarme sus dedos en mis caderas. Me tomó con docilidad las caderas y las apretó contra ella con esa fuerza que solo permite la confianza, como si conociera mis caderas de toda la vida. Estaba de espaldas a ella y mi cuerpo se volvía suyo en el segundo exacto que movía mis caderas con movimientos ondulados idénticos a los de su silueta. Ella pasó sus manos por encima del vestido acariciándome el vientre, despertando un aliento de fuego que había estado dormido toda mi vida. Mi cuerpo se estremecía con sus manos apretándome contra ella, como si la única forma posible de bailar fuese fundiéndonos hasta ser una. La música se tornaba lenta, y nuestros cuerpos se movían con suavidad, el sonido se volvía intenso y nuestros movimientos aumentaban hasta llegar a sentir violentamente sus manos recorriendo de nuevo mi vientre. Bajó su mano izquierda rozando la tela de mi vestido, me tocó la pierna y sentí como quemaba mi piel y me encendía el deseo.
La deseaba, solo con un baile ya la deseaba.
Terminó esa canción y comenzamos a bailar la siguiente Bad Romance de Lady Gaga. Me apretaba los huesos de la cintura con fuerza. Mi cuerpo parecía arder cada vez que me sujetaba hacía ella, seducida por sus manos, mi deseo era fruto de la pura música, ni siquiera pude olvidarme de esa sensación cálida que me producía tenerla cerca cuando llegó una amiga de ella ofreciéndole una cerveza, no quitó sus manos de mi cuerpo ni por un segundo mientras tomaba cerveza. Me pregunto si quería un trago y al aceptar colocó la botella en mis labios, yo estaba de espaldas a ella, y me daba de su cerveza.
Era muy sexy, me seguía el ritmo perfectamente ¿siempre bailaba así de sensual?
Continuamos bailando, mi compañera de baile me tomo de la mano y la enredo entre su nuca. Acaricie su cabello, y una sonrisa se curvo en mis labios. Con ese gesto de agradecimiento sentí su aliento en mi cuello. Estiraba los brazos hacia delante en sutiles movimientos para luego atrapar de nuevo su cabeza tras la mía. Me divertía sentir su cabello corto y suave deslizarse por mis manos. ¿Podía nacer el amor de un baile? Me moldeaba entre sus brazos como si el control de mi cuerpo le perteneciera ahora. Yo arqueaba la espalda bailándole mientras mi piel le susurraba mi nombre a sus dedos. Mis piernas eran fiel testigo de sus manos dibujándome todas las vidas que fuese capaz de vivir mientras sonara aquella canción.
Me divertía, de repente sentí que todo lo que había querido esa noche era que ella me tomara entre sus brazos, sonreírle y dar vueltas como un trompo con su respiración sobre mi cuello. Me sentía viva mientras bailábamos hasta que se produjo el abrupto aterrizaje de pájaro que recién aprende a volar. En ese momento llegó Meiby me tomó de la mano y me dijo que fuera con ella. Yo sabía que era lo correcto, dejé de bailar y me fui con Meiby, todo paso tan rápido que aún sentía mi piel ruborizada ante el toque de aquella chica, volteé y le hice un gesto de “adiós lo lamento” a mi desconocida de la blusa blanca, ella me miró e hizo un gesto que interpreté como un “¿Cómo me vas a dejar bailando sola?” Sentía un huracán de emociones dentro de mí.
- Bebé, iré al baño – Dije cogiendo aliento.
- Yo te acompaño – Respondió automáticamente tomándome de la mano.
Entré al baño con la alegría aun danzándome en la mirada, me miré en el espejo, me brillaban los ojos como un niño al que le han creído una mentira. Me había encantado bailar con esa muchacha. ¿Habría sentido aquella chica lo mismo? Fue entonces cuando volteé y allí estaba, en la entrada del baño.
Me miraba fijamente, sus ojos me derritieron por dentro. Me miraba como si realmente deseara poseer todo mi interior. Me mordí el labio con emoción, Intente disimular el huracán que me causaba el que estuviese allí arreglándome frente al espejo. Pensé que se quedaría bailando con alguien más, después de todo bailaba estupendo, pero allí estaba, frente a mí en ese baño, ambas con el brillo en la mirada cuando ni siquiera sabíamos nuestros nombres.
La miré una fracción de segundo, un instante, o al menos eso sentí. La observé el tiempo suficiente para descubrir que tenía un lunar al lado de su nariz en su mejilla izquierda, su cabello castaño corto señalaba a todas las direcciones, y su piel bronceada estaba sudada de tanto bailar, y ella, ella era muy sexy.