Chapter 32: My special person

- No vayas a tomar mucho, recuerda lo que te pasó la otra noche – Me dijo Everth con tono de advertencia.

- Mi estomago es débil pero puedo resistir, tranquilo – Realmente estaba débil, había vomitado hace horas.

- ¿Y tú corazón? La otra noche te tomaste toda la botella tu sola – Dijo haciendo una mueca de ironía. Me encogí de hombros recordando lo que había pasado esa noche.

- Deja de regañarla– Repuso Meiby.

Terminé la smirnoff y tomé un sorbo de vodka, sentí como se quemaba todo mi estómago con la llegada inesperada del vodka. Esa semana me había excedido con el alcohol, siempre me pasaba cuando iba a Mérida, pero sabía que después cuando llegara a Caracas me encerraría a estudiar y no tendría tiempo de salir. En Mérida en cambio vivía de farra, tenía a Everth, alguna conocida lesbiana que quería acostarse conmigo y siempre estaría dispuesta a salir, algún gay insoportable que quería convertirme en su mejor amiga de fiestas, y por supuesto tenía a mi novia, con la cual estaba segura no pasaría de este viaje.

Me había terminado decepcionando de Meiby después del incidente del jueves, cuando en mi estado de ebriedad recuerdo haberle dicho que no quería estar con ella entre risas de borracha mientras ella iba quitándome la ropa, besándome y finalmente usándome como una muñeca que no tiene sentido de la acción. El hecho de que ella fuese mi novia y yo estuviese ebria no le quitaba importancia alguna a la decisión que había tomado de no tener sexo con ella hasta que comprendiera que era lo que buscaba de esa relación.

Creí ver a Meiby besándome con los labios ensalivados mientras yo me reía entre hipo y aliento de vodka. Deje el trago, me iría por lo seguro, fui a la barra a pedir una Smirnoff. Me sentí mal por no querer bailar con Meiby cuando la rechacé amablemente y le dije que “en un rato estaría bien bailar” Ahora entiendo que si estaba con ella esa noche era por que solía tener ese sentimiento de querer siempre complacer a los demás arraigado a mí. Pero con el tiempo y las experiencias aprendí, crecí y cambié, no es que ahora sea una experta en relaciones pero al menos se que crecer es saber escoger, caminar entre murallas siendo tan sensible como la primera vez que te sentiste herida. Y estancarse es justo dejar que los demás tomen ese control que mal llamamos amor y que para mí no es más que una decisión. Cuidarme las espaldas y estar soltera, al menos hasta encontrar a la persona adecuada.

Me senté en uno de los bancos de madera frente a la mesa. Jugaba con el tubo que sostenía la mesa donde podía colocar las botas y deslizar mis tacones una y otra vez. Arreglé mi cabello dejándolo caer por detrás de los hombros y le dí un sorbo a la botella de smirnoff.

No bailaba casi nadie, era muy temprano aún.

Al frente de una de las cornetas se encontraba una chica bailando sola, podía verla de espaldas, llevaba unos jeans, unas converses y una blusa blanca manga larga, no era fanática de los traseros, pero noté que esta chica tenía un lindo trasero.

Mientras la veía bailar sola tuve unas ganas inexplicables de sacarla a bailar, tal vez era mi irracional sentimiento de querer proteger a los desamparados el que me hizo querer hacerle compañía. Hubiera sido amable de mi parte, pero tenía novia y no sería nada agradable para ella verme bailar con otra cuando le había dicho que no quería bailar.

La discoteca comenzó a llenarse. La música y el alcohol me entonaron con el ambiente. Bailaba en la pista de baile sola y Meiby bailaba con unas amigas que habían llegado a saludarnos. Me sentí aliviada de no tener que poner muchas excusas para estar sola, con tanta gente apenas me prestaban atención.

Alrededor de las diez de la noche llegaron Cyrel y Belmary una pareja de amigas lesbianas. Belmary era la mejor amiga de Meiby, al principio le tenía muchos celos, pero habíamos aprendido a congeniar muy bien y últimamente éramos inseparables por ser ambas unas lesbianas femeninas nos llevábamos genial. Belmary y Cyrel se veían más enamoradas que nunca mientras bailaban, la pista de baile se fue reduciendo, más y más gente llegaba yo me iba sintiendo más desconectada del ambiente, suceso posterior a la conexión, llega un momento que sientes encajar en el lugar, te diviertes, sonríes y bailas, tomas un poco más y los miras a todos con cara de incrédula, sin comprender muy bien qué es lo que haces allí en medio de tanta gente que tiene tan poco en común contigo y que no te interesa conocer en lo absoluto.

Fui al baño en un intento desesperado de escapar de la multitud, no estaba disfrutando nada y casi no había bailado. Bailado de verdad, marcando el compás de la música en el suelo mientras el sonido te acariciaba suavemente la piel, te transportaba y te llenaba de éxtasis, bailar de verdad, no había casi bailado aún y eso era a causa de la música, no había sonado la canción adecuada.

Coloqué mi bolso en el lavabo, saqué el maquillaje, retoqué mis labios, y me arregle el cabello. Miré mis oscuros ojos a través del espejo, “La vanidad es diversión, de nada me sirve” Sentí los pasos de alguien entrando y vi a la muchacha de blusa blanca que había estado bailando sola en la pista de baile. Enarqué una ceja mientras continué colocándome rímel en los ojos y pretendí no haberla visto.

- ¿Y tú qué haces? – Volteé la vista, sorprendida de que me hablara. Ella llevaba el cabello despeinado y mojado, pero aún así era sexy. Me miró fijamente con unos ojos penetrantes e interrogantes,

“¿A qué se refiere con que qué hago aquí? ¿Me estoy retocando, no ve?” pensé.

- Pues, me estoy retocando – Le respondí con tono confundido. Se hizo un silencio.

- No hagas eso – Me dijo mientras se acercaba a mí y colocaba su mano sobre el lavabo, una media sonrisa se curvo en sus labios rosados – Y no me refería a eso, me refería a que ¿qué haces aquí?–Agregó mirándome desafiante, era realmente atrevida. Yo no la conocía. ¿Qué clase de pregunta era esa?

- ¿Que qué hago aquí? Pues soy gay – Le dije con tono de suspicacia - ¿Y tú? – Pregunté fingiendo indiferencia.

- ¿Flaca tu eres gay?- Dijo preguntándole a una muchacha alta y flaca que había salido como escupida del retrete apenas recuerdo haber visto a alguien pasar desde que había comenzado a hablarme.

- ¡Para nada amiga! – Dijo arrugando la frente - a mi encanta un “guevo” – agregó haciendo énfasis en las últimas palabras. Me pidió permiso para quitar la cartera y lavarse las manos. Coloqué mi cortera en uno de los bordes del lavabo, recostándome en la pared. No era necesario hacer eso, podía irme, ya me había arreglado, pero por alguna razón quería escuchar más de ella. La muchacha de la blusa blanca se rió ante el comentario de su amiga, quitó su mano del borde del lavabo y alzó su mirada hacia mí.

- Sí, soy gay – Dijo con seriedad.

- Bueno- Le respondí lentamente mientras asentía con la cabeza, me estaba dejando claro que era lesbiana, por alguna razón me sentí complacida. Alcé la mirada y vi como ella curvaba una sonrisa adentro de sus labios. “Es muy sexy” Bajé la mirada y vi sus senos bastos y firmes a través de su blusa desabotonada, llevaba un sostén negro. Miré sus jeans ajustados, su piel bronceada era muy atractiva. – Y no hagas eso – Agregó interrumpiendo a mis concentrados ojos.

Fingí que buscaba el Lipstick del bolso para retocarme nuevamente los labios, lo acababa de guardar segundos antes de que ella entrara al baño, dónde lo había puesto…

-¿No haga que cosa? – Pregunté. Saqué el Lipstick y me pinté de nuevo los labios

- No coloques tu cartera allí, no ves que allí la gente escupe, y tira sus desperdicios, y tú colocas tu bolso allí llenándote de bacterias – Agregó, se miraba frente al espejo y se arreglaba el cabello castaño desordenado que le caía por encima de los hombros.

- No había pensado en eso – Dije claramente con tono suave. No entendí por qué usaba ese tono de voz. Le estaba coqueteando. ¿Y ella lo estaba?

- Bueno pues ya lo sabes

- Bueno yo me voy – Dije con indiferencia tomando mi bolso del lavabo, no entendía por qué pero ella me sacaba de quicio.

- Sí, vete – Me respondió - Y llévate tu bolso sucio- Agregó e hizo un gesto de desagrado con sus manos al mirar mi bolso. “Es una completa desubicada, ella ni me conoce, mi bolso no está sucio” no la soportaba.

- Sí, me voy con mi bolso – Espeté, tomé el bolso del lavabo y me di la vuelta dispuesta a salir del baño.

- ¿Buceándote? Un poquito – me costó un segundo comprender lo que había dicho. Al instante me ardieron las mejillas. Le regalé una sonrisa de vergüenza, desvié la vista y salí del baño.