Capítulo 8

Lo prometido es deuda, antes de que la luna poseyera el cielo, Syl se apareció con el mapa, y tan rápido como llegó, se marchó alardeando que tenía cosas por hacer. Revisé el mapa con cautela, lo único que alcancé a examinar fue una línea roja que traza la ruta. Mientras tanto, hemos estado caminando cerca del mar, lo sé por el olor salobre, además por el arrullo de las olas chocando el mar. No puedo asegurar que nuestra caminata ha sido pacífica, no, los draugr nos acosaban en cada esquina, pero esas batallas me sirvieron un poco para razonar y aprender. Por la sangre de Ariana corre la habilidad grácil de la lucha, de una excelente defensa, de hecho, la molesté diciéndole que todo eso lo heredó de su madre, dado que Freya es la diosa de la guerra, además del amor, por supuesto.

Vigilo sus movimientos, desde que terminamos con la horda de hace media hora se ha encerrado en su mente. Sus orbes destilan un brillo poderoso, uno que no reconozco. De vez en cuando me pierdo en ellos, son el tipo de ojos que la mayoría de deidades posee: un gris demasiado pálido. Su aspecto la hace confundirse con una valkiria; la armadura, la tenaz espada y el brillo de sus cadenas la hacen ver como una. En antaño, su madre dirigía a esas dísir sirviendo a Odín. El Evig Skog posee sin fin de seres peligrosos tanto como amables, terrenos sombríos y alegres, ciertas zonas desiertas, algunas aldeas de personas que no salen de allí, ciudades en escombros y castillos… tiene de todo. Según Ariana, antes era la casa de Baldrsfadir y de sus hijos, hasta que sucedió una gran guerra entre los gigantes que hizo que se largasen hasta donde habitan hoy.

—¿Por qué Odín tiene un solo ojo? —me permito inquirir. Ella tiene sus conocimientos y yo los míos.

Deja caer sus hombros como si no le importase el tema.

—Cuando era joven, Odín decidió aventurarse hasta el pozo de Mímir (que es un gigante, tío materno de Baldrsfadir y guardián de las fuentes de la sabiduría) cerca de Jötunheim. Entonces Odín pidió que lo dejase beber de la fuente, pero Mímir que lo vigilaba decidió que para dejarlo tragar de las aguas sacrificara su ojo izquierdo, siendo esto un símbolo de su voluntad para obtener el conocimiento.

—¿Luego qué pasó?

Me examina por un segundo casi eterno.

—No lo recuerdo bien.

—Se cuenta que el pozo de Mímir está en Yggdrasil en una tercera raíz del árbol sagrado, en Jötunheim, la tierra de los gigantes... debajo de esa raíz se encuentra el pozo o manantial, donde la cabeza cortada del sabio Mímir emite duras palabras. Mímir poseía un pozo en el que se reflejaba el futuro, cualquiera que bebiera de sus aguas conocería el porvenir, por eso Mímir lo guardaba bien y nunca permitía que nadie se acercase a él.

—Pero Odín tuvo la suerte de tomar de esas aguas.

—Fue un precio muy alto el hacerlo, ¿no?

—Odín es muy codicioso, siempre quiere saber más de lo que sabe.

Admiro sus palabras, es como si lo conociera desde que nació. No creo que Ariana sea tan vieja, puesto que su rostro es de una joven, pero su cuerpo el de un adulto. Debe ser mayor por ¿cinco años?

—Y, dime, ¿has tenido la posibilidad de verlo en persona?

Se detiene.

—Sí. Me hizo caer a una cueva llena de criaturas hostiles que me torturaron día y noche para así despistar a mi padre. Pero su plan me benefició, me hizo la persona que ves ahora.

Vuelve a la marcha, le sigo en silencio. Frunzo el entrecejo, ahora puedo entender su indiferencia u odio hacia él como tal, o más bien, hacia todos. Su desconfianza no es por una estupidez, fue por eso. Tal vez me esté equivocando con esa afirmación, pero puede ser la definitiva. Arrastra su cuerpo a un tronco cortado para descansarlo allí, lo marca con sus dedos —algo que es una costumbre para ella— hasta que reposa su espalda con un suspiro. Dejo el arco a mis pies, es bueno que descansemos un poco, tanto ajetreo llega a este punto. Arranco algunas hebras de pasto.

—¿Cuánto tardaremos en llegar?

—¿Cuántas veces más lo preguntarás? —resopla—, depende de la velocidad que tomemos para llegar, si paramos a cada rato para descansar, una semana por lo mucho. Pero no haremos eso, tengo planeado llegar en tres días.

—¿Qué? Eso no tiene sentido.

—El mapa de Syl recorta mucho camino, tengo estimado esa cantidad de días para arribar.

—¿Cómo sabe eso?

Se ríe, incrusto ese momento bien en mi cabeza, pues quizá no pueda presenciar otro.

—Los enanos tienen muchos secretos, entre ellos el cómo viajar con celeridad.

—Y ¿entre los otros mundos que faltan?

—Por supuesto, si saben viajar aquí, en Midgard, podrán hacerlo también en Helheim o Vanaheim, hasta donde se les dé la gana —alardea dando más reconocimiento con sus manos.

—Y ¿tu padre ha conocido todos los reinos?

Su entusiasmo se derrite, es suplantado por una coraza gélida y distante.

—Sí. Los conoció y aprendió mucho de ellos.

—¿A ti te gustaría visitarlos?

No retrocederé en mi investigación, tal vez me suelte más de lo debido y yo aprovecharé esa oportunidad con muchas ganas.

Sube sus hombros para luego responder: —No lo sé. No había pensado en eso.

—Si tenemos la oportunidad de seguir juntos… ¿me acompañarías para conocerlos?

Sus orbes se iluminan, no duda en afirmar con su cabeza.

—Te acompañaré hasta donde desees.

Se silencia. Aprieta los labios, sacude su cabeza y cierra sus ojos. El momento de debilidad acabó. Suspiro con desgana, maldita sea, hubiese sido más cauteloso.

—¿Ya has respirado tranquilo?

—Sí —musito un poco confundido.

Se incorpora, estira sus brazos hasta el cielo y resopla como caballo joven.

—Sigamos entonces —sugiere sin mirarme.

Retomo lo mismo de siempre: seguirla sin contemplaciones y con las preguntas amarradas con fuerza en mi curiosa cabeza.

✺✺✺

La orilla se estremece con cada bamboleo del mar, estamos demasiado cerca de las olas y me siento muy bien al alimentar con exactitud mi curiosidad tan grande por conocer algo como esto. Hemos rodeado toda la arena, es como si el invierno del bosque se desvaneciera aquí y se tornará un verano escandalizado, sin explicación coherente. Ariana sugirió que busquemos rocas afiladas y ramas fuertes para hacer flechas, de ese modo estaré muy completo a la hora de luchar. No solo eso, sino también de poder aprender un poco más sobre el cómo defenderme.

Muerdo el interior de mi mejilla, después de una caminata un poco extensa, mi mentora soltó algo que hizo que mi corazón se agitara aún más: Fenrir está vivo, me explicó sobre la maldición e incluso me ilustró un poco sobre ella, además de argumentar por qué se había arrodillado cuando las mascotas de Odín la rodearon.

—Un signo de respeto para ellas es que su presa se vuelva totalmente sumisa, de ese modo le darán una oportunidad para que siga con vida. Eso hice, no me avergüenzo de haberlo hecho si tu vida seguiría en pie.

Vuelvo a analizarla, es una mujer fuerte y valerosa, alguien que no es lo que aparenta, que es más allá de eso, porque, de algún modo, puedo deducir que esa capa fina que la rodea solo oculta su verdadero yo, que es mucho mejor al que suele mostrar. Vuelvo a estirar los labios, fue una buena idea el haberme pegado a su espalda.

—Mira allá —señala un islote sacándome de entre las cavilaciones—, en ese lugar los Vanir solían reunirse para cazar.

—Y ¿qué cazaban?

—Los mejores peces que podían ver —musita.

—Tu madre era una Vanir, ¿no es así?

Me agacho para agarrar una piedra plana que puede servir para una flecha. Sigue el acto con cautela.

—Sí, era esa clase de dios.

—Demasiado fuerte… como tú.

—No del todo —susurra sin apartar los ojos del horizonte.

—¿Por qué?

Su pecho se expande por la respiración profunda que acaba de tomar, recoge unas cuantas rocas antes de que sus orbes vuelvan a mí.

—Se dejó asesinar con facilidad.

La prudencia nos apoya, me guío con ella. El momento de seguir con el cuestionamiento se ha posado en un segundo plano e intento disuadir tan crueles palabras, ¿cómo puede ser tan cínica?

 Afila con el cuchillo las piedras, luego las ata en una rama sin su corteza, examina la punta y al darse cuenta que está en buenas condiciones, me la da. Sigue la misma rutina hasta que el carcaj se llena. Apoya su codo en mi hombro, de ese modo sé que me ordena en silencio o me dice que nos quedaremos un poco más para seguir viendo el paisaje.

—La laguna está por allí. —Su dedo indica la esquina de la playa, en donde los pinos han retomado su dominio—. Se conecta con el mar. Y ¿ves eso?

Dirijo la mirada al punto donde se hallan sus ojos. La niebla que cubre la lejanía del mar se disipa un poco, más allá hay una montaña que se mueve de vivos colores rojizos entre verdes, entreabro la quijada, no puede ser.

—Allí está una parte de tu querido Jörmundgander.

Me despego de su afianzamiento para echar a andar a la orilla de la playa en donde las olas caen y vuelven a su hogar. Sin embargo, ella se interpone.

—Esa es parte de su cuerpo, como dije con anterioridad. Su cabeza debe de estar en la dichosa laguna.

—Pero…

—Y, para tu suerte, tenemos que pasar por ahí.

Vuelve a retenerme con un bufido. Sus brazos me aprisionan, la emoción es tanta, que tiene vida propia y desea manejar mi cuerpo a su antojo.

—No seas tan osado, Óláfr, no sabemos si esa serpiente será amable o no —asevera, inflexible.

—¡Lo es!

—¡¿Y quién te lo ha asegurado?!, ¡nadie! Son simples palabrerías, nadie se ha atrevido a estar cerca de ella —regaña con los dientes apretados.

Junto los labios hasta comprimirlos del todo, bajo el mentón hasta mi pecho y, por desgracia, empiezo a hipar con los sollozos muy evidentes… nunca me habían sermoneado de ese modo.

—No llores —gruñe, despiadada—, ya no eres un niño para eso, ahora eres un guerrero, y no debes demostrar tu tristeza con lágrimas, refugia ese sentimiento en una acción.

—¡No quiero ser tan cruel ni sádico como tú! —Jadea, estupefacta. Limpio mis mejillas con brío—. Eres mala, ¿cómo puedes tratar de débil a tu madre que a lo seguro dio su vida por ti, que velo por ti?, ¿cómo puedes ser tan desagradable e inhumana? —sollozo.

No lo veo venir. Sus dedos se enroscan en mi pelo, jalándolo con furia, su rostro queda a centímetros del mío y mis pies apenas rozan la arena. Lucho para que me suelte, pero el esfuerzo es perdido.

—¿Crees que no me dolió el haber perdido a MI madre?, ¿crees que no lloré y le supliqué a Einar que me dejara vengarme? —Jalonea más las hebras, gimo—. Sufrí lo que alguien como tú jamás entendería, fui lastima de una manera que no he podido olvidar, vivo con ese peso todos los días, algo que tú, no tienes —masculla. Me suelta con hastío, vómito cerca de sus pies por el pánico que se construyó en mi estómago—, sufre las consecuencias, chico. No fui yo quien decidió que te me pegases.

Sus ojos están enrojecidos, me levanto con esfuerzo, extiendo el brazo, pero me esquiva con rapidez. Ambos nos hemos equivocado, no soy quien para juzgarla y ella tampoco lo es para juzgarme. No sé el dolor que lleva consigo, en cambio, el mío lo borré cuando asemejé la muerte de mis familiares, cuando decidí empezar una vida. Sin embargo, Ariana no ha podido hacer eso, le cuesta.

—Yo…

Se aleja casi corriendo. Trastabillo por ir tras su sombra.

—¡Espera!

—Déjame, chico —ladra.

Aminoro mis pasos, merece su tiempo como yo me merezco el mío. Así como ella me lastimó, yo lo hice el triple… le he dado justo en su punto débil. He permitido que las emociones hostiles que intentaba esconder volvieran, ha vuelto a ser la mujer que vi por primera vez… volvió a encerrarse en esa coraza que tanto la protege. Todo es mi culpa con ese arrebato, quería mantenerme a salvo, no obstante, yo no tomé bien sus palabras y ahora pago un gran precio por ser tan obstinado.

✺✺✺

—No pretendas reparar algo que no puede ser reparado.

Vuelvo a traer mi mente al presente con una sacudida, padre tenía razón. Justo estamos cerca de la laguna, es más, el olor de la sal en la brisa no es tan fuerte como en la playa. Saca su espada en el momento que el suelo tiembla, los árboles bailan y el agua se eleva.

—¡Óláfr! —Trata de coger mi mano, pero es tarde. Me he dejado llevar por la furia de la ventisca.

Sigo oyendo sus gritos, sus llamados, mi cuerpo se siente pesado, he derribado varias ramas e incluso roto ciertos troncos, parece que el destino por mi actitud egoísta desea que le pague ya.

El último golpe alcanzo a sentirlo, el dolor se extiende como veneno, se reparte por cada fracción de mi organismo. Rebota contra una superficie ligera, que me engulle, pero a lo lejos puedo seguir escuchando cómo chilla mi nombre, el rugido de algo bestial que la distrae y la forma en cómo el agua nubla mis fosas nasales. Extiendo la mano, en búsqueda de salir, pero sé que solo será un anhelo más.