Capítulo 16

Me observé en el espejo. Me recogí el cabello en un moño flojo que caía con bucles en las puntas sobre mi hombro. Opté por un vestido color pastel que compré en una tienda que no estaba demasiado lejos del campus. La universidad no estaba tan lejos del centro de Seattle, y eso era favorable porque cada vez que necesitaba algo para una ocasión, las tiendas estaban abiertas a la mañana.

Por lo que calculaba, James pasaría a recogerme a la una de la tarde, así que sólo me quedaba una hora para alistarme. Si lograba hacerlo, marcaria mi propio récord. Entre el maquillaje, el peinado y colocarme los zapatos, terminé a tiempo.

El vestido color rosa pastel tenía tirantes finos, un delicado escote en V, un cinturón de oro que rodeaba mi cintura y la parte baja tenía volados muy bonitos. Apenas lo vi en la vidriera me enamoré perdidamente de él.

Me puse un collar de piedras falsas y unos aretes de perla, más unos zapatos de tacón blanco que ya lograba dominar. Solté un suspiro frente al espejo del baño, con el ánimo confundido. Tenía tantas cosas en qué pensar sobre James.

Pero...no quería y no podía apartarme de él. No podía sacarme de la cabeza sus palabras “Verte dormida me ha hecho entender que te quiero para toda la vida”.

James, hablándome de la eternidad, me resultaba algo shockeante ¿sus palabras eran ciertas? En ningún momento me había pedido que vuelva a hacer su chica de compañia, no de una forma literal. Sino que simplemente, quería continuar a mi lado, no quería dejar de tener contacto conmigo.

¿Y si buscaba sólo una amistad? Temía que esa fuera su intención. Cuando estaba cerrando la puerta del baño, tomar mis cosas e irme, Adam ingreso a la habitación y me quedó mirando un instante sorprendido y sin dar crédito de lo que miraba.

—No sé dónde demonios vas pero por favor llévame contigo—me suplicó, embobado—. Quiero verte con ese vestido todo el día Estás preciosa, Alma.

Me ruboricé ante su comentario y solté una risita tonta que cubri rápidamente con mis dedos. Adam sabía cómo halagar a una mujer y hacerla sentir bonita.

—Eres tan bueno con los halagos que te traeré un pedazo de pastel. Si es que me lo permiten en la boda—le dije, con buen ánimo.

—¿Cuál boda?

—La hermana de James se casa. Sí tiene una hermana y yo no lo sabía hasta el día de hoy. Hermosa sorpresa ¿no crees?—le comenté.

—¿Eso quiere decir que te arreglaste con James? ¿Él y tú están de nuevo juntos?—me preguntó con voz apenada, como si la noticia lo hubiera decepcionado.

—No lo sé —admití—. La idea es charlar con él en la fiesta rodeada de elegancia y bebidas alcohólicas, a las cuales tengo asco por la borrachera de anoche. Dudo que algo de eso me distraiga, así que mi atención estará centrada en James y en analizar bien qué es lo que quiere de mí.

—¿Y tú que quieres de él, Alma?

—Espero que en esa fiesta sea sincero y que no me dé más vueltas. Estoy interesada en saber qué es lo que siente por mí y si es que me quiere para algo serio o simplemente para una relación que involucra dinero.

Entonces me di cuenta que hable de más. Solamente había comentado con Amanda ese tipo de relación que llevaba y no con otra persona que no fuera ella. Ahora resulta que le estaba confesando a Adam qué tipo de relación tenía con James. Mierda.

—¡¿Qué involucra qué!—pegó el grito en el cielo y yo me sentí consternada por su reacción.

Sabía que era bienvenido el debate si estaba bien ser una chica de compañía o no, pero ahora no tenía tiempo de defender mi postura ya que tenía una boda a la que asistir.

—Debo irme.

Le di un beso fugaz en la mejilla a Adam, quien seguía procesando la información que acababa de soltarle, y me fui, dispuesta a saber qué quería James de mí.

...

Una 4x4 oscura estacionó frente a mí y bajó la ventanilla de la parte del conductor. El auto era tan negro y alto que me sorprendió por su monstruosidad. Tan reluciente e impecable...

—¿Subes o te vas a quedar mirando el coche? —se burló James, mostrándome su encantadora sonrisa.

—Es extraño no verte con chofer —le dije.

—Quiero ser digno de llevarte yo esta vez—coqueteó, tras darme un guiño de ojo. Apretó algo de la puerta y esta se abrió ante mí —. Sube, preciosa.

Tuve que subirme con cuidado al coche para que no se me viera nada debajo del vestido en plena entrada de la universidad. El día estaba espectacular y claramente el clima ayudaba al festejo de una boda de la hermana desconocida de James.

Era normal en mí tomarme todo con calma y no enloquecer por cada noticia que provenía de él. Aunque, algo en mí había cambiado cuando lo miraba. James era alto y viril, llevaba unos pantalones de traje, con una camisa blanca y una corbata oscura. Estaba tan guapo y acorde para la ocasión que me era imposible no pensar en su cuerpo detrás de las telas. Tenía la barba rebajada y el cabello perfectamente peinado.

Apenas me subí al coche y cerré la puerta, James se detuvo su mirada en mí para poder observarme. Sonrió por algún motivo inexplicable y volvió a recorrerme el cuerpo, subiendo finalmente hacia mi rostro.

—Soy un idiota si te dejo ir —sentenció, pensando en voz alta e inclinó su rostro sobre el mío para comerme la boca de un beso.

No sé qué pensamientos estaban navegando por su mente, pero sólo sé qué me estaba besando como si lo necesitara. James se fue tensando ante las caricias de mi boca y nos fuimos adentrando en ese beso que no creía necesitar. Que no creía extrañar.

No me estaba besando con aquella lujuria y excitación que antes había hecho en otras ocasiones. Esta vez, era distinto, nuestra relación era distinta. Coloqué mis manos en su nuca, atrayéndolo más a mí, como si no estuviera lo suficientemente cerca. Él exploraba mi boca sin descanso, entrelazando nuestras lenguas, felices de encontrarse luego de tanto tiempo lejos.

James apoyó sus manos en mis caderas y juro que sentí como si estuviera a punto de hacerme gelatina allí mismo. El besó se intensificó aún más, pero él se apartó de inmediato cuando eso estaba a punto de suceder.

Estábamos a escasos centímetros y sentía que la respiración de ambos no era normal. Observé su rostro bañado de pecas, sus ojos color caramelo. Que hermoso era James. Sentí una extraña sensación en el estómago con tan solo pensar que no se trataba de un simple humano. Las palabras de mi sobrina, Miranda, seguían allí, intactas en mi mente y no querían irse nunca.

¿Por qué no me decía la verdad? ¿Por qué no me decía que pertenecíamos al mismo mundo y dejamos todo misterio de lado? Temía la respuesta y no sabía si preguntarle.

—¿Estás bien? —me preguntó, con su mano suave en mi mejilla e inspeccionándome el rostro, tratando de averiguar mi estado por sí mismo—. Pareces asustada.

¿Qué decirle? ¿Qué mencionarle? No estaba lista. Tenía miedo de arruinarlo todo. No podía creer que me estaba acobardando. Eres una estúpida, Alma.

—Nada —me salió decir, con una sonrisa fingida y que rogaba que se viera real —. Vamos a la fiesta.

—¿No quieres hablar de lo que nos sucedió? ¿De nosotros? —insistió, confundido.

—No en un auto, James.

Él apretó los labios y asintió unas cuantas veces, pensativo. Me dio un beso en la frente y se dispuso a manejar, en silencio y con las manos firmes sobre el volante. Fue allí cuando me di cuenta que los nudillos de sus manos parecían estar lastimadas.

—¿Por qué tienes los nudillos lastimados? —le pregunté, sorprendida.

James dio una mirada fugaz a sus nudillos y me dio una sonrisa tensa.

—Hay cosas que debo contarte algún día —se limitó a decir.

—¿Y por qué no ahora?

—Porque estamos en un auto —respondió, molesto y ahora sabía lo idiota que había sonado con mi respuesta.

No respondí, lo único que hice fue apoyar mi mentón sobre la palma de mi mano en todo el viaje. Lo que había parecido un agradable y dulce encuentro, ahora era tenso y molesto. El calefactor creaba un gran ambiente en el auto, pero James y yo seguíamos en silencio. Hasta que decidí romperlo.

—Sabes que aceptar ir contigo como acompañante a la boda de tu hermana, no significa que volveré a ser tu chica de compañía ¿no es así?

James me echó un breve vistazo y luego dirigió la mirada hacia la carretera.

—No, eso se terminó —concordó, serio —. Pero voy a seguir costeando tu universidad porque me interesa que te recibas en la carrera que elegiste. No voy a dejarte sola, eso te lo prometí el primer día en que te conocí ¿lo recuerdas?

Asentí, melancólica y en silencio. James no dejaba de ser ese hombre generoso que conocí alguna vez.

—De todas formas, trabajaré. Buscaré algún empleo de fin de semana para tener otro ingreso y que no costees todo tú —le dije, algo entusiasmada por esa idea.

—Alma, no lo tomes a mal, pero a mí me interesa que termines de estudiar y que no trabajes. Quiero que tengas buenas calificaciones y que no tengas distracciones laborales. Si quieres un empleo, puedo ofrecerte que seas una de las encargadas de algún restaurante a mi cargo, pero no creo que quieras volver a un trabajo del que decidiste irte y en donde no la has pasado nada bien. Aunque, he mejorado y cambiado muchas cosas —me contó, con aire orgulloso.

—James Voelk ofreciéndome un empleo, no suena nada mal.

—Por favor —insistió, con una sonrisa —. Estudia, dedícate a eso, metete de lleno en eso. Haz amigos, diviértete, la universidad es una experiencia que merece ser vivida y sé que tú lo necesitaras. Mereces ser feliz luego de todo por lo que pasaste, Alma —puso su mano en mi muslo mientras manejaba con la otra, le dio un ligero apretón.

—El día en que me reciba, voy a dedicarte mi diploma y te haré un discurso tan extenso que te quedaras dormido —le dije, con buen humor y algo emocionada por su motivación.

James tomó mi mano y le dio un beso.

—Dudo que me quede dormido —se río—, tu voz es mi canción favorita —me susurró, clavándome sus ojos color caramelo.

Afrodita los vio pasar con el auto, observándolos desde la distancia en una vereda transitada. Tenía un gesto preocupado, estaba cruzada de brazos y tenía el corazón encogido. Siempre protegía a su hija desde la distancia, sin hacerse visible para no interferir en su vida.

Una vida que no era real.