EL DEMONIO, DETRÁS DEL ESCRITOR
El ruido producido por un aparato electrónico, además de una extraña sensación de sofoco que provenía desde mi pecho; hizo que pudiera sentir nuevamente la claridad en mis ojos, al abrirlos con mucha dificultad.
No sabía la razón del por qué me hallaba postrado en una cama desconocida, ni todas esas prolongadas tuberías que sobresalían en varias partes de mi cuerpo. No conocía la fecha de hoy, ni el tiempo de duración en éste lugar.
Mejor dicho, no tenía la certeza de nada.
Quería salir corriendo. La desesperación se estaba apoderando de mí, pero no contaba con el vigor suficiente para levantarme. Intenté respirar lentamente, ya que cuando se me aceleraba el corazón, el pecho comenzaba a dolerme.
Al sentir mejoría, al frente de la cama se apareció mágicamente un hombre de piel blanca cuya estatura superaba un poco más de los dos metros.
Él portaba una oscura vestimenta de clase ejecutiva, incluyendo los zapatos de cuero. El iris de sus ojos era tan rojo como el color de la sangre. Por su aspecto físico, no parecía superar los 40 años de edad.
No comprendía el por qué un hombre que vestía tan elegante, emanaba un hedor parecido al de los huevos podridos.
Su personalidad también me aterraba, transmitía una extraña sensación de muerte.
El hombre se quedaba mirándome sin parpadear. Entonces, durante unos cuantos segundos pude recordar el sufrimiento causado con una correa encendida en llamas y que maltrataba mi espalda.
Cerré los ojos creyendo que había sido un sueño. Al abrirlos, él estaba sentado a mi izquierda. No sentí el movimiento del traslado, ni mucho menos lo escuché. Mi cuerpo se paralizó de la estupefacción.
Él me dirigió la palabra:
- Todavía no me recuerdas, Stephen.
De inmediato le contesté muy sobresaltado:
- Cómo sabes mi nombre, ¿Quién eres?
El hombre me sonrió, desapareció y luego volvió a aparecer justo al frente del pie de la cama para responder a mi pregunta:
- Soy tu jefe y lo sé todo.
La palabra jefe quedó sonando en mi cabeza, no era la primera vez que la escuchaba. Quería preguntarle de nuevo, pero ya no se encontraba en la habitación.
No supe en qué momento se teletransportó.
A pesar de no recordarlo, sus mágicas apariciones y desapariciones; así como su putrefacto olor, me parecían familiares. Enseguida asimilé la sensación del déjà vu.
Pensando en lo acontecido recientemente, alcancé a recordar otra cosa más, la cual puso en duda mi verdadera personalidad.
Ojalá que sólo fuese el fruto de mi imaginación:
“Conversaba con una hermosa mujer de cabello rubio, dentro de un lujoso apartamento. El vino que consumíamos y el deseo carnal, provocó que termináramos en un encuentro sexual. No sé cuánto tiempo pasaría, sólo recuerdo que me levanté de la cama y abandoné la habitación, mientras la mujer seguía durmiendo. Regresé a la cama y traje conmigo un cuchillo. La asesiné sin sentir remordimiento”.
El único que podía ayudarme a recordar el pasado era aquel hombre, empezando porque sabía mi nombre y afirmó ser mi jefe.
Miré de reojo hacia los lados con cuidado, para que no se cayera la máscara que me suministraba el oxígeno.
Poco a poco fui recordando mi estado consciente; por ejemplo, ya sabía que me encontraba en una habitación equis de cualquier clínica en la ciudad.
Es muy probable que estuviese en coma por varios meses o quizá años. Además, sé que no tengo a mis padres vivos y desconozco la causa de la amnesia que padezco.
Me estaba agitando de nuevo. Cerré los ojos y pude recordar todo con lujo de detalles, desde el principio:
…
Mi nombre real no es Stephen, sólo es un seudónimo. Me llamo Emmanuel Solórzano Arias y mi nacimiento ocurrió el día 8 de Noviembre de 1991 en la ciudad de Mosul.
Mis padres fallecieron en un accidente de tránsito el 28 de Febrero del 2006. Mi tía Brenda y su esposo Charles Román me recibieron en su hogar, aunque nunca fueron amables conmigo.
Antes de cumplir la mayoría de edad, pasé por las peores situaciones.
Convivía con mis tíos, pero igualmente tenía que trabajar si quería comer. Vendía dulces en la calle y de vez en cuando lavaba autos. Pude ahorrar en dos alcancías doscientos mil pesos y solventé mis gastos primordiales.
Con el dinero sobrante, compré uno de mis mayores deseos: el libro “Drácula” de Bram Stocker.
Leía escondido. A mis tíos no les agradaba la idea de que yo tuviera un cuaderno en las manos. La literatura ha sido mi único camino hacia la felicidad, con ella he luchado contra el mundo entero.
Aprovechaba mis tiempos libres y perfeccionaba mi escritura, mientras soñaba con estar a la altura de Edgar Allan Poe y Stephen King.
A los 17 años intenté quitarme la vida en dos ocasiones. Dejé de creer en Dios, al no sentir su presencia en mi vida y comencé a idolatrar al Dinero.
Cuando cumplí los dieciocho, publiqué mi primer libro llamado “EL INMORTAL QUE DESEABA SER UN HUMANO”. En él relaté la historia de un Dios, enamorado de una mujer mortal.
En los tres años posteriores, escribí tres libros más para un total de cuatro novelas. Por redes sociales hice una corta reseña a cada obra y en las calles donde trabajaba, llevé algunas copias pero no vendí ni un solo ejemplar.
Era la primera vez que me sentía derrotado. Desahogué mis penas en la soledad de mi habitación, con una almohada que impedía mis llantos. No quería ser el hazme reír de ellos dos.
Sin embargo, ante la mala situación no dejaba de escribir. Contaba con la compañía de una pequeña linterna que me servía de bombillo e iluminaba en la oscuridad, cuando la inspiración llegaba a mi cabeza.
Del anterior fracaso aprendí nunca triunfaría como un escritor consagrado, pero al menos lograría calmar la ansiedad y el estrés.
Mi mala suerte tuvo un giro de 180 grados, el 25 de Noviembre del 2011.
Recuerdo que ese día inicié con la habitual rutina de escritura a las diez de la noche. Me entretuve bastante con la nueva creación y al fijarme en el despertador, ya eran las tres de la mañana. Un minuto después de haber recogido todas las cosas, se apareció el hombre de traje elegante, parado en la puerta.
Alcancé a escuchar dos voces masculinas combinadas y perfectamente sincronizadas:
- “Nunca serás un escritor famoso, sin mi ayuda” – esto fue lo que él me dijo, mientras se acercaba a la cama.
Se sentó al lado mío y me mostró un manuscrito donde me ofrecía fama, dinero y mujeres hermosas.
Debía elegir el modo de pago para efectuar el contrato: entregarle mi alma u ofrecerle veinticuatro sacrificios femeninos, durante seis años sucesivos.
Como las oportunidades no se presentan dos veces en la vida, no dudé en firmar. Su bolígrafo infernal me lastimó la mano, al momento de escribir. Plasmé en el papel las iniciales de mis dos nombres y apellidos con mi propia sangre.
Entonces, él me dio el apodo de Stephen Crowley. Dijo que así me volvería comercial y además tendría que nombrarlo obligatoriamente en cada escrito.
Al final, todo me pareció tan confuso que no supe cuándo me dominó el sueño.
Desperté al día siguiente y el libro en el cual trabajaba anoche, con apenas un mes de creación, ya estaba culminado. Lo único que hice fue anexarle la portada y el nuevo seudónimo.
Publiqué la obra en Internet y un misterioso cibernauta me donó cierta cantidad de dinero para imprimir 100 ejemplares.
Mi obra le había dado la vuelta al mundo en menos de ochenta días. En varias páginas digitales donde se encontraba el libro, reportaron el millar de ventas.
Pocos días después de mi éxito en el mundo virtual, llegó hasta la puerta en la casa de mis tíos, el director y dueño de la Editorial Tachones: el señor Anthony Marcel Puentes. Éste hombre quería que mi próximo libro hiciese parte de su empresa.
Accedí a la petición porque su editorial es la más prestigiosa de Colombia y también ocupaba el segundo lugar en toda Latinoamérica.
El primer libro publicado con el nuevo seudónimo, en formato e-book, superó el billón de ventas a nivel mundial y en mi país, el formato físico, llegó al millón de copias.
La nueva obra titulada: “LA OSCURIDAD DE LOS HOMBRES”, se hallaba en proceso de traducción para los siguientes idiomas: Chino, Italiano, Francés e Inglés.
Varias empresas nacionales e internacionales me contactaron, ellos querían que yo recomendara sus productos y servicios. Mi fama de escritor exitoso, atraía a muchas personas.
A finales del año 2012, con el dinero obtenido de los ingresos publicitarios y de las ventas del libro, compré un Audi A5 Coupé 2.0 TFSI Quattro 2012 y un lujoso apartamento de un edificio estrato cinco en la ciudad de Montolivo.
Me fui de la casa de mis tíos, a quienes les guardé odio en el fondo de mi corazón.
No anoté en el calendario la fecha exacta.
Un día, aquel hombre se apareció nuevamente en mi vida. El pacto ocurrió hace un año y quedó de éste modo: “Cada tres meses debía acostarme con una mujer y luego asesinarla. En el sacrificio, habría que cortarle el cuello a la víctima nombrando a Belzebuth y dibujar el pentagrama invertido con la sangre. El cuerpo serviría como núcleo de la circunferencia. Por último, recitar una sencilla oración en hebreo”.
El 10 de Abril del 2013, cobré la vida de la primera víctima.
En un evento cultural realizado en la ciudad de Mosul, conocí a una hermosa mujer cuyo nombre era igual al de mi difunta madre: Dayana.
La llevé hasta una cabaña ubicada en las afueras de la ciudad, siendo las ocho de la noche. Bebimos un poco de vino blanco mientras jugábamos a tocarnos suavemente en las partes íntimas. De tanto coqueteo, terminamos con las piernas cruzadas al intentar muchas poses que aparecían en el libro del Kama Sutra.
Después de llegar juntos al clímax, tuve que realizar lo acordado en el contrato. En la larga brevedad de mi vida, no me había ensuciado las manos de sangre.
No sólo le corté el cuello, también la apuñalee varias veces porque ella intentó escaparse y la detuve justo en la sala.
En el cuarto de las herramientas encontré una pica y una pala. Envolví el cuerpo con una sábana color azul oscuro, incluyendo las herramientas. La cargué en mis hombros y luego la llevé hasta la profundidad del bosque.
Cavé una fosa pequeña y tiré el cadáver. Le arrojé tierra encima y al llenar el hueco, cubrí la zona con las hojas que se hallaban dispersadas en el suelo. Regresé a la cabaña, siendo la medianoche.
El hombre elegante se apareció para felicitarme, sabiendo que no me sentía cómodo con mi actuación. Las paredes de la sala todavía seguían ensangrentadas.
Todas las evidencias del crimen se desaparecieron con él.
En todo el 2013 continué con la matanza de las mujeres y literalmente, mis letras quedaban empapadas de sangre humana.
Dos nuevos libros de mi autoría, hacían parte de una pieza terrorífica cuyo homicida contratado por el Demonio era el protagonista principal. Llamé a la saga: “SU SIERVO SOY YO”.
Ya no me afectaba la ética y la moral a la hora de asesinarlas. Con el ritual podía saciar las ganas de sexo.
Al maldito bastardo no le interesaba mi alma. Su verdadero interés fue acostumbrarme a la sangre regada, sin tener piedad de ellas.
La policía local inició una investigación, tratando de esclarecer el caso de las dos mujeres desaparecidas en la ciudad de Montolivo. En Mosul ocurrió lo mismo. Sin embargo todo esfuerzo realizado resultaba en vano, ya que el Diablo borraba las evidencias. Incluso, él me traía a las mujeres bajo distintas apariencias físicas.
Una vez llegó hasta la entrada del edificio, fingiendo ser un taxista.
En gran parte del día me sentía observado por sus ojos rojos, en cada evento, entrevista, en el nuevo apartamento y al momento de fornicar con mis víctimas.
Llegó el 2014 y mi grandeza siguió creciendo como espuma. Alrededor del mundo, las ventas aumentaron y los patrocinios eran más jugosos. Asesiné a otras cuatro mujeres y terminé convirtiéndome en un vulgar sádico.
Al final del año terminé la saga, dejándola en el tercer volumen.
El primer libro publicado y las dos primeras partes de la saga, llegaron a las pantallas de cine en varios países y obtuve veinte millones de dólares por los derechos de autor en las tres películas.
Los demás escritores elogiaban mis letras macabras. Sin duda alguna, me encontraba en lo más alto de la literatura.
Me llamó la atención un chico de veinte años con el seudónimo de Marte Hbk y que vivía en la Ciudad Nueva Condal, ubicada al nororiente del país.
Éste chico ha comentado en muchas de mis publicaciones en redes sociales, acerca de una historia basada en hechos reales que estaba escribiendo.
Alcancé a leer su fragmento de “UN PSICÓPATA CON COMPLEJOS DE ESCRITOR”.
Creo que le falta mejorar bastante y debe ser más desalmado al momento de narrar un siniestro sucesivo.
En mi concepto, todavía sigue siendo un mal escritor.
Antes de caer en coma, leí una noticia acerca de las extrañas desapariciones ocurridas en esa ciudad. Espero que Marte Hbk no sea otro desafortunado del destino.
En el transcurso del año viajé tres veces al extranjero para recibir algunos premios, fruto del éxito de mis libros. También fui nominado al premio Nobel de Literatura del próximo año, con el libro: “LA OSCURIDAD DE LOS HOMBRES”.
El 23 de Enero del 2015, conocí a la rubia que recordé hace unos minutos. No me acuerdo en qué lugar la asesiné y si alcancé a ocultar el cadáver. Sólo sé que el Diablo me prohibió dos cosas: enamorarme y volverme un filántropo.
El 15 de Mayo se me realizó una entrevista programada, con una periodista que venía directamente desde Mosul. La última vez que nos vimos las caras fue hace diez años cuando cursamos el noveno grado de bachillerato.
Ella siempre ha sido mi único amor platónico. Se me hizo difícil poder contenerme, para no abrazarla; estaba emocionado de verla.
Nunca olvidé aquellos ojos igual de oscuros a los míos, sus labios voluptuosos, aquella piel blanca y figura esbelta, su cabello largo y negro que alcanzaba a rozar parte de sus nalgas perfectas y su baja estatura que coincidía con la mía.
La entrevista me encantó, aunque generalmente ninguna me gusta. Por desgracia, él nos estuvo observando todo el tiempo y eligió a la chica como la próxima víctima.
Lo supe, al verlo sonreír.
Ella y yo podríamos personificar a Afrodita y Hefesto o a la bella y la bestia, pero incluso su belleza supera a los mismos dioses:
- ¡Perdónenme dioses del Olimpo, por sacar conclusiones a la ligera! - Esto lo gritaba en mi mente, mientras Diana Lorca García me seducía con la mirada y yo como un idiota que no oponía resistencia.
Cinco días después de la entrevista, Diana llegó a mi apartamento a las nueve y quince de la noche. Me preguntó el por qué la hube citado tan repentinamente.
Enseguida comprendí que esto había sido obra de él.
La invité a seguir. Cenamos juntos y hablamos de nuestro pasado. El tiempo se nos fue volando. Tuve que llevarla hasta la entrada del hotel donde se hospedaba. Antes de que se bajara de mi vehículo, nos besamos apasionadamente.
Al ser una persona importante en mi vida, no dudé en fallarle al demonio por primera vez.
Volví al apartamento. Allá se encontraba el hombre elegante, con un rostro no muy habitual. Entonces, pude comprender el primer recuerdo que tuve; como no hice el trabajo, él decidió castigarme con la correa de cuero que adornaba su forma de vestir.
Su correa emanaba fuego de color azul claro y no se consumía.
A pesar de los fuertes gritos, ningún inquilino del edificio se atrevió a llamar en la puerta de mi apartamento.
En la mañana conversé con el vecino del lado y me confirmó que no oyó nada en la noche anterior.
Todavía están las marcas en mi espalda. Antes de perder la conciencia, usé las mejores cremas anti-cicatrices y ninguna de ellas pudo borrar un milímetro.
En el día del castigo, él se desapareció por cuatro meses. Ya no me sentía vigilado por sus ojos rojos, así que decidí actuar con libertad.
Entre los meses de Julio y Agosto viajé a Mosul para visitar a Diana, quería fortalecer nuestro lazo de amistad que no desapareció ni con el paso de los años. En la corta estadía de un lujoso hotel, escribí en un cuaderno nuestra historia.
Al no contar con la ayuda del Diablo, me costaba escribir algo magnífico. Los sacrificios empujaron mi corazón hacia la oscuridad y temía que eso perjudicara a la mujer que más amaba.
En estos tres años escribí sobre infortunios que atraían la muerte de los personajes. Ahora, escribir una historia de amor era mi siguiente objetivo. Sin embargo, necesitaba que fluyera la inspiración.
Busqué una pequeña caja que escondía dentro de mi equipaje de viajes. En el cofrecito tenía guardado todas mis creaciones literarias. La volqué encima del colchón de la cama y escogí el primer libro publicado con mi nombre original: “EL INMORTAL QUE DESEABA SER UN HUMANO”.
Lo leí dos veces y pude saciar mi sed.
Llegué a la conclusión de observar a Diana en secreto, porque ella sería la protagonista de mi novela. Le añadí un poco de humor y terminé con éxito el primer capítulo.
Al sentirme satisfecho, titulé a la nueva obra incompleta: “MIS PAYASADAS PARA ENAMORAR”.
Regresé a Montolivo, a principios del mes de Septiembre. El clima allá no es que sea muy frío como es en la ciudad de Mosul, pero había empezado la temporada de lluvias y la temperatura ambiental bajó varios grados centígrados.
En la comodidad de mi apartamento, arropado con una suave cobija y sentado en la cama; transcribía mis escritos al portátil mientras seguía pensando en ella. En aquel momento caía una tenue llovizna que parecían lágrimas derramadas por San Pedro.
Ésta sensación nostálgica era lo único que percibía con mi sexto sentido.
Cierto día sonó mi celular y vi su nombre en la pantalla, le contesté y conversamos un rato. Ella necesitaba un favor de mi parte, me comentó acerca de una fundación que había creado recientemente y le hacía falta dinero para continuar con la labor. Sin pensarlo dos veces le dije que sí.
Al instante, le transferí cincuenta mil dólares a una cuenta bancaria donde recibía los recursos de la fundación.
El hombre elegante se apareció el 25 de Octubre, dio aviso de la llegada de la nueva víctima y me advirtió que no debía fallarle otra vez. El 27 de Octubre a las cinco de la tarde sonó el timbre de la puerta y era mi tía Brenda, acompañada de un niño muy pálido que le sirvió de guía.
Supe que se trataba de él. El maldito mocoso parpadeó dos veces y luego sonrió, confirmándome que sería la desafortunada.
Debo reconocer que es una mujer atractiva, a pesar de tener 45 años.
La invité a seguir al apartamento y hablamos en privado, pero antes despedí al niño diciéndole las siguientes palabras en voz baja. No quería que mi tía me oyera:
- Gracias pequeño hijo de puta – le miré con rabia y después le cerré la puerta en sus propias narices.
Ella me estaba comentando la fuerte discusión que tuvo con su marido hace dos días. Lo dejó definitivamente y no tenía dónde quedarse. La tristeza me sobrecogió y mediante el sentimiento de la situación, la abracé al verla llorar muy desconsolada.
De un momento a otro pude sentir sus suaves manos acariciando mi espalda y luego me dio un mórbido apretón en ambas nalgas. La reacción de mi susto fue empujarla. Mi tía cayó al suelo; al verle la cara, sus pupilas estaban dilatadas. Supuse que él la controlada.
Me acerqué para ayudarle a levantarse. Fingí desearla y rápidamente la bofeteé, haciendo que volviese a la normalidad.
Sus ojos volvieron a ser los mismos de siempre. Confundida, se sobó la mejilla izquierda y me preguntó el por qué la hube golpeado tan fuerte. Me disculpé asumiendo la culpa, sin explicarle lo sucedido. Del bolsillo derecho saqué una tarjeta de débito y se la entregué con la contraseña para que se fuera del apartamento.
La tarjeta contenía mucho dinero y con eso podría vivir sola durante un buen tiempo.
La acompañé hasta la entrada del edificio y ella se subió en un taxi. Sin más nada que decirle, le di un beso en la mejilla y regresé al apartamento.
Entré cuidadosamente. El hombre elegante se hallaba sentado en el diván, dándome la espalda y riéndose solo. En un descuido que tuve al parpadear, él se apareció frente a mí.
Estaba furioso con mi actuación.
No me dirigió la palabra. Introdujo su mano espectral en mi pecho, atravesándolo como si se hubiera desmaterializado. Me apretó el corazón, empecé a ver borroso y enseguida mi cuerpo cayó contra el piso de porcelanato.
Aún con los ojos cerrados podía oír la voz de Diana, antes de perder la consciencia. Recuerdo que dijo “Ay Dios mío”, y desde entonces he dormido quién sabe por cuánto tiempo.
…
Ojalá no hubiese recordado nada, ya sé la clase de monstruo que soy.
Todavía no son la una de la tarde, pues no tengo hambre. Observé que el control remoto del televisor estaba ubicado a mi diestra y procedí a encender la pantalla.
Hoy es viernes 7 de Octubre del año 2016 y la noticia más importante del país, es la obtención del Premio Nobel de Literatura a manos del escritor colombiano “Marte Hbk”, ocurrida en el día de ayer.
A mí me sorprendió la noticia. Es increíble que un escritor novato e insignificante, pudiese alcanzar la gloria fácilmente.
En la pantalla del televisor mostraron algunas imágenes y videos de hace un año cuando estuve nominado al Nobel, pero no gané el premio en aquella ocasión. Me consideraron un verdadero fracaso.
Me acordé que no quise asistir a la gala en Estocolmo, porque ya me esperaba tal resultado.
Después de glorificar el nombre del joven, siguió la sección judicial y mostraron un avance de la investigación del caso Roxana Montañés.
Una imagen registrada por una cámara de foto multa, ubicada en el semáforo de la novena avenida con calle quinta del centro de Montolivo; aparecía la mujer acompañada de un hombre desconocido dentro de una camioneta Mercedes Benz Clase GLK 2.2 CDI 2015 color negra,
con el siguiente número de placa: MRT – 994.
Según las investigaciones de la policía, el vehículo aparecía registrado bajo mi nombre.
Enseguida recordé que ella era la rubia. El hombre elegante la transportaba hacia mi nuevo apartamento.
La fiscalía me culpó de la desaparición de Roxana y también de las anteriores, ocurridas antes del 2015.
El nuevo psicópata seguía libre en las calles de Lumpur. Allá se reportaron cinco mujeres desaparecidas con el mismo modus operandi.
Mi pregunta fue la siguiente:
- ¿Quién me anda imitando? – creo que lo dije en voz alta porque él me respondió.
- Mi nuevo sirviente.
Pensaba que sería castigado con la correa infernal, al verle postrar las manos sobre su cintura.
Él me dijo:
- No te necesito, Marte Hbk hace el trabajo sucio por ti. Te recuerdo que rompiste nuestro trato, dos veces seguidas.
Yo le pregunté:
- ¿Quién es él?, se me hace conocido.
A lo que él respondió:
- Fue tu fan número uno ¡lo recuerdas! El chico de Ciudad Nueva Condal. Lo despreciaste. ¿Otro deseo más, antes de arrebatarte el alma mi querido Emmanuel? – se expresó así, saboreando la victoria con su larga lengua bífida mientras cambiaba a su verdadera forma demoníaca: una horrible combinación entre ogro mutante y dragón halado. Se disponía a tragarme entero.
La mandíbula se le abrió bastante, del tamaño de la puerta de la habitación y las llamas del infierno fluían de allí; realizando movimientos circulares que terminaban deformándose y creando almas atormentadas que gritaban de sufrimiento.
Intenté sonreír, a la vez que temblaba del horror. Me llené de valor y le grité lo siguiente:
- ¡Púdrete!