Chapter 9: EL NÚMERO DE LA MUERTE - CONTINUACIÓN
Llegué a las afueras del sector Belice y regresé al hostal de inmediato, debido a la peligrosidad del sector. Tendría que esperar al día siguiente si quería obtener más información.
Sentado en una silla y apoyado sobre una humilde mesa, me hallaba acompañado de un bolígrafo, la libreta y aquel periódico rayado. Procedí a analizar de nuevo la información.
Al ser casi imposible conseguir pruebas materiales, anoté en la libreta el primer indicio del día de hoy:
“El aviso mediante un sueño que revela el valor real del premio ($1.000.000 dólares). No está registrado en los periódicos, ni en la información que maneja la policía”.
Todavía guardaba cierta incredulidad, pero no tenía más opción que seguir esa senda para ver hasta dónde me llevaría. Por último, guardé el material de trabajo y procedí a dormir.
Amaneció el cuarto día y salí a las calles a buscar más información.
Las personas del sector se negaban a hablar del tema. Sin embargo, contaba con dos personas para resolver el caso: el párroco de la iglesia y la próxima víctima, a quien no conocía su identidad.
A las once de la mañana hablé con el Padre Radamel, aprovechando que tenía una hora libre antes de almorzar. Iniciamos la conversación con temas religiosos y terminamos hablando de las desapariciones.
Así inició la verdadera conversación, yo hacía las preguntas y él me respondía al instante:
- Dios entregó una parte de la tierra para que el maligno y sus secuaces tuvieran una misma entrada y salida del infierno.
- ¿Por qué Dios tomó esa decisión?
- Porque el ser humano está volviendo al tiempo de la Israel que deambuló en el desierto durante 40 años, producto de todos sus pecados.
- ¿Y qué hace la iglesia al respecto?
- No está permitido actuar, ya que es una decisión divina.
- ¿Una persona del común podría romper esa maldición?
- La fe puede detenerla.
- Entonces, ¿Una persona marcada por el Diablo, puede liberarse?
- Sí, pero sólo depende de sí mismo.
Fuimos interrumpidos por el monaguillo. El adolescente le informó al párroco que ya estaba listo su almuerzo.
Le agradecí por su amabilidad, al disponer de su tiempo libre conmigo. Me dijo que no dudara en buscarlo a la misma hora.
Volví al hostal para almorzar también. Como hacía mucho calor, prendí el ventilador a toda potencia y me recosté en la cama. Pensaba en la conversación que tuvimos.
Asistí otra vez a la misa de las cinco de la tarde. Allí estaban las dos ancianas y la muchacha del sueño.
Enseguida me fijé en su físico: color de piel morena, altura de 170 cm aproximadamente, contextura física delgada, cabello negro ondulado y largo, labios carnosos, cejas pronunciadas, mejillas coloradas de maquillaje claro y ojos color café. Con un promedio de edad menor a treinta años.
La chica era una mujer muy hermosa, comparándola con la primera desaparecida en la lista.
Cuando acabó la misa, las tres mujeres se acercaron al párroco. También me acerqué disimuladamente para escucharlos conversar, pero el Padre las atendió en privado. Al salir de su recinto, las mujeres partieron rumbo a sus hogares.
Volví a seguirlas en secreto. Es muy probable que la joven sea familiar de la señora de cabello corto y churco, porque entraron en la misma casa.
Regresé a la habitación del hostal. Le pasé el seguro a la puerta, antes de sacar el material de trabajo. Es un hábito adquirido cuando estuve viviendo en México.
Anoté en mi libreta el nuevo indicio:
“El lugar donde ocurrieron las desapariciones, es la entrada/salida del infierno”.
Ahora tendría que visitarlo de nuevo. Debía averiguar lo que conversó con aquellas mujeres.
Salió el sol y la claridad del quinto día iluminó la habitación.
Después de ducharme y cambiarme de ropa, bajé a la recepción. Hablé con la señorita Claudia Noriega. Intentaba averiguar todo lo que la recepcionista conocía respecto al tema.
Mientras hablábamos cosas del barrio, le comenté que me parecieron extraña las desapariciones que ocurrieron en el sector. Ella me confirmó su parentesco con Jessica y me relató lo que hizo después de enterarse de la existencia del boleto ganador:
“Seguí a mi prima en secreto y llegamos al lugar de las desapariciones. Siempre me mantuve oculta, respetando la distancia. Eran las seis de la noche. De inmediato se levantó un enorme templo antiguo, cuyo letrero frontal no se entendía. Como me encontraba un poco retirada del lugar, no supe qué hizo cuando entró allí; sólo sé que no tardó ni un minuto, quizás fueron cuarenta o cincuenta segundos. Jessica salió con el boleto en su mano izquierda. En el ambiente se sentía el olor a azufre, que es la advertencia de la presencia del diablo. La estructura desapareció y no me di de cuenta porque me enfoqué en el extraño caminado de mi prima al salir del templo. Después de esto, regresamos a casa y al siguiente día me enteré que había desaparecido”.
Le agradecí a la señorita Claudia su disponibilidad para hablar conmigo.
Me fui a la iglesia y llegué puntual; a las once, como él me lo había dicho. La casa de Dios se hallaba vacía en ese momento y dialogamos sin tapujos.
Yo preguntando y él respondiendo al instante:
- Buenos días Padre, ¿Cómo ha amanecido? Tengo varias dudas.
- Buenos días señor Estiven, tengo gripe pero gracias a Dios estoy bien. Dime ¿En qué puedo ayudarte?
- En la misa de ayer, observé a las tres mujeres que acudieron ante usted. Ellas actuaban muy raro y no pude evitar perderlas de mi vista hasta que hablaron con su persona en privado. Parece que tienen serio problemas – esto lo dije con un tono de preocupación.
- La muchacha fue contactada por el Demonio en un sueño. El maligno escoge a las víctimas por los errores cometidos y ambiciones terrenales. Solamente quienes poseen un corazón puro, pueden salvarse de sus garras.
- ¿Y usted no podría ayudarle?
- La verdad, es que no estoy capacitado para enfrentarlo. Le unté agua bendita en la frente y junto con las señoras, rezamos tres Padre Nuestro y dos Ave María. Le encomendé a las dos mujeres que rezaran mucho por el alma de la joven.
- Cuando el Demonio la contactó, ¿Ella pudo verlo? ¿Cómo era su apariencia física? – cada vez tenía más dudas.
- Si, pero nunca se ha presentado ante los ojos del hombre en su verdadera forma. Tuve la oportunidad de hablar con tres, de las nueve personas desaparecidas y ellos me describieron a un hombre y dos mujeres distintas. El demonio sabe que una de las debilidades del ser humano es el grado de apariencia física y por eso cuando se muestra ante alguien, lo hace mediante la belleza. Los elegidos quedaron bajo su influencia porque ninguno de ellos recordaba bien las cosas.
- Y la santa sede, ¿Sabe algo acerca de esto? – me esforzaba para no salirme del personaje, aunque el Padre no mostró desconfianza y siguió respondiendo tranquilamente.
- Si, la última información que me transmitió el obispo Manzur fue que el anticristo ya caminaba entre nosotros. El diablo no opera sólo aquí, en todo el mundo se desató la maldad. Desgraciadamente, el personal de la iglesia no es suficiente para atender los casos. Debemos pedir perdón por nuestros pecados y quizás Dios se apiade de nosotros. No hay de otra, tenemos que orar.
- Padre, si la muchacha decidiera ocultarse en otra ciudad, ¿Existiría la posibilidad de que se salvara?
- No, ella está marcada por la bestia. Incluso si un familiar se la llevara hoy mismo, lo más probable es que el Demonio la busque donde se encuentre.
- Si usted decidiera ocultar a la muchacha dentro de la iglesia, evitando que saliera a buscar el boleto, ¿Qué pasaría?
- Antes de actuar, primero tendría que solicitar el permiso del papa. Respecto a tu pregunta, pues no lo sé. Quizás él destruiría a la iglesia y luego nos asesinaría a todos o viceversa. El ser humano es el causante de lo que está ocurriendo ahora mismo.
La conversación culminó a las doce en punto. Ésta vez almorcé por fuera. Al terminar de comer, salí del barrio porque debía aparentar mi profesión de vendedor.
Llegué al comando central de la policía.
Eran las dos y cuarenta de la tarde cuando golpeé la puerta y de inmediato me dejó entrar a su oficina. Le conté la información que hube recopilado desde mi llegada al barrio. Recibí elogios de su parte.
Sin embargo, el caso no estaba resuelto y no había más indicios acerca de un posible malhechor humano.
Le juré al oficial que el 7 de Octubre estaría resuelto el caso.
Después de haberme reunido con el Coronel, fui a visitar mi propio hogar. Quería verificar su soledad. Eché de menos muchas cosas, como la cama, la camioneta, la sandwichera, la tetera y los premios que exaltaban mi grandeza.
Salí de la casa, con dirección a la oficina.
Al pararme en la entrada para admirar mis logros, recordaba mi pasado glorioso como si hubiese sido ayer.
Pude sentir que mi cuerpo se relajó demasiado y las ganas de acabar rápido, terminaron yéndose a la basura. Por primera vez experimenté la despreocupación, sin haber resuelto el caso.
Recuerdo que mi padre me dijo: “Cuando sientas una extraña sensación de paz, es posible que vayas a morir pronto”. Al día siguiente él murió.
Miré el reloj y eran las cinco y treinta. Sabía que debía regresar y terminar lo que había empezado.
Llegué una hora más tarde al hostal y cené acompañado de mis vecinos, el señor Julio y la señora Clara. Encerrado en la habitación, analicé la poca información obtenida al conversar con el párroco de la iglesia y la señorita Claudia.
Cada vez que reunía más datos, la lógica fallecía y se entendía menos. La única forma de despejar las dudas, sería asistir solo al lugar de los hechos en la fecha y hora exacta.
Dejando de lado las dudas, anoté en la libreta las conclusiones más relevantes:
- “La persona elegida por el Demonio no tiene consciencia de sí misma cuando acude ante él”.
- “La aparición de un templo antiguo, cuya duración no alcanza el minuto”.
- “El Diablo no escoge a las personas por sus necesidades materiales. Él conoce los errores que hayan cometido y las ambiciones terrenales. Además, no ha mostrado una forma definitiva”.
- “La iglesia no puede hacer nada al respecto. Es muy probable que sufriera la ira de Satanás, si intentara salvar a los condenados”.
Guardé todas las cosas para descansar y concentrarme en el siguiente día.
Mientras me mantuve despierto, intentaba ponerle sentido a la información recolectada; por ejemplo, alguna red criminal dedicada al tráfico de órganos o trata de personas.
Al no fluir las ideas en mi cabeza, acepté la derrota ese día. Dormí gracias a la ayuda de aquella extraña sensación de paz.
Me desperté temprano y fui directo a orinar en el inodoro, faltaban cinco minutos para las seis de la mañana. Había llegado el sexto y último día.
Enseguida entré a la ducha. Luego del baño, me vestí con un jean azul, camisa verde oscura y zapatos grises deportivos. Esperé sentado en el borde de la cama hasta que fueran las ocho en punto, la hora del desayuno en el hostal.
Se me hizo raro que no estuviera el señor Julio y la señora Clara, pero igual no me encontraba solo; aunque con ellos tenía más confianza a la hora de charlar.
Decidí caminar en el terreno donde aparecería dicho templo.
Con el fuerte sol que se exponía en plena mañana, dudo mucho que llegase a encontrar un alma en pena.
El trayecto del hostal, al terreno baldío era de quince minutos. Sólo encontré pequeños rastrojos de maleza que crecían en partes separadas.
Intentaba recolectar más pistas.
Empecé a sentir un frío insoportable. Me alejé por varios minutos, cumpliendo una secuencia repetitiva. La temperatura dentro del terreno estaba cercana a los cero grados centígrados.
Quería entender de dónde provenía el frío, porque aún no encontraba rastros de hielo. Por curiosidad, acaricié la maleza que sobresalía del suelo y ésta se hallaba congelada.
En pocos minutos, la humedad traspasó la suela de mis zapatos y pude descubrir el misterio.
Me generó pánico lo acontecido y abandoné el lugar.
Entré en la iglesia, buscando hablar con el Padre y por desgracia no pudo atenderme. Regresé a mi habitación del hostal y no volví a salir hasta que fueron las cinco de la tarde.
La misa la organizó otro párroco y aquellas mujeres tampoco asistieron. Faltando media hora para las seis, me dirigí hacia el terreno baldío.
Sentado en el suelo, recosté la espalda en una enorme roca y oculté mi presencia de la vista humana con ramas y arbustos frondosos que hube cortado con anterioridad.
Ésta técnica la aprendí de los militares cuando estuve en México, la llaman mimetismo.
Siendo las seis y un minuto, llegó la chica sola. En cuestión de segundos apareció un majestuoso templo cuyas características eran las mismas que había relatado la recepcionista.
De inmediato surgió un terrible hedor en el ambiente.
Cuando la muchacha entró en el templo, me acordé de su efímera duración. Decidí actuar para observar con mis propios ojos lo que estaba a punto de suceder.
Al dar el primer paso en el suelo del terreno, el clima ya no era igual de frío como en la mañana. Ahora hacía un calor infernal. Tuve que quitarme la chaqueta, pues no me esperaba que hiciese tanto calor.
Ingresé en el templo, siguiéndole los pasos a la chica.
Delante de ella se hallaba una mujer desnuda y su parte íntima la cubría el grosor de una gran mesa de mármol. La joven traía en la mano izquierda el boleto ganador y dio un giro de 360 grados para abandonar el lugar.
Pude notar una tonalidad azul oscura que opacaba el iris de sus ojos.
Me acerqué a la mujer desnuda para preguntarle por el costo real del boleto, mientras me limpiaba el sudor de la cara.
Esa hermosura de cabello rojo, cuyos ojos negros cubrían la totalidad blanca, procedió a decirme lo siguiente en voz alta:
“Danny Stewart Reyes Magno, nacido el 6 de Junio de 1976 en la ciudad de Lumpur. Hijo de Howard Reyes y Sara Magno, detective de profesión y arrogante por naturaleza. Tus pecados son asesinato y violación. Estabas programado para el próximo año pero no puedo dejar que te vayas con las manos vacías”.
Después de oír sus palabras, sentí una quemadura en la mano izquierda. Al fijarme allí, ya sostenía el boleto.
Entonces le pregunté:
- ¿Cuánto cuesta? – y de inmediato ella me respondió:
- Ven a la medianoche y lo sabrás.
Luego, ella desapareció con toda la infraestructura del lugar. Me quedé solo en aquel terreno baldío y su maleza. Observé la hora y había transcurrido dos minutos.
La muchacha se encontraba fuera de mi alcance.
Volví al hostal, saboreando la derrota. Estando adentro de la habitación, procedí a ducharme. Aproveché que todavía seguía en el baño y me miré en el espejo, asegurándome de que mis ojos no estuviesen opacados.
Después de bañarme, busqué en la maleta un conjunto deportivo color beige. Los mismos zapatos que se mojaron en la mañana, ya estaban secos.
Procedí a sacar la libreta de apuntes y un bolígrafo, realizando las respectivas anotaciones:
- “La señorita Claudia tenía razón, apareció un extraño templo. Adentro vi a una hermosa mujer desnuda, cuyos ojos son más negros que la misma noche”.
- “En el terreno baldío, hay dos clases de clima. En el día hace mucho frío y en la noche es lo contrario”.
- “Cuando la persona es la elegida por el Demonio, sus ojos se tornan de azul oscuro. Es probable que la persona esté bajo su control”.
- “Aquella mujer habló cosas de mi vida personal que nadie del barrio conoce”.
- “El boleto aparece repentinamente en la mano izquierda de la persona, dejando una leve quemada”.
- “Dicho boleto con las tres cifras repetidas es la marca de la bestia, el número de la muerte”.
En la última página de la libreta, escribí una carta informal para el Coronel Gabriel J. Méndez:
Hola querido amigo.
Si estás leyendo esto, es porque ya observaste todos los apuntes de las hojas anteriores. Lo siento, resolví el caso pero no pude terminarlo. Hoy tuve una corazonada cuando pasé por mi oficina y quizás no podamos vernos de nuevo, ya que tengo una cita con el “Demonio” a la medianoche.
Aquí ocurren cosas inexplicables para las ciencias creadas por el hombre. Te aconsejo que busques ayuda celestial. La señorita que te va a entregar la libreta, puede servirte de mucha ayuda. Lo presentí al momento de escribir ésta carta. Si llegara a verte en el infierno es porque también fallaste, espero que no suceda así.
Si decidieras terminarlo, primero deberías prepararte. No repitas mis errores. Recuerda que él no juzga por lo que tienes. El Diablo te puede leer la mente y condena lo más sucio que hay en tu ser. BUENA SUERTE.
Atentamente:
Danny Stewart Reyes Magno.
Hora: 9:00 pm.
Ubicación: Hostal “El Buen Hogar”, habitación #6. Sector La Cruz, Barrio Jerusalén.
En un sobre de manila guardé la libreta, el boleto, mi bolígrafo personal y aquel periódico que había rayado en su oficina.
Antes de sellarlo, escribí la dirección del comando central de la policía con buena letra y ortografía. Me daba vergüenza entregarlo con la letra torcida y tachones que quedaron registrados en la carta anterior.
Bajé a la recepción del hostal y se lo entregué a la señorita Claudia, le dije que me hiciera el favor de llevarlo a la dirección marcada. Me excusé por no poder hacerlo personalmente y abandoné el lugar.
Llegando al terreno baldío, me escondí en el anterior puesto de vigilancia con las mismas ramas y arbustos frondosos.
Mientras avanzaba el tiempo, analizaba mi pasado y los errores cometidos:
“Siempre quise ser reconocido como un Dios y solamente aceptaba los trabajos con la mejor paga. La verdadera razón de mi renuncia como vicepresidente en la Asociación, fue porque me molestó que nunca aceptaran mi candidatura a la presidencia por ser latinoamericano”.
“Hace once años, más exactamente en el día de mis cumpleaños, cometí una barbaridad contra una prostituta”.
“En los anteriores casos resueltos, hubieron bajas que pudieron evitarse. Al cometer tantos errores, tuve que ocultar las evidencias. En más de una ocasión, renegué de Dios admitiendo mi supuesta superioridad y siempre traté a mis subordinados como si fueran poca cosa”.
Tampoco ignoré las extrañas coincidencias de mi vida:
“Nací en el año 1976, del mes 6, en el día 6, siendo las doce de la madrugada. Además, la dirección del hostal es Avenida 6 #76 y siempre me despierto a la medianoche, ya sea para tomar agua u orinar. Así que ahora todo tiene sentido”.
Faltando cinco minutos para la medianoche, comenzó a aumentar la temperatura en gran parte de la zona. No tuve otra alternativa que quitarme el mimetismo.
En la distancia, podía observar a la silueta de una mujer. Cada vez que se acercaba, lograba reconocerla mejor. Era la misma muchacha de la iglesia.
Siendo la medianoche, surgió de repente el mismo templo y entramos juntos en completo silencio. Ahora había un hombre rubio detrás del mesón y su hedor me produjo el vómito involuntariamente.
Arrodillado, me incliné lo suficiente para evitar el reguero.
Al fijar la vista hacia el frente, vi que al hombre le faltaban las dos piernas; prácticamente estaba levitando. Me levanté asustado y luego él mencionó éstas palabras:
“Soy uno de los príncipes más poderosos que hay en el infierno, ustedes me pertenecen. Ambos nacieron y se criaron bajo la influencia del número de la bestia, la marca de nuestro rey supremo. Antes de convertirse en demonios encarnados, primero habitarán en el infierno y serán purificados por la maldad. Allá conocerán el verdadero dolor”.
- Adelante Sofía Montiel, nacida el 6 de Octubre de 1986 en la ciudad de Lumpur. Hija de los hermanos Esther y Álvaro. Prostituta de profesión y avara por naturaleza.
La muchacha siguió la voz del hombre y entró en un agujero de gusano, ubicado a su izquierda.
Quedamos solos él y yo.
Alcancé a sacarle algunas palabras antes de irme también:
- ¿Quién eres realmente? – le pregunté y él me respondió:
- Soy Lucifer, Belzebuth, Samael, Mammón, Leviatán, mejor dicho; somos una legión – esto fue lo que me dijo, cuyas voces diferentes y alteradas se sincronizaban a la perfección junto con un endeble sonido de lamentos.
Seguí preguntándole:
- ¿Qué pasó con las demás personas que adquirieron el boleto? Los investigué a cada uno de ellos y sólo unos pocos presentaban tal numerología diabólica en su vida – empecé a dudar de lo que había escrito en la libreta y el hombre me respondió de nuevo:
- Tres de ellos se criaron bajo la influencia de la marca, el 666. Los otros cayeron en la trampa, pensando en el dinero que nunca existió. Es una oportunidad que no debíamos dejar pasar – el hombre se burló descaradamente.
Aún con temor, seguí preguntando:
- ¿Por qué no me controlaron, así como lo hicieron con los demás?
- Porque sabíamos que vendrías.
Ante su breve respuesta, le hice la siguiente aclaración:
- Lo que pasa es que se me extravió el boleto cuando venía por el camino – dije esto con un tono sarcástico y luego él me callaría para siempre:
- No importa, igual fuiste marcado al momento de nacer.