capítulo 7
El consultorio del doctor Mirko Spolowski estaba ubicado al otro lado del pasillo del hospital mental. Alfred pasó por un lado de la oficina de la gerencia donde se hallaba el retrato del doctor Peter Roselner, posteriormente llega al consultorio donde se encontraba Lorraine y con cautela toca la puerta. Al otro lado se escuchaba música clásica de Mozart; la portezuela se abrió y un gran aroma a flores comenzó a percibirse de la hermosa cabellera de Lorraine Walts, la cual sonreía tiernamente ante el pálido hombre.
―Sea usted bienvenido Alfred―la doctora Lorraine dio paso a Alfred para ingresar hacia el consultorio.
―Gracias doctora, de antemano ofrezco disculpas por mi estado alterado en el consultorio de la Rosa, usted no sabe por lo que estoy pasando― El joven se sentó en el sofá y contempla la hermosa dama de porte conservado sentarse nuevamente.
A pesar de su estado, Alfred se sintió anonadado por la dama que se veía más bella personalmente. Su cabellera castaña la tenía casi hasta la cintura y su cuerpo era delgado, llevaba puesto un esmoquin color rojo que la hacía lucir realmente elegante y se le percibía un agraciado perfume que se esparcía por el recinto cerrado rodeado de libros.
―No hay de qué preocuparse Alfred, conozco muy bien su caso por parte de su madre, yo le he apoyado mucho durante tu tiempo en California. Déjame decirte que me pareces muy valiente, fuerte y un gran ejemplo para las personas que sufren el mismo trastorno.
―Gracias doctora Lorraine; pero no creo poder ser un buen ejemplo como usted lo dice; sin embargo, quiero dar las gracias por su amistad y su tiempo, creo que debe estar muy ocupado en sus asuntos―Expresa Alfred al contemplar una gran cantidad de papeles regados en todo el lugar.
―El caso de los hermanos Leverson es un ciclo sin fin, hay algo que me gustaría saber con ellos y está relacionado contigo cuando tenías 16 años. También deseo conocer a fondo sobre el caso 442 de la familia Greifol y su escape, en verdad todo eso me deja realmente abrumada.
―No sé qué desea encontrar en todo esto doctora; pero debiste ejercer tu labor de investigadora en vez de ser de psicóloga―Alfred sonreía levemente ante la dama que se sonrojaba por su comentario―. Quiero felicitarla por el encuentro del niño, es usted muy buena en lo que hace.
―Agradezco mucho sus elogios Alfred― la dama trataba de disimular su apenamiento reflejado en sus pómulos rojos y de sus gestos tiernos realmente llamativos para Alfred―. A decir verdad, soy también investigadora de sucesos paranormales y he aprendido otras cosas, es por eso que deseo conocer la verdad y me he internado a buscar información en el caso realmente llamativo de los Leverson.
―Le trato comprender. Creo doctora que, para no quitarle más tiempo, me gustaría saber porque me necesitas―Alfred cambio de tema a sentirse incomodo al recordar lo ocurrido cuando tenía 16 años.
―De acuerdo Alfred, bien sabes que he estado estudiando muy a fondo los sucesos paranormales de tu casa, por eso deseo decirte que al tocarte sentí una fuerte presencia negativa rodeándote, por eso deseo advertírtelo. Te recomiendo que te hagas un riego; además, yo quisiera regalarte este amuleto― la doctora Lorraine sacó de su gaveta una pluma de acero colgada en una pequeña cadena y se la extendió al abrumado Alfred que la observaba atónitamente.
―Gracias doctora, no sabría que decirte al respecto, esto es en verdad muy inesperado; pero espero que este amuleto me sirva para sentirme más protegido― el joven adquirió el medallón y trataba de calmar nuevamente el temblor de sus manos.
―Tranquilo Alfred, sé que no me tienes confianza; pero solo deseo ayudarte y anhelo que todo mejore―nuevamente las suaves manos de Lorraine se palparon con las de Alfred, inmediatamente la dama comenzó a sentir la mala energía de antes. Sin poder tolerarlo, la dama aleja sus manos y adquirió un trozo de papel donde apunta su número personal―. Ten mucho cuidado Alfred, puedes llamarme en cualquier momento.
―Nuevamente agradezco su ayuda doctora. A decir verdad, hay algo de usted que me hace sentir tranquilo para contarte mi dilema; tal vez porque seas amiga de mi madre o de la doctora de la Rosa.
―Si es así, te escucho atentamente― Lorraine Walts trataba ponerse más tranquila para no sentirse apenada ante los comentarios del joven que le parecía atractivo.
Después de tomar un poco de agua servida por Lorraine y de aspirar profundo, el joven comenzó a contarle hasta el más mínimo detalle haciendo que la dama comenzara a sentirse asombrada y anonadada.
―Lo que llego a deducir de todo esto es que la doctora de la Rosa tenga razón con lo acontecido. Por otro lado, considero que el estado actual de tu amiga Brenda haya sido una predicción y probablemente este asociado con la energía que presiento. Tal vez lo que digo sea una hipótesis; pero pienso que nada ocurre por coincidencia amigo Alfred y en caso de que vuelva a ocurrir algo extraño te sugiero que me llames, conozco a alguien que puede sacarnos de muchas dudas.
John Alfred se sintió más tranquilo al hablar con la hermosa dama que le sonreía humildemente. Pronto se escuchó la puerta tocar y la doctora Lorraine la abrió para cerciorarse de quien se trataba. Al otro lado se encontraba Paola de la Rosa sin su uniforme blanco. Ahora llevaba un vestido azul que lucía con su piel trigueña y su cabellera risada la tenía suelta llegándole hasta la cintura.
Ante la breve interrupción Alfred se despidió Lorraine con un fuerte abrazo; después la doctora de la Rosa lo invita hacia el garaje para partir hacia su hogar ubicada al este de Portland.
Era la primera ocasión en que Alfred visitaba a la casa de su mejor amiga. La hermosa residencia de color verde decorada con arbustos y flores se veía iluminada por los bellos faroles que se comenzaban a encender por la caída de la tarde. Pronto llega Paola en el garaje y parquea el automóvil, después pasan por un camino de césped donde más adelante se observaba la puerta de madera color blanco.
El hogar era realmente agradable. En el interior se desprendía un aroma a canela proveniente de unas velas ubicadas en las paredes, el piso era de madera y estaba decoraba por una alfombra azul; en los alrededores había algunas mesas de noche donde se ubicaban llamativos portalámparas que iluminaban el ambiente.
La dama lo dirigió hacia su cuarto de estudio donde se hallaba un dispositivo de mediano tamaño que tenía un medidor de corriente señalado por una especie de aguja delgada, al lado del extraño artefacto se hallaban un par de electrodos negros adheridos en un cable doble que parecían conectarse en el equipo.
―Alfred, este es el equipo que te puede servir, te explicare como funciona, lo enciendes de este botón― la doctora señalo un botón grande de color verde que se iluminó de inmediato al ser movido―. Luego te colocas los electrodos en tu zona abdominal, los puedes adherir con unas correas que también te facilitare. Debes adherirte las agujas en tu piel a través de otros electrodos especiales para que se genere la descarga. Es de suma importancia que estén bien adheridos.
Alfred asintió ante las indicaciones dadas de la doctora de la Rosa mientras contemplaba el artilugio con tenebrosidad.
―No te veo muy buena cara con esta idea ¿estás seguro que deseas intentarlo?
―No me gusta mucho la idea; pero debo intentarlo―añade con valentía Alfred.
―De acuerdo, hay algo más importante― la doctora señaló la aguja que señalaba el número 0.5―. Es crucial que la aguja no pase este parámetro, de lo contrario pasarías por una fuerte corriente. Ahora bien, el funcionamiento es básico, el equipo detecta movimientos a través de unos sensores que están dentro de los electrodos, los sensores hacen que la aguja se estimule y se genere una corriente para que despiertes. Este mecanismo lo usamos para ciertos casos particulares, a decir verdad, los periodistas no están de acuerdo con esto.
―Se ve fácil su uso, de antemano agradezco que me lo prestes doctora.
―No estoy del todo de acuerdo Alfred, en verdad me encantaría que te quedaras en el hospital, así podemos cuidarte.
Alfred renegó la propuesta de la preocupada mujer que lo miraba con ternura. Con resignación, Paola realizó un fuerte respiro y se dispuso a empacar el equipo para entregarle el equipo.
Una vez que el dispositivo estuviese empacado, Alfred se dispuso a despedirse de su amiga con un fuerte abrazo, la dama le solicito esperar por un taxi que había llamado, el joven obedeció las órdenes y más tarde llego a casa sano y salvo donde lo esperaba con incertidumbre su madre.
Con la llegada de la noche Alfred se sentía más seguro de poder conciliar el sueño con algo de tranquilidad, su anhelo de tener una noche amena no la tenía del todo satisfecha hasta ahora ya que Paulina caminaba por su cuarto de un lado hacia otro mirando el techo y observándolo, generándole una sensación de fastidio.
Alfred aun no podía dormir, de modo que deseaba terminar de leer los documentos de su madre; pero al parecer ella ya los había enviado a la casa de la doctora Lorraine.
Alfred se tomó los medicamentos con doble dosificación, luego se conectó el equipo como se lo había indicado su amiga y apaga la luz del cuarto dejando la lámpara de noche encendida.
El joven no le presta más atención a Paulina, ni tampoco a sus feas ojeras y de su cabellera azabache estaba desarreglada, posteriormente cierra los ojos y trata conciliar el sueño que le llega luego de media hora.
Nuevamente se encuentra en el mundo de los sueños. Ahora se hallaba en un cuarto pequeño alumbrado por una lámpara roja. El lugar parecía tenebroso por sus paredes deterioradas, la presencia de moho y el olor a humedad. El joven comienza a caminar en pies descalzos hacia una puerta metálica luego de escuchar un fuerte grito proveniente de una mujer. Alfred abre la puerta y encuentra al otro lado el dispositivo prestado por la doctora de la rosa con la aguja moviéndose incesantemente y ubicándose seis líneas antes del 0.5.
Alfred comienza a tener miedo, se observó el torso y no encontró cable alguno, sintiéndose un poco intranquilo por el extraño acontecimiento. Nuevamente se escuchó los gritos de una mujer y se dirigió hacia el fondo del pasillo de madera que crujía fuertemente al ser pisado, más adelante se encontró a cuatro personas tirando agua a una dama nonagenaria de cabellera plateada.
Alfred se acerca más a ella y se entera de que era la anciana Greifol. Sin entender lo que sucedía, observa como aquellos seres vestidos de blanco disfrutaban de tirarle agua a la invulnerable anciana aprisionada por la camisa de fuerza.
Sin poder hacer nada, Alfred se dispuso a alejarse del lugar. En ese instante contempló que uno de los hombres deja a un lado el balde y se dirigió hacia otra habitación cercana donde abre la puerta donde se hallaba a una mujer de piel pálida, cabellera desgreñada color rubio y ojos ojerosos que se movía lentamente por estar sumergida por los medicamentos y se encontraba sujeta por una camisa de fuerza.
Alfred contempla detalladamente a la mujer y se entera que es Lily Crowlet. A su amiga la conoció en el tiempo de internación, ella había llegado allí por haber tenido intento de suicidio con un veneno que no le generó la más mínima cosquilla. Aquel intento hace que la enclaustren en el hospital mental por 6 largos meses.
Sin entender lo que sucedía, el caballero observa a su amiga siendo tendida en una camilla con un estado realmente tétrico, poco después comenzó a escuchar a los enfermeros que susurraban el estado de la dama.
― ¿Ya le disté el medicamento a la paciente Crowlet? ―expresó un hombre de voz aguda, estatura alta y piel morena que sostenía una bandeja llena de medicamentos para otros internos. A su lado, se hallaba otro hombre de estatura más baja que se encontraba leyendo una revista con tranquilidad.
―Por supuesto amigo, el doctor me ha dicho que pronto le darán salida, es una lástima que esta hermosa dama ya haya tenido un segundo intento de suicidio y padezca de minusvalía. En verdad me parece realmente triste ver a una mujer tan joven con tanto por vivir en este estado―añadió el enfermero mientras pasaba la página de la revista.
―Recuerda que no debes encariñarte con los pacientes. Además, para mi es complicado mezclarme con alguien que tenga problemas psicológicos, siempre pienso que son personas difíciles de manejar y son inciertos ―el enfermero de la bandeja se dirigió hacia las escaleras para entregar el resto de medicamentos y su compañero siguió leyendo la revista en su tiempo de descanso.
La piel se le torno más pálida de lo común cuando dirigió nuevamente la vista hacia la camilla de Lily y la encuentra vacía. Al lado de la camilla apareció fantasmagóricamente una puerta de vaivén blanca, el joven abrió la puerta y pasa al otro lado donde se encontró por Albany en una calle deteriorada iluminada de escasos faroles.
A la lejanía comenzó a contemplar a una dama cabellera roja vestida con un traje de novia color negro y sostenía un ramo de rosas del mismo color. Con intriga el joven se acercó lentamente hacia la enigmática mujer que se fue quitando el manto negro de su cabello para dejar lucir su rostro, al verla de cerca se enteró de que era Eliade quien lo miraba con una sonrisa pícara.
Alfred quiso alejarse de inmediato; pero su cuerpo fue atraído hacia ella sin poder hacer nada. Quiso despertar y sus movimientos no eran lo suficientemente bruscos para reaccionar porque su cuerpo se sentía manipulado por los hilos de la tenebrosa dama.
―Pobre de mi amor. Deseas despertar; pero hoy te mostrare algo― Eliade lo arrastra hacia un hogar de color verde y murales de madera decorada por algunas plantas silvestres. El joven llegó hacia el lado derecho del hogar por donde había dos ventanas y una planta enredadera que llegaba hasta el hecho. Por una de esas ventanas el joven entra sin poder impedirlo, encontrándose un bello hogar con el piso de madera encerado y decorado por lujosas alfombras.
Prosiguiendo con la marcha, Alfred fue dirigido hacia un cuarto lleno de cuadros cosidos en croché y decorado por candelabros que daban iluminación al lugar. En aquel lugar Alfred se dirigió hacia la ventana donde observa en la lejanía su propio cuarto y también se observa durmiendo tranquilamente con los cables conectados.
Alfred se siente destrozado al ver que el dispositivo funcionaba y el bombillo de encendido titilaba incesantemente. Ante aquel acontecimiento el joven quiso salir del cuarto; pero la puerta se encontraba asegurada, a su lado apareció Eliade con un peculiar oso blanco que llevaba una pequeña nota adherida en su brazo.
―Hace ya mucho tiempo le diste este regalo a un ser amado, es un buen regalo amado mío―la dama acariciaba el peluche y se acercaba hacia el hombre para darle un beso con sus lenguas bípedas.
―No entiendo que pasa, déjame ir, quiero despertar para no hacerle daño a nadie―expresa Alfred con miedo.
―Yo controlo tus sueños amor mío, aceptaste estar conmigo para siempre.
―Fue una trampa, me dijiste que mis sueños se harían realidad―añade Alfred mientras trataba abrir nuevamente la puerta.
―Se harán una vez que te quedes a mi lado amor mío; pero para eso hay que eliminar ciertas cosas que amas y así seas totalmente mío.
―No lo hare, prefiero morir.
―No morirás porque yo lo impediré, estoy dentro de ti y me quedare contigo hasta que yo me canse, claro está de que será difícil cansarme.
Eliade sostuvo fuertemente el rostro de Alfred y lo besa. Luego con una fuerza sobrehumana lo arrastra fuera del cuarto y lo dirigió hacia otra habitación donde se hallaba dormida tranquilamente Lily Crowlet.
―No debes comprender que pasa aquí, hace poco viste tu cuerpo durmiendo en tu casa. Pero ver tu hogar en Hood River desde Albany no tiene la mayor importancia. Te puedo manipular sin mover tu cuerpo físico y en verdad me encanta hacerlo. Ahora estas en otro plano donde puedo hacer lo que yo deseo, nadie te ayudara, solo yo mi puedo auxiliarte bello caballero de armadura oxidada.
Alfred se sintió abrumado al escuchar aquellas expresiones tan familiares a su ex novia, aun mas se sintió cohibido e impotente al comprender que no podía hacer nada para salir de su pesadilla o de ese negro plano donde podía hacer cosas muy malas.
―Ahora ella es nuestra siguiente víctima. Lily desea morir, hace un par de meses salió de su segunda internación, hoy le haremos el favor―Alfred dirigió la mirada hacia la dama de cabellera rubia y piel pálida que comenzaba a sentirse inquieta, pronto se despertó y miró a los alrededores, Alfred estaba allí mirando como Lily contemplaba su cuarto por los alrededores con el rostro sudoroso y el cuerpo tembloroso
―Esta es la oportunidad― Alfred sintió como Eliade se internó nuevamente en su cuerpo y con sus manos comenzó a ahorcar a Lily que impacientemente trataba de defenderse ante un ente que para ella era invisible.
El temible acto lo presenciaba Alfred con miedo, sentía un odio impropio porque en verdad estimaba a su amiga. Impotente por lo que pasaba, comenzó a sentir una leve corriente en su cuerpo que solo le hacía cosquillas para despertarlo. Con lágrimas en sus ojos Alfred imploraba por ser despertado, en ese instante surgió en su mente la voz familiar de una mujer que le dijo:
― «cuando me necesites recuerda mi nombre…»
―Penélope…― Alfred sintió un fuerte escalofrió en su cuerpo que hacia descontrolar a Eliade para manipularlo―. Penélope por el amor de Dios ayúdame, te lo suplico.
Nuevamente el fuerte escalofrió comenzó a apoderarse del cuerpo de Alfred, posteriormente aparece la pequeña Penélope soltando las manos del cuello de Lily que ya tenía los ojos en blanco
―Calma, estoy contigo― Penélope trataba de consolar a Alfred que miraba a su amiga sin reaccionar.
―Maldita, esta vez ganas; pero no tendrás tanta suerte para la próxima― la presencia de Eliade desapareció y Alfred pudo llegar hacia Lily que por infortunio ya se hallaba muerta.
―No puede ser, Lily despierta por favor―Alfred tocaba incesantemente el cuerpo inerte de su amiga y lloraba desconsoladamente.
―Lo siento mucho, es hora de despertar. Antes de que te vayas a la realidad busca a Lorraine Walts, ella puede ayudarte a buscar la respuesta― Penélope abrazó a Alfred con ternura y le generó un fuerte impulso de corriente que lo hizo reaccionar de inmediato.
Eran las 6 de la mañana cuando Alfred abrió los ojos, su abdomen se encontraba rojizo por el impacto de corriente y el dispositivo olía a humo. Dolido y abrumado por lo acontecido, Alfred baja por las escaleras donde no se encontró a Sonia Rigan.
Sin prestar mucha atención a la ausencia de su madre; pero agobiado por la advertencia de Paulina, Alfred encendió la radio para saber las ultimas noticias, pensando que todo lo soñado fue solo una pesadilla.
El joven estaciona con prisa la emisora de las noticias y se dispuso a prepararse algo de café mientras sentía de las molestias en su abdomen. Pronto comenzaron a dar las noticias y la primera escuchada fue la que le hizo perder los estribos.
«En las noticias de hoy, la escritora Lily Crowlet apareció hoy muerta en su casa de Albany. La paciente había padecido de dos intentos de suicidio. Hoy aparece degollada en su habitación, actualmente no se sabe quién fue el causante del homicidio y no se han encontrado rastro alguno del posible implicado de la tragedia.
Hoy homenajeamos a mi amiga Lily con su libro de superación personal del cual quiero recitar su frase más celebre: si escribir es un absurdo y no vale la pena, prefiero pensar que pierdo el tiempo en algo realmente bueno para mí y tal vez impacte para muy pocos; pero espero que a ellos pueda cambiarles un poco el chip de su vida.»
Alfred comenzó a llorar incesantemente por lo escuchado, apagó la radio y corrió deprisa hacia el teléfono para hacer una llamada, primero llamó a la oficina de la doctora Paola, obteniendo ninguna respuesta. Abrumado por la situación se dirigió hacia su cuarto y buscó deprisa el número de la doctora Lorraine Walts, volvió a bajar y llamó de inmediato al número fijo.
El teléfono sonó más de una vez, a la tercera ocasión la dama de voz angelical acudió la llamada del intranquilo hombre que trataba de ignorar a Paulina.
―Buenos días, se comunica con Lorraine ¿Con quién hablo?
―Doctora Lorraine que bueno escucharla, se comunica con Alfred, te necesito urgentemente, pasó algo terrible ayer.
―Cálmate por favor Alfred, puedo atenderte ahora mismo si deseas, te doy mi dirección y estaré esperándote.
Alfred apunta deprisa la dirección de la doctora, se arregló deprisa y deja una nota a su madre para avisarle sobre su paradero; posteriormente coge el automóvil y viaja en la ruta 97 por Prineville.
Alfred Rigan se dirigió entre sollozos hacia la casa de la doctora Lorraine. El hermoso hogar estaba decorado de árboles silvestres y parecía un lugar salvaje y rustico por el color aguamarina de las paredes que cubrían sus dos niveles.
Después de anunciar su llegada, Alfred espera hasta que Lorraine le abriera la puerta. Al otro lado de la puerta se encontró a una dama realmente atractiva cuya cabellera estaba decorada por una trenza y su rostro reflejaba unos pómulos rojizos que lucían con sus hermosísimos ojos.
Un esplendoroso aroma a flores comenzó a sentirse de su sensual y conservado cuerpo, y a pesar de que era muy mayor a él, lucia inigualablemente jovial y guapa, haciéndole olvidar por una fracción de segundo lo que le había pasado la noche anterior; pero la dicha no duró mucho porque en su mente volvió a surgir el rostro moribundo de su amiga Lily.
― ¿Alfred? ¿Pasa algo? ― la dama llamaba incesantemente al joven que se había perdido en sus pensamientos.
―Lo siento, estoy muy confundido, necesito hablar contigo― Alfred accedió cortésmente la invitación de entrar por parte de la dama que lucía un vestido elegante color blanco.
Lorraine dirigió hacia la sala a su compañero donde lo sentó en un sofá de cuero, luego ella tomó asiento a su lado y se dispuso a escucharlo.
Después de una larga Lorraine se dio cuenta de todo lo acontecido con Lily y el extraño sueño donde Penélope le pedía buscarla. Posteriormente la dama con asombro se dispuso a tomar apuntes del más mínimo detalle para ayudar a su amigo.
―Es realmente extraño, ya es la segunda ocasión que te ocurre. Para mí ya no es normal Alfred, la verdad me parece extraño que alguien de tu sueño sepa de mi nombre.
―Pudo ser solo parte de mi sueño, o una coincidencia; pero algo me decía que debía decirte, además me dijiste que podrías servirme de ayuda.
―Hay algo de verdad en lo que dices Alfred, y si, puedo ayudarte, conozco a alguien que maneja muchos casos paranormales. Si deseas podemos ir a hablar con ella, aunque permítame primero llamarla.
―En verdad agradezco su ayuda, contigo me siento un poco seguro, aunque no del todo― Alfred contemplaba que nuevamente aparecía Paulina por el pasillo de la casa.
Lorraine sonríe y se dirige hacia su agenda telefónica, luego digita lentamente el número de la persona que podía de ser ayuda para ellos. Después de cinco minutos de conversar, Lorraine colgó el aparato y dio una señal de aprobación para pronto partir.
―Antes de irnos me gustaría saber algo Lorraine.
―Dime Alfred ¿que deseas saber? ― la doctora Lorraine adquirió las llaves de su automóvil y observaba a su amigo mirando hacia la pared donde se hallaba Paulina.
― ¿En verdad sientes una presencia en mí? ― Alfred miraba fijamente a Paulina que le alzaba la ceja y le señalaba con su dedo índice una aprobación negativa ante su pregunta.
―Si Alfred, la presiento y es realmente fuerte, por eso te regale el dije, lastimosamente aun no te ha servido; pero con la visita que haremos, las dudas se aclaran.
―Creo que estas en lo incorrecto. De cierta manera el dije que me diste pudo haberme servido de ayuda la noche anterior. Cuando llame en mi mente a Penélope me sentí protegido, tal vez tu dije sea en verdad un símbolo de buena suerte ―Alfred observaba el dije cristiano con admiración esperanzado de que en verdad tuviese un poder mágico para protegerlo.
Sufriendo un frio sepulcral por el negro recuerdo de su amiga muerta, Alfred se dirige con Lorraine hacia la casa de la señora Isabel Carlton. El camino hacia el próximo paradero ubicado a quince minutos de la casa de Lorraine fue habitado por el silencio interpuesta por un hombre que miraba por el retrovisor el rostro de Lily con sus cavidades craneanas y los ojos en blanco tal cual como la había dejado en sueños.
Respetando un poco la elocuencia del silencio, Lorraine solo se dedicó a llegar a la casa de su amiga para ayudar a un desesperado hombre que se sucumbía en un llanto inquebrantable y se encontraba atónito por los extraños desenlaces ocurridos en sus amigas.
Luego de quince minutos de recorrido, Alfred y Lorraine lograron llegar al hogar de Isabel. Era una bella casa de un solo plantel y color pastel decorada por unas cortinas azules, en la puerta había una pequeña ventana cubierta por una cortina blanca donde colgaba un artilugio al que Lorraine llamaba atrapa sueños.
Lorraine toca tocar la campana colgada en la entrada principal, posteriormente salió su amiga: una dama de cuarenta años vestida con un traje de la india que llevaba colgado un collar lleno de piedras redondas de múltiples colores. La mujer de ojos oscuros abrazó fuertemente a su amiga por la agraciada visita y saluda cordialmente a Alfred que ya se encontraba un poco más calmado; pero aún estaba perdido en sus pensamientos.
El hogar estaba lleno de plumas y de velas aromáticas. Pronto llegaron a la sala decorada de alfombras multicolores sin presencia de algún asiento donde se ubicaba una inmensa mesa de madera. Fue en ese lugar donde los visitantes se sentaron en el suelo, mientras tanto, la amiga de Lorraine sacaba un objeto de madera vieja que tenía una aguja donde había en el centro un cristal trasparente.
La tabla huija, como se llamaba el artilugio misterioso tomado por Isabel, fue colocado en la mesa. Posteriormente Isabel realizó un aro alrededor de sus visitantes con sal, luego hizo algunas oraciones para protegerlos de algún mal augurio, luego se sentó al frente de ellos y toma la aguja para colocarla en la misteriosa tabla llena de letras y números.
―Bien, ahora sabremos quién es la presencia que te agobia señor Alfred ―Isabel cerró los ojos lentamente y respiro profundo, luego preguntó si había alguna presencia en el lugar; de inmediato la extraña aguja comenzó a moverse para indicar que si había alguien allí.
―Quisiera saber si estas dentro o fuera del círculo de sal― nuevamente la aguja se movió para indicar que se encontraba afuera. Alfred se sintió abrumado al contemplar que Paulina se encontraba en el círculo.
―Quiero saber tu nombre―la aguja se movió hacia la letra P, una letra que no era esperada por Alfred. Al poco tiempo se deletrea la palabra Penélope, la dama que lo había advertido en su primer sueño del desastre que ocurriría.
―Penélope, me podrías decir si eres la presencia que agobia a Alfred― la aguja negó la respuesta.
― ¿Quién agobia a Alfred? ― la aguja indica el nombre Eliade, haciendo que Alfred se atormentara y se sintiera inquieto.
― ¿Deseas seguir Alfred? ― Isabel contemplaba al joven indicando afirmativamente proseguir con la investigación―. Muy bien, seguiremos, Penélope ¿Quién es Eliade? ¿Por qué atormenta a Alfred?
La aguja se movió rápidamente indicando que Eliade era un demonio que existía desde la niñez de Alfred. Sin entender lo que sucedía, el caballero observa la aguja indicar que el demonio fue invocado por una dama que se encuentra obsesionado por el cuyo nombre era Ariana Brum.
No muy contento por la reveladora noticia, Isabel siguió realizando preguntas para saber cómo Ariana Brum atormentaba a Alfred, descubriendo que ella había hecho un maleficio para controlar a Eliade, a su vez también podía controlar a John entre sueños.
Continuando con la investigación, Alfred y Lorraine se enteran que Ariana deseaba deshacerse de los seres más cercanos a su ex novio. Ahora Alfred comprendía el motivo por el cual Brenda y Lily estaban involucradas. Aquello le genera preocupación por el posible riesgo que podría tener su madre y la doctora de la Rosa.
―Isabel, necesito saber cómo puedo parar esto, por favor ayúdame―añade tartamudeando Alfred Rigan.
En esta ocasión la aguja se mueve lentamente y deletrea el nombre de Leonisa Greifol y el número 442. Posteriormente la aguja se detiene y comenzó a sentirse un fuerte frio que ponía inquieta a Isabel y Lorraine. En ese instante las velas comenzaron a apagarse y un fuerte viento movió fuertemente la tabla hacia el suelo.
― Él es mío, lo consumiré y será el amor eterno que más deseo. Nadie impedirá que este con el nuevamente― la voz de Eliade se escuchó fuertemente en el recinto haciendo que Isabel sudara frívolamente, posteriormente los bombillos se encendieron y la presencia maligna se retiró del lugar dejando dañado el circulo de sal que los protegía.