capítulo 4
A la mañana siguiente y de madrugada, el teléfono de la casa Rigan comenzó a sonar intensamente, Sonia que no pudo conciliar el sueño por lo sucedido en la habitación de su hijo, se levantó con lidia de la cama y se dirigió hacia el ruidoso aparato.
― ¿Bueno? ― Un bostezó surgió de la agotada psicóloga.
―Señora Rigan, temo mucho llamar tan temprano, le llamamos del campamento― expresó temerosamente el vocero que debía dar la mala noticia.
― ¿Ocurre algo?
―Temo decirle que si señora Rigan, su hijo se nos extravió del campamento, no sabemos que sucedió. Lo hemos buscado por los alrededores y no encontramos su paradero.
La madre del pequeño comenzó a temblar ante la noticia y la piel se le torno mucho más pálida a lo normal. En un principio pensaba que era una mala broma; pero el acento del guarda bosques demostraba certeza en decirle la verdad.
―No lo puedo creer, mi niño, debemos hacer algo, llamaré a la policía.
―Ya lo hicimos mi señora. Tres grupos policiacos se han dado la labor de colaborarnos en la búsqueda; nuestro grupo de guardabosques ha dado la alerta por todo el sector, debe tener paciencia mi señora, este lugar es amplio y selvático, es como buscar una aguja en un pajar.
―Eso no me conforta señor, quiero a mi hijo.
―Lo se señora Rigan, le prometemos que lo encontraremos
―Iré de inmediato, también ayudare a buscarlo.
―Pero…
―Pero nada―interrumpió con furia Sonia―. Téngame dos grupos de búsqueda para que se vayan conmigo, llegaré al medio día.
Sin perder más tiempo Sonia Rigan colgó el teléfono y se dirigió hacia su esposo para darle la abrumadora noticia. El señor Rigan pasmado por la noticia se dispuso a ayudar, por lo que Sonia le encomendó que hiciera carteles de búsqueda y los regara por todos los lugares.
Al medio día el señor Rigan ya tenía cientos de carteles para colocar y prepara su vehículo para partir de inmediato por toda la ciudad y entregarlo a la alcaldía, puestos de control policiacos, supermercados y parques; mientras tanto, Sonia Rigan ya se encontraba camino hacia el campamento para buscar a su hijo.
Fue una tarde trajinada para los policías y para el grupo de Sonia. Casi todo el día caminaron por el inmenso bosque gritando el nombre del niño, la madre comenzaba a intranquilizarse y a llorar por su impotencia de no poder hacer nada más, ahora solo mantenía la fe para que su niño regresara sano y salvo.
Al caer la noche y tras la llegada de la luz de la luna el grupo de exploración no tuvo más alternativa que volver al acampamento. La madre no deseaba regresar, se encontraban cerca de un lago enorme donde quería inspeccionar, en un principio los policías le pidieron que se fuera con ellos; pero Sonia se renegó, pidió una lámpara y se dirigió por los alrededores del lugar para buscar alguna pista de su hijo.
Totalmente sola e inquieta, Sonia Rigan toma rumbo hacia el bosque y camina entre los árboles hacia el lago guiada por un candelabro.
Crash, crash. El césped se sentía más seco a cada paso. La oscuridad la hacía perderse entre los árboles para llegar a su verdadero rumbo, uno que a ciencia cierta no tenía indicios de encontrar a su hijo perdido.
Casi llegando al lago la dama empieza a sentirse acompañada. El viento se tornó frívolo y los huesos de las manos le dolían, era como si el aire fuese un cristal y tratara rasgar su delicada piel; Sonia observa los alrededores, no había nadie, solo arboles de pino de gran estatura y el sonido de algunos grillos; en el ambiente solo les llegaba a sus fosas nasales el peculiar olor a la humedad del suelo del cual pudiese adquirir una gripa si no era precavida.
Más cerca, los invitados poco agradables de Sonia se le acercaron lentamente, prontamente algunos susurros comenzaron a ser percibidos; eran almas de niños, hombres y mujeres que se habían quedado aferrados entre la energía de los árboles, o tal vez viviendo la condena de no poseer el descanso eterno.
―Que buen aroma presiento de este ser vivo, hace rato no percibía uno tan ameno― la voz se sentía muy cerca de los oídos de Sonia,
― ¿Quién eres y Que quieres? ― expresó temerosamente la dama.
―No deseamos nada, solo te protegemos, hay seres oscuros aquí, ellos también te observan, están por todos lados, te huelen y desean que caigas en su juego…
Sin entender lo que aquellos extraños seres le decían, Sonia siguió la marcha hasta el lago sintiéndose incomoda por los susurros de aquella fantasmagórica visita.
―Están por todos lados…―las inquietantes voces de los espectros del bosque empezaban a sacar de quicio a Sonia Rigan, de tal modo que empezó a correr hasta el lago.
Por fin logró llegar al lugar, el descenso le pareció eterno y vertiginoso al verlo desde el punto donde ella se ubicaba, ahora las voces se habían cayado y de nuevo gobernó el silencio.
Obteniendo nuevamente la cordura, Sonia Rigan toma fuertemente su candelabro y mira sigilosamente por todo el lago; el suelo era rocoso y difícil de transitar, además de que estaba húmedo y el piso se hundía como arena movediza al leve tacto de sus pies.
Pronto Sonia logra llenar a una cueva; parecía una madriguera de oso por su gran tamaño y por la presencia de calor dentro de ella, su inquietud hizo entrarla al notar que había pequeños pasos en el piso. Sonia decide entrar y más adelante se encontró un bulto cubierto por una manta blanca, la dama se acercó para mirar que era, llevándose la triste relevación de que era su pequeño niño el que se encontraba allí durmiendo tranquilamente.
Hospital mental de Oregón, 24 de agosto de 1963, 11:45 am
Culminada la historia, el doctor Roslener le obsequió un pañuelo blanco a Sonia para que se limpiara las lágrimas, se levantó de su asiento, se estira un poco y observa de reojo al señor Cristopher en un estado carente de sus palabras.
―Si esta es la historia del primer escape no puedo imaginar cómo ha de ser la segunda parte, ¿qué les parece si hacemos un receso? Ya casi es hora de almorzar, luego podemos seguir; sin embargo, me gustaría preguntarle al señor Rigan, ¿por qué lo noto tan callado ante esta situación? ―. El doctor Spolowski centra nuevamente la mirada hacia Cristopher como si estuviese ocultando algo.
El caballero se disponía a hablar; pero la esperada respuesta de Cristopher fue interferida por una jefe enfermera que tocaba la puerta de la gerencia con prisa.
―Disculpe un momento― el doctor Roslener se dirigió hacia la puerta y la abrió con lentitud, al otro lado se encontró a una dama robusta y ojerosa que trataba de contener su temblor.
― Buenos días ¿Ocurre algo? ― cuestionó en voz baja el gerente.
―Lo siento doctor, el paciente Jerry Burdos5 a tratado atacarme― expresa la enfermera jefe bajo un estado melancólico por lo que le había acontecido.
―Está bien, llamaré de inmediato a la UCI, por lo pronto tómese una aromática y más tarde hablaremos ― el gerente abrazó fuertemente a la enfermera y le dio palabras de ánimo para que se sintiera más tranquila. La mujer atiende los concejos de su jefe y se marcha del lugar, mientras tanto, el caballero suelta un suspiro y la observaba partir.
― Siento mucho la interferencia señor Rigan, al parecer tendremos que esperar para hablar, debo realizar algo urgente―expresa con apresuramiento el doctor Roselner.
― ¿A ocurrido algo grave? ― cuestiona inquietamente Sonia.
5: Jerome Henry "Jerry" Burdos (enero 31 de 1939 – marzo 28 de 2006), fue un interno del hospital del Oregón, asesino serial americano.
―No hay de qué preocuparse―añade el doctor―. Por ahora los invito al comedor y disfruten del almuerzo, después de que terminen de comer quiero que Sonia se dirija al consultorio del doctor Mirko y usted señor Rigan lo espero en mi oficina―el gerente se dirigió nuevamente hacia el teléfono y observaba asentir a Cristopher con su petición.
Después de almorzar, Sonia se dirigió hacia el consultorio del doctor Mirko para hablar con él, John Alfred por su lado se encontraba en la zona de juegos donde esperaba a la doctora Paola de la Rosa.
El clima comenzó a ser gobernado por la neblina, un leve granizo golpeteaba la gigantesca ventana del doctor Roslener y el viento se percibía funesto ante la carencia de calor. Inquietante era el silencio entre Cristopher y el doctor Roslener, por fin Cristopher logra ordenar sus pensamientos, se acomoda en el sillón y pronto comenzó a hablar con tartamudez.
―Siento mucho mi silencio doctor, yo no sé cómo puedo expresar todo este triste acontecimiento con mi hijo. Me siento culpable, impotente y no puedo creer que este acá. Usted entenderá que es lo más amado y lo he abandonado doctor por dedicarme al trabajo; pero ¿para qué?, ¿acaso mis esfuerzos para tener una vida prospera puede compensar el bienestar de mi hijo? ―el señor Cristopher comenzó a llorar incesantemente como si tuviese algo ahogado dentro de su ser, ahora todo lo dejaba fluir, esperando con su llanto le sirviese de consuelo.
―Comprendo su situación señor Cristopher; pero su silencio no es de mucha ayuda en estos momentos, ¿qué le parece si me cuenta el segundo escape de su hijo?
―En verdad se lo fundamental, Sonia no me contó todo porque en esa ocasión me encontraba de viaje, así que conozco algunos detalles.
―Adelante, lo escucho―el doctor Roslener se dirigió hacia la cafetera y sirvió dos tasas calientes de la bebida, una de ellas la entrega a Cristopher para que se calmara, luego de retomar el color de su piel comenzó a hablar.
Cuatro meses después del primer escape de John Alfred, su madre lo vinculó al equipo de futbol donde jugaba también Robinson, normalmente los entrenamientos se realizaban los fines de semana y era llevado en el automóvil de Sonia, la cual también arrimaba a otros compañeros de su hijo hacia la cancha.
A decir verdad, el niño no era muy bueno en el futbol y siempre lo ponían a defender; pero no ayudaba mucho en rescatar la pelota ni mucho menos para pasarla. En los partidos había siempre un niño que lo empujaba y le hacía zancadillas, aquel niño le molestaba que Alfred jugara y siempre le hacia la vida imposible, hasta tal punto de que en una ocasión le reventó la cara.
―No entiendo porque debe hacerlo, me duele mucho― expresó lloriqueando Alfred Rigan
―Mira al niño de mama, ya se puso a llorar― añadió entre risas el niño mientras le jalaba el cabello a Alfred.
―Deberías dejarlo en paz― Robinson valientemente se interpuso a que siguieran golpeando a Alfred poniéndose frente a él.
―Pero mira, ha venido a defenderlo su noviecito―los niños se reían unísonamente y observaban lloriquear a Alfred.
― «¿Por qué deben ser tan malos? ¿Por qué?» ―pensaba Alfred melancólicamente.
― «Tal vez el chiquillo que te pega se merece el mismo pago, a veces se debe pagar con la misma moneda, anda lastímalo sin piedad» ―la voz de Penélope se sentía más terrorífica y fría, mientras tanto, Alfred observaba al robusto niño con desprecio.
El niño mira de reojo a Paulina que asentía para que lo hiciera. Sin dudarlo un segundo Alfred se levantó del suelo y le da una patada en las partes íntimas el niño gordo. El fuerte golpe hizo retorcer a la criatura en el suelo, luego le da otra patada en la cara con gran fuerza, haciendo que el rostro del niño cachetón sangrara constantemente.
Ante la constante furia de Alfred, Robinson lo detuvo fuertemente para detenerlo. Por primera ocasión vio los ojos de su vecino en un estado totalmente alterado e iracundo, como queriendo acabar al niño gordo que se le había reído en la cara.
―Creo que es mejor irnos―expresó Robinson preocupadamente al ver el estado de su amigo Alfred.
Sin prestar atención a las abrumadoras expresiones de los espectadores, Robinson se marchó con Alfred a casa sin prestar mucha atención a los abucheos de sus compañeros de juegos y las palabras ofensivas dirigidas hacia Alfred.
―Espero que nunca vuelvas porque si no te ira mal― expresó con agonía el niño robusto que seguía revolcándose en el suelo.
Al llegar a casa, Robinson tocó la puerta de Sonia Rigan y dejó a su amigo Alfred en espera de que le abriesen. Con un gesto anonadado Robinson se alejó de él y se dirigió a su hogar sin decir palabra alguna.
― «no te preocupes amigo mío, hiciste lo correcto, a decir verdad, se lo merecía» ― la voz de su amiga imaginaria ahora era más tranquila y serena. Se encontraba observándolo con cariño y tristeza por verlo sangrar el labio.
Era la primera vez en que Paulina inducia a Alfred a atentar contra de alguien; pero no fue la única ocasión, ocurrió otra vez cuando un padre de familia estaba azotando fuertemente a una niña del barrio, sus gemidos se escuchaban en toda la calle.
Alfred miró afuera y observa a una niña corriendo deprisa de un hombre calvo que quería agarrarla para darle con un cable de un aparato eléctrico. El niño al observar a la inofensiva niña corriendo salió de casa por la puerta de atrás sin llamar la atención de la dama que lo cuidaba, cogió un palo grueso de un árbol y esperó el momento en que el señor pasara cerca al suyo, cuando ocurrió eso, el niño lanzó el palo hacia la cabeza del señor haciendo que cayera mareado en el suelo. La situación no termino allí, el niño cogió nuevamente el palo y con ira volvió a pegarle constantemente al señor, y de no ser por los vecinos la historia hubiese podido llegar a grandes consecuencias.
Ante el nuevo aspecto agresivo de John Alfred, los padres decidieron llevarlo a terapias psicológicas para darle más vigilancia. Aquellas acciones no le gustaban a Alfred y comienza a cambiar de comportamiento, volviéndose rebelde y planeara otro escape.
En la segunda ocasión toma algunos viáticos de la casa y los guarda en un morral. Una noche se escapó por la ventana hacia las afueras de Oregón, por fortuna su escape fue interferido por un policía que lo encontró por los alrededores de un bosque natural buscando un lugar donde dormir.
Culminada la historia, el señor Cristopher se levantó de su asiento y deja la taza de café en la mesa del doctor Roslener, luego se dirigió hacia la ventana para observar el ambiente donde la neblina aún no se despejaba.
―Lo último que me acaba de comentar es realmente preocupante señor Rigan, estos síntomas impulsivos y sus comportamientos me hacen pensar que su hijo pueda padecer de esquizofrenia, aunque no es del todo seguro.
― ¿esquizofrenia? ¿en qué consiste eso? ― El señor Cristopher se dirigió nuevamente hacia su asiento con preocupación.
―Como le he dicho anteriormente, es solo una suposición; pero la esquizofrenia es un trastorno mental grave que afecta al paciente deteriorando sus capacidades en diversos aspectos psicológicos, como el pensamiento, la percepción, las emociones o la voluntad. Además, los pacientes esquizofrénicos pueden perder el contacto con la realidad, sufrir alucinaciones, delirios y tener pensamientos anormales.
―No logro entenderle muy bien doctor Roslener.
―Vera usted señor Cristopher, es una enfermedad muy extraña, el origen de la esquizofrenia no se conoce con certeza. No obstante, los factores responsables del trastorno pueden asociarse con alteraciones precoces del desarrollo del cerebro, predisposición genética, infecciones del embarazo y complicaciones del parto.
―Dudo que sea eso―debatió Cristopher, el parto de mi hijo salió muy normal, su coeficiente intelectual es alto y nadie de mi familia o de la de Sonia ha sufrido trastornos cerebrales.
―Entiendo bien su preocupación Señor Cristopher; pero hay algo que me preocupa, estas patologías en la mayoría de los casos son subjetivos, es decir, sólo el paciente los experimenta, por lo que no pueden comprobarse. Deseo expresarle que tienen dos síntomas: los positivos son manifestaciones anormales que experimentan los pacientes, como observar cosas que no existen o pensar que ocurren cosas que no son verdad; también están los negativos: consisten en aquellas manifestaciones donde el sujeto está perdiendo capacidades para pensar, sentir o realizar cosas con normalidad, como el abandono del cuidado de sí mismo, frialdad hacia los demás, indiferencia o desinterés por todo. Hasta ahora veo que los síntomas son positivos; aun así, su comportamiento es preocupante, sus dos fugas y su estado por querer hacerle daño a las personas a pesar de que tal vez lo merezcan. Lo anterior puede explicarse debido a que el individuo imaginario puede convencer al paciente de que haga cosas malas y eso en un joven de 13 años es realmente alarmante.
―Comprendo su punto doctor Roslener, por eso hemos venido a acudirlo, ¿ahora qué podemos hacer?
― Bien, en este caso el doctor Mirko y la doctora Paola de la Rosa nos servirá de gran ayuda, necesitamos analizar detalladamente a su hijo para comprobar si no sufre de delirios, es decir ideas erróneas de las que solo el paciente está convencido; ya sabemos que ha tenido alucinaciones porque percibe algo que no existe y oye voces, también debemos mirar a fondo si su lenguaje es comprensible o tiene otro tipo de alteraciones como el deterioro de las emociones o aislamiento; sintomatologías de un individuo esquizofrénico.
―Entiendo la situación doctor; pero dígame, en caso de que sufra esa enfermedad ¿se puede curar? ―expresó llorando Cristopher
―Debe comprender Señor Rigan que no estamos tratando con una fiebre o una enfermedad congénita, los trastornos mentales son en verdad bastante graves, no sabemos cuál es su raíz. La esquizofrenia no se puede prevenir; sin embargo, si el paciente sigue el tratamiento prescrito por mis especialistas, los síntomas sí pueden evitar. De hecho, si el paciente abandona el tratamiento es probable que muchos síntomas reaparezcan.
Podemos ayudarle con la psicoterapia de apoyo en caso de que fuese necesario, apoyarle en técnicas conductistas, tales como el entrenamiento de habilidades sociales. El tratamiento de la esquizofrenia es farmacológico, principalmente con neurolépticos o antipsicóticos, tal vez deberíamos usar estos medicamentos que nos puedan ayudar de corregir desequilibrios de los neurotransmisores, sobre todo la dopamina, y aliviar los síntomas positivos de esta enfermedad; sin embargo debe usted ser consciente de que pude traer consecuencias como el riesgo de suicidio o agresión hacia otros, y si estamos tratando con el subtipo de esquizofrenia catatónica puede estar indicado el tratamiento con electroshock la cual es muy criticada; pero muy eficaz.
―Es verdaderamente cruel lo que usted me dice Doctor Roslener, usted me habla como si ya está dando por hecho que mi hijo sufre de esta enfermedad.
―No estoy asegurando nada señor Rigan, solo le explico cómo es el tratamiento de la esquizofrenia; usted no tenía el conocimiento de la enfermedad, ahora le expreso lo más relevante para concientizarlo en lo que pueda ocurrir. De hoy en adelante dejare a su hijo en buenas manos, mis especialistas son los mejores del hospital y estoy del todo seguro que haremos todo lo posible para no lastimarlo ni someterlo a exámenes que lo perjudiquen.