capítulo 9

La casa victoriana de Elizabeth Greifol ubicada en Nob Hill era un hogar color rojo sangre con algunas decoraciones de gárgolas, fuentes de agua cristalina decorada de estatuas que hacían lucir el lugar realmente tétrico.

El peculiar lugar no fue difícil de encontrar a pesar de que se hallaba en las afueras del barrio donde también vivía Sonia Rigan. Habían arribado al sombrío lugar al medio día a pesar de que el clima estaba lluvioso sin tener algún conocimiento de encontrar a la dueña del hogar para atenderlos.

Protegido por una reja negra de acero, Alfred observó desde el otro lado el inmenso hogar rubí en cuyas ventanas no se podía observar movimiento alguno por las cortinas blancas que la cubrían.

Sin perder tiempo, el joven presiona el timbre de la entrada y espera una pronta respuesta. Después cuatro timbres, salió de la puerta negra una dama de estatura alta con una vestimenta oscura que la hacía lucir como una bruja.

Caminando despaciosamente por la pequeña calle de piedra, la dama de cabellera rubia y larga se dirigió con un paso rítmico hacia la entrada mientras se veía menear su bella cintura.

―Buenas tardes ¿A qué se debe tanta insistencia? ¿En qué les puedo colaborar? ―la dama de ojos azules claros alzo su ceja delineada y sus labios color carmesí sonreían pícaramente.

―Mil disculpas, ¿Es usted Elizabeth Greifol? ―Alfred comenzó a sentir una corriente extraña en su espina dorsal cuando la dama lo mira detalladamente.

―Así es caballero, a sus órdenes―Elizabeth seguía observándolo con picardía como tratándolo de hipnotizar o atemorizarlo. El viento comenzó a soplar fuertemente y las hojas secas que había en el amplio patio de Elizabeth comenzaron a alzar vuelo. Desde el otro lado de la reja Alfred contempló en la escultura en forma de bailarina de valet a una muñeca de cabellos rizados que también parecía observarlo fijamente con sus ojos azules.

Lorraine al notar que Alfred se encontraba perdido en sus pensamientos, se dispuso a entregar las cartas de los hermanos Leverson a Elizabeth para las leyese. La hermosa rubia adquirió las dos cartas mientras escucha las palabras de la doctora que le explicaba el motivo de la visita, posteriormente sonríe y abre la reja para invitarlos a entrar.

―Esto es interesante. Deben ser personas de confianza para los Leverson, ellos no entregarían una carta para mi abuela tan fácilmente a un desconocido. Me alegra saber que se encuentran bien, en verdad son un encanto, en la carta me piden que los visite; pero lo considero poco probable ya que pueden dejarme en ese tétrico lugar―Elizabeth mira nuevamente con interés a Alfred una vez terminada la lectura de los Leverson―. Tu rostro me parece realmente familiar caballero, dime tu nombre.

Alfred se presentó cordialmente y explica brevemente lo que los hermanos Leverson habían dicho sobre ella, posteriormente le explica algunos detalles sobre lo acontecido con Lily, Brenda e Isabel para luego pedir su ayuda.

―El mundo es demasiado hermoso; pero patéticamente pequeño. Hasta que por fin te conozco John Alfred Rigan, se mucho de ti, adelante pasa, te ayudare un poco, hoy me coges de buen genio―Elizabeth los guía por la casa donde se sentía un ambiente tenso y frio con un olor ciertamente peculiar.

―Adelante, síganme― la cortesana de voluptuosa cadera dirige a sus invitados hacia la puerta de madera negra por un pequeño camino de piedra. En los alrededores Alfred detalla con más precisión las temibles gárgolas y el monumento en forma de bailarina donde la muñeca ya había desaparecido.

La puerta negra se abrió de par en par. Al otro lado del hogar se encontraron con objetos realmente antiguos como los faroles de cristal que alumbraban todo el lugar. El piso era de madera fina y estaba totalmente brillante, en los alrededores se observaban velas de incienso que esparcían su peculiar aroma por el ambiente. La dama hizo entrar con ligereza a los invitados hacia dentro, la puerta principal se cerró de un golpe y luego Elizabeth se dirigió hacia una enorme sala en cuyas paredes había cabezas de animales y telas con tejidos asiáticos.

―Ahora puedo atenderlos con más tranquilidad. Es algo cautivante tu historia pequeño Alfred, no pensé conocerte en estos aprietos, pobre chico―la familiar actitud de Elizabeth hizo que Alfred se sintiera incómodo. La dama se sentó en el suelo y de la gran mesa tomó una gran pipa negra donde colocó un poco de opio para fumarlo.

―Si comprende mi situación y el peligro que corre mis seres queridos, por favor te pido que me digas si sabes algo de Ariana Brum y me expliques como sabes de mí.

Una fuerte risa surgió de la nada por parte de Elizabeth Greifol, la dama inhala una gran cantidad de la yerba y lo vota en forma de aros, luego mira a Lorraine con detenimiento y expresó:

―Calma pequeño, ¿Crees que te daré información tan fácilmente? ―un fuerte sonido proveniente de un reloj se escuchó muy cerca de la sala, Alfred dirigió su vista hacia el artilugio encontrándose nuevamente con la muñeca rubia recostada en el travesaño del ruidoso aparato. Al otro lado estaba Paulina mirando al juguete con algo de miedo―. Te daré información a cambio de algo muy simple, dame un poco de tu sangre, una prenda de tu ropa o una joya y así saciare todas tus inquietudes.

― ¿Acaso está loca?, Alfred no lo hagas, esas cosas que ella pide sirven para hacerte hechizos.

― ¡Vaya! Vuestra compañía sabe de qué hablo, dime ¿Es tu noviecita? ―Nuevamente Elizabeth comenzó a sonreír frenéticamente.

―La doctora Lorraine es para-psicóloga, ella me está dando mucho apoyo y quiere conocer un poco sobre tu abuela.

―Ambos requieren información de mi abuela, de la dama que llamas Ariana Brum y de tu maldición, ¿Se me escapa algo? Es mucha indagación para dar, ¿qué debo hacer? Puedo hacerme la vista gorda y echarlos, o pueden obedecer mis caprichos y escucharme.

Sin tener otra opción, Alfred entrega su camisa y un anillo obsequiado por su madre. Lorraine por su lado entrega sus pendientes y un reloj de mano muy lujoso. Elizabeth recibió los objetos con interés y luego invita a sus compañías tomar asiento en el suelo, nuevamente surgió un fuerte estruendo muy cerca de la sala donde había caído un florero de la mesa. Alfred dirigió la vista hacia el inmenso reloj de antes donde la muñeca no se hallaba allí, posteriormente mira a la izquierda y encuentra a Paulina recogiendo flores esparcidas por el suelo con delicadeza.

―Siento mucho el ruido, Roxana es un poco inquieta.

― ¿Quién es Roxana? ―Lorraine se sentía incomoda por una presencia cercana a su lado, la piel comenzaba a erizarse y los labios a resecarse, luego sintió un fuerte viento detrás de ella. Dirige la vista hacia atrás y se encuentra a la muñeca de cabello rubio y vestido blanco mirándola fijamente.

―Ella es Roxana, creo que le agradas― Elizabeth sonrió tranquilamente al ver la sombría muñeca ―. Te convido a que la cojas y ponla en tus piernas, acaríciale el cabello y se tranquilizara, a ella le encanta eso.

―Y ¿si me niego a hacerlo?

―No creo que quieras verla enojada ¿o sí? No respondería porque te busque en las noches y juegue contigo a su voluntad―Lorraine con un sudor frívolo cogió la muñeca cuidadosamente y la puso en las piernas como lo había indicado Elizabeth, luego comenzó a acariciarle el cabello suavemente notando que parecía cabello humano. En ese instante la cabeza de la muñeca comenzó a girar sobre sí mismo, ahora el rostro estaba al frente de Lorraine y empieza a decir la palabra mamá una y otra vez.

―Cálmate Roxana, estoy atendiendo una visita, más tarde jugare contigo― de inmediato la cabeza de la muñeca giró nuevamente hacia adelante y su tétrica voz calló―. Ahora sigue mi última petición, les entregaré una aguja y un recipiente de cristal, tómenlo con cautela, pínchense un dedo y dejen caer unas gotas de sangre, luego entréguemelo y seré toda suya.

―Antes de hacerlo Elizabeth quiero saber porque nos obligas a esto ¿No es suficiente con los objetos entregados? o ¿No te confortas con las cartas mandadas por los hermanos Leverson?

―Qué mujer tan intrigante tenemos en casa. Está bien, esa duda se la responderé gratis. En verdad me coges de buen genio, de no ser así las cosas estarían pasando de otra manera. Esta petición no lo hago solo con ustedes, también la realizo con todas las personas que acuden ante mí. Ya sabes, muchos saben de mi trabajo como bruja y vidente, aunque debo admitir que también me buscan porque soy actriz de teatro. Amo las marionetas como lo pueden notar con Roxana; pero mi reputación como bruja es más alta, situación que no me alaga mucho. Ahora bien, esta sangre dada por ustedes es un sello de seguridad. Lastimosamente algunos hombres se obsesionan de mí, otros quieren hacerme daño porque mi trabajo no sale como ellos desean. Los seres humanos son un poco inconformes con lo que desean, ellos nunca comprenden contratiempos de este trabajo ¿le queda claro?

Lorraine afirma las palabras de Elizabeth al notar que la dama comenzaba a impacientarse y realizaba muecas de fastidio. Ahora había comenzado a masticar el opio y mantenía el bocado por un tiempo para luego escupirlo en un recipiente de madera.

Con mucho cuidado Alfred y Lorraine pusieron las gotas de sangre en el recipiente de cristal. Aunque la doctora no se encontraba muy convencida en hacerlo, decidió en ayudar a su compañero que lo notaba desesperado por su situación.

Elizabeth guarda los recipientes en un baúl donde había más frascos llenos del líquido rojo, luego solicita a Lorraine que le pasara a Roxana para ponerla a su lado. La dama alza la muñeca con cuidado y se la entregó a la rubia que sonreía con cortesía y algo de desquicio.

―Ya que están hechos todos los protocolos, puedo contestarle lo que desean saber ¿Por dónde quieren empezar?

―Necesito saber cómo me conoces y donde puedo encontrar a Ariana Brum

―Era de esperarse que empezáramos por ese punto― Elizabeth se levantó del suelo sosteniendo el traje largo color oscuro. Posteriormente se dirigió hacia una biblioteca donde había una gran cantidad de libros antiguos y portarretratos. De ese lugar la dama adquiriere tres portarretratos y regresa a su posición, luego puso los tres portarretratos en la mesa para que Alfred los viese

Las tres fotos eran antiguas. En la primera se encontraba una niña de piel trigueña y cabellera castaña acompañada de una dama alta de cabellera rubia y un hombre de piel trigueña. La segunda foto era muy familiar a la facilitada por los gemelos Leverson, en el retrato se observaba la misma dama con una niña rubia en compañía de Leonisa Greifol. En la tercera foto se hallaba algo que dejo atónito a Alfred Rigan. En ella encuentra Ariana de la mano con Elizabeth Greifol en compañía de la anciana Leonisa cerca de la torre Eiffel.

―Su verdadero nombre es Ariadne Brum Greifol, es un secreto que nunca te revelo. Nació en Francia, en esa época mi madre vivía en Paris y allí conoció a un hombre con el que tuvo una relación de varios años. De ese amor nace mi hermanastra Ariadne. Un tiempo después mi madre se separa de ese caballero y regresa a Estados Unidos donde luego se casa con mi padre, de esa relación nací yo y mi hermano.

― ¿Hermano? No sabía que tenías un hermano y no puedo creer que Ariana me haya ocultado esta historia.

― ¿En verdad no lo sabias Alfred? ― Lorraine contemplaba a Alfred cohibido ante los oscuros secretos que Ariana le había ocultado.

―A ella no le gustaba hablar de su pasado; pero esto explica muchas cosas.

―Peculiar de mi hermanita. Ella es un poco más reservada y alejada de la familia Greifol. Casi siempre se presentaba con el apellido de su padre y niega su procedencia, eso me molestaba; pero no le generaba alguna incomodidad a mi abuela Leonisa o a mi madre.

― ¿Qué ocurrió con tu madre? Y ¿Dónde está tu hermano?

―Nos estamos desviando de la primer pregunta inquieta dama―Elizabeth miraba a Lorraine con fastidio― Mi hermano se llama Daniel, más conocido como el caso 446. Para mí él es un genio al igual que lo es mi abuelita. Mi madre murió hace mucho, aunque algo de ella queda conmigo―Elizabeth contempla de reojo a la muñeca rubia que se encontraba totalmente quieta.

―Esta ella con nosotros ¿No es cierto? Esa debe ser la energía que presiento desde hace mucho y me inquieta.

―Así es Lorraine, está aquí sentada con nosotros. Me dolió mucho la perdida de mi madre, así que ate su alma en esta muñeca para que estuviese conmigo hasta la eternidad.

― ¿cómo pudiste hacerlo Elizabeth? Has privado a tu madre al descanso eterno.

―y ¿quién eres tú para decírmelo? ¿ya comprendes porque no puedo ir al hospital de Oregón? O ¿por qué no puedo hablar con personas de tu clase?

―Por favor tranquilízate Elizabeth―Alfred trata de apaciguar la charla entre Lorraine y Elizabeth al notar que la bruja se estaba comenzando a impacientar―. No venimos a discutir tus actos, solo quiero tu ayuda para buscar a Ariana.

―En verdad eres bello Alfred, ya veo porque Ariana te quiso, o te quiere. Por lo que veo se apegó mucho de ti, ese hechizo que hizo es un poco avanzado; pero tal vez pueda deshacerlo.

― ¿Hablas en serio Elizabeth?

―Por supuesto mí querido, claro está, a cambio de algo― nuevamente la dama comenzó a reír frenéticamente haciendo que Lorraine la mirara con desgana.

― ¿Qué deseas de mí? ― Alfred con tristeza miraba a Elizabeth disfrutando del momento―. No tengo dinero y no creo que haya algo que pueda ofrecerte.

―Yo sí creo que puedes darme mucho amorcito ―Elizabeth miraba con morbo al joven Alfred, Lorraine por su lado comenzaba a ruborizarse y sentirse incomoda por la propuesta indecente de la dama.

―Percibo que tu acompañante no aprueba del todo mis deseos. Está bien, mi solicitud es bastante simple, debes entregarle una carta y una gema a los Leverson, será para la buena suerte y protegerlos. Además de eso quiero que nos encontremos en este lugar a horas de la noche para deshacerte el hechizo

―Acepto tu propuesta, ahora deseo saber dónde está Ariana.

― ¿Para que la necesitas si puedo deshacerte el hechizo? ― cuestiona con intriga Elizabeth.

―Es importante hablar con ella y detener su locura para que no me vuelva a molestar.

―Comprendo su punto de vista. Temo decir que su paradero es desconocido. Creo que puede encontrarse en cualquier ciudad de Francia. La persona más cercana a ella es Robert Greifol; pero él se encuentra en Noruega. Puedo decirte como encontrarlo a él y tal vez tengas suerte para encontrar a mi hermana.

―Estará bien poder ir a ver a tu tío si el hechizo no se deshace ―añade Alfred resignadamente.

―Me gusta tu trato, ahora bien, ¿Qué más desean saber?

―Daniel Greifol y Leonisa, ¿cómo puedo ubicarlos? ¿se encuentran en estados unidos?

―Si Lorraine; pero ellos se mantienen en movimiento. Mi abuela actualmente se encuentra en Kansas. De mi hermano no se mucho, la última vez se encontraba bajo vigilancia en un centro de reposo ubicado en Nueva York.

― ¿Sabes quién vigila a Daniel Greifol? ¿Puedes decirme como encontrar a Leonisa?

―Mi hermano se encuentra vigilado hombre llamado Peter Roslener. Tengo entendido que él era un ex gerente del hospital mental y no creo que el pobre Peter viva por mucho tiempo.

Alfred se sintió abrumado por Paola de la Rosa que se encontraba viajando a Nueva York para hablar con el señor Roslener. El caballero trata guardar la calma y como pudo siguió el hilo de la conversación.

―Es todo lo que puedo decirte señorita Lorraine. Puedo darte la dirección de mi abuela Leonisa; pero no te aseguro mucho que la encuentres. Si tienes suerte de hallarla tendrás que llevarle algo mío, claro está que podre dártelo si me regalas una foto tuya

―Está bien, te la entregare si también me información acerca del escape de Daniel y Leonisa.

―No es mucho lo que pueda decirte amiga Lorraine. Mi abuela y mi hermano se crearon un plan ingenioso donde engañaron a muchas personas, realizaron hechizos y algunos conjuros de posesión. Lastimosamente no todo salió bien porque los pobres hermanos Leverson fueron capturados en la clínica por proteger a mi abuela.

― ¿Con que fin deseaban liberar a los Leverson?

―No me hagas reír Lorraine ¿Acaso no sabes el honor y los beneficios que se tienen al ser parte de la familia Greifol? Tenemos un gran poder para querer manipular el mundo a nuestro gusto. Mírame, a mí me buscan por matar a muchos hombres que se obsesionaron de mí, y acá estoy tranquila, soy intocable.

―Yo quisiera saber si existe la posibilidad de adelantar el proceso para eliminar el hechizo que me abruma―Alfred interfirió con preocupación la conversación al notar a Lorraine con un gesto preocupado.

―Por mí no hay ningún problema amor mío, déjame ver si tengo lo que necesito ―Elizabeth volvió a levantarse del suelo y se dirigió hacia un stand de vidrio donde había una gran cantidad de frascos y extraños artilugios―. Por acá veo una turquesa, no sé si la conozcas, es una piedra de gran alcance usada para realizar curaciones. También tengo turmalina negra, una piedra capaz de expulsar las energías psíquicas negativas y mantiene al portador en contacto con la madre tierra. Veo por aquí lapislázuli, es eficaz a la hora de aumentar los poderes psíquicos y dar claridad espiritual, además, es esencial a la hora de trabajar en hechizos caseros. Por aquí veo granate, la necesitare para mejorar el éxito en tu vida.

Dejando a en la mesa las extrañas piedras de diferentes colores, Elizabeth volvió al stand para seguir buscando objetos.

―Necesito una fotografía de Ariana, eso no es difícil; pero no tengo una fotografía tuya. Por acá poseo un pedazo de papel de pergamino, también tengo un trozo de hilo negro, vela rosa y un palillo para escarbar los dientes. Tienes suerte amigo Alfred porque lo tengo casi todo. Tráeme una foto tuya, por hay derecho trame la foto de tu compañera. Tal vez hoy seas un hombre libre― Expresa Elizabeth mientras se escuchan unos platos caerse de la cocina.

No muy conforme con la poca información dada por Elizabeth Greifol, la doctora Lorraine se resignó a esperar la información sobre ubicación de Leonisa Greifol después de entregar su fotografía. Alfred por su lado agradeció la ayuda prestada a la bruja que reflejaba cierto interés en el joven y le sonreía con picardía.

Sin perder más tiempo Alfred y Lorraine se dispusieron marcharse nuevamente hacia sus hogares por las fotos que necesitaba Elizabeth Greifol. Antes de partir la dama les impidió la salida a Alfred obstaculizando la puerta con su cuerpo, anonadados por lo que observaban dieron un paso a atrás mientras escuchaban a la hechicera realizar un cantico en latín bastante estremecedor.

―Ahora pueden partir tranquilamente. He realizado un pequeño conjuro de protección, cuando Alfred regrese lo anulo―Elizabeth abrió nuevamente la puerta negra para que Alfred y su compañía salieran del lugar. El ambiente exterior estaba frívolo y comenzaba a caer una leve llovizna helada. Las fuentes de agua habían comenzado a funcionar y el viento aterecía los pasos de los visitantes hacia la salida. Una vez cerca de la reja escucharon unos pasos ligeros hacia ellos, miraron hacia atrás y se encontraron con Roxana nuevamente en la fuente de la bailarina.

Paulina había desaparecido desde hacía un par de horas. Su ausencia tranquilizaba un poco a Alfred y le generaba un buen indicio de que todo estaba por mejorar, aunque a un precio realmente costoso.

En la carretera Alfred observaba de reojo a Lorraine con un gesto de preocupación. La actual apariencia de la dama era notablemente diferente ya que se había enclaustrado en un pensamiento no muy optimista por haber entregado objetos a una mujer con conocimientos en las artes oscuras por un cambio no muy considerable.

―Te noto preocupado por mi estado actual Alfred. Debes entenderme, ahora me siento en riesgo con Elizabeth.

―Siento mucho involucrarla en este asunto, si deseas, puedes olvidar todo este asunto, yo prometo deshacerte de todo mal―añade Alfred con ternura y toma la mano de Lorraine.

―Por ningún motivo te dejare solo, ahora debemos terminar lo que se ha empezado.

Muy pronto llegan a la casa de Lorraine donde le entrega un pequeño portarretratos dorado, en él se hallaba una foto de Lorraine vestida con un traje azul que la hacía lucir realmente angelical. En aquella fotografía ella tenía muchas facciones parecidas a Penélope porque tenía la cabellera más larga y sus anteojos eran gruesos.

Alfred agradece a Lorraine por la foto, posteriormente se dispone buscar un taxi para partir a su hogar, en ese instante el teléfono de Lorraine comenzó a sonar y Lorraine se dispuso a atender la llamada.

―Buenas tardes, hablas con Lorraine Walts ¿Cómo puedo servirte?

―Hola querida amiga, se comunica con Paola de la Rosa, ¿se encuentra Alfred en tu casa? ―expresa la doctora bajo un estado alterado.

Atónita por el estado de la doctora de la Rosa, Lorraine le pasa el teléfono a Alfred y se quedó a su lado para saber qué había pasado.

― ¿hola?, ¿doctora de la Rosa? ―Alfred escuchaba al fondo a la doctora llorar incesantemente y trata calmarse para hablarle.

―Alfred, temo decirte que el doctor Roslener está muerto, yo estoy en Nueva York, la noticia la recibo en su oficina donde lo encontraron degollado.

―No puede ser doctora, ¿Se sabe quién pudo matarlo?

―Por el momento se desconoce el asesino, actualmente me encuentro realizando las diligencias para sus exequias, estaré un par de días en la ciudad.

―Por favor doctora tenga cuidado, es posible que el asesino vaya detrás de usted.

―Lo tendré presente Alfred, por ahora debo dejarte porque el forense me está llamando―Paola colgó el teléfono dejando intranquilo a Lorraine y a Alfred por su bienestar.

Alfred Rigan se marcha preocupado a su casa para buscar una foto suya, posteriormente regresa a la casa de Elizabeth Greifol en un taxi.

De regreso en la casa Greifol, Alfred toca nuevamente el timbre en espera de que la bruja apareciese.

―Sea usted otra vez bienvenido― Expresa Elizabeth con una sonrisa pícara mientras abría la reja y toma de la mano a Alfred para guiarlo hacia el interior del hogar.

El interior estaba más tranquilo por la ausencia de Roxana y de Paulina que había desaparecido desde

la primera llegada a la residencia de Elizabeth. Aquello genera una cierta paz en el estado anímico de Alfred como también se siente confiado para dejar su destino en las manos de la bruja.

―Ahora que estamos solos ya puedo complacerme un poco más de tu compañía― Elizabeth se acercó lentamente hacia el rostro de Alfred y lo agarró fuertemente para darle un beso.

―Por favor no hagas eso― Alfred se alejó de la dama al escuchar su risa histérica.

―No creo que tengas el poder de decidir en esta noche. El beso te lo di para anular el hechizo que te impuse cuando partiste, aunque si lo deseo puedo darte muchos más y deberás obedecer porque tu destino depende de mí―Elizabeth se quitó despaciosamente su vestido negro mostrando su delineado cuerpo pálido ante los abrumados ojos de Alfred.

Elizabeth toma las manos de Alfred fuertemente y el joven seguía el juego sin tener alternativa alguna. Poco después comienza a sentirse extasiado ante el majestuoso cuerpo de la sensual dama; pero sus deseos se interrumpen al recordar a Lorraine Walts, a la cual parecía comenzarle cogerle un gran cariño.

―Quiero que me complazcas amor, luego hare mi trabajo.

―No deseo hacerlo; en primera instancia temo que Ariana te haga daño, y segundo: puede que el demonio te pueda perseguir―Elizabeth sonrió frenéticamente mientras se sentaba en el sofá y se tocaba sus delineadas piernas.

―No te preocupes amor mío, tengo las suficientes herramientas para que mi hermana no me haga daño, además si te portas bien puede que te proteja, ahora ven aquí―Elizabeth acercar a Alfred con sus largas uñas, el joven se sentó a su lado y cerró los ojos mientras la sensual dama le quitaba la ropa despaciosamente.

Alfred comienza a sentirse extasiado y empieza a acariciar los sensuales senos de la dama, ella por su lado acaricia su abdomen y la entrepierna, poco después estuvieron completamente desnudos para luego sumergirse en un frenético éxtasis que dura alrededor de una hora donde Elizabeth gime con placer y comienza a lacerar la espalda de Alfred con sus uñas.

Sumergidos por el cansancio y el sudor, Alfred contempla a Elizabeth dirigirse hacia el baño para ponerse un vestido más liviano y transparente donde se podía observar sus delineados senos. Era ya de noche cuando la bruja comienza hacer el conjuro en la sala donde la muñeca Roxana pareciese haber desaparecido para siempre.

Lo primero que hizo Elizabeth fue agarrar el escarba dientes para escribir el nombre de Alfred y el de Ariana sobre la cera de la vela. Posteriormente la dama la enciende y recubre la llama con sus manos mientras comienza a decir un extraño cantico donde mencionaba los nombres de Ariana y Alfred.

Sin comprender lo que sucedía, Alfred contempla a Elizabeth sujetando el lápiz para escribir el nombre suyo y el de Ariana en el papel de pergamino, luego vierte la cera en los nombres hasta que estuviesen completamente cubiertos, después deja la vela a un lado y envuelve las fotos en el papel de pergamino para luego atarlo con un hilo.

―Voy en la primera parte. Siento una energía maligna rodeándote que se encuentra bastante turbulenta; pero es normal su comportamiento, ahora traeré un objeto muy útil que nos servirá para saber si el conjuro será efectivo―Elizabeth se dirigió hacia el segundo piso con prisa, nuevamente comenzó a escucharse ruidos por los alrededores, Alfred mira por todos los lados porque se sentía inquieto al sentir alguien cerca, en ese instante reaparece Paulina en la sala y lo contempla con consternación.

Elizabeth baja nuevamente las escaleras con una baranda de una madera extraña, se sentó al frente suyo y coloca la baranda en posición horizontal sosteniéndola por unas pequeñas piedras multicolores, nuevamente cerró los ojos para recuperar la concentración.

―Ahora te explicare que pasara ahora, si el conjuro funciona la baranda se romperá, de lo contrario se mantendrá intacta― Elizabeth espera que la vela se consumiera sola; sitúa el paquete de las fotos debajo de la mesa y espera que desaparezca. Poco después de que la vela se consumiera Elizabeth abrió los ojos y mira debajo de la mesa, efectivamente el paquete había desaparecido haciendo que Alfred se sintiera cohibido ante los sucesos.

Tanto Elizabeth como Alfred se vistieron y esperan que el conjuro culminase. El hogar se sentía muy tenso y desde el segundo piso se sentían pasos fuertes como si fuesen pisotones. Después de vestirse se dirigieron hacia la cocina para tomar un café, en ese momento la dama nota que el pocillo se estaba comenzando a desfragmentar. Sin entender lo que sucede vuelve a la sala junto con Alfred donde encuentran a Roxana sentada en el sofá con la cabeza agachada y las pequeñas manos agarraban con fuerza el cojín como si estuviese enfurecida.

La respuesta del conjuro no fue positiva. Una fuerte presencia empuja al suelo a Elizabeth Greifol haciendo que comenzara a sangrar por la nariz, Alfred se dispuso a socorrerla y escuchaba los portarretratos de la pared caerse en el suelo y los vidrios quebrarse.

Una ventana se abrió fuertemente y el viento del exterior apaga los candelabros, pronto la extraña presencia se acerca hacia Elizabeth y la posee, pronto el cuerpo de la mujer se torna más pálido, ahora sus ojos se emblanquecen, comienza a convulsionar y a votar saliva espumosa.

Anonadado por lo que estaba aconteciendo, Alfred trata dirigirse hacia el teléfono para pedir ayuda: pero sus pasos fueron interferidos por las manos de Elizabeth.

―Eres realmente patético amor mío; pero también eres realmente valiente al buscar ayuda de mi hermana― expresa Elizabeth con una voz gutural que

pone intranquilo a Alfred y le genera escalofríos.

― ¿Estas sin palabras amor mío? Temo decirte que tu estrategia no va ser efectiva. No te liberare tan fácil, para que eso suceda deberás buscarme y obedecer mis órdenes, de lo contrario mataré a todo lo que amas sin piedad.

― ¿Eres Ariana? Por favor déjame tranquilo, yo no te hice daño y no merezco esto―Elizabeth comenzó a retorcerse más y a reírse eufóricamente

―No hago esto porque me hallas echo daño. Siempre fuiste un caballeroso; pero en nuestra relación le dedicaste mucho tiempo a otras personas y me dejaste sin razón alguna cuando más te amaba. Eso nunca lo acepte, por eso elabore esta estrategia que la llevare hasta el final, así que no me importa matar a mi hermana si es necesario

―Por favor no le hagas daño, escucha, dime donde te encuentro y hablaremos con calma.

―Búscame en el norte…― la presencia se desapareció como un rayo, ahora Roxana se encontraba al lado de Alfred observándolo fijamente y le agarraba el pantalón con sus pequeñas manos. El joven comenzó a sudar ante la inquietante muñeca que le generaba terror, además de eso comenzó a sentir alguien lamiéndole su cuello.

― «Mon amour, hoy perdono que hayas tocado el cuerpo de mi hermana; pero la próxima te ira muy mal» ― Alfred mira de lado para encontrarse el rostro de la Eliade y su larga lengua que le tocaba el cuello, en ese instante Alfred comenzó a delirar y cayó en el suelo desmayado a un lado de Elizabeth Greifol.