TENTACIÓN

“¿Por qué me has traído a este lugar de nuevo, Merak? ¿no te ha bastado con lo que me has hecho pasar? Me atormentas poniéndola frente a mí y me niegas el poder ver su rostro, esperas convencerme de quedarme contigo chantajeándome al jugar con las emociones del anterior portador que aún están a flor de piel en mi cuerpo y en mi mente. Déjame adivinar ¿planeas llenar de esperanzas la miseria de vida que pasó el primer rey una vez que tú y yo nos fusionemos, no es así?”

El príncipe reconoció el lugar de inmediato, era la cueva con la laguna de cristales de fuego donde supo de la existencia de la elegida por primera vez.

Su rostro aún estaba cubierto en lágrimas, sus manos y piernas temblaban por el shock, su garganta y pecho dolían, como si tuviera una piedra presionando su tórax, tomaba bocanadas de aire, pero no lo sentía llegar a sus pulmones.

Leves rayos de luz de la luna roja comenzaron a iluminar el final del corredor rocoso, pétalos esporádicos caían sin origen aparente y el leve aroma floral comenzó a sentirse, aliviando un poco su pesada respiración.

De alguna manera el aroma le dio confort, poco a poco su cuerpo perdió rigidez y su mente se aclaraba.

Miró el pasillo levemente iluminado.

 “” se dijo, “”

“ALTEZA”, la voz de Merak retumbaba en las paredes.

“No iré”, respondió el príncipe.

“¿A qué le temes, alteza?”

“¡No le temo a nada!”

“No lo parece”

“Te estas esforzando demasiado en tentarme Merak, no me cansaré de repetírtelo, no me quedaré contigo, pero… ella…”

La voz del príncipe se apagó con esas dos últimas palabras, por un instante lo único que se escuchaba en el estrecho pasillo fue el sonido de la gota intermitente cayendo en el agua.

“Si no te quedas conmigo, tampoco podrás quedarte con ella”, respondió Merak finalmente.

“Ja, me estas confirmando de que existe una forma de que cambies de portador, igual sé que no me lo dirás, en cuanto a la vida del cazador, también sé que me mostraste solo que te convenía, ella murió en sus brazos, jamás experimenté tal dolor antes, ni siquiera la desaparición de mi hermano me ha resultado tan tormentosa, en este momento, no sabes cuánto te odio por hacerme vivir tal agonía, Merak”.

Los ojos del principie se llenaron de odio hacia la criatura de la cual solo podía escuchar su voz.

“Egoísta, porque si quien despierta es la falsa diosa, ese dolor que has experimentado es lo que le espera al primer príncipe, incluso llegaste a expresar que si ella era un peligro la acabarías con tus propias manos, ya eres consciente de la importancia de la elegida y aun así insistes en evadir tu destino, aparte de cobarde, eres egoísta, alteza”.

“¡No soy un cobarde y mucho menos egoísta! Y sí, por el bien de mi hermano y en caso de que sea un peligro acabaré con ella antes de que él sepa de su existencia, jamás dejaré que Asher pase por tal cosa como tú lo has hecho conmigo al hacerme revivir los recuerdos del cazador, ¿Quién es el verdadero egoísta aquí? Sigues ocultándome cosas, ¿por qué preguntaste por mi padre la primera vez que viniste a mí?”

“¡Necio! El fénix es el único que puede detenerla, y tú, alteza, no eres él, tu sangre es la sangre del portador, tu linaje es su linaje, el portador eres tú, nadie más, entonces, has lo que tienes que hacer alteza, demuestra tus palabras con hechos, me obligas a restregarte tu destino en tu cara, ya no hay nada que puedas hacer, incluso con nuestro pacto de esperar por doce años, el llamado ya ha sido hecho”.

“¿Merak?”

Una voz clara y delicada se escuchó al final del pasillo, era casi un susurro, pero al escucharla, el príncipe se enraizó al suelo, olvidó por completo su discusión con el dragón, todo su ser fue invadido por un regocijo indescriptible, era una extraña combinación de alegría, alivio y sorpresa, era ella, la voz que en los recuerdos recién vividos del cazador había escuchado hace décadas, la voz que el cazador tanto añoraba, ahora volvía a deleitar sus oídos.

“Ella ya sabe que estás aquí, te expondré a ella en cada luna roja de las siguientes temporadas hasta que entres en razón, está en tus manos su futuro y el de los cinco reinos, el fénix también aparecerá pronto, él es su verdugo, te seguiré dando una oportunidad, decide ahora, has lo que tienes que hacer, alteza”.

La presencia del dragón dejo de sentirse luego de pronunciar estas palabras.

El príncipe se encontraba en un terrible dilema, obligarse a despertar y no verla, o caer en tentación y correr hacia ella.

Nunca se había sentido tan confundido en su vida, ¿estos sentimientos son suyos o sigue sin desligarse por completo de los recuerdos del cazador?

“Merak, ¿estás aquí? Sé que estás aquí, ¿por qué no te acercas? ¿no quieres… verme? Porque yo… yo si quiero…”

Las barreras que el príncipe había levantado para no sucumbir a ella se derrumbaron como castillo de arena al ser golpeado por las olas.

Sin darse cuenta, sus piernas ya habían traspasado el pasillo y se encontraba dentro de la laguna de cristales con el agua cubriendo hasta sus rodillas, el frío liquido lo despertó de su trance, solo un par de metros lo separaban de ella, mientras un rayo rojo de luz bañaba el cuerpo de la joven que acentuaba las transparencias de sus escasas ropas dibujando una curvilínea silueta, con un largo cabello cubriendo su espalda.

la imagen era tan provocativa que dejó al príncipe sin aliento, pero volvió en si al darse cuenta que ella comenzó a girar su cuerpo hacia él.

“¡No gires!, estoy aquí, me acercaré a ti, pero no debes voltear, aun no se nos está permitido ver nuestros rostros, por favor, mantente de espaldas a mí”.

La joven corrigió su postura de inmediato quedando sentada sobre sus piernas de espalda al príncipe.

Su cuerpo tembloroso hacia crujir los cristales sobre los que reposaba, su ansiedad aumentaba al escuchar el movimiento del agua mientras él se acercaba más a cada paso, los cristales frente a ella solo reflejaban una sombra de lo que parecía ser una figura de estatura considerable y robusta, sin rostro, solo podían distinguirse unos ojos azules brillantes y profundos, los mismos que la hipnotizaron la noche de su cumpleaños, no pudo dejar de escapar un suspiro cuando al fin el movimiento se detuvo acompañado de una leve brisa, él ya estaba allí, a solo unos centímetros atrás de ella.

“Hola” dijo ella tímidamente.

“Hola” respondió el príncipe, con la voz entrecortada, pero ella no lo notó, ella escuchaba la voz de Ángel combinada con el rugido de Merak.

“Merak, Yo… tengo muchas preguntas”.

“No tengo las respuestas”, respondió frio y cortante.

“¿Tienes más preguntas que yo? Porque me da la impresión que al menos sabes algo que yo no, realmente no sé absolutamente nada, ni los concejeros de mi padre parecen tener respuestas claras”.

“Las respuestas nos llegarán a su momento, pero ¿dijiste concejeros? ¿Quiénes son?”

“Es solo una forma de llamarlos, uno de ellos es el medico de mi familia y el otro es el dueño de este lugar”.

“” pensó el príncipe.

“No entiendo todo esto que está pasándome, pensé que si volvíamos a encontrarnos responderías mis preguntas, pero simplemente te niegas a hacerlo, mis padres, ellos tomaron una decisión muy drástica, dicen que es para protegerme, no quiero hacerlo, aunque sea solo en apariencias, yo no quiero… yo, yo no te importo ¿verdad?”

“Eres… más importante de lo que crees”

“Entonces contéstame, contéstame, por favor, porque tengo mucho miedo, ¿Quién eres y que soy? ¿Qué es lo que nos une? Porque siento que te conozco de siempre y esta terrible ansiedad cada vez que pienso en ti y siento que el corazón me estalla y tus ojos me contagian su dolor, su rabia y su tristeza, duele, duele mucho, tengo tanto miedo, miedo de que me lleven lejos, miedo de no volver a saber de ti, ¿Por qué? dime ¿Por qué?”

Las lágrimas y sollozos de la joven se volvieron imparables, el cuerpo de Ángel se movió instintivamente, sintió la necesidad de consolarla y estuvo a punto de abrazarla, sin embargo, se contuvo y dejó sus brazos al lado de cada pierna de la joven apoyando sus manos en los cimientos del nicho, no era propiamente un abrazo, pero aun así la posición era muy cercana e íntima.

Ángel tenía su rostro unos centímetros sobre el hombro izquierdo de la chica, ella cubrió su rostro con ambas manos para que él no la viera llorar, el tirante de su vestido se deslizó de su hombro, esta acción le dio al príncipe una espectacular vista del escote que mostraba unas clavículas claras y definidas y aunque sus senos no eran de un gran tamaño las curvas marcadas resultaban llamativas y tentadoras.

El olfateó su cabello, el aroma lo embriagaba, su boca rosó su oreja, ella sentía su respiración en su cuello, él humedeció sus labios y le dio un suave beso en el hombro, la chica se paralizó al instante, ese acto la tomó por sorpresa, jamás había tenido tal cercanía con un chico, tenía un tinte especial marcado en la piel de su rostro que no era solo por las lágrimas, su hombro ardía y ese fuego se extendía por todo su cuerpo, el calor de sus brazos rozando su cuerpo la estimulaban aún más.

Ángel se dio cuenta de lo que acababa de hacer, se sorprendió tanto o más que ella, se movió lentamente, tratando deponer más distancia entre ellos.

“No llores, todo saldrá bien, debes ser fuerte, pon atención a tus sueños, si escuchas voces instigadoras ignóralas, pon atención a todo lo que te enseñe ese abuelo tuyo, aprende rápido y ten paciencia, no dejaré que nada te pase, voy a protegerte, te doy mi palabra, después de todo, soy tu dragón y tú, eres mi cerezo.”

Él le dio otro beso en su cabeza y se alejó de ella.

“¿Te vas? ¿volveré a verte?”

“Debo irme, por nuestro propio bien, volveremos a encontrarnos, te lo prometo, por favor, haz lo que te he pedido, de eso depende… que podamos… estar juntos.”

“¡MERAK!” gritó ella, se volteó para poder ver su silueta desaparecer en la profundidad de la cueva, pero él ya no estaba.

Cayó al suelo del nicho casi desmayada, las lágrimas volvieron a caer sin control, y sus palabras se repetían en su mente, poner atención a sus sueños, ignorar las voces instigadoras, poner atención a las enseñanzas del abuelo, un momento, ¿el abuelo? ¡Ella no le mencionó que llamaba abuelo al dueño de la cueva! ¿Cómo lo supo? ¡él le dejó una pista! Ella tendrá una larga charla con el anciano antes de partir hacia el palacio cuando amanezca.

En Torre Zafiro, el príncipe despertaba de lo que parecía haber sido un sueño eterno, había estado décadas en el pasado viviendo como el cazador, mientras en el presente habían transcurrido solo un par de horas.

Pero un ‘inconveniente’ lo distraía y ocupaba sus pensamientos, su cuerpo estaba ardiendo, los cristales se evaporaron en cuestión de segundos, agregó a la piscina incluso la doble ración que el rey le pidió al mayordomo que preparara esta última noche de luna roja, pero no fueron suficientes, despertó justo a la hora pico.

Aun podía sentir su aroma, la sedosidad de su cabello y la imagen de su cuerpo marcada por el reflejo de la cueva, la besó, ¿Cómo pudo ser domado por un impulso tan vulgar? Y su escote, ¡dioses! ¿Cómo sacar esa imagen de su cabeza? Su ropa casi transparente, juraría que pudo incluso vislumbrar dos picos coquetos que se movían al ritmo de su respiración, no puede más, ¡está hecho un desastre!

Ya no hay más cristales y el enderezamiento de su entrepierna no cesa, todo lo contrario, se hace más grande, rígida y dolorosa.

Recordó las instrucciones que su padre le dio.

< ¿En verdad tendré que hacerlo?> pensó, “¡Maldición, no puedo más!”

Se acarició los labios, lo consumió el pensamiento de su boca besando su hombro, su mano comenzó a deslizarse sobre su garganta y su pecho, bajó por su abdomen sobre sus marcados oblicuos y despacio se posó sobre su ingle, presionó levemente y por instinto con movimientos de arriba abajo comenzó su exploración al auto placer.