ANCESTROS

“El doctor que trajiste a mis dominios mencionó algo sobre la metamorfosis, ¿sabes en qué consiste?”

Lord Leben no le prestó atención al maestro Zivot cuando mencionó la metamorfosis anteriormente, estaba tan preocupado por su hija que se ensordeció al mundo en ese momento.

“Recuerdo que mencionó algo así, pero en ese momento no le presté atención, no sé de qué se trata, ¿Tú lo sabes ermitaño?”

Heyat hizo una inhalación profunda y exhaló despacio cerrando sus ojos, dio tres pasos al frente para acercarse al Archiduque, y lo miró fijamente a los ojos.

“Como noble debes saber la leyenda del origen del reino de Solheim, se dice que provenimos de una raza con poderes extraordinarios capaces de manipular los elementos a su antojo, pero que con el paso del tiempo esa destreza se perdió, dejando a sus descendientes solo con un pequeño rastro de ese poder, es lo que actualmente llamamos magia y necesitamos invocar conjuros y hacer rituales para poder usarlo, pero cada cierto periodo, aparecen individuos con la capacidad de despertar esas ancestrales habilidades y es a ese repentino despertar al que se le llama metamorfosis, pues no solo sufren cambios en su energía sino también evidentes cambios físicos que muestran los rasgos característicos de dichos ancestros”.

Cada clan que habita en los cinco reinos tiene su rasgo característico que es visible únicamente en los individuos que pertenecen a las tres ramas principales, mientras más baja la jerarquía del individuo, menos será posible distinguir a que clan pertenece.

El cabello plata de los Hekay, piel extremadamente clara y cabello negro azulado con ojos negros en los Kent, cabello rojo fuego en los Targa, la marca en forma de tres gotas formando un triángulo en la frente de los Eyra, cabello rubio oro y ojos celestes en los Serem, piel bronceada y cabello castaño con un mechón blanco en la sien de los Varay y desde luego el color rosa dorado con iris rosa con destellos dorado en la familia real del clan Zenji.

“Estas personas que han sufrido metamorfosis, al no existir nadie que los guie para aprender a usar sus poderes fueron perseguidos e incluso llevados a la muerte por parte de poderosos elitistas y brujos que querían usarlos a su favor para tomar el control del reino, los que sobrevivieron a su cacería fueron consumidos por sus propios poderes al no ser capaces de controlarlos”.

Heyat recordó como a lo largo de estos cinco mil años de prisión en la cueva del monte Dahl, se presentaron frente a él tres de estos individuos, pero ninguno de ellos fue capaz de dominar el Dagna de los cinco elementos, el único que lo logró era un cuarto hombre de 27 años llamado Tove que al saberse poderoso se llenó de ambición y planeaba apoderarse no solo de Solheim, sino gobernar como emperador de los cinco reinos.

Heyat acabó con él engañándolo durante el periodo de luna roja, ofreciéndole una novia inexistente que le esperaría en el claro junto a la cascada al pie de la montaña, luego puso un hechizo en la entrada de la cueva para que este nunca lograra ingresar a refugiarse en la cámara de los cristales.

Finalmente, Tove no pudo controlar su libido y el Dagna de los cuatro elementos en su cuerpo se salió de control autodestruyéndolo, quedando únicamente un montículo de tierra de lo que alguna vez fue su cuerpo.

Esta es la horrible forma en la que los individuos que pasan por la metamorfosis pierden la vida antes de sufrir un dolor indescriptible en el proceso.

Lord Leben entendió de inmediato lo que Heyat le decía, este también sería el final que le espera a su hija, a menos que encuentren una manera de salvarla.

“¿Qué debo hacer para salvarla? Ella no merece un final así, tiene una vida entera por delante, la profecía Zenji, ¿Qué papel juega en todo esto que nos está pasando?”

­ pensó Heyat.

“Noble de Solheim, los Zenji manipulaban la naturaleza, sus literatos y genios registraban todo lo que tenía que ver con sus dones y el alcance de su Dagna, quizás ellos dejaron algún escrito que nos sirva de ayuda para entrenar el control del Dagna de cuatro elementos en tu hija, debemos esperar a que la bruja regrese con más información, mientras tanto ayudaré en lo que pueda, pero por su bien deberás sacarla de Solheim, aquí corre peligro, su naturaleza es demasiado obvia, tendrás que llevarla a otro reino, el más adecuado es Drákan, después de todo, es la cuna de los clanes, al poseer Dagna, allí puede hacerse pasar por miembro de cualquier clan”.

Lord Leben se estremeció aún más, ¿Cómo le explicaría a su hija que debe dejar su hogar lejos de su familia y el pueblo que tanta ama?, ¿Qué dirá su esposa al enterarse de que tiene que separarse de su única hija? ¿Qué excusa tendrá que ingeniar para que la familia real a la cual pertenecen y sirven pueda aceptar su ausencia?

¡Qué importa! En su momento si se da el caso está dispuesto incluso a hacerla pasar por muerta, aunque eso signifique que no pueda volver a verla.

El Archiduque caminó hacia la entrada, sus pasos eran pesados y su expresión dolida y preocupada reflejaba el sentir de su corazón.

Al ver a su padre acercarse la joven le regaló una dulce sonrisa que para nada encajaba con su mirada esquiva, el lazo padre e hija que cultivaron desde que nació le hizo comprender que ella ya estaba comenzando a crear sus propios planes, como ha sido siempre su costumbre.

A pesar de que ella evitaba mirarlo a los ojos, él pudo notar su pupila dorada dilatada, la joven bajo su rostro para ver sus pies descalzos, balanceaba el ramo de flores azules con desdén pasándolo de una mano a otra, aún no estaba segura de lo que haría, pero tenía claro algo, irá a buscar al hombre que cree se llama Merak y eso implica decirle adiós a su vida en Solheim.

Con gran esfuerzo, el archiduque le devolvió la sonrisa cuando ella volvió a alzar su rostro y trató de aligerar el tono de su voz para mejorar el humor de su hija.

“¡Qué niña tan descuidada! ¿Qué diría tu madre si ve que andas descalza en el bosque? Eso no es apropiado en una señorita de familia y menos de una princesa”.

Haciendo un puchero y uniendo sus cejas miró a su padre, aun sentada en la roca, apoyó su brazo sobre su pierna y sostuvo su rostro con el puño cerrado dejando caer el ramo de flores.

“Padre, madre no sabe lo que se pierde, te lo mostraré, ven junto a mí y quítate tus zapatos, nada es tan confortante como caminar sobre la hierba y sentir la tierra bajo tus pies, ¡es libertad pura padre!”

“Madre diría: ¡eso es algo de plebeyos!, no porque quieran sino porque no tienen zapatos, tienes que trabajar tan duro como tu padre para que no haya nadie en el valle de Yivana sin zapatos que protejan sus pies, yo estoy criando a una dama, no una plebeya”.

Al terminar de imitar a su madre en gestos y voz, de manera divertida y exagerada, padre e hija rompieron en carcajadas, la joven levanto el ramo de flores, se puso de pie, sacudió su falda y caminó hacia la cueva para luego abrazar a su padre.

Extendió el brazo hacia Heyat ofreciéndole el ramo de flores, confundido y asombrado el aciano no supo cómo reaccionar.

Aun abrazada a su padre, sacudió el ramo de flores y casi dándole una orden lo obligó a tomarlo.

“Abuelo, ya que no puedes salir de la cueva y disfrutar de la belleza de este lugar, he decidido traerte una pequeña parte del bosque todos los días”.

Con sus manos casi temblando y su boca abierta por el asombro, el anciano tomo el ramo de flores con ambas manos.

Estaba maravillado, no solo por el hecho de que llevaba cinco mil años sin poder tocar una flor, sino porque parte de su maldición era que nada relacionado con plantas y animales podían entrar a la cueva para poder ser manipuladas por él para despertar su Dagna sin antes convertirse en polvo.

Esta situación, después de siglos de intenso entrenamiento, lo obligó a desarrollar por su cuenta el uso de energía mágica.

Y de repente, aquí estaba esta joven, que entró a la cueva como si nada, con flores silvestres que permanecieron intactas, y que no se desvanecieron aun cuando las tomó con sus propias manos.

Después de unos minutos el anciano ocultó su conmoción y enderezó su postura.

“Las noches de luna roja que restan son cruciales, te enseñaré algunas cosas y espero seas tan lista como dice tu padre porque no repito dos veces, quiero toda tu atención, ya veremos cómo proceder cuando la bruja regrese en la última noche de luna roja, mientras tanto harán lo que yo diga, ¿entendieron?”

Heyat volvió a su yo gruñón y a la pareja de padre e hija no le quedó opción que asentir con la cabeza.

“Muy bien, comenzamos después de comer algo, debes alimentarte para aumentar tu fuerza y soportar las técnicas que te enseñaré, ¡y ponte zapatos!” dijo al finalizar mientras los dirigía a una de las secciones de la cueva donde el Maestro Zivot había dejado entre otras cosas generosas raciones de alimentos.

“Gracias por las flores" dijo casi inaudible mientras seguía caminando.

“Mañana te traeré un zorro rojo” respondió la chica con una blanca sonrisa y entrecerrando sus ojos.