NO ES LA TÍPICA DONCELLA
El viejo ermitaño se paró a unos metros de la salida de la cueva, el milenario hechizo con el que fue apresado no le permitía salir de la misma, quedaría reducido a polvo o con horrendas quemaduras con solo asomar un pie en la salida, sería una forma dolorosa de morir, pero rápida, que para nada lo libraría de sus culpas y remordimientos.
No merece morir de una manera tan fácil, se merece los siglos de encierro y soledad en los que ha vivido.
Observaba el comportamiento extraño de la joven, sentada en las rocas, cortando flores silvestres a solo unos metros del espeso bosque de polylepis, también llamados árboles de papel, con troncos y ramas que parecían estar secándose y que se cruzaban entre sí, sin hojas, cubiertos de musgo de vibrante color verde y sus cortezas descascarándose en tonos marrones y ocres y con variedad de pequeñas flores creciendo entre la hierba y las rocas a ras del suelo.
Había algo extraño en su mirada, desde la primera vez que la vio abrir los ojos solo proyectaban confusión y miedo, en cambio hoy, estaba seria, pensativa, ocasionalmente alzaba su rostro y su mirada se fijaba en la nada, completamente perdida en sus pensamientos, ajena a su alrededor, solo de vez en cuando volvía a la realidad para cortar pequeñas flores lilas y moradas que estaban aferradas a las rocas.
Había permanecido dentro de la cueva desde que su padre la llevó buscando refugio de la luna roja, se limitó a recuperar sus fuerzas perdidas por el estado de trance que vivió la primera noche.
Aunque la segunda noche fue menos caótica, la impresión que le ha dejado la marcó de una manera que no podía explicar.
La tormenta de emociones y sensaciones todavía estaban latentes en su cuerpo y en su mente, el frenesí de placer que la desbordó nublando sus sentidos, el extraño hormigueo que la humedeció y que en un auto reflejo la hizo cerrar y apretar sus piernas.
Pero, sobre todo, recordaba con claridad la poderosa presencia del hombre en sus sueños y ese par de ojos, vio el pequeño manojo de flores en sus manos y no pudo evitar compararlos con el iris violeta que pigmentaba el azul profundo en la mirada enigmática de ese hombre, cuya cara no pudo ver y que la absorbía como remolino en medio del mar, arrastrando todo a hacia su centro.
El ermitaño se dio cuenta que la joven que tenía a unos metros frente a él no era la típica doncella mimada y sobreprotegida de una familia noble y aristocrática, de esas cuyas acciones obedecen a movimientos monótonos, con sonrisas congeladas, que además lucen tan frágiles y delicadas como muñecas de colección, ataviadas en suntuosos vestidos y adornadas con las joyas más extravagantes y solo son dignas para ser exhibidas al igual que esas muñecas en trasparentes y relucientes urnas de vidrio en los escaparates de los ricos y poderosos, para que todo el mundo las aprecie, pero nadie pueda tocarlas.
El viejo Heyat también cayó en cuenta de que padre es el archiduque, tercero en la línea de sucesión al trono, esta jovencita es después de todo una princesa.
Con dolor y melancolía, no pudo evitar recordar a la princesa Aldora a quien servía hace siglos y en los acontecimientos que lo llevaron a ser encarcelado en esta cueva, lleno de remordimientos y con una carga de conciencia tan pesada, de la que será libre solo cuando logre que los amantes atormentados vuelvan a encontrarse y por el bien de los cinco reinos, que al fin consigan realizar su amor.
Lord Leben se acercó a Heyat, al ver al anciano de espaldas a unos pasos de la entrada de la cueva, sintió curiosidad, ¿Quién es realmente este anciano?, dijo que no podía salir de la cueva, que estaba condenado por un antiguo hechizo y no quiso revelar más, ¿Cuánto tiempo lleva aquí, contemplando el mundo desde la entrada viendo cambiar las estaciones, pero sin poder salir y sentir la brisa fresca o los cálidos rayos del sol, tocar la nieve, o nadar en las frescas y cristalinas aguas de la cascada en el claro de la montaña?.
“Ermitaño, deseo saber de qué forma puedo darte las gracias por la ayuda que nos estas brindando”.
El anciano cruzó sus brazos en su espalda y sin voltear, necesitaba ordenar sus ideas, pero no sintió que debía tener más precaución de la necesaria con el archiduque, incluso le inspiraba algo de confianza.
“Deseo poder salir de aquí, darle fin a mi condena, pero eso es algo con lo que no puedes ayudarme”
“¿Qué pasará contigo si logras salir de aquí?”
“Habré cumplido mi condena y terminado mi misión, al fin seré libre, podré morir en paz”.
Lord Leben quedó conmocionado con la respuesta del anciano, este hombre lleva más tiempo encarcelado en esta cueva del que podría imaginarse, al grado que desea salir solo para morir en paz, este no es un hombre cualquiera, su presencia, la forma en que habla y actúa parecen ser las de un noble con estirpe antiguo y sus ropas son de finas telas cuyos adornos y bordados son de la más alta calidad.
¿Qué crimen tan atroz cometió y que tan arrepentido puede estar para aceptar su castigo con tanta resignación? ¿acaso no hay nada en este mundo que le dé una nueva razón para vivir?
“Ermitaño Heyat, lo único que dices querer también afirmas que no puedo dártelo, en ese caso te compensaré a mi manera, sabes algo, esa joven a la que tanto analizas, mi hija, por increíble que sea, me ha enseñado que todos los días hay una razón para vivir, cuando nació, se convirtió en mi mayor motivación”.
El anciano se volteó sin soltar sus manos que aún permanecían entrelazadas en su espalda, miró a los ojos a Lord Leben, entrecerró su mirada y algo intrigado se dispuso a prestar atención a las palabras que escuchaba.
“Desde que era una niña, mi hija despierta cada día con una misión a realizar y si por alguna razón no lo consigue, al día siguiente se levantará más temprano para cumplirla y luego seguirá con su misión del día corriente”
El anciano ahora estaba asombrado, definitivamente esta no es una heredera como las que él acostumbraba a ver en la corte del palacio del clan Zenji.
“A ella le interesa el bienestar de la gente, se involucra en obras para bien del pueblo, sabe montar y contra la voluntad de su madre aprendió a usar el arco y flecha, su habilidad con la espada es bastante decente, tiene una habilidad muy especial con su magia, es como si encanara a los animales, siempre hay algún tipo de ser vivo escondido bajo su cama, desde aves, pequeños mamíferos y en una ocasión su madre encontró entre sus sabanas una serpiente de casi dos metros con una herida en su cola”.
Lord Leben no pudo evitar reír cuando recordó a su esposa gritando horrorizada por toda la habitación, mientras su hija permitía que el animal se le enrollarla en el cuerpo para protegerlo de su madre.
“No le gusta asistir a los festines y grandes bailes de la corte, a menos que sean para apoyar una causa justa, ni siquiera quiso una fiesta para celebrar su cumpleaños número dieciséis, no era solo mi esposa, soy el archiduque, ¿Cómo no iba a desear hacer una fiesta despampanante, digna de mi hija? Accedimos a su pedido porque prometió asistir al baile de debutantes el próximo año”.
Para el ermitaño, las palabras del archiduque tenían un tono de resignación, pero también se percató que no solo es su padre, si no también su mayor cómplice, sintió pena por la madre y esposa de este par.
Lord Leben se hinchaba de orgullo hablando de su hija.
“Es una estudiante de primer nivel, habla los idiomas oficiales de los cinco reinos, sabe de todo un poco, es una princesa, pero ella no se ve a sí misma como tal, prefiere que la llamen señorita”.
“Por lo que me cuentas, esta semana que debe permanecer aquí será una tortura para ella, no le debe resultar fácil permanecer sin hacer nada todo el día”.
“Ya encontrará la manera de entretenerse, siempre lo hace y siguiendo su ejemplo, cómo te he dicho antes, ermitaño Heyat, te pagaré a mi manera, le pediré a Felisa y al maestro Zivot que te ayuden a estudiar el hechizo que te mantiene prisionero y te encontraré motivos cada día para que desees vivir”.
El anciano lo miró sin expresión alguna en su rostro, conocía a la perfección el hechizo, el mismo le dijo al anterior portador como realizarlo y sabe que mientras las condiciones no se cumplan no hay forma de romperlo, pero afortunadamente, su condena está por terminar, pero ella aún es tan joven e inexperta, probablemente el nuevo portador también lo es, al menos ya la encontró, solo debe tener paciencia por un par de años más, así que debe mantener a estas personas cerca hasta entonces.
“Noble de Solheim, ¿estás al tanto que lo que está pasando con tu hija es mucho más importante que este anciano?
Un sentimiento de intranquilidad y miedo invadió a Lord Leben, la chispa y emoción que tenía en su rostro al hablar de su hija de pronto se apagó, lo que el anciano estaba por decirle lo fulminaría, frunció su seño y puso toda su atención en Heyat.
“Esperemos a que esa bruja bajo tu disposición encuentre todo lo que necesitamos para poder salvarla, porque aun después de la luna roja, su vida seguirá en peligro, ¿o piensas venir a esconderla cada año durante la luna roja?”
Esto era algo en lo que él no había pensado, estaba viviendo los acontecimientos en el presente sin detenerse a pensar en lo que haría en los años venideros.
El viejo Heyat continuo.
“No solo eso, su Dagna puede comenzar a manifestarse sin que ella sea capaz de poder controlarlo, te recuerdo que posee los cuatro elementos, nunca podrá llevar una vida normal, al saberse diferente al resto en el reino y siendo como dices que es, ella no se quedará de manos cruzadas a esperar que las respuestas le caigan del cielo, eso no será bueno para nadie, querrá conocer el alcance de sus poderes y en su curiosidad puede exponer su verdadera identidad y toda tu familia e inclusive las personas bajo tu ducado sufrirán las consecuencias”.
Impactado por lo que acaba de escuchar, el archiduque dirigió su mirada a la joven que aún permanecía sentada en la roca fuera de la cueva, jamás permitiría que su única hija pase por tales cosas, la señalarían como un monstruo y en el menor de los casos, seria acusada de no ser su descendiente de sangre y tanto el cómo su esposa seria acusados de traición y condenados a muerte.
“Ermitaño Heyat, sé que eres un hombre sabio, de alguna manera en tu encarcelamiento has logrado mantenerte al tanto de todo cuanto pasa en el reino, ¿qué es lo que sospechas?, por favor dímelo”.