Isabela

Isabela

Le explico que no es estrategia. Sergio les llenó de impuestos, les dijo que no iba a respetar acuerdos y en cuanto a lo comercial busca el crecimiento de los que ya viven aquí. Su padre le ha tenido que recordar, en media reunión, que esto es una finca dividida en cinco y que nadie va a soltar el territorio.

—Sí, aquí seguimos comprándole propiedad al estado.

—Exacto, y mi madrastra me llamó. Me dijo que los Pieth y los Burwish no vamos a apoyar la campaña porque Sergio no cree en la tradición que protege a los Pieth de tener competencia en el país.

—La salud de Mainvillage no se ve amenazada nunca. Tenemos el mejor servicio de salud público y privado, eso es gracias a los Pieth. Mira cuántos médicos abren su consulta privada y quiebran.

—Los tratados comerciales abren paso a competencia.

—En la contraoferta y consolidó y reafirmó que va a mantener todos los pactos tradicionales entre los fundadores porque están en papel.

—Sí, pero nosotros y los Luthor no somos fundadores, tampoco los Laggun.

—Son fundadores en sus áreas, los Luthor son los primeros productores nacionales de alcohol, los Laggun han diseñado todos los edificios importantes por siglos, tu papá organiza eventos fundamentales como el traspaso de poderes y tiene estadios Isabela.

—Habla con Sergio de sus locuras. Vamos a intentar, pero, necesitamos ganar lo que tenemos más cerca. Revísame esta idea, hay pizza party y un regalo.

Pido un taladro y una escalera, eso de mantenimiento me trae las cosas y me pregunta si quiero ayuda, en la oficina me ven como si estuviese loca y mis suegros y mi prometido se acercan.

—¿Qué estás haciendo y por qué estás haciéndolo?—pregunta Sergio e intente quitarme la campana de la mano.

—Estas son campanas para malas noticias como que alguien se murió. El sonido es grave, es negra y es muy pequeña porque espero que no nos pase nada malo.—Señaló la segunda campana y dejo que Sergio la instale. —Esta campana es angelical, dorada maravillosa y en la próxima encuesta no vamos a estar de últimos en nada—La sueno y todos aplauden.

—Ahora, vamos a comer pizza, helados, como niños chiquitos y vamos a subir esa energía. Vamos a darle campanazos a lo malo y a buscar la forma de ganar. ¿Entendido?

Hago una seña para que entren las cajas de pizza. Sergio y yo vamos abriéndolas para conocer su contenido, pregunto si alguien tiene alergia a lácteos y les ofrezco la caja a todas.

—Tú no comes —le dice Sergio al joven con el que practica para los debates y los dos ríen antes de que el joven coma un buen trozo.

Yo escucho de nuevo voces y risa. Sergio me da las gracias y se le escapa un bostezo. Yo le doy un abrazo y le acaricio el pelo. Le pregunto cuán cansado está y se ríe.

—Soy de esa gente, entre más trabajo más cansado me siento —Le arreglo el pelo y él me roba un beso casto. Los dos sonreímos y me animo a preguntar: —¿Te parece si dormimos en un hotel?

—¿Tienes miedo de estar en casa?

—Siento que en un hotel estamos expuestos, pero, al mismo tiempo es menos predecible, cuando y cuanto tiempo nos quedaremos.

—Si te ayuda a dormir mejor entonces hagámoslo—responde y le doy las gracias.

Sergio promete aprovecharse del hotel y los dos reímos antes de ser interrumpidos por su asistente la cual nos entrega una invitación a la gala benéfica de los Castro, está firmada por Mei Lin y trae una nota personal.

Emocionada, la próxima reunión será en mi casa.

—Mira, quién hizo amigas nuevas.

—Para que veas lo extrovertida que soy. —respondo y él se ríe. —Envía la confirmación y un regalito para la señora Castro, investiga qué le gusta.

—Claro, señora Caine —Sergio y yo compartimos una mirada y reímos.

Poco después todos nuestros empleados regresan a sus tareas. Desde mi oficina veo gente trabajando con un buen tazón de helado. Mi prometido por ejemplo tiene un cono mientras debate con sus papás, tomo una fotografía de los tres. Olivia está comiéndose una pizza, Sergio el cono y Sebastian suelta la carcajada cuando su hijo se embarra.

No sé cómo los días se van tan rápido, pero, siempre lo hacen. Elise toca la puerta y se asoma, le hago una seña para que acerque y me pongo en pie para saludarla.

—¿Lista para la reunión sobre la campaña ya están en línea las propuestas de campaña? Lo mismo de todos los años. Fechas importantes los mismos eventos e incluso mi abuelo ni siquiera cambió el orden.

—Preparada.

—Podemos quedarnos a ver lo de la campaña.

—Claro, si ustedes son nuestros mayores donadores —el tío Sebastian se ríe.

—Yo creo que me quiero ir—bromea y su esposa le lleva a la sala de juntas.