Isabela
Isabela
Mi idea no era enseñarle a Sergio como hacer las cosas, sino probar cuánto se le podía majar el callo hasta que explotara, además desde la cámara puedo ver gestos que son muy comunes en él, pero la verdad hay algunos que él no sabe que existen. En las noticias se habla mucho de su experiencia militar, por ejemplo, pero, siempre buscan tergiversar. Han hablado de lo poco que mueve una de sus manos al caminar y no tardarán en compararla con dictadores porque mi novio tiene esa pose seria de su familia paterna y el rostro dulce no puede ocultarlo.
—Entiendo, siéntate aquí —Me pide Sergio, y me explica que lo va a decir como siempre y yo voy a explicarle la forma adecuada de responder. Me rio y hago lo que me pide.
Sergio va discutiendo diferentes temas de su plan y todo dicho de una manera correcta suena perfecto, pero, hay una realidad que nunca va a poder mejorar, llamado el presupuesto nacional. El banco no va a expedir más dinero del que ya asigna para cada una de as actividades y nuestras fuentes de ingreso siguen siendo las mismas de siempre.
—Vamos a hacer cambios fuertes en la distribución sin descuidar aquellos enfoques por años que hemos tenido. Además, espero ver la contribución de las empresas principales de este país y una recaudación a diferentes entidades y personas de modo más efectiva.
—Sergio, a la gente rica no le gusta que le toquen el dinero—me advierte Alonso. —No quiero volver a escuchar una mamada de esas porque estoy patrocinándote y estoy jugando en contra de mis mejores amigos, tú mejor que nadie sabes cuánto palo me van a dar. Eres como mi hijo, enorgulléceme. —Acabas de perder mi voto, el 40 % de esas empresas son mías—dijo Alonso.
—Sí, y con tu plan de modificación empresarial pierdes mi papá y sus donadores. Cuidado con lo que sugieres Sergio —Dijo Max. —¿Qué? A mí no me gusta la contaminación. Cuéntame, de qué crees que viven tus sobrinos.
—Te felicito a ti y a todos los presentes, pero, ustedes saben de qué vive la gente que trabaja para ustedes, muchos tiene trabajo diurno y nocturno y no llegan a fin de mes.
—Sí, pero, reciben beneficios de casa y becas para los niños y mucho más, además el salario no es malo.
—Esta ciudad tiene, está encarecido para la clase incorrecta, ellos pagan nuestros impuestos. Comer aquí es caro y vivir aquí es caro. ¿Sabes, cuánto vale un litro de leche? —preguntó Sergio.
—Cinco dólares.
—Para una familia de cinco, ojalá todos en la adolescencia, hay que comprar unos tres tarros mínimo. Los huevos están a 5 dólares el cartón.
—¿Quién te hace la compra? —pregunta Lucrecia.
—Yo, voy con mis hermanos a veces, otras solo y me quedo asombrado.
Una familia de tres gasta 65 dólares en comida y talladitos, con la promesa de no comer fuera en todo el mes.
—Eso es barato, Sergio.
—Si ganas 800 dólares, pagas 300 de casa, 40 de transporte, que es la tarjeta más barata del tren o bus. Pagas los gastos del hogar 130 dólares. Tres hijos quiere decir que el presupuesto de comida es mayor a 100 dólares y que hay que incluir un paquete de transporte no de 40 sino de 120 dólares. Los gastos de salud son muy elevados porque el Pieth sigue siendo un negocio, los gastos por entretenimiento son elevados y los colegios privados, por ejemplo a los que ustedes aplican becas, no incluye copias, uniformes, libros, tutores. Aquí es caro, y no todo el mundo gana sobre 800 dólares libres, ay gente que trabaja de forma no legal y les pagan menos, espero que nadie en mi familia está haciendo eso.
Sergio y yo salimos a comer unas horas más tarde y me pide que analice su plan de gobierno, le busque errores y lo critique.
Isabela me manda a través de su correo los detalles de mi plan de gobierno, el de Gordon y el de Gabriel Westborn.
Además, envío como asunto el eslogan de los Westborn:
Mainvillage para los mainvillians.
Son las seis de la tarde y Bash llega a mi oficina para que vayamos a cenar a casa de mis padres, le pregunto si es miércoles de nuevo y él ríe antes de preguntarme por qué nunca invito a Sergio.
—No sé, en este momento está reunido y sé que llegará a casa a las nueve, me parece feo sacarle de su ambiente...
—Isabela, tú eres parte de su ambiente por no decir de sus responsabilidades. Ya estuviste en una pésima relación y fuiste soltera, su noviazgo ha sido demasiado atípico, esfuérzate por disfrutar de esta relación y sobre todo trabaja en ponerte primero.
—Será la próxima semana, esta ha sido horrible, Sergio está insistiendo en llevarme la contraria.
—Viste lo que respondió la primera dama esta mañana en un programa matutino.
Pia Westborn está preparando unos pancitos tradicionales en televisión nacional mientras cuenta su versión de la historia. Ella se mudó aquí co otro nombre, con otros sueños, principalmente disfrutar de un matrimonio. Nunca pensó para la primera elección ser la primera dama y por momentos sintió que le habían empujado a ella, pero, por amor uno aguanta. Seña la periodista que ella aguantó parir en público para garantizarle un heredero al imperio familiar y una primera familia al país. Renunció a su carrera por la de su esposo, luego la de sus hijos y vio a uno de sus hijos morir en nombre de la seguridad del país.
Le preguntan por nosotros, la pareja más joven de Mainvillage.
—Yo he estado en la posición de Isabela. He presionado por leyes, por cambios, somos las que cambiamos corbata, modificamos discursos, a mí me alegra que la vida haya cambiado y ella pueda recibir un salario.
—¿Cuál sería un consejo?
—Que nunca se le olvide que los hombres tienen muchas emociones, los gritos, el silencio, la seriedad extrema. Bueno, cualquier cosa rara para nosotras y normal para ellos requiere de amor, comprensión y cariño. Ser esposa del presidente o del candidato requiere de mucho amor.
Sergio toca la puerta de mi oficina y me entrega el plan para la reunión con los empresarios reconocidos del país, le doy las gracias y él y Bash se saludan con todo el amor del mundo. Sergio le pregunta a qué ha venido y Bash le recuerda que somos hermanos biológicos. Los dos ríen. Yo me acerco a mi prometido y le abrazo. Sergio me devuelve el gesto y tal vez los dos nos quedamos juntos mucho más tiempo del necesario.
—¿Quieres venir a cenar conmigo?
—Quieres que conversemos sobre esto.
—No, quiero que me cuentes qué tal va todo y nos relajemos un poco. Isabel y Sergio, te parece. Si quieres cocino.
Bash nos mira por turnos y finalmente se aclara la voz para llamar nuestra atención.
—Discúlpame con papá. Dile que tuvimos una reunión, pero, la otra semana vamos.
Sergio me ve confundido y le invito a tomar mi mano. Me da un beso en los labios y dice que va por algunas cosas en su escritorio para irnos a casa. Los tres salimos juntos del edificio, nos despedimos de mi hermano y le tomo la mano a Sergio antes de caminar juntos al auto. Sergio me deja conducir y los dos vamos con la escolta hacia casa.
—Isa, está mal si pasamos por algo ya preparado y comemos en la cama.
—Estás muy cansado.
—Demasiado.
Pasamos por comida ya preparada. Sergio lleva demasiada carne y poca verdura, pero, no discuto al respecto, le consiento y hasta le preparo un baño. Cuando estamos en la tina me pregunta si he visto la entrevista de la señora Westborn, asiento y mientras le acaricio los pectorales y reconozco que no sé serlo todo.
—Eres más.
—Sergio, no sé cómo ser una dulce esposa y una suave compañera de campaña.
—Yo no te he pedido que cambies.
—No, pero sé que no eres ta feliz, sé que en las noches estoy igual de cansada, siento el resentimiento de la mañana, escucho el grito de alguien por el teléfono y no siempre podré ser ese refugio que necesitas.
—Solo un poco de fe. Ten paciencia. Nosotros podemos, estos solo son momentos difíciles. Estamos adaptándonos a una nueva situación de trabajo, nuestras propias vidas y familias, danos un respiro, te parece una escapada. ¿Qué propones?
Qué aburrido cuando pocas participan para las maratones, creo que no voy a volver a hacer en esta novela por un tiempo. Gracias a las que siempre participan.